............

............

lunes, 15 de julio de 2013

El iceberg

En tiempos remotos, los habitantes de un pueblo de pescadores de los mares del norte descubrieron una masa blanca que apareció cerca de sus costas sobresaliendo del mar. Los más osados se acercaron al objeto, y comprobaron que era frío y resbaladizo. Consultado el brujo del pueblo, éste determinó que se trataba del espíritu del mal, y que había que destruirlo antes de que se acercara a tierra.

Así los lugareños rodearon con sus embarcaciones la temible amenaza, y con sus sencillas herramientas empezaron a romper aquella masa, arrancándole pequeños trozos que caían al mar. La tarea se prolongó durante muchas semanas, durante las cuales consiguieron arrancar miles de grandes trozos al espíritu del mal. Sin embargo, la masa flotante seguía sobresaliendo del agua, siempre con el mismo tamaño.

Aquellos hombres ignorantes desconocían las leyes de la Física, y no podían saber que aquello que querían destruir era un inmenso iceberg, un enorme objeto flotante del que sólo es visible una octava parte de su volumen. Por eso, a medida que iban arrancando pedazos de hielo de la parte superior, iba emergiendo el resto del iceberg que permanecía oculto bajo las aguas.


Muchos siglos más tarde, los hombres conocían perfectamente las características de los icebergs. Pero en un pueblo junto al Mediterráneo sus habitantes se encontraron con el mismo problema al intentar destruir otro espíritu del mal, al que llamaban corrupción. A medida que sus jueces iban arrancando pedazos de la parte visible, iban apareciendo nuevos espacios de una corrupción que había congelado la casi totalidad de la sociedad.

lunes, 8 de julio de 2013

Todos campeones

El fútbol es un deporte que arrastra masas. Millones de aficionados (no a dar patadas a un balón, sino a ver cómo otros las dan) siguen con apasionamiento la evolución de “sus” equipos. Al final, como en cualquier pugna por la obtención de un premio, son pocos los que ganan y muchos los que pierden. Lo que mantiene la fidelidad de los aficionados no es la victoria, sino la emoción de soñar con la victoria.

En España hay dos excepciones a esa regla general. Dos ámbitos en los que muchos compiten por ganar, y en los que al final todos presumen de haber ganado. Uno de esos fenómenos es el de las elecciones políticas. Al día siguiente es muy raro escuchar a un solo dirigente que admita haber perdido. Todos se muestran igualmente satisfechos, y usando los datos como si fueran de plastilina intentan que clamorosas derrotas aparezcan como resultados muy dignos. Pero esto no lo ven los que sólo escuchan a “su” partido.

La otra excepción coincide con el día en que se publican los resultados del Estudio General de Medios. Absolutamente todas las emisoras de radio abren sus informativos felicitándose por lo bien que les ha ido en esa encuesta. Sorprendentemente todas ellas dicen haber subido su audiencia en varios cientos de miles de personas. Todas aseguran que se han distanciado de la competencia. Pero esto no pueden verlo los que sólo escuchan “su”emisora.

Quizá porque aquí todo el mundo oye sólamente lo que quiere oír. Quizá porque somos una sociedad que considera la mentira como un pecadillo menor, Por eso millones de personas siguen informándose a través de unos medios que les mienten. Por eso millones de ciudadanos vuelven a votar a unos partidos que les engañan.

martes, 25 de junio de 2013

Hacienda bondadosa

En lo meteorológico, Junio es el mes en el que comienza el verano. En lo académico, en el que se terminan los cursos. Y en la economía doméstica el mes en el que los españoles ajustan sus cuentas con Hacienda, ya que no pueden ajustarle las cuentas a Cristóbal Montoro.

Todo el que tiene obligación de hacerlo, cumplimenta su declaración del IRPF. Con ayuda externa o a pecho descubierto, la gente va rellenando las interminables casillas, conteniendo el aliento hasta ver lo que aparece en la más importante: el resultado de la declaración. Sólo entonces, unos aprietan los dientes al ver lo que les va a tocar pagar, y a otros –la mayoría- les aparece una enorme sonrisa cuando ven que les sale “a devolver”.

El sistema está bien pensado para que sean muchos más los que sonríen que los que aprietan los dientes. Y el resultado es que millones de españoles están tan contentos con que Hacienda les devuelve 60, 150, o 300 euros, que se les olvida que antes ellos han pagado a lo largo del año 3.000, 8.000 ó 15.000.

Es un ingenioso malabarismo contable: la gente se adapta cada mes a sus ingresos netos, y apenas se fija en las retenciones mensuales. Es un dinero que paga casi sin enterarse, y su impresión final depende por completo de si en la declaración del IRPF tienen que pagar algo o les van a devolver algo.

Eso sí, en Hacienda dicen que lo hacen por nuestro bien. Para que no se nos acumule un pago importante en junio, para facilitarnos las cosas. ¡Son tan buenos! Casi nos dan ganas de enviarles un correo de agradecimiento cuando nos devuelven 30 euros después de habernos quitado 8.000.

jueves, 20 de junio de 2013

La escayola mental

Los que seguimos la actividad política en España, vemos como en debates y comparecencias los líderes políticos se suelen amparar en su ideología para defender sus posiciones. “Esto es una cuestión de ideología”; “No podemos estar de acuerdo por ideología”; “Nuestra ideología no nos permite…”; “Tenemos una ideología deferente”.

Por otra parte, tanto los políticos como mucha gente de a pie intenta averiguar cuál es la ideología de los otros: “Ese es de derechas”; “Fulano es del PP”; “Yo siempre he sido de izquierdas”. “Mengano es nacionalista”.

En nuestra sociedad las ideas han sido suplantadas por las ideologías, dando como resultado una permanente batalla “ideológica”, en la que nadie escucha a nadie para conocer sus ideas, y todos inrentan hacer valer los dogmas de su ideología. Las ideas son individuales, libres, frescas y sujetas a la evolución. Por el contrario, las ideologías son de grupos, vienen impuestas por un catecismo doctrinario, arrastran el olor a rancio de un origen remoto, y no admiten cambios.


Las ideas son el producto de la mente. Pueden ser geniales o descabelladas; posibles o quiméricas; lógicas o absurdas; beneficiosas o dañinas. Pero del contraste de ideas surge el entendimiento, el acuerdo y la cooperación. En cambio, las ideologías funcionan como una escayola mental: no hay posibilidad de entendimiento; si se alcanzan acuerdos es sobre la base de un intercambio interesado; y la cooperación nunca es leal, sino interesada y provisional.

martes, 18 de junio de 2013

En un túnel

El Presidente del Gobierno ha vuelto a echar mano de la metáfora del túnel para referirse a la supuestamente próxima salida de la crisis económica. Según eso, España avanza en la oscuridad de un largo túnel, y una lejana luz parece indicar que nos aproximamos a la salida del mismo. Por otra parte los profesionales del pesimismo advierten que podría ser que esa luz fuera la de un tren que avanza en sentido contrario.

Se me ocurre que la metáfora puede ser utilizada de manera mucho más amplia y tener aplicación para el conjunto de la sociedad, y para gran parte de los individuos que la forman. Son muchos los ciudadanos que caminan en la oscuridad, sin poder ver nada a su alrededor, pendientes únicamente de un leve resplandor que aparece al fondo de su túnel particular.

Los nacionalistas, por ejemplo, restringen su universo a un final de túnel llamado independencia. Para otros el final del túnel se llama República. Unos seis millones se frotan los ojos buscando una luz que signifique un empleo. Otros sueñan con una salida del túnel en la que no exista corrupción política. No faltan los que creen que a la salida bajarán los impuestos, ni los que esperan que al final del oscuro recorrido habrá impuestos más altos para los demás.

Todo el mundo anda obsesionado con lo suyo, sin importarle demasiado lo de los demás. Millones de personas recorriendo a ciegas un camino en busca de su luz particular. Encerrados en un tubo que no les permite ver lo que hay más allá de los muros de hormigón. No saben si sobre ellos hay un bosque o un glaciar; si es de noche o de día, si llueve o está despejado, si hace frío o calor.

Una sociedad en la que la gente camina encerrada en su túnel particular, buscando su salida particular, no es una sociedad, sino un mero amontonamiento de individuos.

viernes, 14 de junio de 2013

De alumnos a profesores, sin salir de la LOGSE

Hace unas semanas supimos que en unas oposiciones para maestros en Madrid, algunos de los opositores –con su título universitario en el bolsillo- habían respondido auténticas burradas a las preguntas del examen.

Ahora los estudiantes que se examinaban de selectividad se han tropezado con unos exámenes con faltas de ortografía en los enunciados de las preguntas, errores en los planteamientos y ecuaciones imposibles.

¿Cómo es posible que esas preguntas hayan pasado todos los filtros sin que ningún profesor se haya dado cuenta de los errores? Probablemente porque ya muchos alumnos LOGSE han llegado a profesores LOGSE. Gente que recibió la enseñanza secundaria y universitaria inspirada en la filosofía de la LOGSE. Una filosofía según la cual lo importante no son los conocimientos sino los diplomas. Un espíritu de igualdad estúpida, en el que tanto vale el profesor como el alumno. Una idea descabellada que prima el derecho de cualquier español para ser ingeniero aeronáutico, sobre la capacidad de cualquier español para diseñar un avión.


Así muchos de esos jóvenes fueron pasando de curso como se ascendía en el ejército de Franco: por antigüedad. Pasaron una selectividad diseñada para no molestar a nadie. Calentaron las sillas de la cafetería de alguna universidad, y obtuvieron el título que les permitía impartir clases. Superaron unas oposiciones en las que competían con otros candidatos tan mal preparados como ellos. Y ahora son los que redactan los exámenes en el tiempo que les queda entre una manifestación contra los recortes y otra en defensa de la enseñanza pública.

lunes, 10 de junio de 2013

Educación y aprendizaje

En un centro de enseñanza, un alumno de segundo de bachillerato afronta el fin de curso con seis asignaturas que no va a poder aprobar. Ante esto, su padre se ha dirigido a la dirección del centro para exigir que cada profesor de asignatura le indique por escrito qué tiene que hacer exactamente su hijo para aprobar.

Si yo fuera uno de esos profesores, redactaría el escrito que pide con dos únicas palabras: “estudiar más”. Pero como no lo soy, me contento con reflexionar sobre las implicaciones de la actitud, no del hijo, sino del padre.

Es probable que la reforma de la Educación que va a implantar el gobierno no sea la mejor de las reformas posibles. Desde mi punto de vista, sobra la consideración de la Religión como asignatura evaluable. Pero por otra parte introduce cambios que inducen a premiar el esfuerzo, el mérito, y la excelencia. Con todo, creo que ninguna ley de Educación podrá conseguir grandes mejoras si antes no se consigue cambiar profundamente la mentalidad y la actitud de muchos padres.

Quizá el primer error sea hablar de “educación” y no de “aprendizaje”. El lenguaje no es neutro, y el término “educación” sugieres que el actor es el profesor –el que educa-, y el alumno el sujeto pasivo que recibe la educación. En cambio, la palabra “aprendizaje” nos llevaría a pensar que el sujeto activo es el alumno –el que aprende.


Si además considerásemos que el profesor sólo es la herramienta para facilitar ese aprendizaje; y que esa herramienta nos cuesta mucho dinero a todos; es posible que muchos padres dejaran de creer que tienen derecho a que el Estado introduzca los conocimientos en sus hijos, de una manera similar al médico que le hace una transfusión a un enfermo tumbado en su cama.

martes, 28 de mayo de 2013

Democracia medieval

“Los barones” autonómicos del Partido Popular se han reunido con Rajoy para establecer los criterios con se van a establecer los límites del déficit de cada CC.AA. La reunión ha resultado ha tenido un importantísimo resultado: se han puesto de acuerdo en que tienen que ponerse de acuerdo. Se ha escenificado así una realidad que subyace en la estructura del Estado, y que se reproduce en la arquitectura de casi todos los partidos políticos: el modelo medieval.

Como en la época feudal, los viejos partidos políticos se configuran en una rígida escala de vasallaje. Entonces una tupida red de nobles rendían vasallaje a otro noble de mayor rango, y todos al rey. A cambio, el rey prestaba su protección a sus nobles, y garantizaba su posición privilegiada en cada feudo.

Se trataba de una relación en la que tanto el rey como los nobles salían beneficiados, a expensas del pueblo llano. Los nobles obedecían al rey, pero éste no podía extralimitarse en sus exigencias, ya que en última instancia dependía del apoyo de las tropas de los nobles para conservar el trono. El sistema estuvo en vigor durante varios siglos, y sólo con la aparición de los estados-nación se pudo salir de una situación que, además de injusta, impedía el desarrollo económico.


Es lo mismo que ocurre hoy en estos partidos antiguos, que se dicen nacionales, pero que en realidad son totalmente medievales. Los “barones” de cada Comunidad Autónoma rinden pleitesía al jefe de su partido, pero dejan de hacerlo si éste pone en peligro su posición en el condado. Hace 1.000 años los nobles ejercían su presión ante el rey con la fuerza de sus ejércitos. Hoy en día lo hacen con la fuerza de sus votos regionales. En la Edad Media los señores pagaban a sus soldados con el dinero de los impuestos del pueblo. Hoy en día los “barones” consiguen sus votos con el dinero de los impuestos del pueblo. Hemos recorrido un largo camino para volver al mismo punto.

jueves, 23 de mayo de 2013

!Condenad, condenados¡


Era una tarde soleada, y yo paseaba por el centro de la ciudad. En una concurrida plaza había una pequeña multitud en torno a una mesa. Detrás una gran pancarta en la que se leía “CONTRA EL MALTRATO INFANTIL”. Entonces se me acercó una joven con una pegatina en la mano, y con la intención de colocarla en mi solapa. Rehusé educadamente, y mirándome con odio, me dijo: “!Así que tú eres uno de esos criminales que maltratan a los niños¡”. La miré con pena, y le respondí: “No. Yo soy uno de esos que deciden por sí mismos cuándo se ponen una pegatina”.

Algo parecido ocurre en el Congreso de los Diputados cada cierto tiempo. De vez en cuando un diputado del PCE, de IU, de la Izquierda Plural –o como se llame en cada momento- presenta una proposición para que el Congreso condene el franquismo. Y una y otra vez, intentan hacer creer a la opinión pública que los que no se ponen la pegatina son franquistas.

¿Son ingenuos o malintencionados? Si no se dan cuenta de que los diputados –como los ciudadanos, en general- están en contra de cientos de cosas, actuales o históricas, sin que por eso se vayan a tener que poner cientos de pegatinas anunciándolo, entonces son unos ingenuos. Si creen que a alguien se le conoce por las pegatinas que lleva puestas y no por su comportamiento y sus opiniones, son unos ingenuos.

Pero si están muy interesados en mantener el foco de atención sobre el pasado, para dotarse de una superioridad moral que no son capaces de ganarse en el presente; si pretenden beneficiarse indefinidamente de las injusticias y los abusos que se cometieron al amparo de régimen franquista; entonces son unos malintencionados.

Y además: si pretenden que todo el mundo se ponga la pegatina que ellos han diseñado, son tan totalitarios como el régimen que quieren condenar,

jueves, 16 de mayo de 2013

La inflación académica


Según un estudio del mercado laboral realizado por AFI, el26,3% de los trabajadores ocupados desempeña un trabajo por debajo de sucualificación académica. El porcentaje de infraempleo es el doble entre los menores de 34 años que en los mayores de 56.

La noticia se presenta como una situación anómala, y gran parte de los jóvenes que desarrollan un trabajo por debajo de su nivel académico experimentan una gran frustración al tener que trabajar como camareros, teniendo en un bolsillo el título de licenciado en Psicología, en Derecho, o en Educación Infantil.

Sin embargo, se trata de algo completamente normal en un país desarrollado en el que la población tiene acceso a la enseñanza universitaria de manera generalizada. Se trata del resultado de la combinación de dos factores:

a) Es positivo que el máximo número de personas tengan buena formación. Esto mejora su capacidad como ciudadanos; les dota de un techo más elevado de expectativas profesionales; y mejora la competitividad general del país.

b) No es viable una sociedad en la que sólo trabajen ingenieros, médicos, abogados y biólogos. Es absolutamente necesaria la participación de camareros, dependientes, repartidores, conductores, limpiadores, etc.

El gran error ha sido dar por supuesto que la mera obtención de un título académico tenía que garantizar el desempeño de un trabajo acorde con esa cualificación. Es lo mismo que creer que la obtención del carnet de conducir nos va a garantizar disponer de coche propio.

Paralelamente, el sistema académico ha contribuido a esa inflación de títulos. El sistema está orientado al igualitarismo, dando toda clase de facilidades para pasar de curso en la enseñanza secundaria, y rebajando los niveles de exigencia en todos los tramos de la enseñanza. El resultado es exactamente el mismo que se produce cuando un banco central emite más dinero: la moneda se devalúa y la inflación vuelve a equilibrar el poder adquisitivo al estado rea de la economía.

Probablemente, este es el elemento que explica que en España se hayan producido durante la última década dos fenómenos simultáneos: la existencia de un desempleo estructural del doble de la media de la UE; y la entrada de cinco millones de inmigrantes. Ha habido una gran bolsa de jóvenes titulados en paro, que a la espera de una oportunidad para trabajar en “lo suyo” han descartado desempeñar unos trabajos que han tenido que ser ocupados por inmigrantes. Sólo ahora, ante lo apremiante de la situación, se van decidiendo a trabajar de lo que sea. Esta hipótesis la confirma el estudio, al señalar que existe una correlación negativa entre el porcentaje de sobrecualificados de cada Comunidad Autónoma y la tasa de paro.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Mantenella y no enmendalla


Había un comisario europeo de empleo al que nadie conocía en España. Sin embargo, su nombre -Laszio Andor- saltó ayer a la fama tras hacer unas declaraciones en las que recomendaba la implantación en España de un único tipo de contrato laboral.

Ha sido muy llamativa la reacción casi unánime de los partidos políticos, los sindicatos, y la patronal, que han saltado como un sólo hombre para oponerse a la iniciativa. Sólo UPyD, que ya llevaba en su programa electoral la propuesta de crear uncontrato único -con indemnización progresiva en caso de despido- ha considerado que la recomendación del señor Andor debería ser tenida en cuenta.

Es muy probable que ese tipo de contrato no fuera la panacea que permitiera terminar de un plumazo con el desempleo de seis millones de personas. Incluso es posible que la propuesta pudiera ser mejorada y complementada. Pero lo que no tiene sentido es que precisamente los partidos, los sindicatos, y la patronal que han configurado este estado de cosas en el que España se sitúa a la cabeza del paro se nieguen en redondo a revisar el sistema. No parece muy inteligente empeñarse en mantener un sistema que ha demostrado que no funciona.

Tampoco parece muy razonable que todos los debates en torno a las modalidades de contrato de trabajo pongan el foco en las condiciones de un posible despido, en vez de centrarse en la mejor manera de que la gente empiece a trabajar. Es casi tan anormal como si una pareja que va a contraer matrimonio mostrase más interés en acordar los términos de un hipotético futuro divorcio, que en encontrar vivienda, elegir el mobiliario, encargar el banquete y organizar el viaje de bodas.

Es ya muy larga la lista de iniciativas de Unión Progreso y Democracia que fueron rechazadas y despreciadas por los demás partidos, para terminar siendo defendidas como propias dos años después por los mismos partidos. A la vista de la energía con la que todos han rechazado esta idea, parece muy probable que dentro de uno o dos años la fuerza de la realidad obligue a adoptarla. Lo que me pregunto es cuántos puestos de trabajo más se habrán perdido para entonces.

lunes, 13 de mayo de 2013

Niño: eso no se dice

Cuando yo tenía pocos años, y aún no había aprendido a mentir, recuerdo que decía las cosas con la limpia espontaneidad de todos los niños. Con frecuencia, mi madre me reprendía con una frase tan incomprensible como inapelable para mí: “niño: eso no se dice”. Yo no entendía por qué no podía decir que la tía Matilde estaba gorda, que el señor Paco olía a vino, o que el Cristo del dormitorio de mis padres me daba miedo. Pero como en aquella época los niños solíamos ser obedientes, dejaba de decir esas cosas, aunque, naturalmente, seguía pensado exactamente lo mismo. Así fue como aprendí a autocensurarme.

Es curioso observar como décadas más tarde esa fórmula del “niño, eso no se dice” se haya extendido al mundo de los adultos. Ha cambiado el formato, eso sí, y ahora se llama “eso no es políticamente correcto”. Pero es el mismo mecanismo, sólo que en vez de actuar sobre niños en pleno proceso de socialización, ahora funciona para modelar el pensamiento de unos adultos que ya deberían haber desarrollado su capacidad de pensar y hablar por sí mismos.

Por lo demás, el efecto es idéntico. Bajo el imperativo de ser políticamente correctos mucha gente evita decir públicamente una buena parte de las cosas que piensan. Alguien –no se sabe muy bien quién- se ha erigido en madre educadora de toda la sociedad, y ha decidido qué idas son aceptables y qué opiniones son rechazables.

Lo más sorprendente es que tantos millones de adultos hayan aceptado sumisamente ese código de autocensura, que les obliga a callar lo que piensan; a decir lo que no sienten; y a sentirse culpables por tener las ideas que tienen. No sorprende, en cambio, que muchos políticos traten como a niños a unos adultos que se dejan dirigir tan fácilmente en sus manera de pensar y de expresarse.

miércoles, 8 de mayo de 2013

LAPAO, LAPAPYP, LAPRA y LEPAPA


Las Cortes de Aragón aprueban mañana un invento al que llaman Ley de Lenguas de Aragón. En esta región no existe ningún problema lingüístico; el 98% de los aragoneses tienen como lengua materna el español, y el 2% lo hablan con toda soltura, sin que ello les impida entenderse con sus convecinos en alguna versión pirenaica o en una variante del catalán.

Pero, una vez más, los políticos han encontrado la manera de crear problemas donde no los había, y se han empeñado en meter sus zarpas en algo tan personal y tan emocional como es el idioma en el que las gentes se entienden. Enfrascados en su pelea de colegiales, han sacado el asunto de lo sustancial y han dedicado todo su esfuerzo a lo superficial: la denominación de las lenguas minoritarias.

No les importa que los dueños de las lenguas –los que la hablan- se refieran a ellas como ansotano, cheso, panticuto o catalán. Afanosos por entrometerse en los aspectos más íntimos de la vida de la gente, han decidido cambiar sus nombres, y a partir de ahora ese 2% de aragoneses que –además del español- utilizan otras lenguas hablarán, por ley, lapao o lapapyp.

Según esta ley, LAPAO es la “lengua aragonesa propia del área oriental”, y la LAPAPYP es “lengua aragonesa propia de las áreas pirenaica y prepirenaica”. Sorprende que se les haya pasado por alto legislar sobre la LAPRA (lengua aragonesa propia del resto de Aragón). Sobre todo porque esta lapra, -conocida en todo el mundo como “español”- es el idioma que emplean el 98% de los aragoneses, y el que les permite entenderse con 500 millones de personas de todo el mundo.

¿Por qué se habrán olvidado de la LAPRA, siendo con diferencia la lengua más propia de Aragón? Pues por la misma razón por la que estos partidos rancios se ocupan de unas cosas y se olvidan de otras: porque la LAPRA, el español, se escapa a su control directo. Porque no pueden crear una Academia del Español; porque no pueden regular los topónimos; porque no pueden utilizarlo como coartada para crear nuevos organismos y nombrar más cargos públicos.

No sé si los aragoneses aceptarán hablar en LAPAO, en LAPAPYP, o en LAPRA. pero parece evidente que estos políticos hablan exclusivamente en LEPAPA: “lengua exclusiva de políticos ajenos a los problemas de los aragoneses”.

jueves, 2 de mayo de 2013

Hacia el futuro o hacia el pasado


Encuesta tras encuesta, todos los pronósticos van consolidando un derrumbamiento de las expectativas electorales del PP y del PSOE. En correspondencia con ese declive se confirma la tendencia de crecimiento de otras dos formaciones: UPyD e IU.

Aparte del inevitable desgaste por tener que administrar una de las situaciones más delicadas que ha enfrentado España desde la II República, el PP está pagando el precio de no haber sabido instalarse en el panorama político como un partido moderno, tan legítimo y democrático como cualquier otro. Su incapacidad para librarse del estigma de herederos del franquismo ha sido clamorosa, aunque hay que reconocer que si algo ha unido a todas las corrienes de izquierda durante las últimas décadas ha sido la batalla para evitar que la derecha española fuera aceptada en la sociedad con la misma naturalidad que lo es la derecha alemana o la francesa.

Me llama la atención la dispar naturaleza de los dos partidos que están erigiéndose en los nuevos depositarios de la representación de los ciudadanos. Por una parte UPyD, un partido nacido en 2007, indiferente a la vieja clasificación de izquierdas/derechas, que no tiene ataduras ni hipotecas con el pasado ni con ningún poder fáctico, cuyos representantes dicen lo que piensan, guste o no guste; y que además tiene el mismo discurso en toda España. Es, probablemente, el soplo de aire más fresco que ha entrado en el ambiente político desde 1975.

Por otro lado IU. Una coalición en la que unos pequeños grupos ecologistas y de izquierda se amalgaman en torno al núcleo del Partido Comunista, para darle un barniz de honorabilidad. Es la antitesis de la modernidad. El rancio lenguaje de la lucha de clases, el anticapitalismo, el espejismo de paraísos como el de Cuba, Venezuela, o Corea del Norte. La contradicción de un alma totalitaria que dice creer en la democracia.

España está a punto de romperse, no sólo territorialmente, sino también ideológicamente. Las viejas dos Españas. Una que se renueva mirando al futuro. Otra que se encoge refugiándose en el pasado. El crudo realiamo de lo posible, y el plácido sueño de la utopía.

viernes, 26 de abril de 2013

La dieta sana

Todos los especialistas en nutrición coinciden en que para mantener en buen estado todos los órganos del cuerpo es necesario que la dieta alimenticia sea lo más variada posible. La mejor manera de asegurar una ingesta equilibrada de proteínas, hidratos de carbono, grasas, vitaminas y minerales es comer de todo. Diversificar el menú diario es la única manera de estar seguros de que facilitamos a nuestro cuerpo todo lo que éste necesita.

Si esto es así para el cuerpo, también es válido para la mente. Hablar con distintas personas, de diferentes opiniones; ver diversos tipos de programa en televisión; escuchar varias emisoras de radio, y leer más de un periódico es la única forma de asegurar el equilibrio cognitivo para la mente.

Las opiniones –y a menudo las informaciones- son subjetivas. Cada fuente colorea las noticias a su gusto. Unos callan unas cosas y enfatizan otras. Unos medios exageran algunas noticias y suavizan otras. Y algunos abusan sin rubor de las más peligrosas de las mentiras, que son las medias verdades.

Por desgracia, mientras en todas partes se nos recuerda la importancia de una dieta alimenticia variada, nadie nos recuerda que es esencial mantener una dieta informativa variada. La mayor parte de la gente tiende a informarse a través de los medios que les dicen lo que ellos quieren oír, y no quieren saber nada de lo que cuentan los medios que dicen cosas que no les gustan. Los fieles de La Razón, y los forofos de El Periódico; los adeptos a la COPE, y los dependientes de la SER; los adictos a la Sexa, y los incondicionales de Intereconomía. Cada uno elige el medio por el que quiere ser manipulado.

El resultado final es una población con raquitismo informativo. Una multitud de ciudadanos que terminan creyendo que el mundo es blanco o negro. Una sociedad que sólo se entera de lo que quiere saber, y que se niega a escuchar al que piensa de otra manera

martes, 16 de abril de 2013

El mito de la república

Se acaban de cumplir 82 años de la proclamación de la II República, tras conocerse los resultados parciales de unas elecciones municipales. El debate monarquía o república está plenamente vigente, ya las noticias relativas a miembros de la familia real que vamos conociendo no hacen sino crispar la cuestión. Como ocurre con todo, tanto una monarquía como una república tienen ventajas e inconvenientes. En mi opinión, el componente hereditario de la monarquía chirría mucho en un ámbito geográfico en el que se han consolidado los principios políticos emanados de la Revolución Francesa. A favor, la monarquía presenta la ventaja de la estabilidad, lo que facilita la función simbólico-representativa, y quizá que el heredero recibe una formación adecuada para el cargo que tendrá que desempeñar. Por lo demás, que el sistema de gobierno sea una monarquía o una república no supone ninguna garantía de nada. Varios de los países más democráticos, civilizados y desarrollados del mundo son monarquías, como es el caso de Gran Bretaña, Holanda, Suecia, Noruega o Japón. Y son repúblicas otros países igualmente democráticos, civilizados y desarrollados, como EE.UU. Francia o Alemania. En el otro extremo, Marruecos, Arabia Saudí o Abu Dabi son monarquías, y Corea del Norte, Somalia y Nicaragua son repúblicas. Ninguno de estos países destaca por sus virtudes democráticas, por el respeto a los derechos humanos o por el nivel de desarrollo. Con todo, lo que más me llama la atención es que en España, cuando la gente pide la implantación de la III República, no suele estar penando en EE.UU, en Francia o en Alemania, sino que lo que visualiza es la reencarnación de la II República, aquella que tantas ilusiones despertó, que tantas decepciones produjo, y que terminó ahogada en un baño de sangre. Es el mito de la II República: de izquierdas, proletaria, y anticlerical. Esas características tuvieron mucho peso en su colapso final, porque en ese diseño no tenía cabida la mitad de los españoles. Una república en la que todo el mundo sería honrado, no habría injusticias, ni corrupción, ni pobreza, ni cárceles. Un mito, porque con monarquía o con república, los españoles somos como somos. Es posible que España se transforme algún día en una república, pero tendría que ser otra república, que en nada se pareciera a la de 1931. Una república democrática, en la que fuera tan legítimo y decente ser de derechas como de izquierdas; católico, musulmán o ateo; hombre o mujer; trabajador o empresario; rico o pobre. Los que sueñan con resucitar la II República o no saben de lo que hablan, o no son demócratas, o no viven en el siglo XXI.

martes, 9 de abril de 2013

El "escrache" o acoso bueno

Según la Real Academia, “acosar” es perseguir, apremiar, importunar a alguien con molestias o requerimientos. Algo tan amplio podría incluir las constantes llamadas de las compañías telefónicas para ofrecer sus servicios, o la pertinaz insistencia de un senegalés que nos quiere vender un reloj. Pero esta sociedad se ha tomado muy en serio los acosos, y se han formado movimientos ciudadanos y asociaciones para luchar contra ellos, y se han promulgado leyes específicas para prevenirlos y castigarlos. En la prensa aparecen constantemente noticias relacionadas con el acoso laboral, el acoso escolar, y el acoso sexual. Están tan mal vistos que a veces nos pasamos de rosca, y encargados, profesores o varones son acusados de acoso por levantar la voz a un trabajador, suspender a un alumno, o proponer una cita a una mujer. Pero de repente la progresía nacional ha decidido que existe un acoso bueno, admisible, e incluso recomendable. Como la palabra “acoso” está proscrita, lo llaman “escrache”, que suena mucho más fino, y consiste en perseguir, apremiar, importunar, molestar, requerir, insultar o amenazar a políticos, con la única condición de que no sean de izquierdas. Es cierto que los partidos políticos tradicionales se han olvidado de su función original, y se han convertido en máquinas de captar votos y de repartir cargos y prebendas. Es cierto que se han ganado a pulso el descrédito de los ciudadanos, a base de decir una cosa y la contraria, de emitir discursos vacíos, y de tolerar en su seno altas dosis de corrupción. Sin embargo, pese a todo, esos políticos han sido elegidos democráticamente. Millones de ciudadanos han decidido libremente que les representen, y hasta las próximas elecciones ostentan legítimamente esa representación. En cambio, por mucho ruido que hagan, los que practican el escrache, los que corean consignas en las manifestaciones, los que ocupan edificios y espacios públicos se representan únicamente a sí mismos. Es posible que sus reclamaciones estén justificadas; es legítimo que expresen su malestar. Pero de ninguna manera debemos permitir que suplanten la soberanía nacional, y que pisoteen la democracia. Durante siglos España ha tenido que sufrir la injerencia de individuos que se han apropiado del poder “en nombre del pueblo”. Tradicionalmente vestían uniforma, y el último intento se produjo el 23 de febrero de 1981. Los que ahora tratan de imponer su voluntad a la que han expresado los ciudadanos en las urnas no van armados ni uniformados. Pero esa es la única diferencia: las intenciones son las mismas.

jueves, 21 de marzo de 2013

La caída de los Reyes Magos

Durante los 40 años de franquismo esta sociedad creció en un ambiente paternalista. El Estado sabía lo que nos convenía, y nos decía lo que podíamos y no podíamos hacer. Podíamos ir a misa, rezar todas las noches, comprar Seat 600, ir a los toros y al fútbol, y gritar “viva Franco”. No podíamos leer libros comunistas ni revistas eróticas, criticar al gobierno, hacer huelgas, ni besarnos en la calle. Cuando a esa sociedad infantilizada y dependiente se le murió el padre, no estaba preparada para asumir el control de su destino como adultos, y se refugió en los brazos protectores de su nueva madre: la democracia. Pero la democracia era menor de edad, y sus funciones fueron acaparadas en exclusiva por los partidos políticos. El ambiente siguió siendo igual de paternalista, con la diferencia de que cada cuatro años podíamos cambiar de padre. Desde entonces todos los padres se han distinguido por su tendencia a satisfacer los caprichos del niño para que les volviera a votar. Y la sociedad ha mantenido su estado infantil y dependiente durante 35 años. Felices y confiados, han podido hacer casi cualquier cosa que les apeteciera. Sin límites, sin prohibiciones. Todo el mundo tenía derecho a ser feliz, y ahí estaba papá Estado para encargarse de que así fuera. Hasta que ha estallado la burbuja. No la inmobiliaria, sino esa pompa de jabón en la que los padres gastaban lo que no tenían para conseguir el aplauso de unos niños que no querían saber quién paga los regalos de los Reyes Magos. Ahora se han terminado los juguetes caros, la ropa de marca, y la merienda en McDonald’s. Muchos niños se han quedado sin postre, y cada vez son más los que van descalzos. La gratitud hacia papá se ha transformado en odio, sobre todo porque ven que papá sigue conduciendo su Audi y comiendo en restaurantes de lujo. Quizá lo mejor de esta crisis sea que puede favorecer el despertar de una infancia ingenua a la cruda realidad del mundo adulto. Quizá consigamos de una vez para siempre dejar de ser súbditos para convertirnos en ciudadanos.

viernes, 15 de marzo de 2013

Ignorantes y majaderos

Hoy hemos sabido que sólo el 31% de los opositores a maestros en Madrid ha sabido señalar el límite de las CC.AA., alguno dijo que la gallina es un mamífero, y otros que el Duero pasaba por Madrid. Se trataba de la prueba de conocimientos, que consta de preguntas del nivel de los alumnos de 12 años –aquellos a los que tendrán que enseñar los aspirantes a maestros. Sólo el 14% de los opositores han aprobado la prueba. Es decir: el 86% ha suspendido. Eso son ignorantes: individuos que no tienen noticia de algo. Pero una gran parte de esos opositores han pasado la prueba y serán maestros titulares, porque el peso de el examen de conocimiento puede quedar compensado con el valor que se le da a la “experiencia”. Es decir, muchos de ellos, pese a haber suspendido la oposición en varias ocasiones, vienen dando clases de sustitución de otros maestros desde hace años. Y esto ocurre porque a alguien se le ocurrió que tenían más importancia las horas de clase impartidas que los conocimientos acreditados. Porque a alguien se le ocurrió que los escolares podían pasar de curso con cuatro asignaturas suspendidas; que para mejorar los resultados de los exámenes lo mejor era reducir la exigencia; que lo importante no era aprender cosas, sino tener un título de algo. Eso son majaderos

martes, 26 de febrero de 2013

Distraer a los perros

Desde hace un par de semanas se ha desatado entre los altos cargos políticos una carrera para hacer públicas sus declaraciones del IRPF, intentando demostrar que están limpios de corrupción. Ya es chusco que en una sociedad en la que no está mal visto engañar a la compañía de seguros o simular una dolencia para obtener la baja laboral, la gente se escandalice porque los bancos no informan bien a sus clientes, o porque algunos altos cargos reciben sobresueldos. Pero lo que roza el esperpento es el intento de aparentar integridad y transparencia mediante la publicación de las declaraciones de la renta. ¿Desde cuándo se reflejan en esa declaración los ingresos ocultos? Los ciudadanos tenemos derecho a saber cuánto dinero público reciben los altos cargos. Pero lo que realmente quisiéramos saber es si reciben o no otros beneficios ilegítimos, aprovechándose de su situación de poder, y sin declararlos en ninguna parte. La publicación de las declaraciones del IRPF no tiene ningún sentido ni demuestra la honradez de nadie. Está tan fuera de lugar como si un hombre del que su mujer sospecha que le engaña con otra, le enseñara la ropa interior diciendo: “¿Ves? Mi ropa interior está limpia. Eso demuestra que no me he acostado con otra”. Los ciudadanos estamos obligados a declarar los ingresos a Hacienda. Y Hacienda debe vigilar que esas declaraciones sean correctas, y en caso contrario proceder a la sanción oportuna. Así debe ser para todos, y no hay ninguna razón para que los políticos tengan que hacer públicas las suyas. ¿Por qué no los jueces? ¿o los policías? ¿o los médicos? ¿o los empresarios? A mí esta fiebre de publicar las declaraciones de la renta me suena como el que entra a robar a una finca, y les echa unos despojos de carne a los perros guardianes para que se entretengan y no le molesten en su objetivo.