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lunes, 30 de marzo de 2020

Añorado Míster Marshall


Tras la II Guerra Mundial, el Secretario de Estado norteamericano, George Marshall, impulsó un plan para la reconstrucción de los países de Europa Occidental que habían participado en la contienda. Este plan supuso la inyección de miles de millones de dólares que permitieron la reconstrucción de infraestructuras y el relanzamiento de la estructura productiva europea, asegurando de paso la influencia de EE.UU. en el viejo continente. España, sumida en la autarquía fascistoide del general Franco, quedó excluida de ese Plan.

Ante la profunda recesión que se nos viene encima como consecuencia de la expansión del Covid-19, el Presidente Pedro Sánchez aparece en televisión ofreciendo 200.000 millones de euros y asegurando que "nadie se va a quedar atrás". Después pide socorro a las instituciones de la UE reclamando “un nuevo Plan Marshall” que permita a España afrontar la tormenta económico-social que se avecina. Haciendo gala de un talante muy celtibérico, Sánchez se pone a la cabeza del gran anhelo de la sociedad española actual: “que alguien solucione mis problemas”.

Sin embargo, existen algunas diferencias entre la situación de 1950 y la de 2020. En primer lugar que el Plan Marshall original consistió en la aportación de una economía pujante –la de EE.UU.- a unos países fuertemente golpeados por la guerra. En el quimérico Plan Marshall que reclama Sánchez, en cambio, se trataría de un plan de autoayuda, en el que países de Europa central y del norte –que también van a sufrir los efectos del Coronavírus-, se ayuden a sí mismos, y de paso a sus indolentes socios de la Europa del Sur.

Por otra parte, parece bastante ingenuo esperar de la actual Administración norteamericana el menor gesto de solidaridad hacia Europa, más aún teniendo en cuenta que el país de las barras y estrellas tampoco va a salir bien parado de esta pandemia.

Claro que queda la alternativa de que sea China –la nueva gran potencia económica- la que ahora salve a Europa. No lo haría gratis, naturalmente. Pero tampoco nos costaría mucho que pasáramos de comer hamburguesas, beber Coca-Cola, y celebrar Halloween, a hacernos adeptos a los rollitos de primavera, el licor de arroz y a festejar el Gran Dragón.

Todo siempre que el plan chino no se olvidara de Pedro Sánchez como los americanos se olvidaron del alcalde de Villar del Rio.

viernes, 4 de septiembre de 2015

La solidaridad tiene un precio

El drama que están viviendo decenas de miles de personas que huyen de las atrocidades de la guerra de países como Siria o Libia están sacudiendo, por fin, las conciencias del mundo occidental. Las trágicas imágenes de ese éxodo han conseguido llamasr momentáneamente la atención de los españoles, muy ocupados en asuntos más graves, como cuestiones identitarias, reformas constitucionales, o devolución del 25% de la paga de Navidad a los funcionarios.

Ahora mucha gente siente la llamada de la solidaridad, y muchos ayntamientos ya se ofrecen para acoger a esos refugiados. Se extiende la opinión de que Europa no puede encogerse de hombros ante la tragedia que afecta a tantos hombres, mujeres y niños.

Pero una cosa es predicar, y otra dar trigo. La Europa desarrollada y de los derechos humanos tiene la obligación moral de ayudar a esa pobre gente. Y los ciudadanos de esa Europa tienen que saber que nada es gratis, y que la soldaridad también tiene un precio.

La forma más eficiente de evitar el desplazamiento de cientos d emiles de refugiados sería la intervención militar en los países de origen, para imponer la paz, y para instaurar unos gobiernos democráticos, alejados del fanatismo religioso. Es una tarea nada sencilla, puesto que son los propios habitantes de esos países los que adoptan unas posturas fanáticas y antidemocráticas, como se ha visto en Irak y en los países donde floreció “la primavera árabe”. Y sobre todo, esa intervención supone el envío de tropas formadas por soldados europeos, muchos de los cuales perecerían sin duda en combate. Pero los europeos no queremos pagar la solidaridad con el precio de la vida de nuestros hijos.

La otra alternativa es la acogida. Recibirles, alojarles, vestirles, alimentarles, cuidar su salud, y educar a sus hijos. Todo esto tampoco sale gratis. No cuesta vidas, pero cuesta decenas de millones de euros, que tendrán que salir de la reducción de otras partidas. ¿Estamos dispuestos a sufrir más recortes en nuestra sanidad, nuestra educación, nuestras pensiones, o nuestros servicios sociales? ¿Estamos dispuestos a pagar más impuestos para atender debidamente a los refugiados?

Supone también la estancia en nuestras civilizadas naciones de cientos de miles de personas que no llevan en su ADN cultural los valores democráticos de tolerancia y libertades. ¿Estamos dispuestos a aceptar las consecuencias de ese choque cultural? ¿Asumimos que una parte de esos refugiados no se van a integrar en nuestra cultura? ¿Aceptamos que algunos de ellos, una vez establecidos entre nosotros, van a conspirar para destruir nuesto sistema de valores, derechos y leibertades?

Soy partidario de que Europa no dé la espalda a estas personas. Pero echo en falta que nadie, absolutamente nadie, nos explique lo que conlleva esa ayuda. Quedarse únicamente con el impulso humanitario del momento puede convertirse en una bomba de relojería dentro de unos meses o años. 
La solidaridad tiene un precio, y es mejor conocerlo en lugar de recibir una factura inesperada dentro de un tiempo..


jueves, 8 de enero de 2015

Molestar a la UVA


El atentado de ayer contra la revista satírica Charlie Hebdo es otra patada en las gónadas de la libertad. Hay una parte no desdeñable de la humanidad que está empeñada en decapitar la libertad, y sin libertad no hay democracia. A los fanáticos de la UVA (Única Verdad Absoluta) no les gustan ni la democracia ni la libertad, y les trae sin cuidado lo que podamos pensar los demás al respecto. La UVA es su única regla, su brújula, su carril. Lo demás no existe, y si existe, hay que destruirlo.

Por desgracia para los que amamos la libertad, muchos de los nuestros son de la opinión de que no hay que molestar a los fanáticos de la UVA, para no incitarles a mostrar su locura de manera violenta,   causando el sufrimiento o la muerte de inocentes. Pero están equivocados. En los años 30, las potencias democráticas cerraron los ojos ante la anexión del territorio de los Sudetes para no molestar a Hítler, y hubo que sacrificar a millones de personas en una guerra para recuperar la libertad. En 1978 los partidos democráticos redactaron una constitución para no molestar a los nacionalistas, y ahora los nacionalistas están a punto de romper la unidad de España. Son acontecimientos que no tienen nada que ver entre sí, excepto que confirman que a veces lo acertado es molestar.

Cuando se produjeron los trágicos atentados del 11 de marzo en Madrid, una buena parte de la sociedad culpó al gobierno por haber alentado la invasión de Irak. Cuando se produjeron airadas protestas por la publicación de viñetas de Mahoma por un diario danés, los mismos volvieron a decir que la culpa era del diario por molestar a los islamistas.

Pero no es así. A los fanáticos enloquecidos, tanto si son religiosos, como nacionalistas, de extrema derecha o de extrema izquierda hay que molestarlos permanentemente. Hay que hacer que se sientan incómodos. Hay que presentar batalla contra ellos, y demostrarles que a nosotros sí nos importan la libertad y la democracia. Ellos interpretan nuestra comprensión como debilidad, nuestra prudencia como cobardía. Y la UVA les da alas para adueñarse de cada centímetro que nosotros retrocedemos. Tenemos que mostrarnos tan firmes y tan decididos como ellos. Con la única diferencia de que nosotros nos servimos de la ley y no de la barbarie. Pero tenemos que aplicar la ley sin titubeos. O promulgar las leyes que sea necesario, con la legitimidad que nos da esa libertad y esa democracia que ellos desprecian.



jueves, 20 de septiembre de 2012

Las tres caras del miedo


El miedo es una emoción que cualquier ser humano y cualquier animal puede experimentar. Dejando aparte los miedos irracionales, se trata de una emoción útil y funcional porque nos ayuda en la primera necesidad de cualquier ser vivo: la supervivencia. Es una luz roja que pone en alerta nuestros sentidos ante un peligro, y desencadena inmediatamente determinados mecanismos biológicos que facilitarán nuestra respuesta.

Esa respuesta dependerá de la evaluación que hagamos del peligro. Si creemos que podemos enfrentarnos a él, la respuesta será defendernos y luchar. Por el contrario, si creemos que no podríamos que nos sería imposible salir airosos de la lucha, la respuesta es la huída. Tanto en un caso como en otro, el organismo habrá reaccionado para proporcionarnos los recursos físicos necesarios para pelear o para correr.

Pero también puede producirse otra reacción ante la sensación de miedo intenso: la parálisis. El cerebro no consigue decidir si luchar o escapar, quedando así totalmente desvalido, incapaz de protegerse ni de ponerse a salvo.

Cada cierto tiempo sucede alguien, en algún país occidental, ejerciendo esa conquista social que es la libertad de expresión, publica algún documento, viñeta, película, en el que se menciona, se representa, o se hace humor sobre toda clase de reyes, gobernantes, jerarquías religiosas, personajes históricos, profetas, santos o dioses. Invariablemente, cuando lo publicado hace referencia a alguno de los iconos del Islam, se desencadena una ola de furia salvaje que recorre los países islámicos y sacude con violencia los países occidentales y sus representaciones en aquellos.

Cabrían dos respuestas a esos ataques. La huída, que supondría reformar las leyes occidentales, reprimiendo la libertad de expresión para prohibir la mención de cualquier elemento que pudiera ofender la sensibilidad islámica. Y la defensa, que supondría expulsar de los países occidentales a los islamistas radicales que en ellos residen, romper relaciones diplomáticas con los países que amparen los desmanes contra intereses occidentales, y la persecución y castigo de los agresores.

La huída nos llevaría, con el tiempo, a una sucesiva renuncia a nuestros principios democráticos, y probablemente a que dentro de unos años nuestras hijas llevaran burka para no molestar a los integristas. La lucha nos situaría ante la escalofriante tesitura de enfrentarnos a países de los que dependemos para el suministro de petróleo.

Difícil elección. Y quizá por eso la reacción de los gobiernos de Europa y Norteamérica es más bien la tercera salida: la parálisis. Una actitud indefinida, en la que no se quiere renunciar a la libertad de expresión, pero tampoco enfrentarse abiertamente a la sinrazón de cientos de millones de musulmanes. Es comprensible. Pero, paralizados seremos devorados. Parafraseando a Winston Churchill: “Teníais que escoger entre evitar la lucha y aceptar la indignidad, y habéis elegido evitar la lucha. Al final tendréis la indignidad y la lucha”

martes, 3 de mayo de 2011

Terrorismo islamista

Los estadounidenses se han cargado a Bin Laden. Casi diez años buscándolo debajo de las piedras en Afganistán, y ha resultado que estaba en un edificio bien visible, y en Pakistán. Por mi parte, asunto cerrado: un fanático sanguinario menos en la Humanidad. Con lo que ya sólo deben quedar unos 500 millones de fanático sanguinarios de todo pelaje y de todo color.

El asunto me sirve de excusa para comentar otra de las manifestaciones de lo “políticamente correcto”: la de cambiar el nombre de las cosas intentando conseguir el objetivo imposible de no molestar a nadie. Algunos sectores ideológicos y de los medios se refieren sistemáticamente a Al Qaida como “terrorismo internacional” -lo que es tremendamente difuso y vago- para evitar pronunciar las palabras “terrorismo islamista”.
Es cierto que muchos musulmanes de bien se han quejado de la denominación de “terrorismo islamista”, como muchos vascos de bien se quejan de la de “terrorismo vasco”. Pero el terrorismo de Al Qaida es islámista, y el de ETA es vasco. Porque los primero matan en nombre del Islam y los segundos en nombre del País Vasco. ¡Qué le vamos a hacer! Son ellos los que manchan el nombre de los musulmanes y los vasos de bien, no aquellos que preferimos llamar a las cosas por su nombre.
Y me parece una bobada argumentar que se ofende a todos los musulmanes o a todos los vascos. Cuando hablamos de “cava catalán” nadie interpreta que todos los catalanes fabriquen cava, y lo mismo sucede si hablamos de terrorismo vasco o islamista. Pero en eso consiste lo “políticamente correcto”: en una interminable sucesión de bobadas para hacer un poco más bobos a los que las adoptan.

martes, 15 de marzo de 2011

La otra "memoria histórica"

Muammar Gaddafi está derrotando a los sublevados de su país que pedían un cambio de régimen.

Europa y EE.UU. están deshojando la margarita. Acaban de descubrir que el coronel libio es un impresentable, y dicen que hay que ayudar a los insurrectos. Pero una cosa es decirlo y otra actuar. La ONU continúa inoperante, como casi siempre, demostrando que es una institución que nos cuesta un pastón, y que no sirve para solucionar nada.

Por su parte, el gobierno español del PSOE ha dedicado enormes esfuerzos a resucitar lo que ellos llaman “memoria histórica”, que se circunscribe a un periodo muy concreto de la Historia, y cuyo único objetivo es que nadie se olvide de lo malísimo que fue Franco y todos los de derechas que le apoyaban. El resto de la Historia no les importa, y a nadie parece importarle.

Pero hay un periodo también reciente de la Historia de España, que se parece muchísimo a lo que está ocurriendo –y a lo que va a ocurrir- en Libia. Se trata del periodo 1936-1939, durante la guerra civil. Entonces también las potencias europeas decían apoyar a la II República y decían repudiar a los sublevados de Franco. Pero lo que hicieron fue llegar a un acuerdo de no intervención, y dejaron que los rebeldes fueran avanzando hasta completar lo que ellos llamaron “liberación”. Como a un cirujano indeciso, Europa se lo pensó tanto para intervenir que se le murió la malherida democracia española.

Y lo peor de todo: pocos meses después de esa defunción, Hítler desencadenó el ataque que dio lugar a 60 millones de muertos. Nunca lo sabremos, pero es probable que si Hítler hubiera visto en Francia y Gran Bretaña mayor determinación para defender la democracia, se lo hubiera pensado dos veces antes de atacar Polonia. Pero con su tibieza demostraron que no querían líos. Como ahora Europa. Los sátrapas de todo el mundo tomarán buena nota de ello.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Libia

Tras lo ocurrido en Egipto, es ahora en Libia donde la gente sale a la calle para pedir la salida de un dictador.

Los optimistas antropológicos quieren ver en todo esto el fin de un rosario de dictaduras basadas en el Corán. Pero la cosa no es tan simple, aunque a los occidentales nos encantaría que así fuera. Además de Libia está Argelia, otro importante proveedor de gas; y Marruecos, cuya sociedad espera la prosperidad a 14 km. de nosotros. Pero ahí no termina la cosa: Arabia Saudí y Abu-Dabi están gobernadas por unos déspotas, y en su subsuelo se conserva la parte más sustancial de las reservas de petróleo.
Además, todos esos tiranos son dictadores, pero cada uno tiene su estilo. En Egipto, el ejército no ha atacado a la población. En Libia sí ¿está Europa preparada para admitir –o para rechazar- a una oleada de millones de inmigrantes que huyen del caos?
Y hay otra cosa llamativa ¿dónde están los activistas europeos en defensa de los derechos humanos? ¿por qué nadie ha organizado una manifestación para exigir que Gadaffi deje de asesinar a su pueblo? ¿dónde están los actores españoles, tan beligerantes ellos? ¿nadie mueve un dedo si no es contra los abusos de EE.UU.?

jueves, 3 de febrero de 2011

Egipto

Egipto lleva ya varios días en situación prerrevolucionaria. Hasta ahora el ejército no ha intervenido contra la multitud, pero ya se han producido enfrentamientos entre manifestantes de uno y otro bando, desabastecimiento, saqueos, y algún intento de ocupar el Museo de El Cairo, donde se hallan innumerables obras de valor incalculable.

De nuevo asistimos al acelerado ritmo de otro acontecimiento histórico. Sus consecuencias pueden ser tan relevantes –incluso mucho más- que la desintegración de la URSS. Ahora no se trata del desmoronamiento del comunismo real, sino, quizá, de la extensión del islamismo teocrático. Egipto podría convertirse en un nuevo Irán.

Moubarak es un sátrapa. Pero Moubarak ha formado parte de la Internacional Socialista hasta hace una semana. Moubarak es un dictador, pero ha venido siendo un importante aliado de EE.UU. y un vecino cómodo de Israel. Ahora Occidente dice que Moubarak es un impresentable, pero Moubarak es uno de los socios principales de ese engendro llamado Alianza de Civilizaciones. Moubarak es un tirano, pero ha garantizado el transporte por el Canal de Suez y ha contribuido a la estabilidad de una zona de altísimo valor estratégico en la que se extrae la mayor parte del petróleo que da vida a las sociedades occidentales. Las sociedades occidentales ahora se indignan contra el funesto Moubarak, aunque no han dicho ni pío de él durante 30 años.

¿Cuál es la alternativa a los Moubaraks del mundo? ¿la barbarie de las turbas descontroladas o el orden divino que manda el Corán?

La Historia nos enseña que las turbas sirven para derribar reyes y gobiernos, pero son incapaces de gobernar una nación. Ocurrió en la Revolución Francesa, y ha ocurrido siempre. Alguien vendrá a sentarse en el palacio de Moubarak, y las turbas aceptarán un nuevo culo en el viejo trono, y se marcharán a sus casas a lamerse las heridas. Sería estupendo que a Moubarak le sucediera un sistema genuinamente democrático. Pero no me parece posible. Sería el primer país musulmán en el que tal cosa ocurre. Ojalá que dentro de cinco años no echemos de menos a Moubarak.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Sahara

La intervención del ejército marroquí en el campamento de El Aaiún ha vuelto a poner en el primer plano de la actualidad la cuestión del Sahara Occidental. Una historia penosa, se mire por donde se mire.

Penosa la situación de unos saharauis a los que se niega el derecho a la autodeterminación, expresamente reconocido por la ONU.
Penosa la actitud de Marruecos, que viene desoyendo ese mandato, que se niega a elaborar un censo, que ignora los derechos humanos, y que impide la presencia de medios de comunicación en la zona.
Y penoso el papel de los sucesivos gobiernos de España. Del último gobierno de Franco que salió huyendo de la zona, abandonando a los saharauis a su suerte. De los de Suárez que dejaron correr el asunto mientras Mohamed V afianzaba su posición. Del de Felipe González que miraba para otro lado, renegando de la tradicional defensa de los intereses del pueblo saharaui que siempre había ejercido el PSOE. Del de Aznar, que aunque se mostró firme frente a Marruecos en el asunto de Perejil, prefirió no mover un dedo respecto al Sahara. Y del de Zapatero, empeñado en una política exterior modelo “Tampax”: No se nota, no se mueve, no traspasa.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Premio a la irresponsabilidad

Hace unos días fueron por fin liberados los dos españoles que habían sido secuestrado hace nueve meses por Al Quaeda, en Mauritania. Todos nos alegramos de que hayan salvado la vida, naturalmente; pero quizá deberíamos reflexionar sobre algunas cuestiones.

Nadie duda de que el gobierno ha pagado un buen rescate –aunque no puede reconocerlo, porque sería un delito-. Además, docenas de funcionarios de los ministerios de Asuntos Exteriores y del Interior se han dedicado al asunto, y han tenido que realizarse gran número de viajes a diversos países de África. ¿Cuánto nos ha costado traer a su casa a estos dos señores? Lo ignoro. Pero, si duda, muchísimo dinero.

A menudo se dice que la vida humana no tiene precio, y desde ese punto de vista habría que dar por bien empleado el dinero que se haya gastado. En cambio, es más discutible que los que tengan que pagarlo seamos todos los españoles, y no los interesados. Porque los españoles no hemos enviado a esos señores a recorrer el desierto subidos en sus camiones. Seguramente para un buen fin, pero también porque no deja de ser una aventura apasionante.

Ya son muchos casos –el Playa de Bakio, el Alakrana, por ejemplo- en los que la irresponsabilidad o la insensatez de unos, tenemos que pagarla otros. Yo me sentí indignado cuando escuché al responsable de la asociación declarando que no le importa quién haya pagado, que enseguida iban a organizar otra excursión similar.
¿Para cuándo una ley de responsabilidad, que deje claro para todos que las consecuencias de conductas de riesgo deben asumirlas los que afrontan voluntariamente ese riesgo?

viernes, 23 de julio de 2010

El acantilado

Regreso a casa y me encuentro con la noticia de que el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya respaldan la independencia de Kosovo. Hay que recordar que esa declaración de independencia se produjo de manera unilateral por parte de una facción de los kosovares, y sin atenerse a ningún procedimiento legalmente establecido.

Me parece una de las noticias internacionales que más consecuencias pueden tener en el futuro desarrollo de los acontecimientos en España. Unida al fallo del TC sobre el Estatuto de Cataluña, a la reacción de nacionalistas catalanes (“Somos una nación, tenemos derecho a decidir”), y a la postura de chalaneo apuntada por el presidente del gobierno (“Haremos lo posible para que sea posible lo que el TC ha dicho que no es posible”), forma un amasijo altamente explosivo, cuyas consecuencias preferimos no ver, aunque todos recordamos el significado de la palabra “balcanización”.

Pero el tema tiene demasiada enjundia para abordarlo así, nada más llegar, todavía con el sabor a pulpo y a albariño en el paladar. Todavía con el sonido de las olas rompiendo con furia en los acantilados de Caión. Diez días desconectado. Diez días sin leer un periódico, sin ver un televisor, sin escuchar una radio. Y el mundo sigue girando. Los partidos de siempre siguen atizándose como niños malcriados. Los sindicatos siguen secuestrando la libertad de los ciudadanos. Y los ciudadanos siguen ejerciendo como adictos, cada uno a los de su color. Fieles a la banderola de sus siglas. Hasta que la marea de Kosovo o la tormenta de la economía nos empotren contra los acantilados.

lunes, 31 de mayo de 2010

La flotilla de la libertad

Ya era raro. Casi seis meses sin que el insoluble problema palestino-israelí se apoderara de las primeras páginas de la prensa mundial. Hoy nos despertamos con la noticia de que el ejército israelí ha atacado un convoy que se dirigía a Gaza con ayuda humanitaria, causando al menos 14 muertos.
Los detalles aún son confusos, y tras el enfrentamiento armado vendrá el enfrentamiento ideológico y mediático. La opinión pública volverá a dividirse en dos sectores irreconciliables: los partidarios de los israelíes como estandarte del único país democrático de la zona, y los defensores incondicionales de unos palestinos angelicales. Dibujo en blanco y negro en el que sólo hay buenos y malos.
Sin embargo la cosa no es tan sencilla –casi nunca lo son estas cosas-. Los israelíes han vuelto a demostrar que sólo piensan en su supervivencia, y que les importa bien poco la opinión pública internacional. Probablemente se han pasado en la contundencia de su acción, aunque han conseguido su fin: mantener el bloqueo a Gaza.
Y desde el otro lado no todo es tan puro. No se trataba simplemente de un convoy humanitario. El hecho de que en él participaran gran número de personalidades políticas de diferentes países hace que el convoy tuviera un componente más político que de ayuda a los necesitados. El propio nombre dado a la expedición –flotilla de la libertad- indica que no sólo se pretendía paliar las necesidades materiales de los palestinos de Gaza.
En este largo conflicto no puedo ponerme de parte de ninguno. Los palestinos tienen toda las razones del mundo para sentirse exiliados en su propia tierra, además de sojuzgados por un estado que no es el suyo. Pero los israelíes actuales tienen toda la razón en defender con uñas y dientes un estado precario, rodeado de otros en los que millones de personas hacen todo lo que pueden para arrojarles al mar. Y los israelíes de hoy han nacido prácticamente todos allí.

jueves, 22 de abril de 2010

El pollo capitalista

El presidente de Bolivia, Evo Morales, ha afirmado en un discurso que comer pollo es la causa de la calvicie y de la homosexualidad. Dijo que “en Europa casi todos son calvos” por comer alimentos transgénicos y pollo.

No consta que haya dicho también que “en Europa casi todos son homosexuales”, pero es probable que lo piense. El hombre se extendió atacando a la Coca-Cola y al mal de todos los males: el capitalismo.

Tampoco se sabe si el presidente boliviano se había tomado una tapita de cocaína, o si es que es así de normal. Me entristece pensar que algunos países iberoamericanos hayan puesto su destino en manos de personajes como Evo o su amigo Hugo Chávez.

A diferencia de lo que hicieron los anglosajones, los españoles no acabaron con los indígenas cuando llegaron al continente hace 500 años. En cambio, les dejaron una pesada losa de la que aún no se han levantado: corrupción, intolerancia, demagogia, y caudillismo. Eso, y la españolísima costumbre de culpar siempre a otros de los males propios.
Una pena.

miércoles, 14 de abril de 2010

El peligro de las manzanas

En la cumbre de seguridad nuclear, Obama ha recordado que un terrorista podría causar cientos de miles de muertos con un artefacto nuclear del tamaño de una manzana.
Es un hecho sabido, pero no por ello menos escalofriante. Y el escalofrío sube de intensidad cuando pensamos que ciertos terroristas están dispuestos a morir en un atentado. Las labores tradicionales de prevención y seguridad contaban con el hecho de que todo el que quiere cometer un crimen espera también no ser apresado, lo que permitía infinidad de medidas disuasorias.
Pero todas esas medidas resultan inútiles si el terrorista está dispuesto a morir. Se necesitan otros métodos, y además es preciso que esos métodos no terminen enterrando las libertades individuales. Difícil papeleta.
También ha vuelto a cargar contra Irán, acusándola de ser una potencial amenaza nuclear. Y es cierto que el presidente de Irán tiene dicho que hará lo posible para expulsar a los judíos de Israel.
Pero sigue chirriando el hecho de que algunas potencias dispongas de armamento nuclear, mientras que a otras se les niega ese derecho.
Yo soy partidario de la limitación y de la reducción de ese armamento. Por el camino de la espiral armamentista es seguro que terminaremos todos muy mal. Y, pese a todo, prefiero que las armas nucleares estén bajo el control de EE.UU., de Francia, o de Gran Bretaña, que de Irán, de Corea, o de cualquier teocracia fanatizada.
Con todo, los gobernantes del mundo deberían continuar dando pasos hacia la definitiva destrucción de las armas nucleares, químicas y bacteriológicas. Habría que arbitrar mecanismos de inspección fiables para que ningún país tuviera a su alcance semejantes artilugios.
Sería grotesco que la primera gran desgracia de la humanidad (según la Bíblia) comenzara con una manzana, y la útlima también.

jueves, 18 de marzo de 2010

El gordo y el flaco

Según un estudio de la universidad de Carolina del Norte, el número de obesos en el mundo supera ya al de desnutridos. 1000 millones de gordos y 800 millones de famélicos.
Se me ocurre una solución sencilla para solucionar ese desequilibrio: Cada uno de los obesos podría invitar a su casa a un hambriento durante un año, manteniendo el gasto en alimentación invariable.
Otra posibilidad sería que cada hambriento del mundo acogiera en su hogar a uno de los obesos, también durante un año. En este caso el obeso entregaría a la familia hambrienta lo que se gasta en gimnasios, productos dietéticos, alimentos ligth, etc.

Y más en serio… los que tenemos ya cierta edad llevamos toda la vida oyendo hablar del problema del hambre en el mundo. La ONU, los países desarrollados, e infinidad de ONG’s destinan miles de millones cada año para pallar ese problema, pero el problema se empeña en permanecer igual que siempre.
Es fácil comprobar que los países más ricos (con excepción de los que tienen océanos de petróleo) son precisamente los que disponen de sistemas sociales basados en la libertad, la democracia y el imperio de la ley. Por mucho dinero que envíe el mundo rico al pobre, no se erradicará el hambre mientras los países pobres no sean capaces de cambiar sus estructuras sociales y políticas.
Se considera que la ONU es una organización benigna que hace todo lo que puede para paliar el sufrimiento de los más pobres. Pero es mentira. La ONU es culpable de no haber movido ni un dedo en los más de 60 años de existencia para que la libertad y la ley entren en muchos países, entre otras cosas, porque la ONU está formada mayoritariamente por los vampiros que rigen esos mismos países.
Los africanos acabarán con su hambre cuando sean capaces de organizarse en libertad. Jamás lo conseguirán a base de las limosnas de otros.

jueves, 11 de marzo de 2010

Una alegría y algunas preguntas

Hoy ha sido liberada la voluntaria de Acció Soidaria, Alicia Gámez, secuestrada hace tres meses. Los comandos de Al-Qaida también han liberado a la italiana Filomena Kaoburee.
Me alegro de esta liberación, que supone que una compatriota y su familia van a poder, por fin, dormir sin pesadillas, aunque sigue viva la preocupación por los otros dos voluntarios de la ONG, que continúan secuestrados.
Pero más allá de esa alegría, cabe hacer algunas preguntas:
  1. ¿Cuánto se ha pagado por su liberación?
  2. ¿Quién ha puesto el dinero?
  3. ¿Cuánto ha costado el despliegue de negociadores que han intevenido para lograr su liberación?
  4. ¿Qué riesgos han corrido los que han tenido que desplazarse a Mali para negociar?
  5. ¿Dónde pondrá Al-Qaida las bombas que podrá comprar con el dinero recibido?
  6. ¿Es de recibo que cualquier ONG se embarque en aventuras peligrosas en países inestables?
  7. ¿Alguien le va a pedir responsabilidades a esa ONG?
  8. ¿No tiene el gobierno de España sus propios programas de colaboración internacional?

Y por otra parte, de los varios secuestrados en poder de Al-Qaida, han sido liberadas dos mujeres. Y lo han sido por eso: por ser mujeres, algo muy propio del machismo islámico.
Lo que me extraña es que no he oído ni una voz de los feministas -que tanto protestan en España-, para quejarse de esa flagrante muestra de injusticia machista.
  • ¿Por qué a los feministas no les parece mal el machismo cuando beneficia a las mujeres?

martes, 12 de enero de 2010

Democracia caudillista

Hugo Chávez ha anunciado una drástica devaluación del bolivar. La moneda ha perdido ya un 86% de su valor desde que el presidente llegó al poder en Venezuela.
Como siempre que se produce una devaluación, a continuación tiene lugar un fuerte impulso alcista de los precios, y más aún de aquellos que provienen de la importación. Pero Chávez ya ha avisado que el ejército detendrá a los comerciantes que suban los precios.
Venezuela es un país que produce grandes cantidades de petróleo, pero que se mantiene en un nivel de desarrollo bajo, mientras la distribución de la riqueza es terriblemente desigual. Las tasas de delincuencia son muy altas, y los conflictos con países vecinos casi mensuales.

Hugo Chávez ejerce un poder muy personal, definido por su declarada admiración a Fidel Castro, su odio a los EE.UU., y altas dosis de populismo. Pocos países desarrollados le consideran un dirigente democráticamente homologable. No podemos olvidar que, en 1992, este personaje dio un golpe de estado, que fracasó. Sus principales amigos son gobernantes de países africanos, en Irán, de Ecuador, de Cuba, y José Luis Rodríguez Zapatero.
Pero a pesar de que todo parece indicar que conduce a Venezuela directamente hacia el abismo, lo cierto es que fue elegido democráticamente. Erigiéndose en el defensor de “los pobres”, consiguió suficientes votos para llegar al poder, aunque es posible que el balance de su mandato consista en convertir a Venezuela en un país en el que todos sean pobres.
El caso de Venezuela podría servirnos para reflexionar sobre el hecho de que una verdadera democracia es mucho más que cumplir el trámite de votar cada cuatro años. Si no se dan otros requisitos, aparecen otros sistemas que más bien son democracias caudillistas.

viernes, 18 de diciembre de 2009

A casa sin condiciones... y sin ayuda

Aminatu Haydar vuelve a su casa, en El Aiun. Me alegro doblemente: por ella, que ahora podrá recobrar la salud entre los suyos; y por los saharauis, que con el revuelo que se ha montado han visto como su causa se ha situado en el primer plano de la política internacional.
El rey de Marruecos ha cambiado su postura, tras la intervención diplomática de EE.UU., y tanto Aminatu, como los portavoces de los gobiernos de Marruecos y España han insistido en que el regreso de la saharaui se produce “sin condiciones”.


Por pura casualidad, hoy se ha firmado un acuerdo agrícola entre la UE y Marruecos, que beneficia notablemente a éste último –y que probablemente perjudicará directamente a los agricultores españoles-. Pero esto no ha tenido nada que ver. Sencillamente: el rey de Marruecos se ha apiadado de Aminatu, y por eso le ha permitido que vuelva. ¡Qué majo!

Y por otra parte ¡es intolerable la intromisión de EE.UU. en todo! Ya se entrometieron en Europa, durante la II Guerra Mundial. Después volvieron a entrometerse en la guerra de Yugoslavia. Y ahora otra vez en el asunto de Aminatu.
No es de extrañar que tanta gente les odie por esa manía de meterse en lo que no les importa. La II Guerra Mundial la hubieran podido ganar solitos los rusos, los ingleses y los franceses. La de Kósovo se hubiera terminado cuando hubieran muerto todos los kosovares. Y lo de Aminatu estaba a punto de solucionarlo la Alianza de Civilizaciones.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Guerra y Paz

No voy a escribir sobre la gran obra de León Tolstoi, sino sobre la paradoja que se ha vivido hoy en Estocolmo, al recibir Barak Obama el Nóbel de la Paz.

Demostrando coraje, el presidente de EE.UU. abordó enseguida la cuestión polémica: “han concedido el Nóbel de la Paz a un comandante en jefe de un país que está metido en dos guerras”. En su discurso pronunció afirmaciones muy realistas, aunque en España resultan políticamente incorrectas.
Entre otras cosas dijo: “Siempre habrá guerras”. “Podemos entender que habrá guerras y seguir luchando por la paz”. “El mundo es el que es”. “No basta con desear la paz”. “El mal existe en el mundo”. “Hay guerras que son justificables”. “El movimiento pacifista no hubiera podido detener a Hítler”.
A mí me sigue pareciendo poco acertada la concesión del premio a Obama, porque no ha hecho absolutamente nada para merecerlo. Pero como dirigente político me ha parecido impecable: realista y claro, Algo a lo que no estamos nada acostumbrados por estas tierras.

martes, 8 de diciembre de 2009

Gibraltar

Cuatro guardias civiles
han sido retenidos por la policía de Gibraltar tras entrar en el puerto persiguiendo a una lancha sospechosa de contrabando.

Gibraltar lleva suponiendo un problema para España desde hace 305 años. En este tiempo ha ocurrido de todo: posesión holandesa, después británica; intentos de conquista; aislamiento, apertura, amenazas y adulaciones. Hoy su función militar ha perdido mucha relevancia, y supone un quebradero de cabeza tanto para el gobierno de España como para el de Londres. Ha habido numerosos encuentros y negociaciones, que siempre se estrellan en la misma pared: los llanitos no quieren ni oír hablar de la posibilidad de ser españoles.
¿Por qué? ¿Qué hace que unos pocos miles de personas que hablan perfectamente andalú, que van a comprar, al cine, de copas, al hospital y a la playa en España se aferren como a un clavo ardiendo a su pasaporte británico?
Probablemente porque Gran Bretaña es una potencia de primer nivel, y España sólo de segundo rango. Quizá también porque tal como están las cosas, Gibraltar goza de una indiscutible personalidad propia, que la hace diferente de todo su entorno, y si se integrara en España pasaría a ser una población más dentro de la atrasada Andalucía.
Pero sobre todo porque su estatus les permite gozar de una prosperidad única. Además de ser un paraíso fiscal, en el enclave florecen miles de empresas instrumentales que actúan como tapadera en toda clase de negocios sucios e ilegales. Se blanquean millones y se compran armas y drogas de una manera que no sería posible en La Línea o en Algeciras.
Probablemente, su patriotismo británico tenga mucho más que ver con el bolsillo que con el corazón. Pero hay que comprenderles ¿quién renunciaría a un chollo así?