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martes, 23 de febrero de 2010

Los cabroncitos

Se llama Rafael, pero todo el mundo lo conoce como “El Rafita”. Se dio a conocer en toda España por su participación en el secuestro y asesinato de Sanda Palo. En aquél momento tenía menos de 18 años, y le fue aplicada la Ley del Menor, lo que en la práctica supone un limbo jurídico que deja casi impunes los delitos más graves.
Después fue puesto en libertad “vigilada”. Pero tan mal vigilada que ya ha sido detenido no sé cuántas veces por participar en diversos delitos. De arrepentimiento, nada. De reinserción, nada.
Algo no está bien pensado en una ley que considera que cualquier individuo que no haya cumplido los 18 años es un tierno infante que necesita mucho mimo, mucho cariño, y mucha protección. Se diría que la sociedad, más que reformar al delincuentecito y protegerse de sus crimencitos, quiere pedirle disculpas por no haber sabido educarle bien.
Se reabre el debate sobre el adelanto o no de la edad penal. Pero no tiene por qué ir por ahí la cosa. La ley establece límites de edad para muchas cosas, pero no siempre son barreras absolutas. Cualquiera tiene derecho a conducir un automóvil a partir de los 18 años, excepto si no reúne ciertas condiciones físicas y psíquicas. ¿Por qué no se puede hacer algo parecido con la edad penal? Todo menor de 18 años tendría derecho a que se le aplicaran sus beneficios, excepto si un equipo de expertos profesionales dictamina que sus características no lo aconsejan. Y no deberían aconsejarlo cuando esos expertos están seguros de que el cabroncito no va a aprovechar la oportunidad de reinserción, sino que va a aprovecharse de los buenos y quiméricos deseos de los legisladores.
Igualmente se podría considerar el factor de reincidencia: todo menor de 18 años tiene derecho a que se le aplique una legislación más blanda, pero sólo la primera vez que delinque. Si reincide en el delito, debería pasar automáticamente al régimen penitenciario general.
Todos podemos cometer una grave equivocación, y a los menores debería dárseles una segunda oportunidad. Pero no infinitas oportunidades. Desgraciadamente, a algunos de esos cabroncitos habría que retirarles el diminutivo.

5 comentarios:

  1. Se lo quitamos. Cabrones.

    Estoy de acuerdo en la solución que se propone en el post. No estoy de acuerdo en el trato que se presupone se le da al delincuente menor de edad, porque no es como puede entenderse. Ni mimos, ni cariñitos ni mimitos. No es así. No nos vayamos a extremos que en realidad no existen. Me aburren los tópicos.

    Petonets

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  2. Este Rafita ha resultado ser de verdad "la peste". Pero cuantos casos hay como este? Porque quizas esta ley funciona para muchos otros...digo QUIZAS (No lo se)
    Si que estoy de acuerdo con que no se les puede dar infinitas oportunidades. Y que un equipo de expertos deberia determinar, hasta que punto son re-insertables, o son un peligro sin posibilidad de re-insertarlos.

    Pienso que no se "deberia" cambiar la ley, pensando solo en el Rafita, pero si preveer en esa ley que casos como este hay, y que a esos tambien hay que darles una solucion.

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  3. Concretamente este Rafa, es un cabrón..si.. pero un chico de 18 años merece una oportunidad...

    Tessa

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  4. Cierto... merece una oportunicad...

    Está bien que lo hayan vuelto a dejar en libertad.
    Para que tenga una oportunidad de robar otro coche, y esta vez sin que lo pillen.

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  5. Error... no hablaba este chico.... hablaba de que cambiar la ley, puede generar que otros que realmente merecen una oportunidad no la tengan... ahora no tengo tiempo... ya hablamos..agur...Tessa...

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