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miércoles, 20 de agosto de 2014

El "autoritarismo" de UPyD y el ejército de Pancho Villa

En un artículo de Francisco Sosa Wagner publicado en El Mundo, el diputado por UPyD en el Parlamento Europeo denuncia a UPyD de “prácticas autoritarias”. La acusación no es novedosa. Es la muletilla favorita de todos los detractores de UPyD, el argumento comodín que utilizan tanto los partidos adversarios, como los medios de comunicación hostiles, o los afiliados del partido que no han logrado hacer valer sus opiniones o no han logrado el apoyo de sus compañeros.

Sorprende, eso sí, que a Sosa Wagner le haya pasado inadvertido ese autoritarismo durante los cinco años en que ha defendido las ideas de UPyD en Europa, durante los debates del II Congreso de UPyD, y durante el proceso de elecciones primarias al que concurrió libremente, y en el que obtuvo el apoyo de una amplia mayoría de los afiliados.

En mi opinión, lo que subyace bajo este debate es una perversión conceptual de las muchas que enturbian el panorama político en España. Se trata de la confusión entre “autoridad” y “autoritarismo”, posiblemente heredada de los tiempos de la dictadura franquista.

Un sistema democrático se caracteriza por la existencia de procedimientos reglados para asegurar la representatividad. En un partido político son los afiliados los que deciden las posiciones políticas que defenderá la organización, y así ocurre en los congresos de upYd. Son también esos afiliados los que eligen a los órganos de dirección del partido, cuya misión consiste precisamente en aplicar las resoluciones que han tomado los afiliados.

Esos órganos ostentan, por tanto, la legitimidad para ejercer la autoridad dentro del partido, velando por el cumplimiento de las líneas establecidas. Líneas y órganos que son renovados periódicamente, también mediante procedimientos reglados en los que pueden participar todos los afiliados sin restricción alguna. Y mientras dura el mandato de los órganos y están en vigor las resoluciones, los cargos directivos del partido tienen la obligación de ejercer la autoridad que se les ha encomendado para asegurar el cumplimiento de lo acordado por los propios afiliados.

Si se ignora esto, si se califica de “autoritarismo” lo que es la práctica legítima de la autoridad, ¿cuál es la alternativa? Para unos puede ser el modelo asambleario, en el que las soflamas vibrantes sustituyen a la frialdad del voto secreto. Para otros la autoridad carismática de u líder mesiánico al que sigue un apacible rebaño. Los viejos partidos en España parecen haber optado más bien por el compadreo, el intercambio de favores, y las conspiraciones internas.

Si queremos unos partidos diferentes que puedan prefigurar una España diferente, es necesario devolver al concepto de “autoridad” la función que le corresponde. Despestrigiar la “autoridad” tachándola de “autoritarismo” no nos hará convertirnos en una democracia avanzada, sino en algo más parecido al ejército de Pancho Villa.

lunes, 23 de junio de 2014

Papá, mamá, y el doctor


Había una vez una sociedad sana controlada con mano de hierro por un padre autoritario, inflexible y cruel. Él decidía lo que la gente podía hacer y lo que debía pensar, sin consultarles nunca, y castigando sin piedad cualquier asomo de rebeldía. Nunca le preocuparonlous sentimientos del pueblo.

A la muerte del dictador, se hizo cargo de la desamparada nación la madre, que había soportado cuarenta años de obligado silencio. Esta abnegada mujer -a la que todos llamaban Democracia-, se propuso compensar a sus hijos de la opresión padecida durante cuatro décadas. Convencida de que el difunto padre había encarnado todo lo peor, se afanó en hacer todo lo contrarto que aquél.

Les dio la mayor libertad y les consultaba con regularidad. Antes de tomar ninguna decisión averiguaba cuáles eran sus deseos y se plegaba a ellos.. Resultó ser una madre sentimentaloide, sobrerprotectora y permisiva, cuyo único anhelo era obtener el cariño de sus hijos,  y que la felicitaran cada cuatro años, y le regalaran millones de votos. Para ello no dudó en engañarles, diciéndoles siempre lo que ellos querían oír, prometiéndoles lo imposible, y aceptando todos sus caprichos.

No era una buena madre, no era una buena democracia. Y aquella sociedad sana fue enfermando poco a poco. Creció creyendo que era posible la libertad sin responsabilidad, los derechos sin obligaciones, la prosperidad sin esfuerzo. Confundió la igualdad de oportunidades con la igualdad de capacidades, el Estado del Bienestar con su bienestar a costa del Estado,  la Historia con la histeria, las ideas con los catecismos, y las personas con los territorios.

Un padre tiránico y una madre claudicante y embustera dieron lugar a unos hijos permanentemente insatisfechos, exigentes y egoístas. Se miraban con recelo, se culpaban unos a otros, y pugnaban por apropiarse para su beneficio de algún jirón, de algún escombro, de lo que quedaba de aquello que había sido una nación sana.

Pasó la hora de los padres tiránicos y de las madres claudicantes. Peor aún sería ponernos en manos de profetas, brujos o curanderos que dicen tener formulas mágicas que todo lo curan. Una nación enferma necesita la asistencia de una nueva clase de políticos. Políticos que actúen con mentalidad galénica. Capaces de trabajar junto a otros para establecer un diagnóstico certero, pensando en el enfermo y no en su carrera. Dispuestos a mirar de frente al paciente y comunicarle el diagnóstico sin ocultarle su gravedad. Hábiles para determinar el trtamiento preciso. Empáticos para explicárselo al enfermo. Firmes para obligarle a seguirlo. Sensibles para comprender los dolores de la enfermedad.

La alternativa es seguir aplicando paños calientes, y dejarlo morir.

sábado, 24 de mayo de 2014

La señora Martínez

La señora Martínez se revolvía inquieta en su silla del restaurante. Era la cena anual de los compañeros de su empresa, y se iba a celebrar en un local que le desagradaba especialmente. No le gustaba la decoración, ni los dueños, ni la cocina, ni el personal.

La costumbre en estas cenas era pedir una serie de platos de la variada carta, para compartirlos entre todos, y cada cual sugirió el plato que más le gustaba. Pero la señora Martínez estaba a disgusto, y no quiso proponer ninguno. Los demás compañeros terminaron poniéndose de acuerdo, y al poco rato fueron llegando los platos a la mesa.

La señora Martínez tuvo que comer lo que habían pedido los demás, y al final de la cena pagó la parte que le correspondía. Con mucha desgana, pero tuvo que pagar.


La señora Martínez no irá a votar el 25 de mayo. No le gusta el sistema, no le gusta la carta de partidos. La señora Martínez tendrá que comerse lo que hayan votado los demás, y tendrá que pagar lo mismo que los demás.

miércoles, 23 de abril de 2014

Lo que nos dice la encuesta en Aragón

La encuesta de A+M publicada hoy por Heraldo de Aragón desvela lo que votarían los aragoneses si hubieran elecciones autonómicas hoy. En una lectura más profunda revela también la actitud de los ciudadanos hacia los partidos políticos en este momento.

Las cifras nos muestran que las dos formaciones que han venido relevándose en la cúspide del bipartidismo durante 35 años –PP y PSOE- perderían en conjunto un 11,53% de sus votos. Por su parte, los dos partidos de corte nacionalista –PAR y CHA- serían abandonados por el 20,79% de los que les votaron en 2011.

Por el contario, IU aumentaría su respaldo en un 50,65%, y UPyD daría un salto espectacular con un incremento del 271,30%. Serían, junto al voto en blanco y la abstención (con un 26,66% y un 44,30% respectivamente) los únicos partidos que mejorarían sus resultados.

Se confirma, al igual que en el resto de España, que son muchos los aragoneses que ya se han hartado de entregar su voto a los dos grandes partidos que han venido demostrando que no son sino las dos caras de una misma moneda. También se observa –a diferencia de lo que viene sucediendo en la vecina Cataluña, que los ciudadanos de Aragón dan la espalda a los cantos de sirena nacionalistas, conscientes de que Aragón tendría un futuro muy incierto si no es dentro de una España unida en una Europa fuerte.

Las alternativas que elegirían esos ciudadanos son dos opciones muy distintas entre sí. Hacia IU se inclinarían los que creen en la utopía, y ven en ese partido una opción poco manchada por la corrupción; con unos ideales quizá algo ingenuos; pero que buscan un mundo mejor para todos, aunque la experiencia en la URSS, Cuba o Corea del Norte hayan demostrado que la aplicación de esos ideales resulta mucho menos idílica de lo que se esperaba.

UPyD aparece con fuerza como la otra alternativa al hastío provocado por unos partidos burocratizados, derrochadores, y más ocupados de sus propios intereses que de los de los ciudadanos. En sus casi siete años de existencia ha venido manteniendo una línea coherente. Sus líderes eluden lo “políticamente correcto”, y se entiende lo que dicen. Se han convertido en los abanderados de la lucha contra la corrupción, y proponen políticas realistas orientadas al interés general. Si se confirma que son capaces de ser un partido diferente, que hace política de una manera diferente, podrían llegar a ser la clave para la regeneración democrática que España y Aragón necesitan.

viernes, 21 de marzo de 2014

El frescor salvaje de la cremallera

Hace unos años, una conocida marca de jabones lanzó una potente campaña publicitaria en la que destacaba que su producto tenía “el frescor de los limones salvajes del Caribe”. Como en tantas otras estrategias comerciales, se trataba de colocar una etiqueta llamativa –en este caso exótica- en un producto que no tiene nada relevante que lo distinga de los demás.

Me he acordado de aquellos anuncios al ver cómo el PSOE ha presentado las bondades de su candidatura al Parlamento Europeo, presumiendo de que se trata de una “lista cremallera”. Es decir, en la se van alternando sucesivamente una mujer y un hombre desde el principio hasta el final.

Nuevamente, este partido desorientado, que trata de encontrar una identidad perdida y un líder que le guíe a la tierra prometida del poder, recurre a un truco de prestidigitación y marketing, aparentando que saca un conejo de una chistera que está completamente vacía.

Colocar a hombres y mujeres alternos en una candidatura es tan irrelevante como ordenarlos según su estatura: el más alto de número uno, y el más bajito en último lugar. Venderlo como un gran logro y un avance democrático es, sencillamente, una estafa y un insulto a la inteligencia de los electores.

Sin embargo, no faltarán ciudadanos que se dejen hipnotizar por el truco. Deslumbrados por la apariencia, olvidarán que los limones salvajes del Caribe pueden ser apestosos si están en estado de descomposición.

viernes, 7 de marzo de 2014

Las lanzas fiscales

En este batiburrillo de autonocracias en que se ha convertido España, se ha declarado una nueva guerra, esta vez a cuento de las llamadas “balanzas fiscales”. Este falaz concepto fue un invento de los nacionalistas catalanes, y bastaría saber quién lo inventó para saber que no podía traer nada bueno para la unidad de España.

La cosa consiste en sumar los impuestos que pagan todos los ciudadanos y empresas de una región, y compararlo con todo lo que esa región recibe como financiación por parte del Estado. En esa comparación se constatan aparentes desequilibrios, que permiten abonar la flor envenenada del victimismo, que tan bien cultivan todos los nacionalistas.

La falacia consiste en dar a entender que son los territorios los que pagan impuestos, cuando los que lo hacen son los ciudadanos. Ni Cataluña ni Aragón “pagan” impuestos al Estado. Es cada aragonés y cada catalán los que pagan, siempre dependiendo de sus ingresos. Y a causa de la función redistributiva de las políticas fiscales, el resultado es que los catalanes ricos pagan más que los catalanes pobres, al igual que los aragoneses ricos pagan más que los andaluces pobres.

Discutir sobre balanzas fiscales es un sinsentido porque el planteamiento está viciado de origen. Es imprescindible que España disponga de un sistema de financiación autonómica que refuerce la responsabilidad fiscal, evitando el modelo actual en el que los ciudadanos perciben que el avaricioso Estado central les quita los impuestos del bolsillo, mientras las bondadosas administraciones autonómicas les construyen polideportivos y escuelas.

Un sistema que contemple el coste unitario de los servicios que se prestan, lo que debe contemplar que es más caro prestar atención sanitaria a una población dispersa que a otra concentrada en una gran ciudad. Un sistema definitivo que proporcione seguridad jurídica, y que termine con esa subasta en la que todos quieren arrancarle al Estado un trozo de tarta mayor que la del vecino.

Más que una balanza, la fiscalidad se ha convertido en una lanza. En un arma más con la que las diferentes regiones se amenazan unas a otras, como ocurre con las lenguas, los ríos, o las grandes infraestructuras. Es imprescindible que el Estado asuma su responsabilidad en la coordinación del conjunto, si no queremos convertirnos en una nación de agraviados que recelan permanentemente unos de otros. Algo que les viene como un guante a los nacionalistas.


lunes, 24 de febrero de 2014

A mí, que me registren

Dicen que en España tenemos la juventud mejor formada y con más alta capacitación de la Historia. El número de universitarios es tan elevado que el mercado laboral no es capaz de ofrecer a todos un puesto apropiado a sus conocimientos. Aproximadamente uno de cada tres camareros o vendedores son licenciados en Derecho, en Periodismo, o en Psicología.

Paradójicamente, en esta sociedad tan culta y tan bien formada, a la hora de asumir responsabilidades, sólo se percibe ignorancia, y nadie sabe nada. “A mí, que me registren” es la frase que mejor representa la actitud social ante los errores, las irregularidades, y los delitos. Empezando por la infanta Cristina, que parece haber olvidado hasta la fecha de su boda con Iñaki Urdangarín.

En relación con la crisis económica, cuando algún economista afirma que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, todos y cada uno de los ciudadanos responden indignados: “¡yo no he vivido por encima de mis posibilidades!”. Nadie, absolutamente nadie, admite haber adquirido y disfrutado de bienes o servicios con un dinero que no tenía.
Y, por supuesto, nadie asume ninguna responsabilidad por haber apoyado con su silencio cómplice las excentricidades de gobiernos -nacionales y autónomos- y de alcaldes, cuando gastaban decenas de miles de millones en construir aeropuertos sin aviones, líneas de AVE sin pasajeros, autopistas sin coches, polideportivos sin atletas, o salones de congresos sin ocupantes. Tampoco nadie dijo nada mientras se repartían a granel subvenciones y ayudas económicas como si el dinero cayera del cielo.

Nadie sabe nada, nadie recuerda nada. Todo el mundo ha olvidado que refrendó con su voto los insensatos dispendios de ministros, consejeros y alcaldes de todos los partidos. Como señaló Popper, "la democracia no está diseñada para elegir a los mejores. Pero sí que sirve para apartar del poder a los malos gobernantes". Claro que a pesar de tener la población más culta, la obra de Popper no figura entre los best-sellers del momento.


lunes, 10 de febrero de 2014

Cazando gamusinos

Los gamusinos son unos animales imaginarios que sirven como motivo para gastar bromas a los niños, o para tomar el pelo a cazadores novatos. Se les dice que el gamusino es muy esquivo, y se les enseñan ciertas "técnicas" que supuestamente sirven para descubrirlos en la oscuridad de la noche.


Así la víctima se pone a recorrer el terreno haciendo ruidos y gestos ridículos que le han enseñado los "expertos", mientras estos se parten de risa a su costa.
Creo que nada se parece tanto a esa vieja tomadura de pelo como el monumental entramado de cursos, talleres y planes de formación para el empleo. MInisterios, CC.AA., y ayuntamientos destinan a esto miles de millones cada año. Una suma astronómica que va a parar a sindicatos, patronales, academias y entidades varias, que se deben partir de risa viendo como decenas de miles de incautos buscan en las tinieblas unos puestos de trabajo que no existen.


Porque la razón de que en España haya más de cinco millones de desempleados no es que no sepan trabajar. Es que no hay empresas que necesiten contratarles. Cabe preguntarse si no sería más efectivo destinar esos miles de millones a formar empresarios en vez de a formar trabajadores; a crear empleos en vez de a crear buscadores de empleo. A repoblar el monte con especies vivas de caza, en vez de poner a la gente a buscar gamusinos

lunes, 27 de enero de 2014

Lejìa, estropajo, y jabón

Mes tras mes los barómetros del CIS señalan que la corrupción y el fraude suponen, después del paro, el principal problema que padece España. En torno al 40% de los encuestados consideran que es el problema más grave.

Los ciudadanos se debaten entre la indignación por el elevado número de casos de corrupción que van apareciendo, y la resignación ante un estado de cosas que parece consustancial con las prácticas políticas. Parece que las conductas fraudulentas se han convertido en España en algo endémico. Un mal que todo el mundo condena, pero que nadie sabe cómo erradicar.

Todo el mundo parece creer que la corrupción es cosa de otros. Sin embargo, es cosa de todos. Porque todos podemos estar practicando pequeñas corruptelas en nuestra vida cotidiana, y porque todos tenemos la obligación de combatirlas. Las nuestras y las de las personas de nuestro entorno.

Hemos llegado a esta situación por la combinación de tres versiones diferentes de corrupción: personas potencialmente corruptas, que se mueven en una sociedad corrupta que lo tolera, y con un sistema político-institucional que lo facilita.

España necesita lejía, estropajo y jabón. Lejía para desinfectar partidos, sindicatos e instituciones. Jabón para limpiar la suciedad que existe en las conductas individuales: la picaresca general y los pequeños fraudes. Y estropajo para arrancar los nidos de paràsitos que prosperan a costa de lo público.

martes, 21 de enero de 2014

La gamonalita


Los investigadores sociales de la universidad de La Barricada han descubierto una nueva sustancia. Se trata de la gamonalita, un compuesto cuyos efectos inmediatos más visibles son la capacidad de anular las decisiones tomadas por ayuntamientos que han sido elegidos libremente por los ciudadanos.

Para su fabricación se necesita un cabreo latente en una parte de la población, el apoyo interesado de los partidos que aspiran a sustituir a los que ahora gobiernan, y la actuación decidida de una minoría violenta, todo ello sazonado con fuertes dosis de populismo y demagogia.

Una vez se dispone de esos materiales, sólo se necesita un desencadenante que haga saltar la chispa en ese compuesto altamente inflamable. Puede ser la urbanización de una calle, la construcción de una línea de tranvía, o el cierre de un hospital. Eso es lo de menos.

Seguramente, los vecinos del barrio burgalés de Gamonal tienen razones de peso para no querer las obras que había decidido su ayuntamiento. Probablemente no es una remodelación lo que más necesita Burgos en estos momentos. Pero el proyecto estaba en el programa de todos los partidos –excepto en el de UPyD-, y una abrumadora mayoría de burgaleses habían votado a esos partido.

Pero la principal característica de la gamonalita es su capacidad destructiva de los principios democráticos. Cuando una sociedad admite que unos contenedores ardiendo representan mejor al pueblo que unas urnas selladas, está admitiendo también la inutilidad de las urnas. Una docena de contenedores de basura cuestan mucho menos dinero que unas elecciones libres. Sustituir la voluntad democrática por la dictadura del más fuerte, del que más grita, o del que más escaparates destroza es una opción política. Pero resulta paradójico que prefieran esa opción aquellos que día sí y día también se declaran enemigos irreconciliables de una dictadura que terminó hace casi 40 años.

lunes, 13 de enero de 2014

Programa, conciencia y pesebre

El pasado martes la diputada del PP, Celia Villalobos, pidió, en la Comisión Ejecutiva de su partido, libertad de voto en la reforma de la ley del aborto. Una petición que nos hace reflexionar sobre otra de las perversiones que aquejan al sistema político, y que lo convierte en partitocrático en lugar de democrático.

La Constitución establece que los diputados no estarán sometidos a mandato imperativo, con la intención de que puedan ejercer la representación directa de los ciudadanos que les han elegido.  Por otra parte, los candidatos a diputado se presentan en una lista avalada por un partido determinado, lo que implica que asumen como propias las propuestas del programa electoral de ese partido. En consecuencia, cada diputado se debe en primer lugar al programa, y en segundo lugar a su conciencia, en todo aquello que no esté especificado en el programa.

Sin embargo, en la práctica, los diputados se limitan a votar lo que en cada caso les indica su jefe de grupo, en aplicación del principio aconstitucional de "disciplina de voto". Saben que nadie podría impedirles votar de manera diferente, pero también saben que si lo hicieran su partido no volvería a incluirles en la siguiente candidatura, ni serían designados para cargo alguno.

Con el sistema actual de listas cerradas y bloqueadas los aparatos de los partidos secuestran la democracia, apropiándose de la lealtad que los legisladores deben al programa, a sus electores y a su conciencia. Por su parte, muchos diputados venden su dignidad al partido a cambio de la expectativa de disfrutar de un buen pesebre durante muchos años.


Y los electores regalan su soberanía cuando entregan ciegamente su voto a unas siglas, sin preocuparse mucho de conocer los programas, ni la integridad de los candidatos que figuran en la lista.

jueves, 26 de diciembre de 2013

Un sueño de Navidad

Dejándome llevar por el espíritu navideño, ese que hace que todos nos sintamos en la obligación de ser felices, generosos, amables y bondadosos; me animé a escribir un cuento de Navidad, sin ánimo de menospreciar al gran Dickens.

Había un país en el no eran peores los que iban a misa que los que se postraban hacia La Meca. En el que los hombres no veían a las mujeres como siervas, ni ellas les veían a ellos como tiranos. Donde los “de derechas” no pensaban que los “de izquierdas” fueran unos parásitos, y donde estos no creían que los primeros fueran unos déspotas.

Un país en el que los empresarios no veían a sus empleados como hienas, ni los trabajadores a los empresarios como sanguijuelas. Una nación en la que los habitantes de cada pueblo eran vecinos y no enemigos. En el que los diferentes eran una incógnita, pero no una amenaza. Un lugar en el que los políticos no pensaban en los ciudadanos como conejillos con los que experimentar, y los ciudadanos no pensaban que la única obsesión de los políticos era fastidiar a la gente.

Escribí el cuento. Pero al releerlo me di cuenta de que el argumento era tan descabelladamente increíble que rebasaba los límites de la fantasía. Como mucho, podría valer para el 24 de diciembre, pero quedaría completamente desfasado el 26. No servía para ser un cuento. Sólo podía ser un sueño.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Los desfavorecidos

Las fechas navideñas constituyen el momento álgido para el altruismo. De repente, todo el mundo siente la necesidad de ayudar a los que más lo necesitan. Por doquier se organizan rastrillos, recogida de alimentos y conciertos “solidarios”. Una oleada de generosidad que puede servir para calmar la mala conciencia de unos dispendios navideños que en muchos casos exceden lo razonable. Los medios de comunicación nos bombardean con apelaciones a la solidaridad, y una y otra vez nos recuerdan la existencia de los “desfavorecidos”.

Los desfavorecidos han venido a sustituir en el lenguaje políticamente correcto a los pobres de toda la vida, de igual manera que la solidaridad ha sustituido al altruismo. Para muchos es sencillamente una cuestión de modas en el lenguaje, aunque el lenguaje nunca es casual y siempre esconde los postulados de la ideología dominante en cada sociedad.

Dice el diccionario que “pobre” significa “necesitado, que no tiene lo suficiente para vivir”. En cambio, “desfavorecer” es “dejar de favorecer a alguien, desairarle”. La diferencia no es banal. En el primer caso se trata de un sustantivo que se corresponde con una situación objetiva que posee el “pobre”. Define un hecho sin pronunciarse sobre el origen del mismo.

En cambio, el término “desfavorecido” implica la necesaria existencia de otros –los que desfavorecen-. Induce a pensar que junto a cada persona necesitada hay alguien que le ha privado de lo que le correspondía, de lo que se deduce que sin la presencia de ese malvado no existiría tal necesidad.

Este sesgo del lenguaje construye así dos nociones profundamente ideológicas: por una parte, que los que padecen una situación de pobreza no tienen ninguna responsabilidad en ello; que son meros sujetos pasivos, víctimas indefensas y eternas de otros; y que no está en su mano acabar con su situación. Y en segundo lugar que la sociedad está formada por dos clases de personas: los inocentes desfavorecidos, y los malvados desfavorecedores.

No niego que pueda haber algo de esto. Pero creer que es así de forma general supone aceptar que la pobreza es un estado consustancial del que no se puede salir si no es gracias a la bondadosa solidaridad de otros. Supone negar la capacidad de esas personas para encontrar la manera de ayudarse a sí mismas. Supone admitir que se necesita un Estado protector que cuide de unas personas incapacitadas para sobrevivir sin su ayuda, que tienen que estar agradecidas a su bondad, y que -por lo tanto- no pueden ejercer de ciudadanos críticos, sino votar ciegamente al que les da de comer.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Hechos consumados

Los partidos secesionistas catalanes han acordado la fecha y las preguntas para la consulta que quieren realizar bajo el falaz amparo del “derecho a decidir”. Pasito a pasito, desde 1975, los independentistas han recorrido un largo camino hacia su objetivo final, que ya acarician con la punta de los dedos.

Es el penúltimo capítulo de una sucesión de hechos consumados. No es cierto que se trate de un callejón sin salida. Se trata de un callejón del que se saldrá rompiendo algo para abrir camino. Quedan pocas alternativas: o el gobierno aplica la Constitución e impide la consulta por la fuerza, suspendiendo incluso la autonomía de Cataluña. O le tiemblan las piernas y acepta resignadamente lo inevitable.

En el primer caso se acentuarán los sentimientos de victimismo, aumentará el deseo de independencia, y no puede excluirse una deriva violenta, con enfrentamientos, atentados y víctimas.

El segundo caso supondría firmar el acta de defunción de España como nación (eso que Zapatero decía que era “discutido y discutible). ¿Cuánto tardarían los independentistas vascos en seguir el ejemplo? ¿Y los gallegos? Al igual que ocurrió en 1978 con la fiebre autonomista (hasta Segovia quería ser autónoma), ninguna de las actuales CC.AA. querría ser menos. Canarias, Aragón, Andalucía, Baleares emprenderían también el viaje hacia el pasado, hacia la irracionalidad. España quedaría reducida, probalemente, a lo que ahora es la Comunidad de Madrid.

Ubicación de CataluñaNo hay que culpar a los independentistas de este desaguisado. Ellos son lo que son, lo admiten: su objetivo siempre ha sido la independencia. Los culpables son otros: millones de españoles que por torpeza, por interés, por cobardía o por desidia han permitido que se fuera produciendo la cadena de hechos consumados.
  • Los que redactaron una Constitución que introdujo el concepto de “nacionalidades y regiones”.
  • Los gobiernos del PSOE que entregaron la Educación a los nacionalistas para que pudieran ir adoctrinando en la falsedad a las nuevas generaciones.
  • Los gobiernos del PP que continuaron cediendo competencias del Estado, y que renunciaron a exigir lealtad constitucional a los gobiernos de CiU y del tripartito.
  • El presidente Rodríguez Zapatero que alentó el nuevo Estatuto de Cataluña.
  • El Tribunal Constitucional que dio validez a gran parte del contenido de ese estatuto.
  • Los medios de comunicación que entonces clamaban “España no se rompe”.
  • Los millones de españoles que también decían “España no se rompe”, aunque sólo fuera por llevarle la contraria a Aznar.
  • Los millones de españoles que durante tres décadas han aplaudido sus banderas autonómicas, despreciando la bandera nacional de todos.
  • Todos los que han eliminado de su vocabulario la palabra “España”, sustituyéndola por eufemismos como “este país”, “el Estado español”, “el conjunto del Estado”, o “la península ibérica”.
En el ensayo "De vuelta a la aldea" (Ed. Gran Vía. Burgos. 2004) ya advertía de que esta era una de los posibles finales de la cuestión nacionalista en España: la disgregación de lo que ha sido durante 500 años una nación. La Tierra seguirá girando. A lo largo de la Historia han aparecido y caído grandes imperios. No es el fin del mundo. Pero la estupidez, el egoísmo y la miopía política de los no nacionalistas nos habrán dejado a todos más débiles, más pobres, más insignificantes.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

El buscapegas

En el edificio donde vivo hay un vecino, jubilado él, que pasa el día merodeando por escaleras, sótanos y rellanos. No es el presidente de la comunidad, pero vigila constantemente que todo marche debidamente. Cambia bombillas fundidas, detecta una filtración, encuentra unas llaves perdidas, y recoge unos papeles tirados en el suelo. Le llamamos cariñosamente el “Salvatodo”.

Hay otro vecino que es la antítesis del anterior. Jamás ha cambiado una bombilla ni recogido un papel, pero es un tipo muy responsable y no se pierde ninguna reunión de la comunidad. Yo creo que espera cada año la convocatoria, que estudia el orden del día, y que prepara meticulosamente su intervención ante el resto de propietarios.

Su aportación a la asamblea es fundamental. Gracias a él nos enteramos de todo lo que no se ha hecho bien, nos cuenta cómo habría que haberlo hecho, y nos ilustra sobre lo que habría que hacer, y de cuándo y cómo hacerlo. Pide que le enseñen todas las facturas, pregunta por cada detalle, y se escandaliza porque no se le consultó cuando hubo que llamar a los bomberos para sacar a una vecina atrapada en su balcón. Le llamamos el “buscapegas”, aunque el Salvatodo suele referirse a él como “el tocawebs”.

En cualquier grupo hay siempre un “buscapegas”. En una empresa, en una ONG, en un viaje organizado, en el cine o en el restaurante. Son tipos peculiares, muy pagados de sí mismos, a menudo algo visionarios, que tienen en su cabeza la organización “perfecta” de cualquier actividad humana. Es una lástima que no sean capaces de trasladar a sus manos lo que tienen en la cabeza, y no puedan hacer por sí mismos ni una pequeña parte de lo que dicen que tendrían que hacer los demás.

martes, 26 de noviembre de 2013

Chorizo al trullo

La Audiencia de Castellón ha condenado a cuatro años de prisión al que fuera presidente de la Diputación de esa provincia, Carlos Fabra: La pena impuesta es por cuatro delitos de fraude fiscales, pero le absuelve de los de cohecho y tráfico de influencias.

Pero el ciudadano común no suele entender mucho de tipos delictivos. Cohecho, prevaricación, tráfico de influencia, falsedad en documento público, apropiación indebida. Todo se reduce a un concepto muy hispánico: “chorizo”.

Lo mismo ocurre con las penas, prisión preventiva, sentencia en primera instancia, segundo grado son sutilezas que tampoco tienen gran aceptación entre el gran público. Lo que la gente entiende muy bien se resume en dos palabras: “al trullo”.

En España se vive una atmósfera irrespirable en todo lo que afecta a los asuntos públicos. En todos los niveles de la Administración, desde la Casa Real hasta las concejalías de muchos pequeños pueblos, el hedor es ya insufrible. Un Estado mastodóntico, inflado de organismos, cargos, subcargos, carguetes y subcarguetes, mantenido cada vez con más dificultad por una población cada vez más mosqueada.

Es imprescindible abordar una profunda reforma de la Administración, reducir su estructura, eliminar el parasitismo, y liberar recursos para estimular la economía productiva, y aqtender debidamente las necesidades más imperiosas. Si los viejos partidos no son capaces de abordar esas reformas, no es imposible que se llege a alcanzar un punto de no retorno, y que masas justamente enfurecidas arrasen un sistema que muchos hemos añorado durante décadas: la democracia.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Las caras de la gentuza

Con frecuencia hemos visto chocantes decisiones gubernamentales o judiciales. Verdaderas piruetas legales que sus autores han justificado en nombre de la “alarma social”. Pues para alarma social, la que está produciendo la liberación masiva de asesinos y violadores, en aplicación de la sentencia del Tribunal de Estrasburgo.

La ley es la ley, y debe cumplirse siempre. Nos guste o no. Sin excepciones. Pero una cosa es que haya que aplicar la decisión de Estrasburgo (por cierto, con una celeridad inaudita en nuestro sistema judicial), y otra cosa es que la sociedad no tenga todo el derecho moral a repudiar a esos canallas, por medios distintos a los estrictamente judiciales.

Por ejemplo, ¿por qué no se publican las fotografías de esta gentuza? ¿por qué no tenemos todos los ciudadanos derecho a conocer sus caras, a reconocerles si les vemos en un bar, en un parque, o en una estación? Argumentar que tienen derecho a la privacidad es una hipocresía mayestática, ya que vemos constantemente imágenes de personas –especialmente si son de relevancia pública- que son detenidas, o que acuden a declarar a un tribunal. Muchas de ellas son absueltas de toda culpa, pero sus caras permanecen en nuestro recuerdo durante años.


Argumentar que ya han cumplido legalmente su pena es irrelevante para el caso. Dejar de tener cuentas pendientes con la Justicia no les convierte en buenas personas. Continúan siendo despreciable gentuza.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Hay que frenarlos

En su intervención en la clausura de la Conferencia Política del PSOE, Pérez Rubalcaba ha señalado que el objetivo del PSOE es “frenar a la derecha”. En paralelo, desde el PP, aunque no lo confiesan tan abiertamente, establecen sus estrategias con el fin de “frenar a la izquierda”.

Se mantienen las dos Españas; los buenos y los malos; los nuestros y los enemigos. Las dos Españas de Ortega y Gasset; las que llegaron a la guerra civil. Las que consiguieron reconciliarse en el 78, y las que Rodriguez Zapatero, en su insensato delirio, volvió a enfrentar.

Frenar a la derecha es frenar a diez millones de españoles que se sienten de derechas. Frenar a la izquierda supone frenar a otros tantos millones que se sienten de izquierdas. El resultado es una España frenada. Una España incapaz de avanzar, en la que el odio ahoga la confianza, y el rencor apaga la ilusión. Es hacer política, no “para algo”, sino “contra alguien”.

PP y PSOE intentar aparecer como dos partidos muy distintos. Pero comparten mucho más de lo que parece. Los dos están de acuerdo en mantener el sistema tal como está, asegurándose la alternancia en el poder cada cuatro u ocho años. Los dos ven a los españoles como votantes a los que seducir, y no como ciudadanos a los que servir.

Como dos orates caídos al mar, agarrados mutuamente del cuello, empecinados en ahogar al otro, el PP y el PSOE parecen incapaces de darse cuenta de que en esa lucha cainita no se están jugando su propio futuro como partidos, sino el de todos los ciudadanos. Y si los ciudadanos libres no les frenamos, al final nos ahogarán a todos.

viernes, 8 de noviembre de 2013

UPyD y las alianzas

Mucha gente pregunta que por qué UPyD no se alía con Ciutadans para sumar votos y conseguir más representación, ya que muchas de sus propuestas son parecidas. Incluso no son pocos los afiliados de UPyD que creen que esa alianza sería ventajosa para ambos.

Lo que quizá olviden unos y otros es que UPyD nació no sólo para implantar otras políticas, sino –y quizá principalmente- para hacer política de otra manera. Y hacer política de otra manera significa –entre otras cosas- que este partido aspira a ser decisivo, incluso a gobernar, pero no quiere crecer a cualquier precio.

Ciutadans nació en Cataluña como respuesta a la peculiar situación de esa región, en la que los viejos partidos nacionales habían desistido de enarbolar la bandera de un Estado unitario, fuerte, y cohesionado en la diversidad. En ese sentido, Ciutadans merece todo mi respeto, y apoyaré cualquier propuesta suya que me parezca razonable.

En cambio UPyD nació con la vocación firme de ser un partido nacional, con implantación en toda España, y que propone las mismas políticas en cualquier lugar del país. No tiene la menor intención de convertirse en una amalgama de partidos regionales, ni caer en la esquizofrenia en que se encuentra el PSOE con respecto al PSC. Y mucho menos convertirse en una constelación de grupúsculos variopintos, como es el caso de IU.

Puedo entender perfectamente que Albert Ribera tenga la ambición de extender su partido por toda España. Puedo entender que Albert Ribera quiera aliarse con UPyD para adquirir un peso del que carece fuera de Cataluña.

Pero lo que no consigo entender son las motivaciones de las personas que fuera de Cataluña se afilian a Ciutadans. Si es cierto –y lo es- que buena parte de las propuestas de Ciutadans coinciden con las de UPyD; si fuera cierto –que podría serlo- que alguien de Segovia, o de Cuenca, o de Zaragoza cree en esas ideas; entonces ¿por qué no se afilia a UPYD directamente? ¿Por qué prefiere afiliarse a Ciutadans, para inmediatamente pedir que UPyD se alíe con ellos?

Con toda mi simpatía hacia Ciutadans, tengo que deducir que al menos una parte de las personas que les apoyan fuera de Cataluña no buscan cambiar la política, no quieren hacer política de otra manera. Quieren, como los viejos partidos, hacerse un hueco en el sistema partitocrático. Justamente lo que UPyD quiere cambiar.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Canal 9

El Gobierno de la Comunidad Valenciana ha anunciado el cierre de la televisión autonómica, tras la anulación del ERE que había presentado el ente. Con esta medida un buen número de personas perderán el empleo. Se trata, sin duda, de una malísima noticia para esos empleados y sus familias; y se entiende perfectamente su descontento y sus protestas por la medida.
Por otra parte, cabe preguntarse si es razonable que el Estado gaste cientos de millones en mantener medios de comunicación, al mismo tiempo que reduce toda clase de prestaciones en sanidad, educación, dependencia y pensiones. Más aún: cabe preguntarse si es razonable que las administraciones públicas destinen dinero a mantener empresas de comunicación, que están fundamentalmente al servicio del interés electoral del gobierno que las controla.
El drama al que se enfrentan miles de empleados de la televisión valenciana es terrible. Pero no más terrible que el drama al que se enfrentan cinco millones de trabajadores de grandes, medianas y pequeñas empresas que se han quedado sin trabajo en toda España. NI más ni menos terrible.
Esta sociedad sufre –entre otras cosas- de una llamativa perversión en la jerarquía de valores y principios. Una de esas perversiones consiste en dar por supuesto que las administraciones, corporaciones y organismos públicos están para dar trabajo a los ciudadanos. Evidentemente, no es así. Los hospitales se construyen para curar a los enfermos. Los colegios para enseñar a los niños. Para ello hay que contratar personal sanitario y maestros. Pero esta creación de empleo es una característica secundaria, y no deberíamos que los que se benefician de ello lo conviertan en la razón de ser de los hospitales y los colegios.
Quizá nunca habría debido ponerse en marcha la televisión valenciana. Si así se hubiera hecho, las personas que ahora pierden su empleo, no lo perderían por la sencilla razón de que no se habría creado.