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jueves, 5 de julio de 2012

¿Para qué sirve UPyD?

El juez Fernando Andreu ha decidido admitir a trámite la querella interpuesta por UPyD, y tendrán que declarar como imputados Rodrigo Rato y los demás exconsejeros y exdirectivos de Bankia. Los delitos de los que se les acusa son estafa, apropiación indebida, falsificación de cuentas, administración fraudulenta y maquinación para alterar el precio de las cosas.

La economía española está agonizando, a causa de la mala gestión de unos, la avaricia de otros, y la irresponsabilidad de casi todos. El hundimiento de Bankia ha dañado gravemente la estructura financiera del país, y ha contribuido de manera importante a la desconfianza internacional. Además ha dado lugar a que miles de personas perdieran sus ahorros, y ha hecho subir dos puntos el enfado social ante las multimillonarias retribuciones de los gestores que tan mal han gestionado.

Y en ese panorama la partitocracia se ha mostrado completamente insensible. Ni el gobierno, ni el mayor partido de la oposición; ni los defensores oficiales de los pobres; como IU, BNG; ERC, CHA, etc.; ni los tahúres de dos barajas de CiU y el PNV; ni los come-ricos de UGT y CC.OO.; han movido un sólo dedo para intentar aclarar lo qué ha pasado en Bankia y en las cajas de ahorro que la formaron.

Sólo gracias a la existencia de un partido joven, sin hipotecas, sin ataduras, que llama a las cosas por su nombre, y que tiene ideas en vez de un catecismo ideológico, se ha podido dar el primer paso para aclarar lo sucedido. Todos los demás partidos se han negado a que los directivos de Bankia dieran explicaciones en el Congreso. Ningún partido y ningún sindicato han tomado la iniciativa de presentarse ante un juez. Ejemplo lamentable de la gran hipocresía nacional: todo el mundo critica a todo el mundo, pero nadie toma medidas porque todos están chupando de la vaca.

Ahora la justicia tendrá que investigar, y en su momento dictar sentencia, que puede ser absolutoria o condenatoria. Pero sea cual sea el resultado, ahora los ciudadanos saben con mayor claridad para qué sirve un partido como UPyD. Sin duda, el único que, si los ciudadanos quieren, –y con mucha dificultad- podría llegar a limpiar este establo político-financiero llamado España. Los que están instalados en el sistema perverso no lo van a hacer porque el sistema perverso son ellos. Ahora se entiende por qué les molesta tanto UPyD, y no sólo porque sea el único partido que no ha aceptado venderse a cambio de un cargo institucional.

martes, 26 de junio de 2012

El virus de la insidia

De todos es conocido el aforismo que dice “calumnia, que algo queda”. Los efectos del rumor, de la calumnia insidiosa son siempre muy superiores al esfuerzo que cuesta lanzarlos. Adquieren su propia inercia, y pueden crecer y crecer hasta hacer aparecer como verdadero lo que nunca ha existido.


Veamos uno de los métodos de propagación del virus:

V le dice a A en un lugar discreto: “Voy a contarte algo porque mereces toda mi confianza. Pero no se lo digas a nadie. X es un borracho, aunque lo disimula muy bien”.

Después, V –de nuevo en plan confidencial- le transmite a B el mismo virus: “X es un borracho”.

“No me digas, nunca le he visto bebido”, responde B.

“Claro, lo disimula perfectamente. Pregúntale a A y verás”.

Y va repitiendo el mensaje a C, a D, etc. Ninguno tiene motivos para desconfiar de V; y todos ellos se sienten halagados por la confianza que V ha depositado en ellos.

Pero A, B, C, y los demás se relacionan también entre sí. Un día C le comenta a B: “creo que X tiene problemas con el alcohol”, a lo que B responde: “sí, eso tengo entendido”, demostrando así a C que está bien informado. Escenas parecidas se van repitiendo, y al final todos están absolutamente seguros de que X es un bebedor incorregible, aunque ninguno de ellos le haya visto tomar una gota de alcohol.

Existen numerosos expertos en el lanzamiento de insidias. A menudo se trata de personas mediocres, carentes de escrúpulos y que desconocen el significado del la palabra “ética”, y que utilizan esa táctica para medrar en el mundo laboral, social, o político. Otras veces son individuos con patologías mentales, que buscan desesperadamente el protagonismo para sentirse importantes. En ocasiones, se combinan ambas cosas.

En cualquier caso, el daño que pueden hacer es muy grande. Si bien es cierto que la verdad suele terminar imponiéndose antes o después, no es menos cierto que ese camino puede ser largo, y destruir en el proceso a una empresa o una organización. Y en el mejor de los casos, siempre habrá alguien que siga observando a X, intentando descubrir en él un ligero temblor de manos.

miércoles, 20 de junio de 2012

El catalanés

Contra lo que pudiera pensarse, “el aragonés oriental” no es el propietario del bazar chino de la esquina. Se trata de la última ocurrencia del gobierno de Aragón, destilada sin duda por las profundas mentes políticas del PAR. Consiste en eliminar de la nueva ley de lenguas el término “catalán” para referirse al idioma que hablan muchos aragoneses de Nonaspe, Maella, y demás localidades de la zona. Como cualquier nacionalista de pro, se trata de aplicar la máxima de “al enemigo, ni agua”, considerando enemigo a todo aquél que no es de su aldea. Cuando entre en vigor la ley, todas esas personas ya no hablarán oficialmente catalán, sino “aragonés oriental”, que es mucho más patriótico.

El proceso de atontamiento generalizado de la sociedad española le debe mucho al empleo profuso de los eufemismos. A base de dejar de llamar a las cosas por su nombre, terminamos sin saber qué significa cada cosa, lo que asegura la confusión más absoluta. Y de la dificultad en el hablar a la dificultad en el pensar sólo hay un paso. Algo muy bueno para nuestros políticos, ya que cuando es difícil pensar, es más fácil votar al más tonto, al más inepto, o al más corrupto.

Lo de “aragonés oriental” es como si en Méjico decidieran llamar a su idioma “mexicano europeo”; o en Argentina llamaran al suyo “argentino boreal”. Ya puestos a hacer ingeniería lingüística, podrían haber buscado una única palabra, en vez de dos. Seguro que en Valderrobres estarían orgullosos de hablar “catalanés” o “aragolán”. El ridículo sería el mismo, pero tendría algo más de originalidad.

viernes, 15 de junio de 2012

Tocar fondo antes de remontar

La situación económica de España es crítica. Todos lo sabemos. El entramado institucional, la partitocracia hinchada, las subvenciones generalizadas, y los servicios de primera son imposibles de mantener, al menos, no todos al mismo tiempo. Algunos lo sabemos. Otros no quieren ni oír hablar de ello. La situación política y económica de la UE es cada semana más precaria. Todos lo sabemos. Europa camina torpemente, como una minusválida con una pierna de atleta y la otra atrofiada. Con la pierna sana ha creado un bosque administrativo-institucional. Parlamento, Comisión, Consejo, directivas, supervisiones, normativa, y moneda común. La otra pierna apenas se mueve: cada país sigue siendo un coto cerrado de soberanía, en el que todos se miran de reojo, tratando de superar al vecino, incapaces de fijar una fiscalidad común ni una política exterior común. El gran sueño de Schuman, Adenauer, Monnet y Di Gasperi languidece, pilotado por unos dirigentes de mirada corta que sólo sueñan con las urnas del año siguiente. España cae cada día un poco más, y con ella Europa se derrite un poco más. Nos debatimos para no caer como un borracho en una pista de hielo. Llevamos tres años de “situación crítica”. Tanto, que ya nos hemos acostumbrado, que casi pensamos que la crisis es un estado y no un proceso. Faltos de un liderazgo europeo sólido, todo apunta a que continuará la deriva hacia ninguna parte. Todo indica que tendremos que llegar a tocar un fondo tenebroso –en el que no queremos ni pensar- para, quizá, después volver a enderezarnos. Más pobres, más torpes, menos orgullosos, menos ambiciosos. Como en tantas ocasiones, será una terrible realidad la que nos despertará de un espejismo que nos resistimos a abandonar. Aceptaremos entonces -¡qué remedio!- que Europa ha dejado de ser la quintaesencia mundial, y buscaremos humildemente un hueco junto a China y EE.UU.

viernes, 8 de junio de 2012

Menos gestos, y más hechos

Hoy, en las redes sociales está haciendo furor una iniciativa que consiste en escribir al revés, poner fotos del revés, o hacer cualquier cosa al revés. Todo, supuestamente “para ayudar a los demás, dándole la vuelta a las cosas”. Me vienen a la mente docenas de ideas similares: lazos de diversos colores, pegatinas, camisetas; mil maneras de expresar que uno está contra algo o a favor de algo. Gestos. Pero me sigo preguntando en qué favorecen esos gestos a los pobres de Somalia, a los enfermos de SIDA, a los niños con cáncer, a las mujeres maltratadas, o a los refugiados del Sahara. Me lo pregunto, pero una y otra vez me respondo que absolutamente de nada. Con lazos, pegatinas o fotos del revés no les llega ni un paquete de arroz a los somalíes no se compra ni un tratamiento contra el SIDA, no se salva una sola mujer asesinada por su pareja, y no llega un sólo litro de agua al desierto. Pero estas campañas son ingenuas pero no inútiles. Sirven para que cientos de miles de personas se queden más tranquilas penando que han hecho algo útil para otros. Sirven para que una vez colocado el lazo o la pegatina, uno se pueda ir a tomar unas cañas con los amigos, sin sentir remordimiento por los que no pueden ni beber agua. Sirven para demostrar a los demás que uno es solidario, bueno, justo, y benéfico, y poder a continuación despellejar a la compañera de trabajo, o mirar con desprecio al negro que vende pulseras. Y de paso también sirve para ayudar a los que lo organizan, a los que venden las chapas, los lazos o las camisetas; a los que venden libros, discos, o folletos sobre el asunto; a los que obtienen una popularidad mediática gracias a estas campañas tan infantiles como inútiles para los que se supone que van a beneficiar. Más valdría hacer menos gestos y más hechos. Hay mil formas de contribuir de verdad a aliviar las tragedias ajenas. Claro que eso suele hacerse de manera anónima, sin que nadie tenga por qué enterarse. Y, al parecer, lo que importa es que se sepa.

jueves, 7 de junio de 2012

Jibarizar el Estado

Jibarizar el Estado De nuevo Esperanza Aguirre ha dado la campanada con una propuesta rompedora. Para ahorrar unos mil millones, ha anunciado reducción de salarios a funcionarios, aumento de tasas judiciales, peajes en carreteras, menos dinero para guarderías, y –esto es inaudito- ¡reducción a la mitad del número de diputados de la Asamblea de Madrid! Ya veremos si la cosa prospera. Ya veremos si la idea se extiende a las demás CC.AA. Pero es el primer asomo de tijeretazo a esa estructura política elefantiásica de un Estado que lastra a una sociedad muy debilitada. Aparte de las reducciones de sueldos de los políticos –que ya se han producido- en casi todas las administraciones, esta iniciativa supone el primer mordisco a la cabeza del pulpo que nos atenaza a todos. Sin duda, la reducción de diputados no tendría un efecto significativo en las cuentas públicas. Es evidente que el dinero se escapa en grandes cantidades por otras infinitas grietas, desde la proliferación de organismos públicos, el excesivo número de funcionarios y la baja productividad de buena parte de ellos, la construcción de infraestructuras innecesarias, las subvenciones generalizadas a todo bicho viviente, el fraude fiscal socialmente tolerado, y el abuso de lo público en beneficio del particular. Pero el efecto simbólico de esa medida es de la mayor importancia. Supone plantearse que igual el Estado no necesita tantas cabezas pensantes y legislantes. Que se puede adelgazar la nube de políticos que viven del erario público, y que además se han especializado en crear problemas donde no los había. España se ha convertido en un monstruo con una cabeza gigantesca, unas extremidades poco musculosas, y poca sangre corriendo por sus venas. Como ocurría en el Ejército del franquismo, sobran generales y sobran soldaditos enchufados. Hay que reducir esa cabeza en vivo, y no esperar a tener un cadáver para aplicar las técnicas de los jíbaros.

martes, 5 de junio de 2012

Ponerse las pilas

El presidente de Mercadona, Juan Roig, ha vuelto a hacer sonar la campana con unas declaraciones cuyo sonido destaca en el apagado murmullo de este bosque en el que millones de animalillos huelen el incendio, sin atreverse a levantar la cabeza para no ver las llamas. Al decir que “España será intervenida si los españoles no se ponen las pilas”, el empresario ha polarizado la opinión pública. Muchos se han escandalizado porque varios millones de españoles no pueden ponerse a trabajar aunque quieren hacerlo, y porque otros millones cumplen cada día responsablemente con sus obligaciones. Pero un número no menor de ciudadanos está de acuerdo con Roig, porque también hay varios millones de españoles que obedecen escrupulosamente a la vieja ley del mínimo esfuerzo, que aprovechan todos los resquicios para escaquearse del trabajo, para arañar unos eurillos de donde sea, y para amorrarse a la teta del Estado del Bienestar. Eso sí: enarbolando grandes banderas reivindicativas de sus derechos, y echando pestes contra todo aquél que tiene más que ellos, sin diferenciar entre los que lo han conseguido por su esfuerzo, su inteligencia, y su tesón; y aquellos otros que lo han logrado a costa de aprovecharse ilícitamente de los demás. No se puede generalizar. No es cierto que todos los españoles sean unos vagos oportunistas, tramposos y caraduras. Pero tampoco es cierto lo contrario. Hay de todo. Pero los millones de ciudadanos honrados, cumplidores, trabajadores. esforzados e íntegros no pueden contentarse con serlo. Además tienen que ser agentes activos para desmontar el cáncer que suponen los otros españoles. No basta con clamar contra la corrupción política, contra la mala gestión financiera, o contra la sumisión de los medios de comunicación. En estos momentos críticos para todos, esos españoles que se consideran limpios –y que lo son- tienen la obligación de denunciar a los otros españoles, a los Rinconetes y los Cortadillos que pululan en su entorno. En su familia, en su edificio, en su taller, en su oficina, en el colegio de sus hijos, en su parroquia. Es imprescindible la colaboración ciudadana en ese terreno. Hay que mirar a los ojos a esos sinvergüenzas conocidos y mostrarles el rechazo y el desprecio que merecen, en lugar de sonreírles educadamente, y comentar a sus espaldas sus fechorías. Aunque se suele creer lo contrario, hacen más daño veinte millones de personas robando a pequeña escala, que diez mil políticos o financieros despilfarrando o estafando.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Despersonalizando el personalismo

Una de las acusaciones que emplean los detractores de UPyD es la de ser un partido “personalista”. Como suele ocurrir con todos los tópicos, no se fundamenta en datos objetivos, y les basta con hacer vagas alusiones a la destacada personalidad de su líder, Rosa Díez.

Hace pocos días ha presentado la dimisión la que ha sido durante dos años Coordinadora del Consejo Territorial de Aragón, Cristina Andreu. Tal como ella ha manifestado, no existen discrepancias ideológicas con el partido, y afirma que continuará defendiendo los mismos principios como simple ciudadana. Tras esa dimisión, el Consejo de Dirección ha nombrado a Carlos Aparicio para dirigir la Comisión Gestora que regirá el partido en Aragón hasta que los afiliados elijan a un nuevo Consejo Territorial en los próximos meses. Todo ello supone una refutación de ese sambenito de “personalismo”, que tanto jalean los partidos mayoritarios y los nacionalistas. Por una parte porque Cristina Andreu, que ha desarrollado una importante labor política durante su mandato, ha sido coherente con lo que predica UPyD, y cuando no se ha sentido cómoda en el partido ha decidido apartarse. Podría haber tratado de capitalizar que ha llegado a ser una persona conocida en Aragón con una maniobra “personalista”, pero ha hecho lo razonable: dejar que el partido continúe su evolución natural, que viene siendo de lento, pero continuo crecimiento desde su fundación. La segunda prueba de que UPyD tiene menos de personalista de lo que dicen sus adversarios es que el Consejo de Dirección no ha designado al frente de la Gestora a uno de los fundadores de la formación, ni a una “personalidad” de las más destacadas del partido. Ha optado por un hombre riguroso y equilibrado, que ha venido desempeñando con eficacia y discreción la función de Responsable de Comunicación y Prensa, y que ha demostrado no tener el menor interés en destacar “personalmente”. Lo más alejado que pueda pensarse del dichoso “personalismo”. Y en tercer lugar la inmensa mayoría de afiliados y simpatizantes de Aragón, que continúan adelante trabajando para dar a conocer a los ciudadanos unas propuestas políticas que resultan revolucionarias: regenerar la política y la sociedad; poner las ideas por delante de los intereses personales; mantener el mismo discurso en cualquier lugar de España; actuar coherentemente con lo que se predica; y pedir a los españoles que actúen como ciudadanos y no como súbditos. Esos afiliados y simpatizantes que conocían a la anterior Coordinadora, y que respetando su decisión, se disponen a seguir participando en política, con independencia de quién dirija el partido, demuestran claramente que también para ellos lo importante no son las personas, sino las ideas. Algo muy poco común en la práctica política española, y de lo que deberían aprender aquellos que acusan a UPyD de ser un partido “personalista”.

viernes, 18 de mayo de 2012

La niña bonita ha perdido la virginidad

Unión Progreso y Democracia se fundó en 2007 como una opción política diferente, centrada en las ideas y no en las ideologías; orientada al futuro y no a recordar las heridas del pasado; dirigida a los que votan con la cabeza, y no con el corazón; para defender los derechos de las personas, y no de los territorios; para administrar el interés general, y no el de sus afiliados. La tarea no era fácil en una España con más adeptos que afines. Durante cuatro años Rosa Díez fue la única voz que defendía esos principios en un Congreso de rebaños balando al unísono. Rosa Díez se mantenía en primer lugar en la valoración pública, y el porcentaje de votos de UPyD iba aumentando de manera lenta y constante. El partido magenta era opción limpia, libre de ataduras, sin compromisos previos y sin nada que agradecer a nadie. Era la niña bonita de la política. Tras las elecciones de Asturias, el voto de Ignacio Prendes era decisivo para la formación de un gobierno “de izquierda” o “de derecha”. Por primera vez en los últimos 35 años, un partido ha estado negociando su apoyo, no a cambio de consejerías, ni de un puñado de lentejas para un terruño, sino para obtener avances en la línea de sus principios fundacionales. Al final UPyD apoyará un gobierno del bloque PSOE-IU. Ante la incapacidad de entenderse PP y FAC, el partido magenta tenía que optar por apoyar al otro bloque o asumir la responsabilidad de nuevas elecciones. La decisión ha supuesto la pérdida de la virginidad de UPyD. La mitad de esa España sectaria ya puede proclamar que UPyD es “de izquierda”, al igual que habría hecho la otra mitad si el apoyo hubiera sido para el bloque “de derecha”. Una parte de los afiliados, de los simpatizantes, y del largo millón de votantes de UPyD están decepcionados. Pero hay que recordarles que para UPyD hacer política es tomar decisiones. Es elegir lo menos malo. Es pensar a largo plazo, y no sólo en la inmediatez. Es trabajar con un horizonte amplio, y no mirándose el ombligo. El reto de la regeneración democrática y social de España es mucho más ambicioso que el gobierno de un territorio de un millón de habitantes. Los grandes objetivos de UPyD se mantienen íntegros. Sus cinco diputados en el Congreso, sus representantes en la Asamblea de Madrid, y en gran número de ayuntamientos están dando a diario ejemplo de que se puede hacer política de otra manera. Nacho Prendes lo ha demostrado. Los españoles que votan con la cabeza y no con el corazón así lo entienden, y saben que apoyar a PSOE-IU en Asturias no significa entregar nada ni renunciar a nada. La niña bonita ha perdido la virginidad. La niña bonita se ha hecho adulta.

lunes, 14 de mayo de 2012

La burbuja del Estado

A estas alturas todos sabemos en qué ha consistido la “burbuja inmobiliaria”, ese espejismo de riqueza que, al estallar, nos está obligando a volver dolorosamente a una situación menos ambiciosa, pero más acorde con la realidad. En esencia, la burbuja inmobiliaria ha consistido en la edificación de millones de viviendas, adquiridas por millones de españoles con cientos de millones que no tenían, y que bancos y cajas les prestaban alegremente. Convencidos todos de que la prosperidad estaba garantizada por los siglos de los siglos, los ciudadanos –con el aliento de unas entidades bancarias complacientes- pidieron dinero para pisos más grandes, con terrazas más amplias, con muebles más caros, electrodomésticos más sofisticados, y cortinas más lujosas. Todo al fiado, como sus abuelas compraban los garbanzos en el colmado de la esquina. En paralelo, el Estado ha ido creando su propia burbuja, ha edificado un enorme entramado institucional, con administraciones duplicadas; lujosos edificios para sedes de gobiernos autónomos y parlamentos regionales; cientos de empresas públicas –porque hace falta mucha gente para ganar elecciones, y hay que agradecerles el esfuerzo colocándolos bien-; unos sindicatos bien engrasados para garantizar su docilidad; universidades por doquier, aeropuertos en cada esquina; líneas de AVE para llenar el mapa; prestaciones sanitarias universales; ordenadores en las aulas; prejubilaciones para post-adolescentes; subvenciones a miles de ONG’s; polideportivos para septuagenarios; auditorios monumentales, carriles-bici para no desgastar las calzadas; festivales; conciertos; y hasta condonación de la deuda de otros países. Al igual que en el caso de la otra burbuja –la inmobiliaria- todo ello sin tener dinero para hacerlo. Recurriendo al préstamo de los inversores internacionales –antes generosos y complacientes-, como si la prosperidad estuviera garantizada por los siglos de los siglos. Ahora nos encontramos con que la primera burbuja ha estallado, el colmado está a punto de cerrar, y ya no encontramos quién nos fíe los garbanzos. Los bancos, antes complacientes, son ahora malvados buitres que se alimentan de nuestros despojos. Desesperados por la necesidad, volvemos la mirada hacia el Estado, última esperanza –aparte de la Providencia Divina-, implorando, exigiendo, gritando para que nos saque del pozo en el que nos hemos metido. Pero el Estado está a punto de ver como estalla su propia burbuja. Los inversores internacionales, antes complacientes, son ahora malignos especuladores que se han propuesto arruinarnos. Los gobiernos se debaten en el laberinto que ellos mismos han ido creando, incapaces de encontrar la salida. Necesitan a los votantes para existir, pero les resulta imposible darles todo lo que les habían ofrecido para conseguir sus votos. Ya no tienen nada que ofrecerles, sino sangre, sudor y lágrimas. Y el pueblo, desconcertado e incrédulo, asiste entre indignado y aterrado al desmoronamiento de una quimera de Estado Providencia; al estallido de la inmensa burbuja de un Estado que les ha engañado. Que les dijo que la democracia era la garantía de la libertad, de la justicia, de la prosperidad y de la seguridad. Que les hizo creer que con democracia todo sería maravilloso, que los derechos no tendrían límites, que alguien se encargaría de subsanar las consecuencias de sus errores, que podían despreocuparse de todo… excepto de votar cada cuatro años.

viernes, 11 de mayo de 2012

El peso de los escombros

El gobierno se ha puesto el traje de faena y se ha metido en obras. Pretende reformar España de arriba a abajo: el salón de la educación; el cuarto de baño de la sanidad; el dormitorio de las pensiones; el despacho del sistema bancario; y el trastero de la reglmentación laboral. Somos muchos los que pensamos que debería reformar también la instalación eléctrica del sistema autonómico; las ventanas de la separación de poderes; los desagües de las subvenciones; y los armarios empotrados de la partitocracia. Y ya puestos, tendría que hacerse un buen pulido y abrillantado del funcionariado. Se necesitan reformas, muchas y de envergadura. Pero, como en toda obra- se producen gran cantidad de escombros. Nadie está a salvo de que le caiga algún cascote en la cabeza, y todos vamos a quedar manchados con el polvo. Es inevitable: tendremos que soportar las incomodidades durante un tiempo, si queremos después disfrutar de una España convenientemente rehabilitada. Pero el gobierno debería planificar bien las obras, y tener mucho cuidado con los escombros. Existe el peligro de que –si se acumulan en exceso, sin orden ni previsión- el peso de esos desechos supere la resistencia de la estructura. A ver si por reformar a lo loco se nos va a hundir el edificio entero.

martes, 8 de mayo de 2012

La importancia de las motos

En un lejano país había un labrador que mantenía a sus cuatro hijos con el fruto de unas tierras que trabajaba con ahínco. Deseando que tuvieran un futuro digno del siglo XXI los envió a estudiar a la ciudad. Como los gastos eran muchos, pensó en instalar invernaderos para aumentar la producción de sus tierras. Obtuvo un préstamo del banco del pueblo para adquirir los materiales, y al año siguiente la cosecha se multiplicó, con lo que pudo devolver parte del crédito y dedicar el resto al mantenimiento de sus hijos en la ciudad. A la vista de la buena situación, los hijos le explicaron que estudiarían mejor si pudieran disponer de en un piso amplio, en vez de en vivir en la estrecha habitación de una pensión junto a la universidad. El padre lo entendió, y solicitó y obtuvo un nuevo préstamo del banco. La cosecha volvió a ser cuantiosa, y pudo devolver la parte del préstamo de ese año. Entonces los hijos le dijeron que perdían mucho tiempo en desplazamientos desde el nuevo piso de la ciudad hasta la universidad. Le propusieron que comprara una moto para cada uno, y que tenía que ser de gran cilindrada, para no ser menos que sus compañeros. El padre volvió a hablar con el banco, y obtuvo un nuevo préstamo para comprar cuatro soberbias máquinas. Ese año la cosecha fue también buena, pero las tormentas primaverales habían dañado las instalaciones del invernadero. El hombre volvió al banco para pedir dinero para reparar su explotación, pero esta vez el banco no accedió a su demanda. Habló entonces con sus hijos, y les pidió que vendieran las motos para con ese dinero arreglar el invernadero. Los hijos le dijeron que eso era imposible porque todos sus compañeros se burlarían de ellos. Para no enfrentarse con ellos, el hombre aplazó las reparaciones. La cosecha fue menor ese año, y el invernadero se deterioró aún más. No pudiendo devolver lo pactado al banco, les dijo a sus hijos que no podría enviarles sino la mitad del dinero de otros años. Los hijos se enfurecieron: le dijeron que estaban en mitad de sus carreras, que él les había enviado a estudiar, que tenían derecho a hacerlo, y que no podían ir en autobús a la universidad. Tampoco aceptaron alquilar dos de las habitaciones de la casa a otros estudiantes porque estarían todos demasiado apretados. El padre se resigno. El dañado invernadero produjo ese año una cosecha ínfima. No pudo devolver los préstamos. El banco embargó las tierras, el piso de la ciudad, y las motos. Los hijos tuvieron que abandonar los estudios, y sin un lugar donde vivir se alistaron en el ejército del país vecino. No volvieron a dirigir la palabra a su padre, culpándole de haber administrado mal las tierras y de haberles dejado sin dinero y sin futuro.

viernes, 27 de abril de 2012

Quimioterapia social

Standard & Poor’s rebaja la calificación de la deuda española en dos grados. El desempleo aumenta hasta el 24,44%. El crédito bancario continúa asfixiado. Decenas de miles de jóvenes buscan una salida fuera de España. Estudiantes, sanitarios, sindicatos, y los del 15-M se preparan para demostrar en las calles su cabreo. Rajoy ya no sabe dónde esconderse. La situación es terrible; el horizonte plomizo; el pesimismo cunde; seguimos avanzando en un larguísimo túnel sin saber cuánto falta para llegar a la salida. Es la consecuencia del tratamiento con quimioterapia. El enfermo está muy grave. Lo estaba desde hace años, y durante demasiado tiempo han intentado curarlo a base de pomadas, masajes, analgésicos y dieta blanda. Pero la enfermedad era mucho más profunda. Es imprescindible un tratamiento agresivo. La quimioterapia tiene unos efectos secundarios dramáticos. El enfermo se queda para el arrastre, y la familia termina odiando al equipo médico, pero es la única manera de que después pueda recuperar la salud. Hay que aguantar y tener paciencia. Sin embargo, no estoy tranquilo. De momento parece que esos médicos se olvidan de los 8.300 ayuntamientos, de los 460.000 políticos que viven del dinero público, de la televisiones autonómicas, de los servicios duplicados y triplicados, de las CC.AA. que continúan gastando con alegría porque no recaudan ellas. Creo que pese a su dureza, el tratamiento va en la buena dirección. Pero temo que estén tan obsesionados con la quimioterapia que se les está olvidando que hay que extirpar el tumor.

martes, 24 de abril de 2012

Sálvese quien pueda

Ahora que parece que casi todo el mundo –a excepción de los partidos nacionalistas- va reconociendo que sí, que UPyD tenía razón, que este Estado de las Autonomías es inviable, que nos hemos pasado 8.300 pueblos –literalmente-, el gobierno central aprieta las tuercas a las CC.AA., y éstas se ven obligadas a reducir lo que siempre dijeron que no tocarían: la sanidad y la educación.

La reacción ha sido inmediata. Los maestros y profesores, y el personal sanitario, a través de sus variopintos sindicatos han visto venir la pérdida de miles de puestos de trabajo interino, y puede que empiecen a sentir el vértigo de un futurible despido de funcionarios con oposición. En otros países ha ocurrido, y no hay razón para pensar que en España no llegue a ser posible.

Por su parte, los padres de alumnos, los universitarios, los enfermos, y los candidatos a enfermos –que somos todos- también han puesto el grito en el cielo, temiéndose que van a verse perjudicados por una u otra vía.

Es curiosa la diferente vara de medir que utilizamos las personas para evaluar las situaciones y establecer soluciones. La conciencia de que existe un gasto público desmesurado es universal. La asunción de la necesidad de reducir gastos y servicios se extiende cada día más. Pero cuando llegamos a lo concreto, y esa reducción se plasma en consecuencias que nos afectan directamente a cada uno, olvidamos lo anterior, y exigimos que a nosotros no nos toquen los derechos adquiridos.

No sé si España será capaz de salir airosa de esta dura y larga prueba. Se necesitaría mucha cordura, visión de futuro, y sentido de estado por parte de los dirigentes políticos; y no son esas las características que más les distinguen. Pero haría falta también grandes dosis de responsabilidad y coherencia por parte de los ciudadanos. Si todos nos obstinamos en que los sacrificios los hagan los demás, podemos entrar en la peligrosa espiral del “sálvese quién pueda”.

viernes, 20 de abril de 2012

Recortes o reformas

Ayer defendía la necesidad de reformar el sistema sanitario -y lo mismo ocurre con el educativo, que abordaré otro día-. No se puede seguir manteniendo el espíritu de buffet libre en la prestación de servicios, porque los ciudadanos no son del todo conscientes de lo que les cuestan, y porque fomentan el abuso y la ineficiencia.

Con todo, las medidas anunciadas en Sanidad no me parecen las más convenientes. Dejando aparte el hecho de que todo el alud de medidas del gobierno deja en evidencia la falsedad y la cobardía que desplegó el PP durante la campaña electoral –hecho gravísimo en sí mismo-, en todas ellas se aprecia la imperiosa necesidad de recortar, y una insuficiente elaboración de reformas estructurales imprescindibles.

Las medidas de racionalización en Sanidad podrán ser aplicadas o no en las CC.AA., con lo que pueden aumentarse la diferencia en los derechos de los españoles en función de la región en que habitan. Si no todas las CC.AA. las aplican, el efecto esperado en cuanto a recuperar confianza de los mercados internacionales se habrá perdido en buena medida. Como viene proponiendo UPyD, habría sido necesario, primero, devolver al Estado las competencias normativas sobre estos servicios, para que la Sanidad fuera la misma para todos, aunque siguiera estando gestionada por lso gobiernos autonómicos.

Se crea, además, un sistema complejo, ligado a la renta de cada usuario, lo que supondrá un elevado coste, una mayor burocracia, y abrirá una puerta más al fraude y al chanchullo –cosas en las que somos expertos en España-. Nada garantiza que muchos médicos vayan a dejar de recetar alegremente todo lo que le piden sus pacientes. Nada garantiza que los pensionistas –y ahora también los parados sin prestación- sigan consiguiendo recetas para toda la familia. No se hace nada para evitar el abuso de las urgencias, ni de las consultas de atención primaria.

En definitiva: un parche para ir tirando. Una leve mejora respecto a lo anterior. Pero todavía muy lejos de una reforma que fomente la responsabilidad de los usuarios y del personal sanitario. Aceptamos el recorte. Pero esperamos la reforma.

jueves, 19 de abril de 2012

Sanidad de buffet libre

El gobierno ha anunciado una reforma sanitaria que incluye el pago parcial de los medicamentos por parte de los pensionistas. Pagarán el 10% de su importe, con un máximo mensual entre 8 y 18 euros, según sus ingresos. También pagarán un 10% más los trabajadores en activo, y en cambio no pagarán nada los desempleados sin prestación.

La reacción de una parte de la opinión pública ha sido explosiva: inadmisible; ataque a la sanidad; los jubilados tendrán que escoger entre comer o medicarse; afectará a la salud de los más pobres, etc. Me pregunto por qué en España tenemos tanta dificultad para contemplar con serenidad los asuntos. Aquí no hay términos medios: o las cosas son maravillosas o terroríficas. Ángeles o demonios.

Resulta increíble la ceguera de aquellos que no entienden que el sistema actual es completamente irracional, además de insostenible. No es razonable que España se haya convertido en el primer destino mundial de turismo sanitario, porque aquí se proporciona sanidad gratuita a cualquiera que viene. No tiene sentido que un mileurista con dos hijos pague el 40% de los medicamentos, y un jubilado con pensión de 3.000 euros los obtenga gratis. No es eficiente que las urgencias se utilicen generalizadamente en sustitución de la atención primaria. No puede ser que los botiquines domésticos estén atiborrados de medicamentos. No es legítimo que familias enteras obtengan medicinas gratis a través de la tarjeta sanitaria del abuelo.

Se argumenta, con razón, que ya pagamos la sanidad a través de las cotizaciones y los impuestos. El gran fallo de este método es que existe gran distancia entre el que paga y el que recibe. Todos pagamos la sanidad –la utilicemos o no-, pero al no pagar según su uso, se dispara la tendencia a abusar del sistema. Igual que ocurre en los restaurantes de buffet libre: al mismo precio, la gente tiende a atiborrarse, y al que sólo se come un plato de ensaladilla se le pone cara de idiota.

Con todo, creo que la reforma anunciada no va a terminar con las ineficiencias. Pero eso lo explicaré mañana.

martes, 17 de abril de 2012

Hítler y los recortes

La ex-vicepresidente del Gobierno, M. T. Fdez. de la Vega, ha relacionado las políticas de austeridad actuales con el ascenso al poder de Hítler.

Como siempre que se hace una comparación con Hítler, la intención es sacudir a alguien, en este caso al gobierno del PP. Pero, aparte de eso, hay algo de verdad en las palabras de De la Vega. La Alemania de los años 20 padeció las durísimas condiciones que los Tratados de Versalles habían impuesto como reparaciones de guerra, en 1919. Se produjo una inflación desorbitada, y se llegaron a utilizar meros papeles como sustitutos del dinero. La patria de Kant y de Hegel no podía resignarse a ser los pordioseros de Europa, y el discurso de Hítler tenía el terreno abonado.

Nadie sabe cómo puede terminar la profunda crisis en la que se debate España. Tanto la situación del país como las circunstancias internacionales son muy diferentes a las de 90 años atrás. Pero no deberíamos dejar de preocuparnos, y convendría exigir a los líderes políticos de todos los partidos una visión más amplia que la mezquina de intereses electorales que suelen exhibir.

No es el hambre lo que provoca revoluciones y las guerras. Países en los que millones de personas viven en la penuria se mantienen pacíficamente, soportando su destino con resignación. Lo que da lugar a las explosiones sociales es la frustración de las expectativas, con independencia del nivel objetivo de bienestar que tenga una sociedad. Un habitante de Somalia no se moverá si mañana sigue igual que hoy: sin poder comer más que un puñado de arroz. En cambio, un chaval de París o de Madrid puede llegar a asaltar el Elíseo o La Moncloa si de repente se queda sin poder echar gasolina a su moto.

viernes, 13 de abril de 2012

Padres al cole

El chico, de 14 años, ha suspendido todas las asignaturas. El padre, indignado, ha ido a hablar con el tutor, y ha exigido entrevistarse con cada uno de los profesores de cada asignatura. Aunque no es el procedimiento habitual, porque para eso está la figura del tutor, el jefe de estudios accedió, y el padre fue visitando a cada profesor.

¿Quería saber cuáles eran los puntos débiles de su hijo? ¿O preguntar de qué manera podría él contribuir desde casa a que el chico estudiara más?

No. Era que el padre no estaba de acuerdo con las calificaciones. Exigió ver los exámenes, y las notas que habían merecido los trabajos realizados por su hijo en casa. No estaba de acuerdo con ellas: “Este trabajo NOS ha costado hacerlo casi diez horas a mi hijo y a mí. No puede ser que le ponga un 4”.

Me pregunto quién debería ir a cole ¿el hijo o el padre?

miércoles, 11 de abril de 2012

Escuelas democráticas

Algunos padres y maestros defienden la existencia de las llamadas “escuelas democráticas”, en las que los alumnos serían los responsables de su propio proceso educativo. Ellos decidirían qué aprender y qué no aprender; ellos decidirían cómo organizar las clases; no habría exámenes ni calificaciones; y los alumnos (?) podrían dedicar al juego todo el tiempo que desearan.

Se trata de una idea que ya surgió a finales del siglo XIX, y que –a primera vista- parece atractiva, y más aún a la vista del alto grado de fracaso escolar que produce el sistema generalmente aceptado. Además, contiene elementos de indudable interés, como el papel de la mediación en la resolución de conflictos; el fomento del debate y de la toma de decisiones por mayoría. Sin embargo, el hecho de que sea la antítesis del autoritarismo exacerbado no hace que la “escuela democrática” se convierta en la mejor vía para la educación y el aprendizaje. Ni un extremo, ni otro.

Si profundizamos más allá del mero voluntarismo bienintencionado, pronto veremos que se trata de una propuesta idílica, pero que contradice buen número de realidades biológicas, psicológicas, y sociales. Quizá bastaría decir que si la idea fuera tan buena como creen sus defensores, no se explica que –tras más de cien años- no haya conseguido extenderse en ningún país del mundo.

Surgen, además, muchas dudas: ¿a qué edad se inicia? ¿a los tres años, a los seis, a los doce? Si es a los tres, ¿deben decidir los niños democráticamente a qué hora se van a la cama o cuándo se duchan? Si es a los seis, ¿deciden ellos qué programas de televisión pueden ver o qué alimentos toman? Si es a los doce, ¿ellos deciden cuándo tienen que ir al médico? Por otra parte, ante la ausencia de evaluaciones y calificaciones ¿cómo se garantiza que al final de la escolarización estén capacitados para acceder a una universidad? ¿cómo pueden saber los padres si van evolucionando adecuadamente en la adquisición de conocimientos?

La idea puede ser atractiva, sí. Pero olvida que el aprendizaje requiere ciertas condiciones: curiosidad, esfuerzo y constancia. Y lo cierto es que no todos los niños poseen esas cualidades en el mismo grado ¿qué hacemos si una mayoría de niños de una clase tienen poca curiosidad, pocas ganas de esforzarse, y ninguna constancia? ¿tiene que resignarse la minoría que sí tenga esas cualidades a avanzar al ritmo de los más perezosos mayoritarios?

Y por último: el proceso educativo –como otras actividades humanas- no es igualitario. No puede serlo porque no es simétrico. El profesor, igual que los padres, ocupan una posición diferente, y superior en su ámbito, a la de los alumnos y los hijos. Exactamente igual que en un quirófano el cirujano no está en el mismo plano que el paciente. Igual que el capitán de un barco no lo está respecto a los pasajeros. El capitán de un barco sabe a dónde tiene que ir el barco, sabe qué rumbo hay que seguir, qué velocidad conviene, y cómo organizar a la tripulación. Los pasajeros no pueden decidir democráticamente cómo se gobierna un barco. Los alumnos tampoco puede decidir cómo se lleva una clase. Los experimentos, con gaseosa.

martes, 10 de abril de 2012

El general del miedo

En “El cabo del miedo”, Robert de Niro es un malo muy malo que acosa a la familia de un abogado para vengarse de él. En el interminable final, Robert de Niro parece indestructible, y una y otra vez resucita después de haber sido, aparentemente, liquidado.

Igual que en España. En 2010, un gobierno visionario que estaba a punto de suicidarnos cambió por completo su política en el último minuto. Pero el fantasma del terror reapareció. Hace cuatro meses llegó otro gobierno que parecía tener más capacidad para afrontar la crisis con reformas profundas. Pero la crisis volvió amenazante. Subió los impuestos; promulgó una reforma laboral; presentó unos presupuestos severos; reformó el sistema financiero. Pero la amenaza se levantó de nuevo. El nuevo gobierno se desdijo de sus promesas, y anunció recortes en Sanidad y Educación. Pero me temo que tampoco va a ser el final.

España se mueve a tropezones, huyendo de la fiera. Improvisando sobre la marcha, sin un plan global y coherente. El gobierno dilapida la legitimidad de su mayoría absoluta apretando el cinturón de los españoles. Pero se resiste a apretar el cinturón de los que viven de la política y aledaños. Siguen ahí las televisiones públicas; las diputaciones, las comarcas, las CC.AA. infladas de altos cargos, empresas públicas y funcionarios. Sigue el maná de las subvenciones a partidos, sindicatos y patronales.

Y lo peor de todo: a diferencia de la película, aquí la familia está dividida. Son incapaces de hacer frente común ante el asesino. PP y PSOE no se han enterado de que ha terminado la campaña electoral. Siguen atizándose unos a otros mientras la ruina del país se acerca cada día un paso más. Son unos despreciables incapaces de aparcar sus rencillas particulares para afrontar unidos la terrible amenaza. El país contiene el aliento. El miedo se generaliza.

No es una película. No es “El cabo del miedo”. Es el general del miedo.

martes, 3 de abril de 2012

Los derechos de Cándido Feliz

Cándido Feliz era un jubilado que se había embarcado en un crucero por el Mediterráneo. Antes de la partida del gran trasatlántico había memorizado el recorrido previsto, había estudiado el plano de la nave, y conocía al dedillo los servicios existentes y las actividades previstas.

La penúltima noche se iba a celebrar la cena de gala y el baile de disfraces, mientras el barco navegaba rumbo a Barcelona. Cándido Feliz estaba en su camarote, vistiéndose para la ocasión, cuando se apagó la luz. Muy enfadado salió al pasillo dando voces. Un camarero le explicó que había habido un pequeño problema con el sistema eléctrico, pero Cándido no se dio por satisfecho: “La luz no puede fallar en este barco. Tengo derecho a poder vestirme tranquilamente”.

Pasó más de media hora hasta que otro camarero pasó anunciando a gritos: “Por razones técnicas se ha suspendido la cena de gala”. Explicó mientras continuaba recorriendo los pasillos que el barco había chocado con un pesquero y había una pequeña vía de agua. Cándido empezó a enfadarse de verdad: “No es culpa mía si el capitán es un inútil. Tenemos derecho a esa cena. La hemos pagado”.

Se dirigió a cubierta. La gente corría de un lado a otro muy nerviosa. Un oficial pedía calma, anunciando que no había peligro, y que se dirigían al puerto de Valencia. Cándido Feliz gritó furioso: “¡Cómo que a Valencia! Tenemos que ir a Barcelona. Tengo derecho a ir a Barcelona”.

La confusión aumentaba mientras el barco se inclinaba hacia estribor. Un tripulante le ordenó que se pusiera un chaleco salvavidas y que hiciera cola para subir a un bote de salvamento. “De ninguna manera. He pagado mi pasaje. No me pueden obligar a abandonar el barco y meterme en un bote. No estoy dispuesto a perder mis derechos”.

El barco naufragó. Afortunadamente, 786 personas, entre tripulación y pasajeros se pusieron a salvo a tiempo. Sólo hubo que lamentar dos víctimas mortales: un viajero que no se había enterado de nada porque estaba borracho en su camarote. y Cándido Feliz, al que no hubo manera de convencer de que todos sus derechos quedaban en suspenso en caso de naufragio.

sábado, 31 de marzo de 2012

Economía de guerra

El debate sobre las consecuencias de la huelga general ha sido completamente anegado por la marea de indignación que han provocado los Presupuestos del Estado para 2012.

Casi todo el mundo se va a ver afectado más o menos directamente. Sube la electricidad; habrá que pagar tasas judiciales; se despedirá personal laboral de los ministerios; se reduce la ayuda a la cooperación; las obras públicas se paralizan; sube el impuesto de sociedades; y casi desaparece la ayuda a la dependencia. A todo eso habrá que sumar las medidas equivalentes que van a tener que tomar las CC.AA.

La situación es crítica, aunque son muchos los que no se han enterado y siguen clamando por “no perder derechos”. Olvidan que los derechos están siempre supeditados a la posibilidad real de hacerlos efectivos. En docenas de países de África los derechos de la Carta de Naciones Unidas son una broma, porque es imposible aplicar el derecho a la educación en un país en el que no hay ni escuelas ni maestros.

Por duro que resulte, es imprescindible hacer recortes. Pero un gobierno tiene que dotarse de legitimidad moral para conseguir que la gente acepte los sacrificios. Y, en mi opinión, este gobierno acaba de perderla por dos razones: a) del recortazo se salvan los partidos políticos y los sindicatos, que van a seguir recibiendo miles de millones en subvenciones; b) la amnistía fiscal a los evasores supone un mazazo a la conciencia colectiva, alienta la corrupción, castiga la honradez, y fomenta la picaresca generalizada –algo que ya gozaba de excelente salud en España.

Se ha definido la situación como de “economía de guerra”, y el símil me parece acertado. Pero va a ser imposible que los ciudadanos se pongan en esa terrible situación si ven que existen barrios donde nunca caen bombas, y que se entregan medallas a los desertores.

“Economía de guerra”

viernes, 30 de marzo de 2012

La gran depresión

El 29 de octubre de 1939, en el llamado jueves negro, se inició la Gran Depresión que afectó dramáticamente a los países más desarrollados durante toda la década de los años 30.

Otro jueves, otro 29, en este caso de marzo, ha tenido lugar la huelga general auspiciada por la izquierda contra las reformas de un gobierno de derechas elegido por mayoría absoluta hace tres meses. Y en el contexto de una fuerte crisis financiera internacional, con una economía sobreendeudada, un Estado de Bienestar en demolición, una estructura del Estado sobredimensionada, unas instituciones que no se fían unas de otras, y una sociedad polarizada entre izquierdas y derechas fanatizadas, y entre separatistas e integradores.

Por si fuera poco, hoy se presentan unos presupuestos del estado de infarto, que van a reducir el gasto y la inversión pública de manera que producirán un importante aumento del desempleo –aún más. Y para terminar, los líderes Méndez y Toxo –no sé a qué esperan para contraer matrimonio- anuncian una espiral de movilizaciones “de la calle”.

No sé si esto puede ser el comienzo de otra gran depresión en España. Pero yo me voy a la farmacia a comprar dos carretillas de Prozac. Por si acaso.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Podar, regar, abonar, fumigar, recortar

Reconozco que la jardinería no es lo mío. Pero parece elemental que para que un árbol fructifique, primero hay que podar las ramas sobrantes, después regarlo y abonarlo de manera suficiente, y por último recortar aquellos brotes superfluos.

No es ningún secreto que, en lo económico, España es actualmente un árbol en muy mal estado. A pesar de que algunos visionarios creyeron vislumbrar brotes verdes hace ya mucho, la realidad es que la planta está marchita, y que en las próximas cosechas se esperan pocos frutos, y nada jugosos.

Cuesta entender por qué el nuevo jardinero se empeña en limitarse a recortar –cuando ya se destituyó al anterior por lo mismo-. Hay que recortar, sí. Pero primero hay que hacer una poda atrevida, eliminando el exceso de ramas autonómicas, locales, y nacionales.

Se necesita un riego generoso, cambiando un sistema educativo que produce demasiada sequía intelectual. Hay que hacer que los estudiantes se esfuercen para aprender y que se acostumbren a pensar, y no que se conformen con “sacar” un título, y dejarse mecer por las consignas del telediario.

Hay que abonar convenientemente con políticas de estímulo a las empresas y a los innovadores, y con inversiones públicas que promuevan el desarrollo económico, y no con otras orientadas al boato y la apariencia.

Hay que fumigar enérgicamente para hacer desaparecer las nutridas colonias de parásitos; o, al menos, para que no subsistan a costa del árbol. Sobran cargos públicos, sobran sindicalistas liberados, sobran asesores, sobran enfermos simulados, sobran parados inmóviles, sobran cazadores de bicocas.

Sólo después de todo eso serán beneficiosos los recortes. Ni este gobierno ni el anterior pueden ser tan estúpidos como para no saberlo. Si a pesar de todo se obsesionan en limitarse a recortar, pueden terminar matando al pobre árbol. ¿Por qué no lo hacen, entonces? Sólo se explica porque todas y cada una de las hojas votan, las sanas y las podridas, y aquí nadie hace nada que le pueda costar un voto.

martes, 27 de marzo de 2012

Mentiras piadosas

Ha llamado mucho la atención el estrepitoso fracaso de todos los institutos de opinión a la hora de prever los resultados electorales en Andalucía. Ya no es que las encuestas vaticinaran la victoria de unos u otros, según quién las hubiera encargado. Es que todas ellas coincidían en que el PP ganaría ampliamente, y la única duda era saber si obtendría una mayoría aplastante, o simplemente absoluta.

¿Qué les ha pasado a los expertos? ¿estaban mal diseñadas todas las encuestas? ¿las preguntas estaban mal formuladas? ¿ha habido sesgos generalizados?

Creo que en este caso ha operado un sesgo difícil de calcular matemáticamente: el sesgo de la mentira piadosa. Muchos de los que han recibido la llamada telefónica de un encuestador se han visto en un brete al tener que decir a quién penaban votar. Pensemos en un andaluz de un pueblo cualquiera. Está cobrando el PER, y la familia se defiende bien, ya que un hijo trabaja para la Junta contando pájaros en los parques, y la hija obtiene un sueldo en una ONG que promociona el flamenco, y que sobrevive gracias a la subvención anual. Su estabilidad depende de que sigan gobernando los mismos, y nadie es tan heroico como para suicidarse por el bien común.

Pero los de siempre llevan gobernando 30 años, y Andalucía se mantiene a la cola de casi todos los indicadores de bienestar y prosperidad. Además, se ha sabido que los de siempre han utilizado el dinero público a su antojo, han creado empresas fantasmas, han falseado expedientes, y hasta ha derrochado el dinero de todos en drogas y putas. Nadie con un mínimo de información –y de vergüenza- admitiría que va a votar a semejante tropa.

El dilema creado por la llamada del encuestador sólo tiene una salida. La única que permite mantener la dignidad y no suicidarse: la mentira piadosa. ¿Y dígame: quién cree que votará en las próximas elecciones? Y tras un breve carraspeo suelta la respuesta mágica: “Al PP”. ¿Por qué has dicho eso, José? Mujer… ¡qué iba a decir!

Y hasta los del PSOE se lo habían creído.

lunes, 26 de marzo de 2012

Andalucía y Casablanca

El PP ha ganado las elecciones en Andalucía. Pero esto va a caer pronto en el olvido porque lo que cuenta no es ganar sino gobernar. Y en Andalucía van a seguir gobernando los mismos. Con menos desparpajo –desvergüenza dirían algunos-. pero seguirán gobernando. Desde hace 75 años, en Andalucía sólo han gobernado dos partidos: el Movimiento de Franco, y el PSOE.

Ni el asunto de los EREs fraudulentos, ni las francachelas a base de coca y putas, ni el reparto de enchufes de variado voltaje a amigos y familiares han bastado para que los electores abrieran las ventanas para ventilar el establo. Tampoco unos trajes y una oscura trama de cambalaches dieron lugar, hace 10 meses, que los valencianos ventilaran los despachos del gobierno.

¿Por qué es tan benevolente la sociedad española con la corrupción? Dice Carlos Rodríguez Braun, en La Razón, que la sociedad española hace como el capitán Renault, en Casablanca, cuando finge escandalizarse y cierra el local de Rick ¡porque aquí se juega! Yo creo que no es así. Y la prueba es que los electores españoles no han cerrado el garito a los Ricks de Andalucía. Y no lo han cerrado porque allí son mayoría los que juegan.

Sólo hay una explicación para esa tolerancia a la corrupción: el cáncer no está localizado en unos cientos de políticos. El cáncer está tan instalado y extendido en la sociedad que ya no parece una terrible enfermedad. Igual que un negro podría llamar la atención en Vladivostok, pero pasaría desapercibido en Yamena. En un país en el que nos colamos en la fila del cine, nos llevamos el cenicero del bar, copiamos en los exámenes, falseamos los datos para conseguir colegio para el niño, o hablamos con nuestra vecina la enfermera para que nos pasen primero a la consulta, la corrupción no está mal vista. Lo que es de mal gusto es dejarse pillar.

viernes, 23 de marzo de 2012

La SGEA. Sociedad General de Egoísmo Autonómico

Cataluña pretende recibir compensaciones por los estudiantes de otras CC.AA. que estudian en universidades catalanas.

Un pasito más en el largo camino hacia la desmembración de España en pedazos cada vez más inconexos. Un paso más hacia el ombliguismo aldeano, hacia la regresión, hacia la vuelta a la época feudal.

Puedo imaginar el paisaje que se esconde tras ese horizonte que tanto anhelan los nacionalistas de toda laya. Será obligatorio que cada ciudadano lleve un emisor que permita situarlo geográficamente en cada momento. Así controlados los movimientos, un potente sistema –la SGEA- establecerá múltiples compensaciones interregionales para equilibrar los pagos. Cada CC.AA. de origen tendrá que abonar cánones por la utilización que hagan sus ciudadanos de los bienes y servicios de otras. Canon para estudiantes de fuera; para los que vayan a las fallas, a los sanfermines o a la Semana Santa de Sevilla; para los que pidan una tapa de jamón de Jabugo sin ser andaluces; para los que beban agua del Ebro sin haber nacido en Aragón; y para los que se bañen en el Mediterráneo sin ser peces.

Estamos construyendo un Estado de Derecho con pies de barro: hemos confundido los derechos de los ciudadanos con los supuestos derechos de los territorios.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Presunción de impunidad

El ex-presidente de Baleares ha sido condenado a seis años de cárcel. El ex-director general de Trabajo de Andalucía debe estar haciendo un cursillo intensivo de integración a la vida carcelaria. Iñaki Urdangarín puede estar preguntándose si son más cómodas las prisiones españolas o las estadounidenses.

Por lo que se sabe de esos casos –a falta de sentencia en los dos últimos- llama la atención la despreocupada alegría con la que algunos cargos públicos perpetran sus fechorías. No es que arañaran unas migajas y las depositaran en un oscuro rincón de la casa. Es que amasaban millones y los dilapidaban ostentosamente, a la vista de todos. Las grandes mansiones y las obras de arte son cosas que se ven. Incluso las drogas y la prostitución dejan huella. Siempre hay testigos.

¿Por qué personajes relevantes se juegan su prestigio y su libertad de una manera tan descarada? ¿Acaso creen que ellos son más listos que nadie?

Es posible que algo de eso haya. Pero me parece que, sobre todo, han asimilado la noción de impunidad. Esa impunidad que tradicionalmente ha amparado a los poderosos en España. La misma que disfrutaron los nobles, en su tiempo; y los adeptos al el Régimen, durante el franquismo. Es el fracaso de la premisa democrática de igualdad ante la ley, que muchos todavía no se han creído –quizá porque han visto que no se aplica-.

En España están en vigor miles de leyes y reglamentos. Es imposible hacer que se cumplan todos ellos. Así que el truco consiste en saltárselos alegremente, ya que la probabilidad de que le pillen a uno es escasa. Miles de estafadores y ladrones de guante blanco –o gris- se pasean impunemente por las calles. Saben que si no hay una ex-mujer despechada, un ex-secretario rencoroso, o un ex-chofer vengativo, es poco probable que nadie les pille.

Se habla constantemente de la presunción de inocencia; pero lo que impera es la presunción de impunidad.

martes, 20 de marzo de 2012

Recortar recortadores

Desde que hace diez meses el presidente Zapatero se cayó del caballo, camino de Bruselas, el único negocio floreciente en España es el de los fabricantes de tijeras. Empresas, familias, alcaldes, consejeros autonómicos y ministros andan por ahí con unas tijeras en la mano, recortando todo lo que se les ocurre.

El gobierno del PSOE fue el primer gobierno que ha recortado el sueldo de los funcionarios. El gobierno de CiU ha sido el primero gobierno que ha recortado las recetas de farmacia. El gobierno del PP ha sido el primer gobierno que ha subido los impuestos un mes después de haber jurado por la memoria de Adam Smith que no lo haría. Se recortan ayudas, subsidios, subvenciones, inversiones, coches, electricidad y fotocopias.

Muchos estamos de acuerdo en que era insostenible el nivel general de gastos en el que se había acomodado plácidamente la sociedad española. y con ella los políticos que les venían cebando a base de millones para que picaran el anzuelo del voto. Sobran dispendios, prebendas, privilegios, lujos, trampas, enchufes y bicocas. Y sobran cazadores de chollos dispuestos a colgarse de la ubre de la vaca.

En España siempre nos movemos a pendulazos. Después de padecer una plaga de políticos derrochadores, ahora nos toca sufrir a una epidemia de políticos recortadores. Pero aún no hemos dado el paso definitivo: lo que necesitamos urgentemente es recortar recortadores. Sobran políticos en todos los niveles de la administración. Para gestionar una nación hacen falta pocos políticos, pero inteligentes y honrados, y pocos funcionarios, pero trabajadores y eficientes.

El exceso de políticos gastadores nos ha traído al borde de la quiebra. El exceso de políticos recortadores nos puede llevar al borde de la asfixia.

viernes, 16 de marzo de 2012

Copago/repago/ultrapago

Tras la implantación en Cataluña de una tasa por receta médica, el debate sobre el llamado “copago” ha estallado por fin. Se discute si podría ser un modelo lineal, como el catalán, o bien de pago selectiivo, en función de la renta. Unos argumentan que debería aplicarse a todos los usuarios, y otros aducen que deberían quedar exentos los enfermos crónicos, o los pensionistas de menores ingresos, o los parados.

Está claro que las cuentas de este Estado de Bienestar de hojalata no salen. Se impone equilibrarlas, y eso sólo se puede hacer reduciendo el gasto o aumentando los ingresos. Pero dada la magnitud del desaguisado, tendrá que ser por las dos vías simultáneamente.

Con esto del copago/repago/ultrapago parece que los políticos van a volver a liarlo todo. Porque si se trata de reducir el gasto, lo razonable es introducir mecanismos disuasorios del consumo innecesario. Quién más, quién menos, tiene una pequeña farmacia en casa. Cientos de millones despilfarrados para mayor gloria de los laboratorios farmacéuticos.

En cambio, si se trata de aumentar los ingresos, lo razonable es dar la cara y subir los impuestos directos o indirectos, y no hacerlo a través de las recetas médicas. Gravar las recetas de manera selectiva sería un impuesto a la vez directo e indirecto. Directo porque pagarían más los que más ganan, e indirecto porque sólo lo pagarían los que consumen medicamentos.

Apenas reduciría el gasto porque los que más medicamentos consumen continuarían haciéndolo sin sobrecoste alguno. Y abriría otra puerta –una más- a la trampa y al chanchullo: “abuelo, pídele a tu médico la receta del ansiolítico de la niña”; “Manolo, tú que estás en paro, ve a pedir las recetas del antibiótico de tu hermano”.

Muchas cosas son las que tienen que cambiar en España si no queremos caer al agujero de la ruina. Una de las fundamentales es terminar con la noción del “gratis total”. Nada es gratis total –excepto pasear y tomar el sol-, y eso tenemos que aprenderlo todos: ricos y pobres; jóvenes y viejos.

De todas las necesidades humanas, la más urgente es la alimentación. ¿Por qué no se establecen precios distintos en los supermercados para los jubilados y los parados? No se entiende por qué queremos hacer con los antihistamínicos lo que a nadie se le ocurre hacer con las pechugas de pollo.

jueves, 15 de marzo de 2012

Autonomía o bienestar

En el debate de ayer en el Congreso, Rosa Díez ha señalado que en España “Tenemos que optar entre si reajustamos el Estado de las Autonomías o reajustamos el Estado de Bienestar”.

Una elección dolorosa. Igual de doloroso que es para una familia humilde escoger entre renunciar a tomar postre en las comidas, o prescindir de encender la estufa en invierno. A la gente le gusta el postre y le gusta no pasar frío. A los políticos les gusta el Estado de Bienestar porque les da votos, y les gusta el Estado de las Autonomías porque les proporciona miles de cargos para repartirse.

Muchos ciudadanos creen que ambas cosas son imprescindibles. Durante la transición nos vendieron la democracia como la panacea de todos los males, y nos vendieron las autonomías como el summun de la felicidad. Desde Cataluña hasta Andalucía, pasando por Canarias y Aragón, millones de españoles abrazaron ilusionados las banderas autonómicas. ¡Qué bien! Ahora no decidirán por nosotros desde Madrid. Ahora decidiremos “nosotros”.

Y se quedaron tan contentos, aunque los millones de ciudadanos continuaron sin decidir absolutamente nada. Lo único que podían hacer era votar cada cuatro años a los que iban a decidir por ellos. Eso sí: ahora podían votar a un político de su pueblo. A nadie le importó mucho si ese político estaba capacitado o no; si era honrado o no; si era eficiente o no, o si el sistema era muchísimo más caro. Lo importante es que decidiera alguien de su pueblo.

Nos vendieron las autonomías como el summun de la felicidad. Pero se les olvidó explicarnos cuánto dinero nos iba a costar la juerga. Ahora la vaca no da para todo. Y los políticos de todas las CC.AA. vuelven a intentar engañarnos. Ante la necesidad de reducir gastos o aumentar impuestos, sólo aluden a que no se puede recortar en sanidad o educación. Nos amenazan con quitarnos la calefacción en invierno, pero nos ocultan que se puede prescindir del postre. Porque el postre se lo comen ellos, claro.

Hay que felicitar a Rosa Díez por poner el acento en el nudo gordiano. Hoy por hoy, UPyD es el único partido que se atreve a decirnos lo que hay: o reajustamos el Estado de las Autonomías o reajustamos el Estado del Bienestar.

lunes, 12 de marzo de 2012

La nueva lucha de clases

En noviembre de 1989 el Muro de Berlín se vino simbólicamente abajo, y con él todo el paradigma del comunismo como proyecto de organización social justa y eficiente. De golpe, una carretilla de conceptos fueron a parar al almacén de trastos inservibles: proletariado, burguesía, conciencia de clase, enajenación, dialéctica, valor de uso, o lucha de clases.

Los marxistas quedaron desnudos ante la Historia. Para defenderse del intenso frío que impera lejos del poder, la mayoría de ellos se compraron un traje de socialdemócratas –de esos que no necesitan plancha-, para poder presentarse ante el electorado sin los harapos del viejo mono proletario. Cambiaron de look. pero no abandonaron la fe ciega en sí mismos, convencidos de estar dotados de una superioridad moral congénita. Sólo descafeinaron la apariencia. Dejaron de ser el proletariado enfrentado a la burguesía para ser los progres enfrentados a la derecha. Cuestión de palabras.

El desarrollo de una numerosa clase media amortiguó la vieja lucha de clases. Es imposible presumir de proletario cuando se posee un piso de 90 metros, un monovolumen, un hijo estudiando ADE, y tres tarjetas de crédito. Así que se inventaron otra lucha de clases para mantener la tensión –Zapatero dixit-. Si la lucha entre proletarios y burgueses había terminado en tablas, ahora había que imponer la lucha “de género”: hombres contra mujeres. Mujeres contra hombres. A medida que el 1 de mayo perdía fuerza, iba ganando importancia el 8 de marzo.

Día de la mujer trabajadora. Ministerios para las mujeres. Institutos para mujeres en CC.AA y ayuntamientos. Cursos para mujeres. Talleres para mujeres. Eventos para mujeres. Premios literarios para mujeres. Juzgados para mujeres. Leyes para mujeres. Un paciente trabajo de mentalización social para convencer a las mujeres de que los hombres son sus enemigos, y para convencer a los hombres de que son casi un error de la naturaleza.

Siempre el fanatismo amenazando la paz. Fanatismo religioso, fanatismo ideológico, y ahora fanatismo de sexo. Todo para ocultar que un musulmán es lo más parecido a un cristiano, pero sin cruz; que un proletario es lo más parecido a un empresario, aunque sin dinero. Que una mujer es lo más parecido a un hombre, pero sin pene; y que un hombre es lo más parecido a una mujer, pero sin poder dar a luz. El caso es que la gente tenga siempre un enemigo al que odiar. El caso es que tengan miedo a alguien.

miércoles, 7 de marzo de 2012

La equivocación del imán

La policía acusa al imán de Tarrasa de incitar a los fieles a maltratar a sus mujeres. Les instruía para golpearlas con un bastón o con los puños, pero sin romperles huesos ni hacerles sangre.

No es ninguna novedad que el Islam considera a las mujeres como seres de segunda clase. Las confina al hogar, las excluye del protagonismo social y político, y las condena a vivir siempre tuteladas por la autoridad de un varón. Las palabras del imán de Tarrasa no habrían provocado ni un pestañeo en Rabat, en Teherán o en Riad. Pero en España producen una mezcla de horror y asco. No es que podamos presumir de que aquí han desaparecido por completo los comportamientos machistas individuales; pero sí que existe un consenso general respecto a la igualdad entre hombres y mujeres, en cuanto a derechos, dignidad y capacidad.

La noticia ha saltado en todos los informativos del país. Será interesante observar la reacción de los grupos que más destacan en su “defensa” de las mujeres. Desde los partidos de izquierda hasta los que se acogen al paraguas de “intelectuales y artistas”, pasando por toda clase de asociaciones feministas.

Puede que me equivoque, pero tengo la impresión de que todos esos movimientos que tan activos se muestran en defensa del aborto, de la conciliación laboral, o de la igualdad de salarios; y que tanto luchan contra la discriminación en el trabajo, en el hogar, y contra la violencia afectiva (ellos dicen “de género”), van a ser mucho más tibios para condenar al imán. No sé si en aras de la alianza de civilizaciones, porque el imán no es católico, o porque los imanes no están encuadrados en “la retrógrada derecha española”.

Habrá que estar atentos para ver cuántas manifestaciones se convocan contra el imán. Si no las hay, habrá que preguntarse por qué para esos grupos consideran una afrenta que un hombre diga un piropo a una compañera de trabajo, y las palabras del imán sólo son una desafortunada equivocación.

viernes, 2 de marzo de 2012

El enfermo está muy malito

El enfermo está muy malito. Desde hace años está afectado por varias enfermedades graves. Por sus venas corre poca sangre, que bombea con dificultad un corazón debilitado. El 23% de sus células están inactivas. Padece un extraño proceso alérgico que consiste en que las dos mitades –derecha e izquierda- de su cuerpo se rechazan mutuamente lo que produce un sarpullido generalizado, y náuseas y vómitos constantes. El sistema nervioso central actúa erráticamente, y no coordina los movimientos de las extremidades. No puede caminar porque las piernas no se mueven una al compás de la otra. Sus órganos vitales no cumplen las funciones para las que están diseñados: el hígado quiere filtrar la sangre; los pulmones intentan producir insulina; el páncreas intenta digerir los alimentos; los ojos quieren oír, y los oídos quieren mirar.

El cerebro está confuso. En sus frecuentes delirios no distingue sueños de realidades. Los neurotransmisores descompensados alteran todas las emociones. La debilidad y la fiebre le impiden pensar racionalmente.

En una sala están reunidos los médicos. No se ponen de acuerdo ni en el diagnóstico ni en el tratamiento. Llevan meses discutiendo sobre cómo organizar el hospital. No quieren que el enfermo se muera, pero lo que más les preocupa es su futuro: todos quieren ser el nuevo director, todos quieren una jefatura de servicio, todos quieren los mejores despachos.

El enfermo está muy malito. Tendido en su cama respira con dificultad. Necesita silencio, pero tampoco lo tiene. La habitación rebosa de familiares que gritan sin parar. Se insultan unos a otros echándose mutuamente la culpa de la situación del enfermo. Todos culpan también a los médicos. Protestan, salen en tumulto para exigir que alguien cure al enfermo. Recorren los pasillos empujando a las enfermeras. Enfurecidos, arrasan la farmacia y queman los quirófanos.

Los médicos discuten sobre el alboroto:
– Es urgente curar al enfermo.
– Sí, pero primero habrá que calmar a los familiares.
– Antes que nada tenemos que arreglar el calendario de guardias.
– No. El primer paso es nombrar un director.
– Pero según a quién se nombre, conmigo no contéis.

El enfermo está muy malito.

martes, 28 de febrero de 2012

El Estado de Aullidos

En el Coliseo de la antigua Roma, el pueblo participaba en las grandes decisiones del imperio. Tras los combates de gladiadores, expresaban ruidosamente su estado de ánimo, y pedía al emperador que diera muerte a unos o que salvara la vida a otros.

En la España del siglo XXI, una parte del pueblo recupera aquella costumbre. En pocos días hemos visto ese método de participación a la entrada de dos juzgados. A la entrada de Baltasar Garzón en el Tribunal Supremo el pueblo rugía “¡César, sálvalo!”. A la entrada de Iñaki Urdangarín a los Juzgados de Palma de Mallorca el pueblo aullaba: “¡César, mátalo!”.

Dos mil años para transitar desde un imperio teocrático hasta un Estado de Derecho. Diez años para pasar de un Estado de Derecho a un Estado de Aullidos. A medida que pierden crédito las instituciones democráticas –desde las Cortes hasta los tribunales, pasando por las CC.AA., los sindicatos y los partidos políticos-. el pueblo va recuperando la confianza en el aullido, cómo método de participación.

No importa que haya elegido democráticamente un nuevo gobierno hace sólo tres meses: es el momento de salir a la calle para aullar contra las decisiones de ese gobierno. No importa que el poder judicial sea independiente –o casi-, y que los jueces ejerzan su función ateniéndose a las leyes y a su recto criterio: hay que aullar a la puerta de los juzgados para señalar a los magistrados el camino.

Durante la transición los políticos le dijeron al pueblo que la democracia era el elixir milagroso que garantizaba la justicia, el bienestar, la prosperidad y la felicidad. Pero durante los últimos treinta y cinco años nadie se ha molestado en explicar al pueblo en qué consiste realmente la democracia. Ahora, en unos momentos en que parece que todo se derrumba bajo nuestros pies, no puede extrañarnos que tantos ciudadanos confíen más en la fuerza de un aullido que en la de una papeleta de voto.

sábado, 18 de febrero de 2012

El arte de trincar

El secretario general de UGT en Madrid ha cobrado 181.000 euros, en 2011, como Consejero de Caja Madrid. Martínez se justifica diciendo que él no se quedaba el dinero, sino que iba a la caja del sindicato. Por su parte, Cándido Méndez ha confirmado que el dinero va a parar al sindicato, por lo que dice que “no existe ningún dilema moral”.

Estoy de acuerdo, señor Méndez: no hay dilema. No existen dos proposiciones contrarias que ambas resultan ser verdaderas. Sólo hay una: el arte de trincar mientras clamamos contra los que trincan. Muy fariseo, muy hipócrita, muy desvergonzado, muy español.

El tinglado que han venido montando los partidos políticos y los sindicatos, con el silencio cómplice de la prensa “independiente”, y la aquiescencia de unos ciudadadnos que se conforman con que les permitan trincar unas migajas, es descomunal. Infinidad de organismos, instituciones, observatorios, comités, asambleas, empresas públicas, entes autónomos, y consejos de administración chupan de las arcas públicas por tierra, mar y aire. Con tanta mala hierba en el panorama no puede extrañar que la cosecha sea tan raquítica. La economía española se ahoga en un mar de cambalaches, corruptelas, y retorcimientos de la norma.

El dirigente de UGT puede decir lo que quiera, con su flema habitual. Pero todo este asunto es impresentable, Desde la misma existencia de las cajas; pasando por que estén controladas, no por técnicos, sino por políticos; y por la presencia en los consejos de representantes de los sindicatos –unos políticos vergonzantes, que hacen política sin someterse al veredicto de las urnas-. Continuando con la disparatada cifra que cobran esos consejeros por asistir de tarde en tarde a las reuniones del consejo, y terminando con que el dinero –que se supone que debería ser la retribución de una persona por su dedicación y su responsabilidad- se reconoce que va directamente al sindicato.

Eso sí, con ese dinero se podrán organizar manifestaciones, imprimir panfletos, y preparar pancartas. Todas ellas destinadas a denunciar a la derecha, a los empresarios, a los banqueros, a sus grandes sueldos, y a sus grandes dietas. Con una cara de cemento, UGT se viste de consejero y cobra un buen sueldo por la mañana, y se pone la ropa de manifestante para protestar contra los consejos por la tarde.

martes, 7 de febrero de 2012

Morir de parto

Carolina Lovell era una mujer australiana, conocida por su lucha para conseguir que el gobierno australiano financiara los partos en el domicilio de las madres. Formaba parte de esa tendencia que asegura que los partos en casa son mucho mejores que los que tienen lugar en clínicas o materninades.Carolina Lovell ha fallecido mientras daba a luz su tercer hijo, en su casa, naturalmente.

Resulta llamativa la contradicción entre un supuesto “progresismo” y la defensa de las costumbres más arcaicas. Los ecologistas más progresistas defienden el uso de la bicicleta o del carro de caballos, frente al automóvil. Otros se aferran a la bandera de que los ríos deben transcurrir a su aire por el mismo lugar que lo hacían hace 10.000 años; que las carreteras deben serpentear entre las montañas sin hacer túneles o viaductos, o en que sólo deben ingerirse alimentos producidos sin fertilizantes, plaguicidas, conservantes, ni cualquier otro “ante”. Según sus teorías, el progresismo más radical consistiría en volver a vivir en cuevas y a vestirse con pieles (de animales que hubieran perecido de muerte natural, claro).

Descanse en paz la pobre Carolina. Y ojalá su triste final sirva para que reflexionen algunos de los que creen eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor.

jueves, 26 de enero de 2012

La eterna fantasía (II)

Sin duda, los seres humanos de la Antigüedad no padecían el desconcierto que sufren sus descendientes del siglo XXI. Para aquellos seres primitivos era demasiado evidente que sus congéneres podían cometer todo tipo de atrocidades, trampas, traiciones, y mentiras. Esas cosas formaban parte de la vida cotidiana, y precisamente por eso se fueron estableciendo normas, prohibiciones, y leyes.

Si los seres humanos no hubieran tenido tendencias dañinas para otros, no habría sido necesario prohibirlas y castigarlas. Nunca ha existido una ley que prohibiera comer piedras, por la sencilla razón de que eso es una cosa que nadie hace. Cuando algo necesita ser prohibido y castigado es porque alguien lo haría sin esa prohibición y ese castigo. Si todas las culturas tienen severas reglas que prohíben el incesto es porque existe una inclinación a copular con hijos o hermanos. Con el paso de los años, el incesto ha llegado a ser considerado como algo antinatural, pero si no lo prohibiera la cultura y la ley, sería lo más natural del mundo.

A base de redactar leyes para refrenar instintos y pasiones individuales en beneficio de la colectividad, se fue imponiendo poco a poco la noción de que el “deber ser” era lo real, por mucho que el “ser” desmintiera tal idea. La tradición judeocristiana contribuyó de forma notable a esa concepción fantástica, al introducir una novedosa norma: amar al prójimo como a ti mismo”.

Ahora nos parece un precepto casi trivial. Pero hay que ponerse en la piel de los individuos de hace 2.000 años, e imaginar lo revolucionaria que resultaba esa norma. En un mundo precario, en el que la esperanza de vida rondaba los 30 años, la competencia por los alimentos escasos y los territorios que los producían era feroz. Las guerras, la piratería, los asesinatos, y la violencia eran constantes. ¡Había que sobrevivir! Y a menudo eso sólo se lograba a costa de otros.

Por lo demás, todo en la naturaleza contradecía esa norma. Todas los seres vivos, animales o vegetales, desarrollaban variados sistemas para sobrevivir y reproducirse, sin preocuparse de sus congéneres. Sólo cuando las estrategias de supervivencia mediante la colaboración eran más eficaces que las individuales, se producían alianzas entre varios individuos, aunque también basadas en el interés propio.

Lo de "ama a tu prójimo como a ti mismo" fue el primer gran paso hacia la confusión.

martes, 24 de enero de 2012

La eterna fantasía (I)

Una de los problemas insolubles a los que se enfrentan los seres humanos es el intento de armonización entre el “ser” y el “deber ser”. Desde tiempos remotos los hombres han intentado acomodar el “ser” al “deber ser”, sin haberlo logrado nunca del todo. Esa cuestión es la que se halla en la raíz de las confrontaciones ideológicas de hoy en día.

Parecería razonable que una especie inteligente hubiera aceptado el “ser” como algo dado, y hubiera tratado de acomodar su cultura y su organización social a esa realidad. Así lo ha hecho respecto a hechos físicos como la fuerza de la gravedad, la rotación de La Tierra, o los fenómenos climáticos. Sin embargo, en relación con las características propias de la especie, los humanos se han empeñado en hacer lo contrario: cambiar el “ser” para adecuarlo al “deber ser”.

El individuo humano posee una variada gama de potencialidades, que se desarrollan en menor o mayor grado en cada persona: inteligencia, altruismo, generosidad, mansedumbre, creatividad, memoria, voluntad, tesón, o ecuanimidad. Pero también envidia, egoísmo, mezquindad, agresividad, avaricia, crueldad o falsedad. Ese es el “ser”.

El “deber ser” consiste en definir un ser humano del que se han eliminado las características que se consideran negativas, y que no se aceptan como naturales, sino como anomalías que deben ser corregidas. Y tras varios milenios de desarrollo cultural, la mayor parte de la humanidad sigue sorprendiéndose y escandalizándose porque el “ser” no se corresponde con el “deber ser”.

Como todas las especies vivas, el ser humano se mueve en un entorno competitivo que tiene más que ver con los postulados de Darwin que con los cuentos de hadas. Contra toda lógica y contra toda evidencia histórica y científica, una buena parte de la población mundial –y especialmente del mundo desarrollado- se debate en la angustia de constatar una y mil veces que ese ser humano altruista, pacífico, inteligente, creativo, bondadoso, generoso y veraz; capaz de vivir en una sociedad solidaria y no competitiva no termina de corresponderse con la realidad. La reacción más frecuente es la de buscar culpables de esa contradicción –culpables que siempre son externos-.

¿Por qué insisten los seres humanos en verse a sí mismos como no son? ¿por qué continúan aspirando a construir una sociedad perfecta con individuos imperfectos? ¿cómo es que en un siglo en el que la ciencia ha desmontado casi todos los mitos del pasado, continúa vivo el mito de un “deber ser” de fantasía? ¿por qué mecanismos se ha mantenido esa venda sobre los ojos de la humanidad?

jueves, 19 de enero de 2012

Todos a la cárcel

El Ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, ha anunciado que el gobierno tomará medidas para exigir responsabilidades penales a los gestores públicos que incumplan los presupuestos.

Gaspar Llamazares, ex-secretario general de IU, ha respondido que Montoro quiere emular el “todos a la cárcel” de Berlanga, y que los políticos responden únicamente ante sus electores, o ante los jueces en caso de delito.

¡Hombre, don Gaspar! Que usted es diputado, y por lo tanto legislador… No diga babadas. De eso se trata: de legislar de manera que determinadas acciones de los gestores políticos pasen a ser consideradas delito, y no como hasta ahora. Las responsabilidades penales las señalan los jueces, siempre según el dictado de la ley. Y la ley se puede cambiar, precisamente por el Parlamento del que usted forma parte.

Aparte de la salida estrambótica de Llamazares, la propuesta de Montoro me parece un intento de introducir algo de rigor en la gestión pública, pero que no apunta en la dirección adecuada. En los últimos meses se ha creado un clima de opinión, según el cual el déficit es el enemigo número uno, y ya casi todo vale con tal de combatirlo. Sin embargo, el problema no es tanto el déficit, sino en qué se gasta todo el dinero que origina el déficit. Incurrir en déficit para salvar vidas, o para construir infraestructuras que generarán valor añadido es perfectamente razonable.

Lo que debería ser tipificado como delito es el empleo de dinero público para beneficiar solapadamente a los amiguetes; para hacerse publicidad más o menos encubierta; para construir aeropuertos sin vuelos, líneas férreas sin viajeros, túneles que no se pueden abrir, polideportivos que no se pueden mantener, y organismos burocráticos que no se necesitan.

Ahí va a estar el problema: en tipificar jurídicamente el despilfarro. Y por eso me temo que no se hará nada al respecto. ¿Son despilfarro las docenas de embajaditas autonómicas por el mundo? ¿es despilfarro construir una línea de tranvía? ¿contratar a un grupo musical superestelar para que la gente baile gratis en las fiestas del pueblo?

El sentido común de cada ciudadano sabe muy bien lo que es despilfarro. Pero, lamentablemente, “sentido común” y Código Penal no son siempre sinónimos.

martes, 17 de enero de 2012

Empresarios y emprendedores

En los últimos meses se han puesto muy de moda los emprendedores. Todo el mundo habla de ellos. El gobierno socialista estableció un discurso oficial que consistía en mostrar una abierta desconfianza hacia los empresarios, a los que consideraba una especie de ogros devoradores de bondadosos trabajadores. Según ese discurso, los empresarios formaban una especie de secta maligna, que se levantaba cada mañana pensando en la manera de despedir a sus trabajadores, al tiempo que se fumaban enormes Montecristos.

El esquema era tan simplón que no resistía el menor análisis. Nos guste o no, formamos parte de un sistema capitalista, en el que la figura del empresario es tan imprescindible como la del trabajador. Así que –recurriendo de nuevo a las triquiñuelas del lenguaje- se inventaron lo de los emprendedores: personajes admirables que decidían correr riesgos para competir, elevar el PIB, y crear puestos de trabajo.

Alguien podría apuntar que “emprendedor” es exactamente lo mismo que “empresario”, y tendría mucha razón. Pero la mentalidad colectiva ha aceptado que son cosas distintas. ¿Por qué?

“Empresarios” y “emprendedores” hacen lo mismo: tienen una empresa, contratan y despiden trabajadores, intentan prosperar más que sus competidores, y aspiran a obtener el máximo beneficio posible. ¿Por qué nos parecen cosas tan diferentes? ¿por qué los unos nos inspiran recelo o rechazo, y los otros despiertan nuestra simpatía y nuestra admiración?

Es el juego del doble lenguaje, cuya principal utilidad consiste en que permite hacer una cosa y la contraria, según interese. Se puede subir los impuestos para que los empresarios paguen más, y al tiempo se establecen subvenciones para ayudar a los emprendedores. Así todos contentos. Y lo que es más importante: así todos desorientados.

domingo, 15 de enero de 2012

Francisco Kovacs

He escuchado en RNE una entrevista al doctor Francisco Kovacs. Treinta minutos de alta concentración de sentido común educativo. La entrevista debería estar incluida en la formación de los profesores, y tendría que ser obligatoria para cualquiera que estuviera a punto de tener un hijo.


Transcribo aquí algunos de sus mensajes. Si usted está de acuerdo con ellos, no hace falta que escuche la entrevista si no tiene tiempo. Pero si no las comparte, y tiene hijos o nietos pequeños, saque tiempo de donde sea: sus hijos o nietos lo necesitan urgentemente.

• Tuve la suerte de tener unos padres que me supieron educar, y de haber nacido antes de la LOGSE.
• La educación de un niño consiste en favorecer todas las capacidades que su código genético permite.
• Si el cachete traumatizara, la humanidad no habría sobrevivido.
• Para poder ser libre como adulto, se tiene que aprender a elegir entre opociones viables.
• Hay diferencia entre “formar” y “educar”. Se forma en la escuela, pero se educa en casa.
• Se trata de hacer lo que al niño le conviene, no necesariamente lo que al niño le apetece.
• El objetivo es que hagamos atractivo para el niño lo que le resulta útil.
• El gran error es darle al niño cosas sin que se las merezca. Si se les da un premio sin que el merecimiento lo justifique no se les está haciendo un favor, sino todo lo contrario.
• La competencia despierta el espíritu, y su ausencia lo abotarga. Cualquier niño vivirá de adulto en un mundo tremendamente competitivo, y esto no es opinable.
• Hoy en día la mayor parte de las influencias que recibe un niño son perversas.
• El niño tiene que ser el último mono en casa.
• Felicidad tiene que ver con vivir de acuerdo con los principios de uno mismo, y con hacer lo que uno quiere en el sentido noble del término.

viernes, 13 de enero de 2012

Hipopótamos perplejos

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Zapatero, acordó el reparto de 63 millones de euros en ayudas “a la cooperación”, al día siguiente de haber perdido las elecciones. Es práctica habitual en los países democráticos que un gobierno saliente se limita a tomar las decisiones imprescindibles durante los días o semanas de interregno, dejando al siguiente gobierno todas las decisiones que no sean urgentes.

Aún así, podría entenderse la adjudicación de subvenciones para casos de extrema gravedad, en los que unas semanas de demora pudieran suponer graves daños para la salud y la integridad de las personas. Pero lo que rebasa el límite del esperpento –o de la desvergüenza- es repasar el destino de muchas de esas ayudas, tanto destinadas al exterior, como a nuestro país.

Un vistazo a los enlaces nos proporciona una nítida visión de lo que era el concepto de urgencia social del anterior gobierno. Hay partidas de decenas de miles de euros para proyectos tan innecesarios como descabellados, especialmente en unos tiempos en los que los ayuntamientos no pagan a sus proveedores, las CC.AA. recortan servicios, y el gobierno central sube los impuestos. Pero a mí la que me parece más bonita es la que destina 300.000 euros “para la resolución de conflictos con los hipopótamos en Guinea”.

Desconozco cómo es la vida social de los hipopótamos. Reconozco que nunca he pensado en ellos como animales de compañía, y jamás he apadrinado un hipopótamo. Pero a la vista de la cuantía de la subvención, deduzco que esos pobres animalillos deben padecer graves conflictos, y que era más urgente atender a sus problemas que a las necesidades escolares de los niños del mismo país.

Aunque no es nada fácil, intento ponerme en la piel de esos tiernos artiodáctilos, e imaginar cuál será su perplejidad cuando vean la noticia en el Hipopótamus News. Si yo fuera hipopótamo me preguntaría cómo se van a emplear esos 300.000 euros para resolver mis conflictos. ¿Se creará un comité de mediación interhipopotamaria? ¿se formarán patrullas hipopotámicas que recorrerán los ríos? ¿acaso algunos hipopótamos serán enviados a universidades europeas para formarse como jueces?

Pero no. Tratándose de una ayuda proveniente de España, lo más probable es que el dinero se destine a los gastos de representación de un Observatorio de Conflictos entre Hipopótamos e Hipopótamas.

lunes, 9 de enero de 2012

Pobres y desfavorecidos

La ingeniería social no es nueva. Diferentes élites han puesto en marcha ambiciosos proyectos para transformar la sociedad a la medida de sus deseos. Los resultados han sido muy diversos, pero no se conoce ningún caso en el que se hayan correspondido perfectamente con lo que habían previsto los diseñadores del cambio.

Como observó Robert K. Merton, en 1936, siempre existen consecuencias inesperadas de la acción social. La materia prima de la ingeniería social no es aluminio o cerámica, sino seres humanos que reaccionan individualmente a los cambios, que actúan movidos por emociones, y que terminan desvirtuando el proyecto diseñado.

El ámbito político idóneo para intentar esos cambios son los regímenes totalitarios. Pero los sistemas democráticos no se salvan de los intentos de manipulación social. En la España reciente se han puesto en marcha planes de ingeniería social apoyados en dos patas: la legislación y el lenguaje. Por la vía de la legislación se ha pensado que bastaba con cambiar la ley para cambiar la sociedad. Buenos ejemplos son la Ley de Igualdad, la Ley Antitabaco, o la Ley de Memoria Histórica.

Pero la que me parece más interesante es la vía del lenguaje. El método es simple: se trata de cambiar la denominación de determinados conceptos. De esta forma el concepto al que se alude sigue siendo el mismo, pero con la nueva palabra “parece” diferente, y además se le dota de un nuevo significado.

Un buen ejemplo es la palabra “desfavorecidos”, que se emplea ahora para referirse a lo que en español se conoce como “pobres”. Aparentemente, “pobre” y “desfavorecido” tienen significados equivalentes. Cuando sale un ministro hablando de los desfavorecidos, todos visualizamos mentalmente a un pobre, pero aceptamos “desfavorecido” como animal de compañía, y vamos adoptando el término en nuestro lenguaje.

Pero no es lo mismo. “Pobre” alude a una situación objetiva, dentro de un determinado contexto social. Es decir: se es pobre en relación a otros que no lo son. Pero se puede medir la pobreza, y sus signos son perfectamente observables. La palabra “pobre” hace referencia a una situación, pero no a sus causas.

En cambio, la palabra “desfavorecido” implica la noción de otro agente: el desfavorecedor. Puede ser cualquier cosa (el Estado, el sistema capitalista, un empresario, o la Providencia divina). Pero “desfavorecido” es un participio sustantivado, que proviene del verbo desfavorecer. Por lo tanto en la expresión “desfavorecido” va implícita la acción de alguien que desfavorece.

El pobre puede serlo a causa de una enfermedad, de un accidente, o de la mala intención de otros. Pero también puede ser él mismo el responsable de su pobreza: por alcoholismo, abandono escolar prematuro, delincuencia, estulticia, o indolencia. Por el contrario, el desfavorecido no tiene responsabilidad alguna en su situación. Siempre tiene que haber otros que le hayan privado del favor al que tenía derecho.

Dos palabras que parecen sinónimos, pero que no lo son. Ingeniería social que tendrá consecuencias imprevistas que aún no conocemos.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Cien horas

Hay un nuevo gobierno en España. Durante los últimos siete años numerosos comentarios llamando la atención sobre lo que a mí me parecían incoherencias, banalidades, ocurrencias, desatinos y mentiras de los sucesivos gobiernos de Rodríguez Zapatero. En este tiempo algunas personas me han criticado por estar excesivamente pendiente –según ellos- del señor Zapatero, y prestar poca atención a los errores y fallos del señor Rajoy. Siempre he respondido que al que hay que vigilar muy de cerca es al gobierno, por la sencilla razón de que sus errores se traducen siempre en perjuicios para los ciudadanos.

Coherentemente con eso, a partir de ahora mi atención va a estar focalizada principalmente en el nuevo gobierno, y mis amigos podrán comprobar que me ocupo mucho menos de los avatares que tengan que ver con el PSOE. Existe la tradición de conceder a los nuevos gobiernos cien días de tregua, para darles tiempo a aterrizar y empezar a tomar decisiones.La crítica situación del país no permite semejante lujo, y, al menos por mi parte, sólo les concederé cien horas.

Con el mismo espíritu crítico, trataré de destapar cualquier “fechoría” que puedan cometer el nuevo presidente y los nuevos ministros. En mi balance particular iré reflejando en el “debe” las decisiones que me parezcan inadecuadas, pero sobre todo las conductas partidistas o sectarias; las mentiras o medias verdades; las contradicciones; y los silencios culpables o cómplices. En el “haber” tendrán que aparecer lo que me parezcan aciertos, los comportamientos orientados al interés general; las explicaciones claras y veraces; y ¿por qué no? la ausencia de bobadas a las que tan acostumbrados estamos.

Y como estamos dentro de esas cien horas de gracia, anotaré la primera de las bobadas no cometidas: se ha nombrado un gobierno sin preocuparse de que en las cómodas sillas del Consejo de Ministros haya el mismo número de calzoncillos que de bragas. Algo es algo.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Decir siempre la verdad, aunque duela

Mariano Rajoy ha expuesto su discurso de investidura en el Congreso. La expectación era máxima, y por fin ha mostrado algunas de las políticas que tiene la intención de aplicar. La Bolsa ha reaccionado al alza, y, como era de esperar, todos los portavoces de la oposición se han mostrado “decepcionados”.

Ha mencionado muchas de las cosas que va a hacer, y ha dejado en silencio otras muchas de las que habría que hacer. No voy a entrar a valorar ahora las medidas que me gustan y las que no me gustan. Sólo me voy a detener en una de las primeras frases que ha pronunciado: el compromiso de “decir siempre la verdad, aunque duela”.

Ignoro si llevará a la práctica esa promesa. Pero me parece un buen comienzo, y un giro copernicano del estilo gubernamental que hemos venido padeciendo. Han sido siete años de bonitas mentiras, de cuentos de hadas, de paños calientes. Todo el potencial del aparato burocrático y propagandístico de un partido y de dos grupos de comunicación. Cualquier cosa con tal de no preocupar al ciudadano. Todo iba a ir bien, todo tenía que ir bien: la seguridad, la economía, la convivencia, la unidad de la nación. Todo saldría bien porque así lo decía el catecismo buenista del “pensamiento Alicia”.

Siete años placenteros, de adormecimiento, de renuncia a las preocupaciones, de cuarenta millones de bebés sonrientes. Siete años sin dolor. Siete años de mentiras. Si de verdad cambia eso, ya será un gran cambio, para empezar.