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sábado, 27 de junio de 2020

El síndrome de Mary Poppins


Supercalifragilísticoespialidoso” es la palabra con la que la actriz Julie Andrews dice expresar la emoción que siente, en la gran película “Mary Poppins”. La palabreja suena bien, es original, resulta simpática. Los niños la repetían incansablemente y los adultos se esforzaban por pronunciarla sin que se les trabara la lengua.

Sin embargo, detrás de esas catorce sílabas no hay nada. Absolutamente nada. Únicamente lo que cada cual quiera imaginar, lo que es lo más contrario al lenguaje, que se caracteriza por asignar a cada palabra una acción, una cosa o un concepto igual para todos.

Algo parecido es lo que viene sucediendo en España desde hace unos años, y cada vez con más fuerza. Palabras y frases que suenan bien, pero que carecen de sustancia, de significado concreto. Malabarismo lingüístico.

Ya el inefable Rodríguez Zapatero se sacó de la chistera aquello de la “Alianza de Civilizaciones” y millones de espectadores aplaudieron la ocurrencia, incluso creyendo que eso serviría para algo.

Pero últimamente el síndrome de Mary Poppins ha alcanzado unos niveles sorprendentes. Con motivo de la pandemia se ha hablado de “Plan Marshall”, de “Pactos de la Moncloa”. Se ha propuesto un “Plan de Reconstrucción”, -como si se hubieran caído los edificios y hundido los puentes-, cuando lo razonable sería hablar de “Pacto de Recuperación”. Se ha extendido como una plaga el concepto de “distancia social”, que hace referencia a la distancia entre personas, por lo que lo adecuado sería hablar de “distancia personal”. La distancia social es otra cosa. La que existe entre un acaudalado banquero y el inmigrante que duerme en el cajero de su banco. La que hay entre Pablo Iglesias -por ejemplo- y la mujer que hace la limpieza en su chalet. Y ya el colmo de la pirotecnia verbal es la afirmación del actual Presidente de que “España tiene que entenderse con España”.

Palabras huecas, conceptos retorcidos. Camino del caos lingüístico llegaremos al camarote de los Hermanos Marx: Yo digo lo que me da la gana y usted entienda lo que más le guste.

Reconozco que no me produce el menor asombro que los políticos –camaleónicos farsantes por oficio- hagan todo lo posible para sembrar la confusión llenando el espacio de palabra altisonantes sin significado alguno. Pero me produce gran melancolía observar que la sociedad civil, los periodistas, los intelectuales, los científicos, y los ciudadanos en general den por buena la farsa. Mientras sigamos padeciendo el síndrome de Mary Poppins, nunca nos libraremos de presidentes, ministros, consejeros y alcaldes mentirosos, oportunistas y tramposos, cuyo único objetivo es alcanzar y mantenerse en el poder a cualquier precio.

domingo, 10 de marzo de 2019

Sobre feminismo y antisemitismo


En los años 30 del pasado siglo se impuso en Alemania la idea de que los judíos eran la causa de todos los males de la nación. Se les consideró una raza degradada, improductiva y parasitaria. Es cierto que muchos judíos se dedicaban a las finanzas y al comercio, y disponían de grandes fortunas. Igual de cierto que muchos otros judíos ejercían profesiones liberales, como médicos y abogados. Pero también es cierto que la mayoría de los judíos alemanes desempeñaban trabajos más humildes: escribientes, camareros, artesanos, etc. El odio hacia los judíos –estimulado por el nacionalsocialismo- dio lugar a que la mayoría de los alemanes contemplaran con aprobación o con indiferencia como millones de judíos fueron perseguidos, humillados, detenidos y eliminados. Este es un ejemplo de cómo la masa puede aceptar una leyenda inventada como si fuera real.

Terminada la II guerra mundial, el genocidio perpetrado contra los judíos sirvió de excusa para perpetrar el sometimiento y la expulsión de sus tierras de los millones de personas que vivían en los territorios donde se implantó el estado de Israel.

Este es un ejemplo de cómo se pueden cometer gravísimas injusticias al amparo de otras injusticias pretéritas.

En la España de 2019 se ha impuesto la idea de que las mujeres sufren una discriminación insoportable, que carecen de derechos, y que se les impide desarrollar su vida en libertad.

Es cierto que cada año alrededor de 50 mujeres mueren a manos de sus parejas o exparejas. También es cierto que el promedio de salarios de todas las mujeres es inferior al promedio de salarios de todos los hombres. Y sigue siendo cierto que la mayoría de las mujeres tenían muchos menos derechos que los hombres hace 50 años. Pero no es cierto que el número de homicidios contra mujeres sea mayor en España que en el resto de Europa. De hecho, es inferior a la media europea. Tampoco es cierto que las mujeres tengan menos derechos que los hombres. La Constitución establece la igualdad entre los sexos, y no existe ninguna discriminación legal para ellas. Cualquier mujer puede estudiar cualquier carrera universitaria, desempeñar cualquier trabajo, ingresar en el Ejército o crear una empresa. Si hay menos mujeres en la pesca, la minería, en la construcción o en las carreras técnicas es únicamente porque libremente eligen no hacerlo. Tampoco es verdad que las mujeres reciban menor salario cuando desempeñan la misma función, con igual responsabilidad, antigüedad, horario y disponibilidad. La llamada “brecha salarial” entre hombres y mujeres no es diferente de la brecha salarial entre los madrileños y los zamoranos. La media de los salarios de los primeros es superior a la de los segundos, pero eso se debe a diversos factores, entre los que no está que se discrimine a nadie por ser zamorano. Este es otro ejemplo de cómo una leyenda inventada puede ser asumida como algo real por la masa.

Con la excusa de que las mujeres españolas del siglo pasado dependían de sus maridos y carecían de los mismos derechos que éstos se ha creado el actual estado ginocrático. Están en vigor leyes que penalizan a los hombres por el hecho de serlo. Funcionan infinidad de organismos dedicados en exclusiva a facilitar diversas ayudas sólo para mujeres. Se destinan miles de millones de dinero público a innumerables asociaciones de mujeres, pero no existe ni una sola asociación sólo de hombres.

Este es otro ejemplo de cómo se pueden cometer gravísimas injusticias al amparo de otras injusticias pretéritas.


lunes, 16 de mayo de 2016

El oso de peluche

El refranero popular nos dice que no hay que vender la piel del oso antes de haberlo cazado. Sin embargo, la política española parece haber caído en manos infantiles, si nos atenemos a los hechos y dichos de la mayor parte de sus dirigentes.

Ayer, el líder interino del PSOE, Pedro Sánchez, cerrando los ojos a las perspectivas electorales de su partido, presentó lo que podría ser su equipo ministerial. Es decir, presentó la piel del oso, aunque es más que dudoso que consiga cazarlo.

Consolidadndo el espíritu bucólico-infantil que inauguró Rodríguez Zapatero, en ese quimérico gobierno aparecen áreas nuevas. Si Sánchez alzanzara su sueño tendríamos, probablemente, un Ministerio de Inmigración, otro de Refugiado, otro de Transparencia y otro de Ética Empresarial. Todo un ejercicio de juegos malabares con los conceptos en el decidido camino que emprendió el PSOE hacia el surrealismo político.

Yo les animo a dar un paso más. Les propongo que creen el Ministerio de la Paz, el de la Alegría, el de la Sinceridad, y el del Escondite Inglés. Y ya metidos en harina, habría que cambiar la denomicación de algunos ministerios tradicionales: el de Economía pasaría a llamarse Ministerio del Monopoly, el de Fomento Ministerio del Scalextric, el de Educación Ministerio del Trivial, y  el de Vivienda Ministerio de Exin Castillos.


En política no es nada nuevo lo de vender la piel del oso antes de haberlo cazado. La gran aportación del PSOE es que el oso sea de peluche.

miércoles, 9 de marzo de 2016

El día de la polla

Una de las formas de disolver la capacidad crítica individual –y por ende la libertad- consiste en sumergir a las personas en una categoría cerrada. “El pueblo de Dios”, “la raza blanca”, “el proletariado”, y “el pueblo alemán” son algunos ejemplos históricos de esta manipulación. En todos los casos se observan tres pasos en la construcción del mito: primero se inventa la categoría, después se establecen las características comunes a todos sus miembros -siempre nobles y superiores-, y por último se designa un enemigo común. En los movimientos religiosos el enemigo son los infieles. En el pensamiento racista son los negros. Para la doctrina leninista, los capitalistas. Para la ideología nazi, los judíos.

Ayer asistimos en España al climax de una de estas categorizaciones faleaes: el día de “la mujer”. Nótese que no hablan de las mujeres, sino de “la mujer”. Es el segundo paso, el destinado a hacer creer que todas las mujeres piensan igual, sienten lo mismo, tienen las mismas necesidades, y tienen –no falta el tercer paso- un enemigo común: los hombres. Tomen nota del matiz: “la mujer”, en singular, enfrentada a “los hombres”, en plural.

Todas la especies presentan diferencias según su sexo. Además de los órganos genitales, existen diferencias en cuanto a tamaño, o apariencia externa. También existen diferencias de comportamiento relacionadas con la reproducción y con el cuidado y la protección de las crías. Por lo demás, un conejo es idéntIco a una coneja, un burro a una burra, un pato a una pata, y un pollo a una polla.

La fiesta feminista de ayer se fundamenta entre otras cosas en una deliberada tergiversación estadística. Se afirma que “las mujeres cobran por su trabajo un 25% menos que los hombres”, y sobre esa base se construye una interminable cadena de agravios. El truco es simple, pero eficaz. Se toma el total de sueldos percibidos por todos los hombres y todas las mujeres, se divide entre el número de hombres y mujeres, y el resultado es una cantidad inferior. Pero no se tiene en cuenta el número de horas trabajadas, el tipo de trabajo, ni ningún otro factor de los que influyen en el salario.

España se escandaliza porque todos los medios de comunicación repiten como loritos que “una mujer tiene que trabajar dos meses más que un hombre para cobrar el mismo sueldo”. Y esto a pesar de que casi nadie conoce un caso concreto en que una mujer cobre menos que un hombre en la misma empresa y en el mismo puesto de trabajo, y con la misma cualificación, antigüedad, horario, disponibilidad, experiencia y responsabilidad.


Pero no hay que preocuparse. El año que viene volveremos a escuchar lo mismo. Aunque las mujeres –en plural- que trabajan dieciséis horas diarias en casa y en la oficina, y las que padecen la convivencia con un energúmeno que se cree su amo sólo obtengan el consuelo de unos semáforos transexuales y el discurso soporífero de “todos y todas”, “vascos y vascas”, “diputados y diputadas” y “pollos y pollas”.

jueves, 25 de febrero de 2016

Pacto entre peluqueros

Ayer, Pedro Sánchez y Albert Rivera anunciaron que han llegado a un acuerdo de gobierno. Los medios de comunicación no hablan de otra cosa. Los analistas políticos desmenuzan el contenido del documento. La mayoría de los españoles respiran aliviados: tras dos meses con un gobierno en vía muerta, por fin parece que el tren está dispuesto para arrancar.

Pero tanta alharaca no parece en absoluto justificada. El pacto promete simultáneamente una moderada subida de impuestos y un importante aumento del gasto, manteniendo además el déficit del Estado bajo control. Las medidas para el ámbito laboral van justamente en contra de lo que nos están pidiendo desde la Unión Europea y de lo que recomiendan la mayoría de los expertos. Y sin el menor temblor en la voz ambos han prometido poner en marcha algunas reformas que son sencillamente imposibles, puesto que requieren una reforma de la Constitución, y ésta no puede producirse sin la aquiescencia del Partido Popular.

Rivera ha dicho en la rueda de prensa que no habrá subida de impuestos, pero el documento dice que sí la habrá. Sánchez ha remarcado que van a derogar la reforma laboral, pero el documento no dice eso. Patrañas, engaños, el juego del despiste.

Por si fuera poco todo lo anterior, la suma de los diputados de PSOE y Ciudadanos no es suficiente para lograr una investidura, y ambos lo saben. En definitiva, el anuncio de ese pacto milagroso no es sino un bluf, una entelequia, una tomadura de pelo. Un acto más de teatro al exclusivo beneficio de los dos protagonistas. Un montaje escénico para aparecer ante el electorado como estadistas, y obtener el aplauso de unos españoles tan hartos de los viejos políticos como de los nuevos.


Los peluqueros eran –hasta ahora- los únicos profesionales a los que acudíamos voluntariamente, y les pagábamos para que nos tomen el pelo. Este es sin duda un buen ejemplo de pacto entre peluqueros.

viernes, 5 de febrero de 2016

Catastrófica felicidad

Por lo que vengo viendo y leyendo durante los últimos meses, España se encuentra en situación catastrófica. El INE me informa de que hay más de cuatro millones de personas que buscan trabajo y no lo encuentran, y que más de la mitad de ellos no reciben prestación alguna. Por su parte, los sindicatos me aseguran que el 90% de los empleos son precarios y mal pagados.

Por otro lado, diversas ONG’s denuncian que hay siete millones de pobres, un millón de niños que apenas comen, cientos de miles de familias que no pueden pagar la electricidad y que sólo se calientan con los debates de la tele. Según otras organizaciones, otros cientos de miles de familias han tenido que abandonar la vivienda por no poder pagar la hipoteca. Por la megafonía feminista me recuerdan que decenas de miles de mujeres viven aterrorizadas a la espera de que su salvaje parejo las asesine.

Si escucho lo que dicen partidos como Podemos, Izquierda Unida, o el PSOE, la inmensa mayoría de la población vive angustiada por los recortes, decenas de miles de jóvenes no pueden titularse como ingenieros aeronáuticos por falta de becas, el mundo del espectáculo (ellos prefieren llamarlo cultura) se asfixia porque la gente tiene que pagar el mismo IVA por una entrada de cine que por unos zapatos, y por todo ello nos encontramos en una situación de emergencia social.

Todo esto presenta un panorama dantesco, aterrador, insufrible. Una población angustiada, que vive en la penuria, atacada por toda clase de desdichas. Con estos datos, lo extraño es que la tasa de suicidios no se haya disparado todavía.

Y en este contexto llega a mis manos el barómetro del CIS del mes de enero, en el que se pide a los encuestados que señalen de cero a diez su grado de felicidad, siendo cero la completa infelicidad y diez la felicidad total. El sorprendente resultado es que sólo el 4,6% sitúa su felicidad por debajo de 5, que el 94,7% se posiciona por encima, con un 52,8% que se sienten muy felices, por encima de 8 puntos.


Quiero que alguien me lo explique. Porque o bien los técnicos del CIS mienten como bellacos, o bien en este país hay muchísima gente que medra a costa de vender un catastrofismo imaginario.

jueves, 30 de abril de 2015

Vendiendo telas por España


Vendiendo telas
Ayer asistí en representación de UPyD a una mesa policía organizada por la Red de Entidades de Inclusión Social. Se trataba de conocer las propuestas de los diferentes partidos políticos en relación con esta importante cuestión.

Estábamos presentes también representantes del PSOE, PP, IU, CHA, PAR, y Podemos. Como era de esperar, todos explicaron que tenían propuestas para terminar con la pobreza, la exclusión social, los desahucios y la pobreza infantil, aunque ninguno de ellos dijo de dónde pensaban sacar el dinero para todas las ayudas que pensaban dar.

Como detalles curiosos, CHA e IU declararon que “no estaría mal sovietizar el sistema bancario aragonés”. Y el señor Echenique, de Podemos, dijo que era una falacia hablar de los pequños defraudadores, ya que el 70% de lo que se defrauda a Hacienda lo hacen los más ricos. Según eso, a Podemos le parece muy bien que se dejen de ingresar unos 12.000 millones de euros anuales, siempre que los que cometen el fraude sean fontaneros, peluqueros, o dueños de pequeños bares.

Pero lo que4 me pareció más significativo fue la ausencia de representantes del partido de Albert Rivera, que no asisten a ninguno de los debates políticos que se están celebrando a docenas estos días en Aragón. ¿Por qué no envían a nadie? ¿No tienen propuestas que hacer? ¿O no tienen a nadie que sepa exponerlas con solvencia?

Pensando en ello, uno se da cuenta de que el partido que en este momento aparece en las encuestas como la gran revelación sólo es un líder y una marca. La formación que pretende dibujarse como la gran esperanza para España no es más que un reducido equipo que diseña estrategias desde Barcelona, y un líder que recorre toda España vendiendo su producto. La traslación a la política del antiguo esquema del negocio del textil: una fábrica en Cataluña y un mercado en el resto del país.

En Aragón sólo hay una sucursal con empelados de tercer nivel. Una improvisada cabeza de cartel electoral, y unos pocos afiliados que, además, se han visto desplazados por  paracaidistas provenientes del PAR y de UPyD en busca de oportunidades.

El partido Ciutadans disfrazado de Ciudadanos y su líder, Albert Ribera, que lleva meses recorriendo España predicando una nueva ética política. Una ética que no le impide dedicar el 100% de su tiempo a promocionar su partido, mientras continúa cobrando el sueldo de parlamentario que le pagan los catalanes. Un buen indicador del valor real de su ética. Un mal presagio de lo que podría ser su labor en las instituciones aragonesas, si llegan a ellas.


sábado, 7 de febrero de 2015

Del maletín al Monedero


En España, el “maletín” es la metáfora que mejor representa el fraude económico de altos vuelos. Evoca movimientos fraudulentos de capitales. Potentados que mueven millones de origen dudoso para saltarse las normativas fiscales o directamente el Código Penal.

También está asociado a chanchullos varios de partidos políticos que mientras presumen de honradez, no dudan en eludir las normas que ellos mismos han aprobado . El caso Flick, la familia Pujol, Gurtel, son sólo algunos ejemplos del cinismo de unos golfos que hacen justo lo contrario de lo que dicen.

Afortunadamente, la sociedad parece haber despertado de un estado semicatatónico en el que se dejaba esquilmar por los poderosos con la misma fatalista resignación que los judíos de Varsovia subían a los trenes que les llevarían al exterminio. Los ciudadanos se muestran indignados con la corrupción, y consideran ahora a cualquier político, banquero o empresario como un corrupto potencial. La práctica del “maletín” suscita, por fin, el rechazo unánime de la sociedad.

Sin embargo, esa condena no se ha extendido todavía a la otra corrupción. A la que no mueve muchos millones, sino sólo miles o decenas de miles. La que va desde el autónomo que realiza un trabajo sin emitir factura al que crea una empresa fantasma para eludir el pago del IRPF. Una corrupción menos llamativa, pero infinitamente más extendida. Pero no deja de ser corrupción, igual que un chorizo de barbacoa no deja de ser chorizo.
Paradójicamente, está siendo el partido que se ha proclamado como defensor de los pobres y como azote de corruptos de altos vuelos, el que puede despertar también en los ciudadanos la conciencia de que estas golferías menores tampoco pueden ser toleradas. Parece que el rechazo social no se va a quedar sólo contra el maletín, sino que puede volverse también conta el “monedero”.

Porque tras conocerse las martingalas de Erejón al abrigo de la casta universitaria, el caso de Juan Carlos Monedero, ese exponente de la izquierda  ejemplar, que constituyó una sociedad sin actividad alguna para evitar pagar a Hacienda como hacen todos los trabajadores por los que él dice preocuparse, ha puesto el foco sobre la otra cara de la corrupción. Esa en la que no son unos pocos que se llevan millones en maletines, sino muchísimos que se llevan miles de euros en sencillos monederos.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Violencia sin género


Esa es la noticia, tal como aparece en los medios de comunicación. Una vez más, una tragedia, un crimen, una familia destruida por la violencia.

Pero este hecho merece un análisis más profundo, que trasciende el drama de las personas directamente implicadas. Este asesinato de un ser humano por su cónyuge deja al descubierto el núcleo de la falacia más rentable para el feminismo radical: la llamada “violencia de género” o “violencia machista”.

Los potentes lobbys feministas enquistados en algunos partidos políticos han construido -con la ayuda de muchos medios de comunicación- la creencia de la “violencia Machista” es una terrible epidemia social que convierte a todas las mujeres en potenciales víctimas de la agresividad de todos los hombres. Sobre esa base se promulgó la única ley de violencia de género, la única que vulnera el principio constitucional de que todos los españoles son iguales ante la ley. Para la ley de violencia de género los hombres y las mujeres no son iguales. Ellas son siempre presuntas víctimas, y ellos son siempre presuntos culpables.

A partir de esa creencia social se ha creado un monumental entramado para proteger a las víctimas –siempre las mujeres-, que incluye juzgados especiales, policías especiales, servicios municipal municipales de atención especiales, pisos de acogida, campañas de información, programas de radio y televisión, y suculentas subvenciones a miles de asociaciones, de mujeres, naturalmente.
Tras una década de medidas especiales, el número de personas asesinadas por sus parejas se ha mantenido inalterable –en torno a 70 cada año- a pesar del esfuerzo y de los cientos de millones de euros que se destinan supuestamente a evitarlo.

Y ahora se produce un asesinato –presuntamente cometido por su pareja-, y que parece haber sido inducido por los celos. Un drama con todas las característica de la llamada “violencia de género”, excepto por el pequeño detalle de que la pareja estaba formada por personas del mismo sexo. La prueba definitiva –para el que lo quiera ver- de que el montaje feminista que se ha construido en España a partir de la violencia emocional es una completa superchería.

Las realidades son otras:
  • Cualquier asesinato es una tragedia. La sociedad y los estados deben procurar establecer los medios para prevenir, evitar, y en su caso castigar estos hechos.
  • En todos los países del mundo se producen asesinatos. Entre ellos figuran los que se cometen en el seno de parejas.
  • La tasa de mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas en España es de las más bajas de Europa (6 casos por millón).
  • En torno al 20% de esos crímenes tienen como víctimas a hombres, algo que apenas se menciona, y que a nadie parece preocupar.
  • Aproximadamente el 25% de los hombres que terminan con la vida de sus parejas intentan suicidares a continuación.
  • Como sustrato de esas decenas de crímenes existen cientos de miles de casos de maltrato, que no terminan en asesinato, pero que suponen un terrible drama para las personas que los sufren –mayoritariamente mujeres, pero no exclusivamente mujeres.
  • Se debe prevenir –con medidas educativas-, y corregir y castigar los casos de maltrato –sean sus víctimas mujeres u hombres.
  • El origen de esos maltratos se halla en la dominación de un miembro de la pareja sobre otro, y en la concepción de las parejas en términos de posesión mutua.
  • Los factores emocionales de las relaciones de pareja son a menudo refractarios a los criterios de racionalidad, por los que tienen a desbordar lo que establecen las leyes y lo que dicta el sentido común.

Todo lo anterior puede resultar muy políticamente incorrecto. Pero es la realidad. Una realidad muy diferente a la que el feminismo radical ha logrado hacernos creer. Lo lamentgable es que mientras sigamos tratando de corregir una falsa realidad, cada año seguirán siendo asesinadas el mismo número de personas por sus parejas sentimentales.


viernes, 21 de marzo de 2014

El frescor salvaje de la cremallera

Hace unos años, una conocida marca de jabones lanzó una potente campaña publicitaria en la que destacaba que su producto tenía “el frescor de los limones salvajes del Caribe”. Como en tantas otras estrategias comerciales, se trataba de colocar una etiqueta llamativa –en este caso exótica- en un producto que no tiene nada relevante que lo distinga de los demás.

Me he acordado de aquellos anuncios al ver cómo el PSOE ha presentado las bondades de su candidatura al Parlamento Europeo, presumiendo de que se trata de una “lista cremallera”. Es decir, en la se van alternando sucesivamente una mujer y un hombre desde el principio hasta el final.

Nuevamente, este partido desorientado, que trata de encontrar una identidad perdida y un líder que le guíe a la tierra prometida del poder, recurre a un truco de prestidigitación y marketing, aparentando que saca un conejo de una chistera que está completamente vacía.

Colocar a hombres y mujeres alternos en una candidatura es tan irrelevante como ordenarlos según su estatura: el más alto de número uno, y el más bajito en último lugar. Venderlo como un gran logro y un avance democrático es, sencillamente, una estafa y un insulto a la inteligencia de los electores.

Sin embargo, no faltarán ciudadanos que se dejen hipnotizar por el truco. Deslumbrados por la apariencia, olvidarán que los limones salvajes del Caribe pueden ser apestosos si están en estado de descomposición.

lunes, 10 de febrero de 2014

Cazando gamusinos

Los gamusinos son unos animales imaginarios que sirven como motivo para gastar bromas a los niños, o para tomar el pelo a cazadores novatos. Se les dice que el gamusino es muy esquivo, y se les enseñan ciertas "técnicas" que supuestamente sirven para descubrirlos en la oscuridad de la noche.


Así la víctima se pone a recorrer el terreno haciendo ruidos y gestos ridículos que le han enseñado los "expertos", mientras estos se parten de risa a su costa.
Creo que nada se parece tanto a esa vieja tomadura de pelo como el monumental entramado de cursos, talleres y planes de formación para el empleo. MInisterios, CC.AA., y ayuntamientos destinan a esto miles de millones cada año. Una suma astronómica que va a parar a sindicatos, patronales, academias y entidades varias, que se deben partir de risa viendo como decenas de miles de incautos buscan en las tinieblas unos puestos de trabajo que no existen.


Porque la razón de que en España haya más de cinco millones de desempleados no es que no sepan trabajar. Es que no hay empresas que necesiten contratarles. Cabe preguntarse si no sería más efectivo destinar esos miles de millones a formar empresarios en vez de a formar trabajadores; a crear empleos en vez de a crear buscadores de empleo. A repoblar el monte con especies vivas de caza, en vez de poner a la gente a buscar gamusinos

martes, 8 de octubre de 2013

La decisión de Jordi

Jordi se despertó obsesionado por eso de lo que todo el mundo hablaba en su pueblo: el derecho a decidir. Confuso, viajó para ver al Gran Maestro de la Sabiduría.

- Maestro –preguntó- ¿tengo yo derecho a decidir?
- Naturalmente –respondió el anciano-. Tienes derecho a decidir sobre tu vida.
- Eso es lo que yo pensaba, pero leo que hay gente que dice que no –explicó con alivio-. En ese caso, pasaré el próximo fin de semana con Sandra Bullock.
- Eso no puedes decidirlo tú. Depende de la voluntad de ella.
- Bueno –Jordi meditó unos instantes-. Pues voy a decidir los precios de los productos de Mercadona.
- Tampoco eso está a tu alcance.
- Bien –insistió Jordi-. Pero podré decidir el sueldo que me tienen que pagar en mi trabajo. –El sabio negó con la cabeza, en silencio.
- Entonces decido cambiar la Ley de la Gravitación Universal, insistió el joven.
- Siento decirte que es otra cosa que no puedes decidir –le dijo el Maestro, sonriendo con tristeza.
- Vale. Por lo menos ¿podré decidir el nombre de la calle en la que vivo?
- Lo siento, Jordi, pero tampoco tienes capacidad para decidir eso.
- Pero Maestro, me habías dicho que tengo derecho a decidir, y al final no puedo decidir casi nada.
- Te dije que tienes absoluto derecho a decidir sobre tu vida. Pero en todo lo que afecte también a otros, sólo podrás decidir sobre aquello en lo que tengas capacidad de hacerlo. Lo primero que tienes que saber es sobre qué puedes y sobre qué no puedes.


Jordi volvió a su pueblo cabizbajo. Al llegar frente al ayuntamiento sacó de bolsillo el carné de Convergencia, y tomando una decisión lo rompió en mil pedazos.

lunes, 8 de julio de 2013

Todos campeones

El fútbol es un deporte que arrastra masas. Millones de aficionados (no a dar patadas a un balón, sino a ver cómo otros las dan) siguen con apasionamiento la evolución de “sus” equipos. Al final, como en cualquier pugna por la obtención de un premio, son pocos los que ganan y muchos los que pierden. Lo que mantiene la fidelidad de los aficionados no es la victoria, sino la emoción de soñar con la victoria.

En España hay dos excepciones a esa regla general. Dos ámbitos en los que muchos compiten por ganar, y en los que al final todos presumen de haber ganado. Uno de esos fenómenos es el de las elecciones políticas. Al día siguiente es muy raro escuchar a un solo dirigente que admita haber perdido. Todos se muestran igualmente satisfechos, y usando los datos como si fueran de plastilina intentan que clamorosas derrotas aparezcan como resultados muy dignos. Pero esto no lo ven los que sólo escuchan a “su” partido.

La otra excepción coincide con el día en que se publican los resultados del Estudio General de Medios. Absolutamente todas las emisoras de radio abren sus informativos felicitándose por lo bien que les ha ido en esa encuesta. Sorprendentemente todas ellas dicen haber subido su audiencia en varios cientos de miles de personas. Todas aseguran que se han distanciado de la competencia. Pero esto no pueden verlo los que sólo escuchan “su”emisora.

Quizá porque aquí todo el mundo oye sólamente lo que quiere oír. Quizá porque somos una sociedad que considera la mentira como un pecadillo menor, Por eso millones de personas siguen informándose a través de unos medios que les mienten. Por eso millones de ciudadanos vuelven a votar a unos partidos que les engañan.

jueves, 23 de mayo de 2013

!Condenad, condenados¡


Era una tarde soleada, y yo paseaba por el centro de la ciudad. En una concurrida plaza había una pequeña multitud en torno a una mesa. Detrás una gran pancarta en la que se leía “CONTRA EL MALTRATO INFANTIL”. Entonces se me acercó una joven con una pegatina en la mano, y con la intención de colocarla en mi solapa. Rehusé educadamente, y mirándome con odio, me dijo: “!Así que tú eres uno de esos criminales que maltratan a los niños¡”. La miré con pena, y le respondí: “No. Yo soy uno de esos que deciden por sí mismos cuándo se ponen una pegatina”.

Algo parecido ocurre en el Congreso de los Diputados cada cierto tiempo. De vez en cuando un diputado del PCE, de IU, de la Izquierda Plural –o como se llame en cada momento- presenta una proposición para que el Congreso condene el franquismo. Y una y otra vez, intentan hacer creer a la opinión pública que los que no se ponen la pegatina son franquistas.

¿Son ingenuos o malintencionados? Si no se dan cuenta de que los diputados –como los ciudadanos, en general- están en contra de cientos de cosas, actuales o históricas, sin que por eso se vayan a tener que poner cientos de pegatinas anunciándolo, entonces son unos ingenuos. Si creen que a alguien se le conoce por las pegatinas que lleva puestas y no por su comportamiento y sus opiniones, son unos ingenuos.

Pero si están muy interesados en mantener el foco de atención sobre el pasado, para dotarse de una superioridad moral que no son capaces de ganarse en el presente; si pretenden beneficiarse indefinidamente de las injusticias y los abusos que se cometieron al amparo de régimen franquista; entonces son unos malintencionados.

Y además: si pretenden que todo el mundo se ponga la pegatina que ellos han diseñado, son tan totalitarios como el régimen que quieren condenar,

martes, 16 de abril de 2013

El mito de la república

Se acaban de cumplir 82 años de la proclamación de la II República, tras conocerse los resultados parciales de unas elecciones municipales. El debate monarquía o república está plenamente vigente, ya las noticias relativas a miembros de la familia real que vamos conociendo no hacen sino crispar la cuestión. Como ocurre con todo, tanto una monarquía como una república tienen ventajas e inconvenientes. En mi opinión, el componente hereditario de la monarquía chirría mucho en un ámbito geográfico en el que se han consolidado los principios políticos emanados de la Revolución Francesa. A favor, la monarquía presenta la ventaja de la estabilidad, lo que facilita la función simbólico-representativa, y quizá que el heredero recibe una formación adecuada para el cargo que tendrá que desempeñar. Por lo demás, que el sistema de gobierno sea una monarquía o una república no supone ninguna garantía de nada. Varios de los países más democráticos, civilizados y desarrollados del mundo son monarquías, como es el caso de Gran Bretaña, Holanda, Suecia, Noruega o Japón. Y son repúblicas otros países igualmente democráticos, civilizados y desarrollados, como EE.UU. Francia o Alemania. En el otro extremo, Marruecos, Arabia Saudí o Abu Dabi son monarquías, y Corea del Norte, Somalia y Nicaragua son repúblicas. Ninguno de estos países destaca por sus virtudes democráticas, por el respeto a los derechos humanos o por el nivel de desarrollo. Con todo, lo que más me llama la atención es que en España, cuando la gente pide la implantación de la III República, no suele estar penando en EE.UU, en Francia o en Alemania, sino que lo que visualiza es la reencarnación de la II República, aquella que tantas ilusiones despertó, que tantas decepciones produjo, y que terminó ahogada en un baño de sangre. Es el mito de la II República: de izquierdas, proletaria, y anticlerical. Esas características tuvieron mucho peso en su colapso final, porque en ese diseño no tenía cabida la mitad de los españoles. Una república en la que todo el mundo sería honrado, no habría injusticias, ni corrupción, ni pobreza, ni cárceles. Un mito, porque con monarquía o con república, los españoles somos como somos. Es posible que España se transforme algún día en una república, pero tendría que ser otra república, que en nada se pareciera a la de 1931. Una república democrática, en la que fuera tan legítimo y decente ser de derechas como de izquierdas; católico, musulmán o ateo; hombre o mujer; trabajador o empresario; rico o pobre. Los que sueñan con resucitar la II República o no saben de lo que hablan, o no son demócratas, o no viven en el siglo XXI.

martes, 15 de enero de 2013

Paranoia


Hace unos días, en una entrevista en RNE,le preguntaron a Albert Boadella qué titulo le pondría a una obra sobre la situación en Cataluña. El veterano director teatral respondió con una sola palabra: “Paranoia”.
La paranoia es un trastorno mental en la que el individuo sufre ideas delirantes, que pueden incluir que se sienta amenazado, y perciba toda clase de peligros y conspiraciones contra él. Puede ser un trastorno grave, que puede llevar al enfermo al aislamiento, debido a que las personas de su entorno terminan alejándose de él. Afortunadamente, la enfermedad no es contagiosa el sujeto sólo percibe peligros para sí mismo; lo que no supone amenza alguna para los demás..

Caso diferente es el de la “paranoia social” –a la que se refería Boadella-. En este caso, los delirios y las amenazas imaginarios no van dirigidas contra un individuo concreto –el enfermo-, sino contra un grupo determinado. Las personas afectadas por la paranoia social tratan de convencer a los demás miembros de su grupo de que los delirios son reales. Su insistencia, y la convicción con la que describe las amenazas –que en su mente aparecen como totalmente ciertas- puede sembrar fácilmente la duda en la mentes -en principio, sanas- de otras personas: ¿Y si tuviera razón? ¿y si sus temores fueran ciertos? ¿y si nos quisieran destruir? ¿y si fuera más listo que yo, y por eso no me he dado cuenta?

Paranoia social. Un gusano sutil e insidioso que va taladrando poco a poco el cerebro de mucha gente. En Cataluña se observan los efectos de largos años de acción cosntante, y es posible que los efectos sean ya irreversibles. Pero el enfermizo gusano está presente en muchos otros lugares, en Aragón también. Por el bien de la salud mental colectiva, convendría que todos supiéramos identificar a los propagadores como lo que son: personas que deliran y creen vivir en un mundo que no existe.

martes, 11 de diciembre de 2012

Nacionalismo de niños y viejos


En mi opinión los nacionalismos son una manera irracional de canalizar los sentimientos primarios de la gente para beneficiar a una élite dirigente. No se trata de una ideología propiamente dicha, sino de un anhelo que tiene mucho más que ver con la religión que con la política. Para los nacionalistas la Independencia ocupa el mismo lugar que el Cielo para los cristianos. Después de más de un siglo de nacionalismo, en Cataluña han llegado a las puertas de un Cielo, que visto de cerca más parece un Purgatorio.

En Aragón nunca habíamos sido infectados por esa enfermedad. Pero a partir de la Constitución del 78 –que tanto claudicó ante nacionalistas vascos y catalanes-, también se izaron en esta tierra banderines de enganche nacionalistas. Ahora que se está tramitando la Ley de Lenguas de Aragón, se puede ver a dónde nos quiere llevar el despropósito de un nacionalismo aragonés, que intenta emular las fechorías intelectuales de sus vecinos de Cataluña.

No nos extraña, pues, que CHA e IU propongan cosas como que el catalán y la fabla sean cooficiales en todo Aragón; que en todos los colegios se impartan la mitad de las clases en catalán o aragonés; que se puedan catalanizar o “aragonesizar” los apellidos; o que la televisión pública emita también en catalán. Propuestas que se hallan a mitad de camino entre lo absurdo y lo totalitario, sin olvidar el enorme coste económico que supondría su implantación.

Más llamativo resulta que el Partido Socialista Obrero Español, con más de 100 años de historia a sus espaldas, se sume a esta alocada carrera hacia ninguna parte, y proponga también el doblaje de películas al aragonés y al catalán; la existencia de traductores en las administraciones; que en los hospitales de Aragón se atienda en catalán si el paciente lo solicita; o que para opositar se valore el conocimiento del catalán.

Si las propuestas de CHA recuerdan la ingenuidad de los niños cuando piden a sus padres que les den La Luna; las del PSOE se parecen más a los anhelos del anciano que en su decrepitud se sube a un autobús para rozarse con las jovencitas. Patético espectáculo el de unos y otros tratando de inventar la Historia, y empeñados en controlar algo tan personal como es el idioma que deben utilizar los ciudadanos. Como siempre, cuando los partidos se apropian de las lenguas, terminan utilizándolas contra alguien.

viernes, 30 de noviembre de 2012

El festival del sofisma


Un sofisma es una razón o argumento aparentemente consistente, con el que se quiere defender o persuadir de algo que es falso. Entre muchas otras habilidades, nuestros políticos se han especializado en manejar los sofismas con la mayor soltura. Lanzan un mensaje que parece coherente, y millones de ciudadanos lo hacen suyo sin pararse ni un minuto a pensar si les han vendido una burra coja. Los ejemplos son innumerables, y darían para un extenso tratado, pero hoy me quiero referir a uno que está muy de moda estos días, con motivo de las protestas de personal sanitario por la intención de la Comunidad de Madrid de privatizar la gestión de algunos hospitales.

El sofisma aireado a bombo y platillo por socialistas y comunistas es el que dice: “quieren hacer negocio con la salud de la gente”. Dicho con tono de escándalo y con gesto de incredulidad, y dando a entender implícitamente que hacer negocio es malo en sí mismo, y que si es a costa de la salud de la gente es aún peor.

Puede entenderse que ciertos líderes políticos carezcan de vergüenza y engañen masivamente a los ciudadanos, con tal de arañar unos miles de votos al adversario político. No es ético, no es leal, no es limpio, pero ya estamos acostumbrados a que la ética, la lealtad y la limpieza no sean las cualidades más destacadas de la mayoría de los partidos políticos. Lo que cuesta más entender –y dice bien poco de la madurez ciudadana de los españoles- es la facilidad con la que aceptan manipulaciones tan groseras.

Porque con la salud vienen haciendo negocio decenas de miles de personas. Desde los que trabajan en un laboratorio farmacéutico hasta los que venden ambulancias, pasando por todo el personal sanitario, las empresas que proveen a los hospitales de toda clase de suministros. El personal administrativo de la Seguridad Social, los farmacéuticos, los veterinarios, y los funcionarios de la OMS. Todos ellos viven a costa de la salud de la gente.

Igual que los panaderos, los carniceros, los fruteros, los agricultores, los ganaderos, y los supermercados viven a costa del hambre de la gente. O tal como los fabricantes e instaladores de cerraduras y sistemas de seguridad viven a costa del miedo de la gente; los jueces, procuradores y abogados viven a costa de los conflictos que tiene la gente; y las funerarias viven a costa de la muerte de la gente.

¿Por qué no se dejan de tonterías? ¿Por qué no dicen que los sanitarios de Madrid protestan porque no quieren perder su estatus de empleados públicos? ¿Por qué no reconocen que la gestión privada introducirá modelos de eficacia que reducirán su calidad laboral? Es legítimo protestar por eso. No hace falta engañar a la gente. Pero hay que deducir que si existen tantos grupos de interés dedicados a engañarnos, debe ser porque somos muy fácilmente engañables.

lunes, 19 de noviembre de 2012

El derecho al espejismo


Me llega una de las numerosas invitaciones que circulan por internet para firmar toda clase de peticiones. La de hoy dice: “A todos los bancos, suspendan inmediatamente los desahucios”. Me he quedado petrificado ante semejante muestra de mezquindad: ¿Por qué los que han lanzado la petición se conforman con tan poca cosa?

Yo voy a lanzar otra petición mucho más razonable y mucho más ambiciosa:
  • A todas las administraciones, suspendan inmediatamente todos los impuestos.
  • A todas las jefaturas de tráfico, suspendan inmediatamente todas las multas.
  • A todos los ayuntamientos, suspendan inmediatamente todas las tasas.
  • A todos los jueces, suspendan inmediatamente todas las condenas.
  • A todas la compañías telefónicas, suspendan inmediatamente todas las facturas.
  • A todas las tarjetas de crédito: suspendan inmediatamente todos los recibos.
  • A todos los supermercados, suspendan inmediatamente todas las cajas.

 ¿Por qué vamos a conformarnos con dejar de pagar sólo a los bancos? Seamos osados. Construyamos un mundo infantil. Dejemos que la economía la gestionen los Reyes Magos, el comercio el Ratoncito Pérez, y la Justicia el Hombre del Saco. Seamos infinitamente felices, Vivamos en el mundo de la fantasía, expulsemos a la realidad de nuestra mente, dejemos que las quimeras gobiernen nuestra conducta. Todos tenemos derecho a vivir en un espejismo.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Y si se van, ¡buen viaje!


En la manifestación del día 11, en Barcelona, cientos de miles de personas enarbolaron pancartas y corearon eslóganes pidiendo la independencia. El presidente Artur Mas había declarado su apoyo, y declaró –en inglés- que “se había abierto la puerta de la libertad para Cataluña”. Pronto se entrevistará con Rajoy, a quién se espera que le exija 5.000 millones, y eso que llaman “pacto fiscal”, y que es algo parecido al sistema privilegiado del País Vasco y Navarra.

Los independentistas están convencidos de que Cataluña es una nación que fue ocupada por España; de que tienen derecho a la autodeterminación; de que separarse de España les convertiría en un miembro más de la UE; y de que si se separan de España vivirán mejor, serán más ricos, más felices, y hasta más altos.

Vaya por delante mi respeto hacia los que desean que su región –o su pueblo, o su barrio- se convierta en un estado independiente. Cada uno sueña con lo que quiere, e idealiza sus sueños. Ahora bien, mi respeto se reduce ante la ignorancia, y desaparece ante el engaño, el dogmatismo, o el sectarismo en los que se basan esos deseos:
  • Apelar a razones históricas para reclamar la independencia es tan inconsistente como si Romano Prodi reclamara para Italia la Península Ibérica, las Galias, y Britania; o como si España reclamara las Islas Filipinas.
  • El argumento de que “Cataluña paga más de lo que recibe” podrían utilizarlo millones de ciudadanos que pagan más impuestos que sus vecinos que ganan menos. Cataluña no paga impuestos: los pagan los catalanes, igual que los valencianos, los aragoneses o los extremeños.
  • Si Cataluña se independizara de España, quedaría fuera de la UE, tendría que acuñar moneda propia, crear su propio ejército, y dejaría de formar parte del mercado único, perdiendo además su principal mercado: el resto de España.

 Durante 35 años los independentistas han utilizado la amenaza de la independencia para obtener del gobierno del Estado concesiones, privilegios, y competencias que se traducen en dinero y poder que administran y ejercen sus políticos. Pero no se les puede culpar únicamente a ellos. No habríamos llegado hasta esta situación si no hubiera habido sucesivos gobiernos de España que han ido transigiendo y cediendo, esperando saciar el infinito egoísmo nacionalista. Y éstos han aprovechado muy bien la angustia que en el resto de España produce su hipotética independencia. Quizá haya llegado el momento de terminar con esa angustia, y de dejar de ceder a un chantaje sin fin.

Creo que la separación de Cataluña sería mala para España, y peor para los catalanes. Cuando Europa converge hacia una unión mayor, parece insensato seguir el camino inverso. Desearía que los políticos nacionalistas dejaran de jugar con los sentimientos de los catalanes. Desearía que se impusiera la racionalidad, que todos juntos aprovecháramos lo mejor de unos y de otros. Pero si el proceso continúa, si una mayoría de catalanes prefieren dormir con la senyera aunque sean más pobres, si al gobierno de España le falta la energía para hacer cumplir la constitución. Si a pesar de todo se van… ¡buen viaje! y dejen de amenazarnos con que se van a ir.