El Parlamento griego ha aprobado las durísimas medidas que le impone la UE para ayudarles a refinanciar una deuda estratosférica que ya no pueden pagar, al tiempo que decenas de miles de griegos se enfrentan a la policía. Europa respira, pero sigue temblando: esto no acaba aquí.
Fiebre, temblores, vómitos, dolor de cabeza, agotamiento físico. Los efectos que suceden a una noche loca, con cena pantagruélica, bebida sin mesura, y cánticos a todo pulmón. Las sociedades occidentales llevamos mucho tiempo de juerga, y ahora el organismo nos va a pasar factura por todos los excesos. Nos habíamos adaptado tanto al fin de semana de fiesta que se nos había olvidado que el lunes hay que volver a trabajar; que el maná no cae del cielo; que el esfuerzo y el sacrificio son los únicos motores permanentes del bienestar.
Nos hemos convertido en unas adolescentes malcriados e insatisfechos, pero vulnerables y totalmente dependientes de unos padres. Pero son esos padres los que nos han educado así.
Han sido los partidos de las democracias los que han venido retorciendo el sistema capitalista, buscando la cuadratura del círculo: comer más de lo que tiene el plato. Para conseguir votos han ofrecido más de todo a los niños. Como unos padres divorciados: si papá te compra la bici, yo te regalo un móvil nuevo. Y los niños lo han recibido todo creyendo que era su derecho, y sin dejar de exigir siempre más.¿Quién se atreve a decirle al niño que no? ¿cómo enfrentarse a sus rabietas? ¡no va a ser menos que sus amiguitos! ¿Y qué van a aprender los niños si los padres no se privan de nada y viven en el lujo?
Y cuando la familia está en la ruina, cuando pierden la vivienda, tienen que vender la bici, y les cortan el teléfono hay que despertar del sueño. Primero los niños se enfadan, gritan y tiran cosas al suelo. Después reniegan de sus padres. Y por fin se hacen adultos.
Preguntas y reflexiones sobre la sociedad, su evolución, y las relaciones entre las personas.
............
jueves, 30 de junio de 2011
lunes, 20 de junio de 2011
Como pollo sin cabeza
Ayer se manifestaron decenas de miles de personas impulsadas por el espíritu del “15 –M”. En sus pancartas se podían leer exigencias de lo más variadas: la instauración de una “democracia real”, el rechazo al pacto del euro, la convocatoria de una huelga general, y el repudio de los políticos y de los bancos en general.
Para tomar en serio sus exigencias habría que analizar con detalle en qué consisten y qué consecuencias podrían tener. Habría que saber qué es eso que llaman “democracia real”. Habría que ver cómo podríamos evitar la quiebra si España se distanciara del resto de la UE y no suscribiera el pacto del euro. Convendría conocer el coste de una huelga general para la maltrecha economía. Tendrían que explicar cómo se gestionaría un país si no hubiera políticos, y de dónde se obtendrían créditos si no hubiera bancos.
Muchas de las cosas que se pedían ayer son imposibles de cumplir, algunas quiméricas e ingenuas, y otras perjudiciales o contradictorias entre sí. Pero, con todo, sería un error encogerse de hombros y hacer como si no hubieran salido a la calle. Se mueven como pollo sin cabeza, sí. Pero su indignación está más que justificada, y una sociedad estable no puede permitirse millones de pollos sin cabeza correteando por sus ciudades. Es imprescindible abordar con valentía las causas que han excitado a la gente a dar el paso. Es probable que las soluciones que habría que aplicar no sean las que ellos proponen. Pero lo peor que podrían hacer las autoridades es ignorar lo que está ocurriendo.
Si hay decenas de miles, millones, de “pollos sin cabeza” es, sin duda, porque los que han sido democráticamente elegidos para ser cabeza han demostrado hasta la saciedad que sólo son estómago. Si no son capaces de verlo así, no tardarán en aparecer otras cabezas para sustituirles. Es cierto que las actuales están desplumando al pobre pollo, pero nada garantiza que las nuevas no lo devoren.
Para tomar en serio sus exigencias habría que analizar con detalle en qué consisten y qué consecuencias podrían tener. Habría que saber qué es eso que llaman “democracia real”. Habría que ver cómo podríamos evitar la quiebra si España se distanciara del resto de la UE y no suscribiera el pacto del euro. Convendría conocer el coste de una huelga general para la maltrecha economía. Tendrían que explicar cómo se gestionaría un país si no hubiera políticos, y de dónde se obtendrían créditos si no hubiera bancos.
Muchas de las cosas que se pedían ayer son imposibles de cumplir, algunas quiméricas e ingenuas, y otras perjudiciales o contradictorias entre sí. Pero, con todo, sería un error encogerse de hombros y hacer como si no hubieran salido a la calle. Se mueven como pollo sin cabeza, sí. Pero su indignación está más que justificada, y una sociedad estable no puede permitirse millones de pollos sin cabeza correteando por sus ciudades. Es imprescindible abordar con valentía las causas que han excitado a la gente a dar el paso. Es probable que las soluciones que habría que aplicar no sean las que ellos proponen. Pero lo peor que podrían hacer las autoridades es ignorar lo que está ocurriendo.
Si hay decenas de miles, millones, de “pollos sin cabeza” es, sin duda, porque los que han sido democráticamente elegidos para ser cabeza han demostrado hasta la saciedad que sólo son estómago. Si no son capaces de verlo así, no tardarán en aparecer otras cabezas para sustituirles. Es cierto que las actuales están desplumando al pobre pollo, pero nada garantiza que las nuevas no lo devoren.
jueves, 16 de junio de 2011
La chusma
Los “indignados”, tras obtener la tolerancia y el aplauso de muchos medios de comunicación, de todos los partidos políticos, y de buena parte de una sociedad aquejada de buenismo congénito, van dando pasos para demostrar en qué consiste eso que ellos llaman “democracia real”. Hoy han impedido la entrada al Parlamento de Cataluña de los diputados y han zarandeado a uno de ellos –ciego, para más gloria del movimiento-. En Madrid, ayer acosaron al alcalde Ruiz Gallardón cuando paseaba con su familia, y hoy han increpado y arrojado agua al diputado Cayo Lara.
Es lo previsible cuando las instituciones democráticas se pervierten, se abandona la noción de autoridad legítima en favor del todo vale, y una reducida chusma se apropia de la representación de un pueblo al que sus políticos olvidan por completo, excepto en vísperas de las campañas electorales. Es lo lógico cuando un país lleva siete años dirigido por una persona que no cree en la nación para la que trabaja, que hace todo lo que puede para que no se cierren las viejas heridas, que piensa que las palabras no importan, y que entiende la política en términos de buenos y malos.
El pasado día 22 yo no he votado al partido de Ruiz Gallardón, ni al de Artur Mas, ni al de Cayo Lara. Soy de los que creen que padecemos la peor clase política de la etapa democrática, y soy de los que creen que una parte de las reclamaciones que han expuesto los “indignados” son absolutamente necesarias. Pero, con todas las carencias y perversiones que tantas veces he denunciado de los políticos, me sitúo del lado de éstos y no de esta chusma que sólo se representan a sí mismos. Los ciudadanos libres hemos permitido que unas castas políticas hayan implantado en España una partitocracia maloliente. Si en lugar de buscar vías democráticas alternativas ahora entregamos el poder a la chusma, habremos descendido varios peldaños más en el camino hacia el caos.
Es lo previsible cuando las instituciones democráticas se pervierten, se abandona la noción de autoridad legítima en favor del todo vale, y una reducida chusma se apropia de la representación de un pueblo al que sus políticos olvidan por completo, excepto en vísperas de las campañas electorales. Es lo lógico cuando un país lleva siete años dirigido por una persona que no cree en la nación para la que trabaja, que hace todo lo que puede para que no se cierren las viejas heridas, que piensa que las palabras no importan, y que entiende la política en términos de buenos y malos.
El pasado día 22 yo no he votado al partido de Ruiz Gallardón, ni al de Artur Mas, ni al de Cayo Lara. Soy de los que creen que padecemos la peor clase política de la etapa democrática, y soy de los que creen que una parte de las reclamaciones que han expuesto los “indignados” son absolutamente necesarias. Pero, con todas las carencias y perversiones que tantas veces he denunciado de los políticos, me sitúo del lado de éstos y no de esta chusma que sólo se representan a sí mismos. Los ciudadanos libres hemos permitido que unas castas políticas hayan implantado en España una partitocracia maloliente. Si en lugar de buscar vías democráticas alternativas ahora entregamos el poder a la chusma, habremos descendido varios peldaños más en el camino hacia el caos.
martes, 14 de junio de 2011
El principio de Peter
El principio de Peter dice que “cualquier persona que hace bien su trabajo asciende en la organización hasta que alcanza un nivel en el que resulta incompetente”. Y lo peor del postulado es que, generalmente, ahí se quedan.
El fenómeno se da en ámbitos empresariales, políticos, administrativos, educativos, asociativos, etc. Las consecuencias son enormemente perjudiciales para la sociedad. Un encargado de taller incompetente puede llevar a la ruina a la empresa, si el gerente no se da cuenta a tiempo. Hemos visto ejemplos de malos gestores en las finanzas internacionales, que han propiciado la actual crisis económica mundial, además de haber provocado la quiebra de su banco.
En lo político, estamos asistiendo a un largo proceso en el que un incompetente secretario general del PSOE está conduciendo a éste al borde del abismo. Pero lo mismo puede ocurrir en un partido pequeño, en cualquier provincia, en un sindicato o en una ONG. Una persona –que puede ser competente para otras cosas- puede destruir en poco tiempo el trabajo de muchas otras, si está situada en un puesto para el que carece de habilidad o capacidad. La organización chirría, se resiente, los demás miembros se desmotivan, reducen su nivel de desempeño, o sencillamente abandonan.
Cuando esto sucede, casi todo el mundo se da cuenta de la causa del problema. Todos excepto quien ha designado al incompetente para su función. Especialmente si éste consigue filtrar los flujos de información, de manera que el máximo responsable no pueda evaluar acertadamente la magnitud del desastre que se le viene encima.
Es, probablemente, uno de los principales errores del actual presidente del gobierno: haberse rodeado de incompetentes muy poco capacitados para resolver problemas, pero muy hábiles para pelotear al jefe y hacerle creer que es listísimo y que todo lo que funciona mal es siempre culpa de terceros. Naturalmente, la catástrofe es inevitable. El daño que puede hacer un incompetente situado fuera de lugar es letal para la organización, y siempre arrastra en la caída al que lo nombró. Hábil para nadar y guardar la ropa, incluso puede sobrevivirle.
El fenómeno se da en ámbitos empresariales, políticos, administrativos, educativos, asociativos, etc. Las consecuencias son enormemente perjudiciales para la sociedad. Un encargado de taller incompetente puede llevar a la ruina a la empresa, si el gerente no se da cuenta a tiempo. Hemos visto ejemplos de malos gestores en las finanzas internacionales, que han propiciado la actual crisis económica mundial, además de haber provocado la quiebra de su banco.
En lo político, estamos asistiendo a un largo proceso en el que un incompetente secretario general del PSOE está conduciendo a éste al borde del abismo. Pero lo mismo puede ocurrir en un partido pequeño, en cualquier provincia, en un sindicato o en una ONG. Una persona –que puede ser competente para otras cosas- puede destruir en poco tiempo el trabajo de muchas otras, si está situada en un puesto para el que carece de habilidad o capacidad. La organización chirría, se resiente, los demás miembros se desmotivan, reducen su nivel de desempeño, o sencillamente abandonan.
Cuando esto sucede, casi todo el mundo se da cuenta de la causa del problema. Todos excepto quien ha designado al incompetente para su función. Especialmente si éste consigue filtrar los flujos de información, de manera que el máximo responsable no pueda evaluar acertadamente la magnitud del desastre que se le viene encima.
Es, probablemente, uno de los principales errores del actual presidente del gobierno: haberse rodeado de incompetentes muy poco capacitados para resolver problemas, pero muy hábiles para pelotear al jefe y hacerle creer que es listísimo y que todo lo que funciona mal es siempre culpa de terceros. Naturalmente, la catástrofe es inevitable. El daño que puede hacer un incompetente situado fuera de lugar es letal para la organización, y siempre arrastra en la caída al que lo nombró. Hábil para nadar y guardar la ropa, incluso puede sobrevivirle.
viernes, 10 de junio de 2011
Indignados e indignos
¿Qué habrá más?
¿Indignados manifestándose contra los políticos indignos?
¿O políticos indignos haciéndose los sordos?
¿Indignados manifestándose contra los políticos indignos?
¿O políticos indignos haciéndose los sordos?
lunes, 6 de junio de 2011
Gamberros, mendaces, y pícaros
El Secretario de Organización del PSOE, Marcelino Iglesias, ha declarado que el PP practica “el gamberrismo político” cuando anuncia que las CC.AA. que han estado gobernadas por los socialistas durante décadas se encuentran al borde de la ruina.
Es llamativa la capacidad que tienen los dirigentes del PSOE de adjetivar a los adversarios. Casi ante cualquier crítica o denuncia, la respuesta se centra en hacer un diagnóstico del crítico o denunciante, y nunca en demostrar la falsedad del hecho denunciado.
Entremos, pues, en ese juego. Dejemos de comprobar si hay una inflación de altos cargos o de funcionarios. Olvidemos el agujero negro de las empresas y organismos públicos. Corramos un tupido velo sobre la locura del derroche de miles de millones en planes E o planes Z. Hagamos la vista gorda respecto a los cientos de millones que se destinan a sindicatos y partidos políticos. Pasemos por alto el absentismo laboral, la economía sumergida, los fraudes y las corruptelas. Dejemos aparte el endeudamiento del Estado, de las CC.AA. de los ayuntamientos, de las empresas y de los particulares.
Hagamos sólo una evaluación de la España de 2011 en términos de adjetivos: un gran partido de gamberros; otro de mendaces… y una sociedad de pícaros. Y una vez diagnosticados todos ¿cuáles son las soluciones?
Es llamativa la capacidad que tienen los dirigentes del PSOE de adjetivar a los adversarios. Casi ante cualquier crítica o denuncia, la respuesta se centra en hacer un diagnóstico del crítico o denunciante, y nunca en demostrar la falsedad del hecho denunciado.
Entremos, pues, en ese juego. Dejemos de comprobar si hay una inflación de altos cargos o de funcionarios. Olvidemos el agujero negro de las empresas y organismos públicos. Corramos un tupido velo sobre la locura del derroche de miles de millones en planes E o planes Z. Hagamos la vista gorda respecto a los cientos de millones que se destinan a sindicatos y partidos políticos. Pasemos por alto el absentismo laboral, la economía sumergida, los fraudes y las corruptelas. Dejemos aparte el endeudamiento del Estado, de las CC.AA. de los ayuntamientos, de las empresas y de los particulares.
Hagamos sólo una evaluación de la España de 2011 en términos de adjetivos: un gran partido de gamberros; otro de mendaces… y una sociedad de pícaros. Y una vez diagnosticados todos ¿cuáles son las soluciones?
martes, 31 de mayo de 2011
Democracia mediática
Pasados quince días desde su aparición, el tutti-frutti de los indignados continúa en sus campamentos urbanos. Todo el mundo habla de ellos, las televisiones emiten sus declaraciones, los periódicos analizan sus propuestas, y los políticos intentan arrimarse a su sombra. En sus asambleas deciden sobre la economía nacional, la postura ante la banca, la gestión del medio ambiente o la política militar. Los medios de comunicación reproducen todas y cada una de sus propuestas, y en Sol o en la Plaza del Pilar hay casi más cámaras y enviados especiales que acampados.
Nadie los ha elegido, no se representan sino a sí mismos. Sin embargo, entre todos los acampados suman menos que los votos obtenidos por un partido ecologista, del que nadie habla, y cuyas opiniones no son expuestas por medio de comunicación alguno. ¿Por qué han obtenido tanta relevancia? Sencillamente porque no tienen votos, pero tienen respaldo mediático. Los medios lo pueden todo. Pueden hacer que lo de Libia sea un escándalo o que no exista. Pueden encumbrar a un movimiento social improvisado y sin ideas coherentes, y pueden hacer que un partido riguroso y democrático pase desapercibido.
Franco decía que España era una democracia orgánica. Los países del bloque soviético se denominaban democracias populares. Los acampados piden democracia real. Lo cierto es que una democracia no es tal si necesita un apellido. Eso le ocurre a nuestra actual democracia mediática.
Nadie los ha elegido, no se representan sino a sí mismos. Sin embargo, entre todos los acampados suman menos que los votos obtenidos por un partido ecologista, del que nadie habla, y cuyas opiniones no son expuestas por medio de comunicación alguno. ¿Por qué han obtenido tanta relevancia? Sencillamente porque no tienen votos, pero tienen respaldo mediático. Los medios lo pueden todo. Pueden hacer que lo de Libia sea un escándalo o que no exista. Pueden encumbrar a un movimiento social improvisado y sin ideas coherentes, y pueden hacer que un partido riguroso y democrático pase desapercibido.
Franco decía que España era una democracia orgánica. Los países del bloque soviético se denominaban democracias populares. Los acampados piden democracia real. Lo cierto es que una democracia no es tal si necesita un apellido. Eso le ocurre a nuestra actual democracia mediática.
lunes, 30 de mayo de 2011
El dedito
El comité federal del PSOE ha designado a Pérez Rubalcaba como candidato del partido a las elecciones generales, tras ser convenientemente convencidos por Rodríguez Zapatero. El veterano ministro tendrá que competir contra el humo en las primarias, y dispondrá de unos pocos meses para convencer a los españoles de que él es la renovación del PSOE, él no ha tenido nada que ver con el gobierno de Zapatero, él es la esencia de la juventud y el futuro del PSOE. Capacidad de convicción no le falta, y algunos se lo creerán.
Todos recordamos cuando la cúpula del PP aclamó a Mariano Rajoy como sucesor de Aznar, a petición de éste. Aquello fue un dedazo. El PSOE y su infantería mediática no han dejado ni un sólo día de repetir lo del “dedazo” de Aznar. ¿Ahora resulta que la izquierda también recurre al “dedazo”? No, en absoluto.Rubalcaba ha sido designado por el dedito de Zapatero, y no por un dedazo.
En la conciencia colectiva de los españoles se ha instalado la noción de que todo lo que proviene de la izquierda –o de los que dicen ser de izquierdas- goza de un plus de legitimidad, de un marchamo de calidad ética y democrática. Se trata de una creencia irracional, naturalmente, pero lo que cuenta en las creencias no es su veracidad o falsedad, sino las consecuencias que producen. Todo el mundo está convencido de que sus creencias son verdaderas, y por lo tanto actúa como si lo fueran. Así que, una vez construido el espejismo de que todo lo que proviene de la izquierda es bienintencionado, solidario, respetuoso, legal, veraz, virtuoso y benéfico, la gente se comporta como si así fuera, y cuando observa evidencias de que no es así, considera que se trata de meras excepciones que confirman la regla.
Por eso los gobiernos de la derecha recurren a decretazos invasiones y a un gran dedazo; mientras que los gobiernos de izquierda sólo emplean ajustes, ayudas humanitarias, y... un dedito.
Todos recordamos cuando la cúpula del PP aclamó a Mariano Rajoy como sucesor de Aznar, a petición de éste. Aquello fue un dedazo. El PSOE y su infantería mediática no han dejado ni un sólo día de repetir lo del “dedazo” de Aznar. ¿Ahora resulta que la izquierda también recurre al “dedazo”? No, en absoluto.Rubalcaba ha sido designado por el dedito de Zapatero, y no por un dedazo.
En la conciencia colectiva de los españoles se ha instalado la noción de que todo lo que proviene de la izquierda –o de los que dicen ser de izquierdas- goza de un plus de legitimidad, de un marchamo de calidad ética y democrática. Se trata de una creencia irracional, naturalmente, pero lo que cuenta en las creencias no es su veracidad o falsedad, sino las consecuencias que producen. Todo el mundo está convencido de que sus creencias son verdaderas, y por lo tanto actúa como si lo fueran. Así que, una vez construido el espejismo de que todo lo que proviene de la izquierda es bienintencionado, solidario, respetuoso, legal, veraz, virtuoso y benéfico, la gente se comporta como si así fuera, y cuando observa evidencias de que no es así, considera que se trata de meras excepciones que confirman la regla.
Por eso los gobiernos de la derecha recurren a decretazos invasiones y a un gran dedazo; mientras que los gobiernos de izquierda sólo emplean ajustes, ayudas humanitarias, y... un dedito.
miércoles, 25 de mayo de 2011
Arrimar el hombro en caso de guerra
El ganador de las elecciones locales en Zaragoza, Eloy Suárez, ha propuesto un pacto con el PSOE para gobernar la ciudad. El presidente en funciones del gobierno de Aragón y secretario de organización del PSOE, Marcelino Iglesias, ha replicado de inmediato que “con el PP se pacta sólo en caso de guerra o en circunstancias excepcionales”.
Es evidente que no estamos en guerra (aunque en el PSOE tendrían que explicar por qué en Afganistán no estamos en guerra y en Irak sí que lo estábamos). Pero me gustaría saber qué considera el señor Iglesias que son “circunstancias excepcionales”. En mi opinión, un ayuntamiento fuertemente endeudado, pringado en una maraña de entidades público-privadas de las que no se conocen las cuentas, que continúa alargando la demora en el pago a sus proveedores, que no tiene expectativas de mejorar sus finanzas a causa del parón inmobiliario, y que carece de una ley de financiación local adecuada, se encuentra en una situación muy excepcional.
Pero lo más llamativo es esa desvergüenza con la que desde el PSOE utilizan los mismos argumentos para una cosa y para la contraria, esa absoluta falta de rigor en el discurso. El mismo partido que ahora dice que con el PP sólo se pacta en caso de guerra es el que lleva siete años rasgándose las vestiduras por que el PP no les ha apoyado en cuestiones como la negociación con ETA, las reformas estatutarias, o las medidas contra la crisis. “¡El PP no quiere arrimar el hombro!”, decían. Ahora ellos están dispuestos a arrimar el hombro todo lo que haga falta… en cuanto estalle la guerra.
Es evidente que no estamos en guerra (aunque en el PSOE tendrían que explicar por qué en Afganistán no estamos en guerra y en Irak sí que lo estábamos). Pero me gustaría saber qué considera el señor Iglesias que son “circunstancias excepcionales”. En mi opinión, un ayuntamiento fuertemente endeudado, pringado en una maraña de entidades público-privadas de las que no se conocen las cuentas, que continúa alargando la demora en el pago a sus proveedores, que no tiene expectativas de mejorar sus finanzas a causa del parón inmobiliario, y que carece de una ley de financiación local adecuada, se encuentra en una situación muy excepcional.
Pero lo más llamativo es esa desvergüenza con la que desde el PSOE utilizan los mismos argumentos para una cosa y para la contraria, esa absoluta falta de rigor en el discurso. El mismo partido que ahora dice que con el PP sólo se pacta en caso de guerra es el que lleva siete años rasgándose las vestiduras por que el PP no les ha apoyado en cuestiones como la negociación con ETA, las reformas estatutarias, o las medidas contra la crisis. “¡El PP no quiere arrimar el hombro!”, decían. Ahora ellos están dispuestos a arrimar el hombro todo lo que haga falta… en cuanto estalle la guerra.
lunes, 23 de mayo de 2011
Bocadillo de collejas
En 2004 los españoles le dieron una fuerte “colleja” al PP. En una sociedad con pocos matices, en la que predominan las ideas sencillas y los análisis superficiales, darle una colleja a alguien supone entregar una medalla a su oponente. Igual que los forofos del Barcelona se alegran cuando pierde el Real Madrid.
El 22 de mayo de 2011 los españoles le han dado una fuerte “colleja” al PSOE. Como la sociedad no ha cambiado, como la memoria es frágil si no se la mantiene viva con leyes como la de la memoria histórica, la manera de hacerlo ha sido premiar al PP. Igual que los forofos del Real Madrid se alegran cuando pierde el Barcelona.
Todo sigue igual. Bocadillo de collejas. Partidos fijos-discontinuos en los gobiernos. Clase política mediocre, pancista y apesebrada. Campañas electorales con partidos derrochando millones en carteles, festivales, y gorras y mecheros para regalar a ávidos ciudadanos que se conforman con un mechero a cambio de su voto.
Hay dos rarezas en este panorama desalentador. Una la que se plasma en el movimiento 15-M, que recoge el descontento generalizado y variopinto, sin orientación concreta hacia soluciones posibles. Es la voz del hartazgo pasivo. El grito de los que exigen que alguien solucione sus problemas. Un fenómeno interesante, pero que también abona el terreno al surgimiento de movimientos totalitarios: si la democracia no nos sirve, prescindamos de la democracia.
La otra la del proyecto UPyD, que pretende canalizar el descontento hacia reformas profundas del sistema democrático, desde la democracia hacia una democracia de mayor calidad. Incrementando la participación y no sólo la votación. No durmiendo en una tienda de campaña a la espera de un amanecer mejor, sino caminando hacia un horizonte mejor.
Pero aún tienen pocos seguidores. Insuficientes –al menos de momento- para desarticular el bocadillo de collejas que suponen la alternancia sucesiva de PP y PSOE.
El 22 de mayo de 2011 los españoles le han dado una fuerte “colleja” al PSOE. Como la sociedad no ha cambiado, como la memoria es frágil si no se la mantiene viva con leyes como la de la memoria histórica, la manera de hacerlo ha sido premiar al PP. Igual que los forofos del Real Madrid se alegran cuando pierde el Barcelona.
Todo sigue igual. Bocadillo de collejas. Partidos fijos-discontinuos en los gobiernos. Clase política mediocre, pancista y apesebrada. Campañas electorales con partidos derrochando millones en carteles, festivales, y gorras y mecheros para regalar a ávidos ciudadanos que se conforman con un mechero a cambio de su voto.
Hay dos rarezas en este panorama desalentador. Una la que se plasma en el movimiento 15-M, que recoge el descontento generalizado y variopinto, sin orientación concreta hacia soluciones posibles. Es la voz del hartazgo pasivo. El grito de los que exigen que alguien solucione sus problemas. Un fenómeno interesante, pero que también abona el terreno al surgimiento de movimientos totalitarios: si la democracia no nos sirve, prescindamos de la democracia.
La otra la del proyecto UPyD, que pretende canalizar el descontento hacia reformas profundas del sistema democrático, desde la democracia hacia una democracia de mayor calidad. Incrementando la participación y no sólo la votación. No durmiendo en una tienda de campaña a la espera de un amanecer mejor, sino caminando hacia un horizonte mejor.
Pero aún tienen pocos seguidores. Insuficientes –al menos de momento- para desarticular el bocadillo de collejas que suponen la alternancia sucesiva de PP y PSOE.
miércoles, 11 de mayo de 2011
Homenaje a los "indecisos"
Las encuestas de intención de voto nos ofrecen los escaños o concejalías que obtendría cada partido, en base a lo que dicen los encuestados que van a votar. Al mismo tiempo suelen decirnos también que existe determinado porcentaje de electores que, al preguntarles, han respondido que todavía no saben a qué partido votarán. A esos electores –que oscilan entre el 20% y el 35%-. los medios suelen denominarles “indecisos”.
La RAE define “indeciso” como “perplejo, irresoluto, que tiene dificultad para decidirse”. Es decir: nos imaginamos al indeciso como a alguien sin mucha personalidad, poco informado, o incapaz de tomar una decisión. En las encuestas, los indecisos aparecen casi como el pelotón de los torpes.
Sin embargo, para mí los indecisos son precisamente todo lo contrario: son los que mejor entienden la democracia; los que saben que en democracia los protagonistas son ellos, y no los candidatos. Es en las dictaduras donde los dueños de todo son los políticos. Los “indecisos” son los que no se sienten obligados con ningún partido, los que no les deben el sueldo a ningún partido. Son los que no han renunciado a su libre albedrío, los que conservan íntegra su capacidad crítica, los que deciden si las cosas evolucionan o se mantienen inamovibles. Son los que hacen imprescindible la existencia de las urnas porque, si no fuera por ellos, bastaría con hacer encuestas.
Habría que hacerles un homenaje a esos mal llamados “indecisos”. Su verdadero nombre es “responsables”. El día que no queden “indecisos” la sociedad estará madura para otra dictadura, o para otra confrontación.
La RAE define “indeciso” como “perplejo, irresoluto, que tiene dificultad para decidirse”. Es decir: nos imaginamos al indeciso como a alguien sin mucha personalidad, poco informado, o incapaz de tomar una decisión. En las encuestas, los indecisos aparecen casi como el pelotón de los torpes.
Sin embargo, para mí los indecisos son precisamente todo lo contrario: son los que mejor entienden la democracia; los que saben que en democracia los protagonistas son ellos, y no los candidatos. Es en las dictaduras donde los dueños de todo son los políticos. Los “indecisos” son los que no se sienten obligados con ningún partido, los que no les deben el sueldo a ningún partido. Son los que no han renunciado a su libre albedrío, los que conservan íntegra su capacidad crítica, los que deciden si las cosas evolucionan o se mantienen inamovibles. Son los que hacen imprescindible la existencia de las urnas porque, si no fuera por ellos, bastaría con hacer encuestas.
Habría que hacerles un homenaje a esos mal llamados “indecisos”. Su verdadero nombre es “responsables”. El día que no queden “indecisos” la sociedad estará madura para otra dictadura, o para otra confrontación.
viernes, 6 de mayo de 2011
¡Pammm!
Sonó el pistoletazo de salida. Tras cuatro años de precampaña, ha comenzado la campaña electoral oficial. A partir de hoy veremos a los líderes políticos colgados de las farolas –sólo su foto, por ahora-. Vehículos con estridente megafonía nos aturdirán con mensajes simplones, tratando de nublar aún más nuestra capacidad crítica. Los principales líderes recorrerán miles de kilómetros, apareciendo en plazas de toros y polideportivos, tratando de estoquear y de meterle un gol al adversario.
Nos repetirán hasta la náusea las maldades de “los otros”: son incompetentes, sectarios, tramposos, corruptos, y ¡hasta fumadores! En España siempre tienen la culpa de todo “los otros”. Gastarán decenas de millones en propaganda, carteles, espacios en prensa, viajes, y regalos.
Y el día 22 amanecerá con tres categorías de españoles:
1) Los que nacieron con el anagrama de un partido impreso en los pañales. Los que votarán a “los suyos” pase lo que pase, y hagan lo que hagan.
2) Los que no irán a votar, desilusionados, resignados, y convencidos de que esto será siempre igual, y de que los políticos son una raza aparte que no tiene remedio.
3) Y aquellos que no quieren resignarse, que saben que en otros países más avanzados la democracia es otra cosa, que no quieren renunciar a ser los árbitros en esta pelea de gallitos en que los partidos de siempre han convertido la política. Los que saben que su voto es suyo, y piensan cuidadosamente antes de prestárselo a unos o a otros.
Estos últimos son los que deciden siempre las elecciones. Si sobreviven al hartazgo de la campaña electoral, éstos son los que tendrán la palabra para que España continúe su camino a trompicones, o para que enderece el rumbo hacia la racionalidad, la veracidad, y la transparencia.
Nos repetirán hasta la náusea las maldades de “los otros”: son incompetentes, sectarios, tramposos, corruptos, y ¡hasta fumadores! En España siempre tienen la culpa de todo “los otros”. Gastarán decenas de millones en propaganda, carteles, espacios en prensa, viajes, y regalos.
Y el día 22 amanecerá con tres categorías de españoles:
1) Los que nacieron con el anagrama de un partido impreso en los pañales. Los que votarán a “los suyos” pase lo que pase, y hagan lo que hagan.
2) Los que no irán a votar, desilusionados, resignados, y convencidos de que esto será siempre igual, y de que los políticos son una raza aparte que no tiene remedio.
3) Y aquellos que no quieren resignarse, que saben que en otros países más avanzados la democracia es otra cosa, que no quieren renunciar a ser los árbitros en esta pelea de gallitos en que los partidos de siempre han convertido la política. Los que saben que su voto es suyo, y piensan cuidadosamente antes de prestárselo a unos o a otros.
Estos últimos son los que deciden siempre las elecciones. Si sobreviven al hartazgo de la campaña electoral, éstos son los que tendrán la palabra para que España continúe su camino a trompicones, o para que enderece el rumbo hacia la racionalidad, la veracidad, y la transparencia.
jueves, 5 de mayo de 2011
Milagro en el Tribunal Constitucional
El Tribunal Constitucional ha adquirido merecida fama por la lentitud con la que se producen sus sentencias. Los recursos interpuestos contra el Estatuto de Cataluña tuvieron que esperar tres años hasta que se produjera fumata blanca. Tres años durante los que el gobierno tripartito catalán fue poniendo en marcha decisiones inspiradas por un Estatuto que pendía de un hilo. Lo mismo ha ocurrido con docenas de recursos sobre cuestiones delicadas y fundamentales.
No queda claro si esa demora –que tan gravemente deteriora la eficacia de la Justicia- es debida a la dificultad de los asuntos, a la obsesión por la precisión jurídica, al sometimiento a la presión de los políticos, o a que los señores magistrados se toman con calma su trabajo.
En cambio, hoy el TC va a decidir sobre el recurso de Bildu contra la decisión del Tribunal Supremo de anular sus candidatural en menos de 24 horas. Antes de las 12 de la noche habrán publicado su resolución. ¿Cómo es posible semejante milagro? ¿Quizá por que el asunto es poco complejo? ¿porque van a olvidarse en esta caso de la precisión jurídica? ¿acaso les habrá dado un ataque de hiperlaboritis?
Todo es posible. Pero lo que nadie duda es que la presión de los políticos va a ser decisiva en su decisión. Sea cual sea ésta –y tras el asesinato de Montesquieu por parte de Alfonso Guerra- ya nadie en España confía en una justicia independiente.
No queda claro si esa demora –que tan gravemente deteriora la eficacia de la Justicia- es debida a la dificultad de los asuntos, a la obsesión por la precisión jurídica, al sometimiento a la presión de los políticos, o a que los señores magistrados se toman con calma su trabajo.
En cambio, hoy el TC va a decidir sobre el recurso de Bildu contra la decisión del Tribunal Supremo de anular sus candidatural en menos de 24 horas. Antes de las 12 de la noche habrán publicado su resolución. ¿Cómo es posible semejante milagro? ¿Quizá por que el asunto es poco complejo? ¿porque van a olvidarse en esta caso de la precisión jurídica? ¿acaso les habrá dado un ataque de hiperlaboritis?
Todo es posible. Pero lo que nadie duda es que la presión de los políticos va a ser decisiva en su decisión. Sea cual sea ésta –y tras el asesinato de Montesquieu por parte de Alfonso Guerra- ya nadie en España confía en una justicia independiente.
martes, 3 de mayo de 2011
Terrorismo islamista
Los estadounidenses se han cargado a Bin Laden. Casi diez años buscándolo debajo de las piedras en Afganistán, y ha resultado que estaba en un edificio bien visible, y en Pakistán. Por mi parte, asunto cerrado: un fanático sanguinario menos en la Humanidad. Con lo que ya sólo deben quedar unos 500 millones de fanático sanguinarios de todo pelaje y de todo color.
El asunto me sirve de excusa para comentar otra de las manifestaciones de lo “políticamente correcto”: la de cambiar el nombre de las cosas intentando conseguir el objetivo imposible de no molestar a nadie. Algunos sectores ideológicos y de los medios se refieren sistemáticamente a Al Qaida como “terrorismo internacional” -lo que es tremendamente difuso y vago- para evitar pronunciar las palabras “terrorismo islamista”.
Es cierto que muchos musulmanes de bien se han quejado de la denominación de “terrorismo islamista”, como muchos vascos de bien se quejan de la de “terrorismo vasco”. Pero el terrorismo de Al Qaida es islámista, y el de ETA es vasco. Porque los primero matan en nombre del Islam y los segundos en nombre del País Vasco. ¡Qué le vamos a hacer! Son ellos los que manchan el nombre de los musulmanes y los vasos de bien, no aquellos que preferimos llamar a las cosas por su nombre.
Y me parece una bobada argumentar que se ofende a todos los musulmanes o a todos los vascos. Cuando hablamos de “cava catalán” nadie interpreta que todos los catalanes fabriquen cava, y lo mismo sucede si hablamos de terrorismo vasco o islamista. Pero en eso consiste lo “políticamente correcto”: en una interminable sucesión de bobadas para hacer un poco más bobos a los que las adoptan.
El asunto me sirve de excusa para comentar otra de las manifestaciones de lo “políticamente correcto”: la de cambiar el nombre de las cosas intentando conseguir el objetivo imposible de no molestar a nadie. Algunos sectores ideológicos y de los medios se refieren sistemáticamente a Al Qaida como “terrorismo internacional” -lo que es tremendamente difuso y vago- para evitar pronunciar las palabras “terrorismo islamista”.
Es cierto que muchos musulmanes de bien se han quejado de la denominación de “terrorismo islamista”, como muchos vascos de bien se quejan de la de “terrorismo vasco”. Pero el terrorismo de Al Qaida es islámista, y el de ETA es vasco. Porque los primero matan en nombre del Islam y los segundos en nombre del País Vasco. ¡Qué le vamos a hacer! Son ellos los que manchan el nombre de los musulmanes y los vasos de bien, no aquellos que preferimos llamar a las cosas por su nombre.
Y me parece una bobada argumentar que se ofende a todos los musulmanes o a todos los vascos. Cuando hablamos de “cava catalán” nadie interpreta que todos los catalanes fabriquen cava, y lo mismo sucede si hablamos de terrorismo vasco o islamista. Pero en eso consiste lo “políticamente correcto”: en una interminable sucesión de bobadas para hacer un poco más bobos a los que las adoptan.
viernes, 29 de abril de 2011
De la súplica a la exigencia
En los tiempos de la dictadura, los ciudadanos se dirigían a la Administración mediante “instancias”. El modelo de instancia constaba de tres bloques:
Siempre me llamó la atención ese “SUPLICA”. No importaba qué injusticia o qué arbitrariedad hubiera podido cometer la Administración, el ciudadano siempre tenía que suplicar para obtener lo que le correspondía.
El Foro de la Inmigración y la Ciudadanía presentó el miércoles un documento reivindicativo a los representantes de los partidos PSOE, PP, IU, UPyD, PAR, y CHA. Contenía una veintena de puntos –unos más razonables que otros- sobre cuestiones que a ellos les gustaría que hiciera la Administración. Pero lo que más me llamó la atención fue la palabra con la que comienza la redacción de cada punto. ¿Era “suplicamos”? ¿quizá, “rogamos”? ¿”deseamos”? ¿”pedimos”? ¿”esperamos”?
No. Cada uno de los puntos empezaba con la palabra “Exigimos”.
¡Cuánto ha cambiado este país! Hemos pasado de una situación en la que los ciudadanos españoles tenían que suplicar que se les hiciera justicia, a otra en la que los extranjeros exigen que se cumplan sus deseos. Y me asalta una duda ¿exigen lo mismo a los gobernantes de sus países?
En otros tiempos se nos exigía a los españoles que suplicásemos. Yo les suplicaría a estos señores que fueran un poco menos exigentes.
- El que suscribe… (con todos los datos del ciudadano).
- EXPONE (aquí venía la descripción del caso).
- SUPLICA (y aquí se reflejaba lo que se pedía).
El documento terminaba con la fórmula: “Gracia que espera alcanzar de Vd.
En otros tiempos se nos exigía a los españoles que suplicásemos. Yo les suplicaría a estos señores que fueran un poco menos exigentes.
miércoles, 27 de abril de 2011
Todos al submarino
Estos días se viene hablando mucho de la economía sumergida. Algunas estimaciones calculan que puede rondar el 25% de la economía nacional. Para el próximo viernes se anuncia un plan del gobierno para conseguir que aflore parte de esa actividad oculta.
Parece obvio que en España tiene lugar mucha actividad no paga la Seguridad Social ni impuestos, unos empresarios que acumulan dinero negro, y unos trabajadores que se ven obligados a aceptar lo que hay o que suman lo poco que ganan al subsidio de desempleo. Sólo así se entiende que con cinco millones de parados oficiales ninguno haya ido a apedrear La Moncloa, y que los hoteles estuvieran llenos en Semana Santa.
Hace unos días un pequeño empresario intentaba convencerme de que la salida de la crisis se halla en la economía sumergida. Decía que con el dinero de la economía sumergida se compran cosas y así todo funciona mejor. Sólo se le olvidaba que la Sanidad, la Educación, las pensiones, y las carreteras no las paga la economía sumergida. Claro que al gobierno también se le olvida decirnos que el incremento de economía sumergida es una consecuencia directa de la alta presión fiscal. Cuanto más dinero nos quita el Estado, más razones hay para evitarlo. Pero el Estado no se decide a tomar medidas realmente contundentes para reducir sus gastos corrientes. Han congelado pensiones y bajado sueldos de funcionarios. Pero ni un sólo cargo político se ha quedado sin trabajo.
Después de todo, lo de la economía sumergida es lo más propio para un Estado que se hunde. Tengo que preguntar en mi banco, a ver si me conceden una hipoteca para comprar un submarino.
Parece obvio que en España tiene lugar mucha actividad no paga la Seguridad Social ni impuestos, unos empresarios que acumulan dinero negro, y unos trabajadores que se ven obligados a aceptar lo que hay o que suman lo poco que ganan al subsidio de desempleo. Sólo así se entiende que con cinco millones de parados oficiales ninguno haya ido a apedrear La Moncloa, y que los hoteles estuvieran llenos en Semana Santa.
Hace unos días un pequeño empresario intentaba convencerme de que la salida de la crisis se halla en la economía sumergida. Decía que con el dinero de la economía sumergida se compran cosas y así todo funciona mejor. Sólo se le olvidaba que la Sanidad, la Educación, las pensiones, y las carreteras no las paga la economía sumergida. Claro que al gobierno también se le olvida decirnos que el incremento de economía sumergida es una consecuencia directa de la alta presión fiscal. Cuanto más dinero nos quita el Estado, más razones hay para evitarlo. Pero el Estado no se decide a tomar medidas realmente contundentes para reducir sus gastos corrientes. Han congelado pensiones y bajado sueldos de funcionarios. Pero ni un sólo cargo político se ha quedado sin trabajo.
Después de todo, lo de la economía sumergida es lo más propio para un Estado que se hunde. Tengo que preguntar en mi banco, a ver si me conceden una hipoteca para comprar un submarino.
lunes, 25 de abril de 2011
Opinión pública y opinión publicada
A finales de los 80, Felipe González acuñó la distinción entre “opinión pública” y “opinión publicada”. La primera corresponde a lo que piensan los ciudadanos. La segunda consiste en lo que dicen los medios de comunicación que piensan los ciudadanos. Suena parecido, pero es muy diferente.
Los ciudadanos tienden a creer que los medios de comunicación cuentan la realidad, pero eso es una media verdad, y por lo tanto, una mentira. Los medios construyen la realidad. Dependiendo de lo que cuentan y lo que omiten, de lo que resaltan y lo que difuminan, de la redacción de los titulares, y de los adjetivos que emplean, las cosas existen o no, y tienen un significado u otro. Las guerras, los movimientos sociales, las catástrofes naturales, incluso las leyes, pueden “existir” o no en función de la conveniencia o el capricho de los medios.
Lamentablemente, los ciudadanos siguen pensando que lo que aparece en los medios es la realidad, toda la realidad, y nada más que la realidad. Por ejemplo: todo el mundo estaría de acuerdo en que estos días Heraldo de Aragón ha publicado una encuesta electoral sobre las próximas elecciones autonómicas y municipales. Pero no es así. No han publicado ninguna encuesta, sino las conclusiones a las que llega el periódico a partir de los datos (no publicados) de una encuesta. Verdades a medias.
En el pronóstico sólo aparecen los diputados y concejales que supuestamente obtendrían cinco partidos. Los de siempre. Aliándose a los intereses de esos partidos, Heraldo silencia datos como la abstención, el voto en blanco, y los votos de los que no piensan votar a los de siempre, sino a otras opciones. UPyD –que fue la tercera fuerza más votada en las últimas elecciones al Parlamento Europeo en Zaragoza- no aparece por ninguna parte.
Muchos lectores pensarán que van a tener que decidir entre una de esas cinco opciones. Al omitir otras alternativas el diario está, no sólo falseando la realidad, sino contribuyendo a que mucha gente piense que esas opciones no existen. Sin embargo, ya son muchos los electores que acceden a Internet y que se toman la molestia de informarse más allá de la medias verdades. Heraldo de Aragón puede seguir construyendo su realidad, puesto que ha sobrevivido muchas décadas haciéndolo. Lo que falta por saber es qué sobrevivirá en el largo plazo: el periódico o la realidad.
Los ciudadanos tienden a creer que los medios de comunicación cuentan la realidad, pero eso es una media verdad, y por lo tanto, una mentira. Los medios construyen la realidad. Dependiendo de lo que cuentan y lo que omiten, de lo que resaltan y lo que difuminan, de la redacción de los titulares, y de los adjetivos que emplean, las cosas existen o no, y tienen un significado u otro. Las guerras, los movimientos sociales, las catástrofes naturales, incluso las leyes, pueden “existir” o no en función de la conveniencia o el capricho de los medios.
Lamentablemente, los ciudadanos siguen pensando que lo que aparece en los medios es la realidad, toda la realidad, y nada más que la realidad. Por ejemplo: todo el mundo estaría de acuerdo en que estos días Heraldo de Aragón ha publicado una encuesta electoral sobre las próximas elecciones autonómicas y municipales. Pero no es así. No han publicado ninguna encuesta, sino las conclusiones a las que llega el periódico a partir de los datos (no publicados) de una encuesta. Verdades a medias.
En el pronóstico sólo aparecen los diputados y concejales que supuestamente obtendrían cinco partidos. Los de siempre. Aliándose a los intereses de esos partidos, Heraldo silencia datos como la abstención, el voto en blanco, y los votos de los que no piensan votar a los de siempre, sino a otras opciones. UPyD –que fue la tercera fuerza más votada en las últimas elecciones al Parlamento Europeo en Zaragoza- no aparece por ninguna parte.
Muchos lectores pensarán que van a tener que decidir entre una de esas cinco opciones. Al omitir otras alternativas el diario está, no sólo falseando la realidad, sino contribuyendo a que mucha gente piense que esas opciones no existen. Sin embargo, ya son muchos los electores que acceden a Internet y que se toman la molestia de informarse más allá de la medias verdades. Heraldo de Aragón puede seguir construyendo su realidad, puesto que ha sobrevivido muchas décadas haciéndolo. Lo que falta por saber es qué sobrevivirá en el largo plazo: el periódico o la realidad.
martes, 12 de abril de 2011
Psicología y mala leche
Rosa Díez ha presentado una proposición de ley para impedir que personas imputadas por delitos puedan formar parte de las candidaturas electorales. La iniciativa puede ser discutible. Hay que tener en cuenta el principio de la presunción de inocencia, pero también el efecto de “mal ejemplo” que se da a toda la sociedad cuando figuran en las listas individuos sobre los que recaen sospechas de corrupción.
Pero no quería hablar de eso, sino de una moda muy extendida que es la de ejercer de psicólogos amateurs. He visto en un foro como alguien insertaba la noticia de la iniciativa de Rosa Díez, y titulaba su post así: “¿Oportunismo mediático?”.
Resulta curiosa esa manera de desviar la atención de lo sustancial –una iniciativa parlamentaria real- a lo psicológico –una imaginaria intencionalidad de la diputada de UPyD-. La moda es muy recurrente: si el PP alerta de que España está a punto de entrar en una grave crisis, se dice que son antipatriotas. Si el PSOE promueve una reforma de la ley del aborto, se dice que les gusta asesinar niños. Y ya no hace falta analizar lo acertado o no de los hechos en sí.
Se hable de lo que se hable, siempre hay algún psicólogo amateur que nos dice lo que pasa por la cabeza de los demás. Colón descubrió América porque quería hacerse rico en China. La OTAN ataca al ejército de Gadaffi porque le quieren quitar el petróleo. El Supremo juzga a Garzón porque le tienen manía. Y Newton formuló la ley de la gravedad porque era un vago y dormía debajo de un manzano.
Se dice que Argentina es el país en el que hay más psicólogos por metro cuadrado. Pero es falso: en España cada ciudadano conoce las intenciones (siempre perversas) de todo aquél que hace o dice algo. Y nadie lo hace o dice porque crea en ello. Hay mucho psicólogo frustrado, y mucha mala leche bien repartida.
Pero no quería hablar de eso, sino de una moda muy extendida que es la de ejercer de psicólogos amateurs. He visto en un foro como alguien insertaba la noticia de la iniciativa de Rosa Díez, y titulaba su post así: “¿Oportunismo mediático?”.
Resulta curiosa esa manera de desviar la atención de lo sustancial –una iniciativa parlamentaria real- a lo psicológico –una imaginaria intencionalidad de la diputada de UPyD-. La moda es muy recurrente: si el PP alerta de que España está a punto de entrar en una grave crisis, se dice que son antipatriotas. Si el PSOE promueve una reforma de la ley del aborto, se dice que les gusta asesinar niños. Y ya no hace falta analizar lo acertado o no de los hechos en sí.
Se hable de lo que se hable, siempre hay algún psicólogo amateur que nos dice lo que pasa por la cabeza de los demás. Colón descubrió América porque quería hacerse rico en China. La OTAN ataca al ejército de Gadaffi porque le quieren quitar el petróleo. El Supremo juzga a Garzón porque le tienen manía. Y Newton formuló la ley de la gravedad porque era un vago y dormía debajo de un manzano.
Se dice que Argentina es el país en el que hay más psicólogos por metro cuadrado. Pero es falso: en España cada ciudadano conoce las intenciones (siempre perversas) de todo aquél que hace o dice algo. Y nadie lo hace o dice porque crea en ello. Hay mucho psicólogo frustrado, y mucha mala leche bien repartida.
viernes, 8 de abril de 2011
Cordilleras y desiertos
Esperanza Aguirre ha dado a conocer un plan para crear aulas reservadas para los estudiantes de bachillerato que hayan obtenido las notas más altas durante la ESO, y que así lo deseen. Como era de esperar, la iniciativa ha movido a escándalo a la progresía oficial, mediática, y social. ¡Qué barbaridad! ¡crear guetos! ¡el programa oculto del PP! ¡quieren discriminar a los más desfavorecidos! ¡aumentarán las diferencias!
Y sin embargo a mí me parece una medida de lo más acertada, que tendría tres efectos muy beneficiosos:
1) Permitiría a los alumnos que desean trabajar y esforzarse, obtener una mejor formación sin verse frenados por tener que adaptarse al mediocre ritmo de la mayoría.
2) Estimularía a muchos, que verían que no da igual estudiar que no estudiar, lo que tendría un efecto pedagógico importante, ya que en la vida adulta tampoco es lo mismo esforzarse que tumbarse en el sofá.
3) Supondría el máximo respeto para el principio de la igualdad de oportunidades. Las nuevas aulas no serían para los más ricos o los más guapos, sino que podrían acceder a ellas ricos y pobres por igual, puesto que la inteligencia y el esfuerzo no son patrimonio de ninguno de ellos.
Lamentablemente, la progresía oficial, mediática y social continúa empeñada en hacernos a todos iguales, al precio que sea, y como no es posible hacer que todos seamos mejores, hace lo que puede para que todos seamos peores. No les gustan las cordilleras, en las que coexisten altas cumbres junto a profundos valles. Pero si les dejamos hacer van a convertir España en un magnífico desierto: un lugar muy igualado, en el que no brota nada, y donde la vida es casi imposible.
Y sin embargo a mí me parece una medida de lo más acertada, que tendría tres efectos muy beneficiosos:
1) Permitiría a los alumnos que desean trabajar y esforzarse, obtener una mejor formación sin verse frenados por tener que adaptarse al mediocre ritmo de la mayoría.
2) Estimularía a muchos, que verían que no da igual estudiar que no estudiar, lo que tendría un efecto pedagógico importante, ya que en la vida adulta tampoco es lo mismo esforzarse que tumbarse en el sofá.
3) Supondría el máximo respeto para el principio de la igualdad de oportunidades. Las nuevas aulas no serían para los más ricos o los más guapos, sino que podrían acceder a ellas ricos y pobres por igual, puesto que la inteligencia y el esfuerzo no son patrimonio de ninguno de ellos.
Lamentablemente, la progresía oficial, mediática y social continúa empeñada en hacernos a todos iguales, al precio que sea, y como no es posible hacer que todos seamos mejores, hace lo que puede para que todos seamos peores. No les gustan las cordilleras, en las que coexisten altas cumbres junto a profundos valles. Pero si les dejamos hacer van a convertir España en un magnífico desierto: un lugar muy igualado, en el que no brota nada, y donde la vida es casi imposible.
lunes, 4 de abril de 2011
Una alternativa diferente
Ayer domingo estuve en el mitin de UPyD en la plaza de toros de Vistalegre. Para mí era casi como perder la virginidad porque nunca había asistido a ningún mitin. No fui para aplaudir incondicionalmente a Rosa Díez porque a estas alturas no me siento incondicional de nadie. Tampoco fui para conocer las propuestas de UPyD porque ya las conozco. Ni para llenarme de optimismo ante un necesario cambio político y social, porque soy consciente de que ese cambio no va a resultar fácil. Fui porque quería tener mi propia versión de los hechos, y no la que me contaran los medios de comunicación.
Y encontré muchas diferencias interesantes.
Primero, me tuve que gastar 30 euros en el viaje porque nadie me pagó un autobús con los impuestos de todos. Después pagué un euro para entrar porque UPyD prefería asistentes interesados en la política, y no jubilados aburridos. Y me tuve que pagar la comida porque nadie me dio un bocadillo pagado con los impuestos de todos.
Pero hubo más diferencias: No se insultó ni se criminalizó a otros partidos. No se pidió el voto a los asistentes, sino que se les recomendó que lo prestaran a quién quisieran, y que si se lo prestaban a UPyD y el partido no cumplía, que los “mandaran a la porra”. No se abogó por la alternancia, sino por la alternativa. No se pidió confianza ciega sino un voto reflexivo y vigilancia constante a los políticos. En vez de alentar el resentimiento de las dos Españas clásicas, se sugirió la apuesta por una tercera España: la de los que no quieren participar en esa rancia batalla.
Se transmitió confianza en que lo “imposible” es posible si la gente quiere que lo sea. Igual que parecía imposible hace diez años que la gente se manifestara contra el terrorismo en el País Vasco. Y fue posible. Igual que parecía imposible hace cuatro años que se formara un partido nuevo como UPyD y que llegara a las instituciones. Y ha sido posible.
Se defendió el estado autonómico, pero un estado autonómico en el que cada parte no sea más importante que el todo, y en el que cada parte no compita por arrancarle un pedazo más grande que las demás al todo. Se defendió la reforma de la Ley Electoral para que los votos de todos los ciudadanos valgan lo mismo, habiten donde habiten.
Y a diferencia de lo que hacen todos los demás partidos no se dijo que el “voto útil” es votar a UPYD, sino votar individualmente, no como grupo, y que cada uno “vote a quien le dé la gana”.
Sí que es una alternativa diferente: los ciudadanos tenemos en nuestra mano –si queremos- hacer posible lo que los medios de comunicación dicen que es imposible. Y si no queremos, también tenemos derecho. A no querer, y a continuar cuatro años más quejándonos de la clase política. O toda la vida. ¡Es tan cómodo quejarse!
Y encontré muchas diferencias interesantes.
Primero, me tuve que gastar 30 euros en el viaje porque nadie me pagó un autobús con los impuestos de todos. Después pagué un euro para entrar porque UPyD prefería asistentes interesados en la política, y no jubilados aburridos. Y me tuve que pagar la comida porque nadie me dio un bocadillo pagado con los impuestos de todos.
Pero hubo más diferencias: No se insultó ni se criminalizó a otros partidos. No se pidió el voto a los asistentes, sino que se les recomendó que lo prestaran a quién quisieran, y que si se lo prestaban a UPyD y el partido no cumplía, que los “mandaran a la porra”. No se abogó por la alternancia, sino por la alternativa. No se pidió confianza ciega sino un voto reflexivo y vigilancia constante a los políticos. En vez de alentar el resentimiento de las dos Españas clásicas, se sugirió la apuesta por una tercera España: la de los que no quieren participar en esa rancia batalla.
Se transmitió confianza en que lo “imposible” es posible si la gente quiere que lo sea. Igual que parecía imposible hace diez años que la gente se manifestara contra el terrorismo en el País Vasco. Y fue posible. Igual que parecía imposible hace cuatro años que se formara un partido nuevo como UPyD y que llegara a las instituciones. Y ha sido posible.
Se defendió el estado autonómico, pero un estado autonómico en el que cada parte no sea más importante que el todo, y en el que cada parte no compita por arrancarle un pedazo más grande que las demás al todo. Se defendió la reforma de la Ley Electoral para que los votos de todos los ciudadanos valgan lo mismo, habiten donde habiten.
Y a diferencia de lo que hacen todos los demás partidos no se dijo que el “voto útil” es votar a UPYD, sino votar individualmente, no como grupo, y que cada uno “vote a quien le dé la gana”.
Sí que es una alternativa diferente: los ciudadanos tenemos en nuestra mano –si queremos- hacer posible lo que los medios de comunicación dicen que es imposible. Y si no queremos, también tenemos derecho. A no querer, y a continuar cuatro años más quejándonos de la clase política. O toda la vida. ¡Es tan cómodo quejarse!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)