Preguntas y reflexiones sobre la sociedad, su evolución, y las relaciones entre las personas.
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martes, 12 de febrero de 2013
A golpe de péndulo
La crisis económica, las fantasías del anterior gobierno, los incumplimientos del actual, más la marea de corrupción que nos inunda, están transformando el ánimo de la sociedad. Después de sacar pecho por ser el país con el sistema financiero “más sóllido del mundo”, y el que más kilómetros de AVE tenía, hemos tenido que agachar las orejas en la cola del paro, con los sueldos rebajados, los impuestos más altos, y los medicamentos más caros.
España recorre la Historia a base de pendulazos. Millones de españoles aclamaban a Franco en la Plaza de Oriente, y el mismo número llenaba las plazas de toros para vitorear a los líderes de los partidos políticos que vinieron a llenar su hueco. Tantos millones como los que ahora claman en manifestaciones y corrillos de bar contra la “clase política” que nos esquilma.
País de espectadores, que les gusta ver el fútbol, las corridas de toros, y las obras en la calle. Otra cosa es darle patadas a un balón, ponerse delante de un toro, o coger un pico. País de filias y fobias. Democracia en la que se vota más contra el que odiamos que a favor del que nos gusta. Nación que se mueve con los vaivenes del péndulo. Pueblo desconcertado que no sabe ya a quién culpar.
Ni los partidos políticos de la transición iban a ser el Bien Absoluto, ni los políticos actuales son los únicos responsables de todos los males. Ni el régimen de Franco era la Maldad Infinita, ni la democracia garantiza el Bienestar Perfecto. El devenir de una sociedad es la suma de todos los esfuerzos de sus miembros. No debería extrañarnos que la política en España sea un desastre, cuando la única actividad política de la inmensa mayoría de los españoles es ver el telediario.
miércoles, 6 de febrero de 2013
Manifiesto por la Regeneración de la Democracia
Unión Progreso y Democracia ha hecho público un Manifiesto por la Regeneración de la Democracia y la Refundación del Estado.
Leyendo el Manifiesto, es difícil no estar de acuerdo con todas las propuestas. Están en el ánimo de la gente. Acabar con los privilegios; limpiar la política de corrupción; reformar la Constitución; terminar con la "vieja política viciada".
Pero dudo mucho que los partidos de siempre -los que se han repartido el poder en España- acepten esas medidas. Llevan muchos años disimulando, haciendo como si España fuera una democracia avanzada. Intentan solucionar la grave enfermedad que padece España y sus instituciones con aspirinas.
Saben que aplicar el tratamiento necesario implicaría recurrir a la cirugía. Y todos ellos temen ver amputada alguna parte de su florida estructura.
Y seguirán dándonos tila y aspirinas mientras los ciudadanos no ejerzamos decididamente nuestra soberanía. Mientras volvamos a votarles en las siguientes elecciones.
Leyendo el Manifiesto, es difícil no estar de acuerdo con todas las propuestas. Están en el ánimo de la gente. Acabar con los privilegios; limpiar la política de corrupción; reformar la Constitución; terminar con la "vieja política viciada".
Pero dudo mucho que los partidos de siempre -los que se han repartido el poder en España- acepten esas medidas. Llevan muchos años disimulando, haciendo como si España fuera una democracia avanzada. Intentan solucionar la grave enfermedad que padece España y sus instituciones con aspirinas.
Saben que aplicar el tratamiento necesario implicaría recurrir a la cirugía. Y todos ellos temen ver amputada alguna parte de su florida estructura.
Y seguirán dándonos tila y aspirinas mientras los ciudadanos no ejerzamos decididamente nuestra soberanía. Mientras volvamos a votarles en las siguientes elecciones.
viernes, 1 de febrero de 2013
Mearse encima
En un
instituto había dos chavales, dos gallitos, que se repartían el liderazgo. Cada
cuatro semanas, en un descampado próximo al centro, se enfrentaban en una
pelea, jaleados cada uno por sus partidarios, que disfrutaban con cada golpe
que daba su favorito. En una de esas peleas, tan concentrados estaban que ambos
se orinaron encima, con tal de no darse por vencidos.
Aquello
quedó como símbolo de su valor, y sus respectivos adeptos les palmearon las
espalda por ese gesto. Así animados, ambos siguieron con la costumbre, y todos
los días se meaban encima en clase. El aula apestaba, y poco a poco a los demás
compañeros fue dejando de hacerles gracia la costumbre. Cuando los dos
matoncillos vieron que estaban perdiendo popularidad se les ocurrió una idea: ¿Por
que´no firmamos un pacto para no mearnos encima?
Los
partidos políticos que desde la Transición se han erigido en intermediarios
exclusivos entre los ciudadanos y la Democracia huelen cada vez peor. La
financiación ilegal, los sobresueldos, las comisiones a cambio de favores, la
contratación a dedo, la colocación de amigos en cargos muy bien retribuidos son
costumbres tan consolidadas en España como el café de media mañana.
En unos
momentos en que la sociedad apenas puede respirar porque lleva el cinturón
demasiado apretado, y porque tene que taparse la nariz por el hedor que
desprende lo público, a las cabezas pensantes del PSOE y del PP se les ocurre
la gran idea de acordar un Pacto contra la Corrupción que –según ellos- sería
el bálsamo de Fierabrás que acabaría con tanto chanchullo.
miércoles, 30 de enero de 2013
El Estado-bicicleta
Una de las funciones que debe desempeñar un estado moderno
es la de redistribuir la riqueza del país. Por infinidad de causas, la
diferencia entre el grado de riqueza que generan unas personas y otras es muy
elevado. Si el Estado no interviniera, se produciría un proceso de darwinismo
social –lo más parecido a la ley de la selva-, que daría lugar a que muchas
personas, sencillamente, no lograrían sobrevivir.
El Estado funciona como un inmenso vehículo a pedales: cada
ciudadano pedalea según sus fuerzas, y la suma de todos esos esfuerzos hace que
el vehículo avance. En consecuencia, la velocidad del vehículo dependerá de
tres factores: a) el número de personas que pedalean, en relación con el número
de las que no pedalean; b) el esfuerzo de los que pedalean; y c) la eficiencia
de la propia bicicleta.
Desde este enfoque, no puede extrañarnos que la bicicleta de
España sea incapaz de remontar la pendiente de la crisis internacional. No es
sólo que cada vez son menos los que pedalean y más los que no mueven las
piernas; sino que, además, el entusiasmo con que los primeros va menguando mes
a mes.
Pero quizá el principal problema esté en el propio diseño de
la bicicleta. Los ingenieros políticos dibujaron los planos en la Transición, y
los artesanos políticos han construido poco a poco un engendro muy vistoso,
pero muy poco eficiente. Tenemos un Estado-bicicleta de mármol, con muchas
luces, que absorben mucha energía; con
infinidad de banderolas que chocan contra el viento; con diecisiete manillares;
con engranajes mal ajustados; y con la cadena floja.
viernes, 25 de enero de 2013
Por favor: molesten
Ayer, Carlos Martínez Gorriarán, diputado nacional de Unión
Progreso y Democracia, charlaba con los afiliados de Zaragoza, y analizaba la
situación política de España, y lo que yo llamaría la “situación patética” de
los representantes políticos.
Es llamativo cómo gran número de diputados del Congreso –de
unos y otros partidos- reconocen en privado la oportunidad y la necesidad de
muchas de las propuestas de UPyD. Es llamativo porque a la hora de la verdad,
votan contra ellas. ¿Son corruptos? ¿acaso padecen esquizofrenia?
No. Sencillamente, no quieren molestar a nadie. Los partidos
tradicionales, bien instalados en el chiringuito que ellos mismos han
construido, hacen toda clase de malabarismos dialécticos y legislativos con tal
de no molestar, y no perder ni un voto. Casi todos saben lo que habría que
hacer; lo que es imprescindible hacer. Pero son conscientes de que mucha gente
se molestaría si se hiciera. Viven pendientes de la posible reacción de los
sindicatos, de la patronal, de la Iglesia, de la banca, de los ecologistas, los
feministas, los sectores profesionales, y del orfeón donostiarra; y les aterra
molestar. Cualquier cambio estructural perjudicará los intereses –o las
mamandurrias- de alguien. Y así los grandes cambios necesarios se van aplazando
o paralizando, a la espera de que sean otros los que asuman el coste electoral.
En España hacen falta dirigentes políticos que tengan buenas
ideas para el país, y que tengan valor para aplicarlas. Hay demasiadas
estructuras parasitarias consumiendo este viejo organismo nacional, y es
totalmente imposible regenerarlo sin molestar a todas esas estructuras.
Precisamente, se trata de eso: de sanear España, librándola del exceso de
organizaciones, corporativismos y clientelismos que le chupan la sangre, y que
están poniendo en serio peligro la continuidad de la democracia.
Señores políticos: por favor, molesten.
miércoles, 23 de enero de 2013
Que se mueran los viejos
El ministro de Finanzas de Japón, Taro Aso, ha pedido a los
ancianos japoneses que se den prisa en morir, para que el estado del Sol
Naciente pueda ahorrarse el altísimo coste de su atención sanitaria.
Sorprende que la noticia venga del un país que tiene fama de
venerar a sus ancianos. Pero, al parecer, eso de “la pela es la pela” está más
extendido de lo que podíamos creer. Y también es cierto que la economía
japonesa (y la europea) va a tener muchas dificultades para mantener el
equilibrio entre una esperanza de vida cada vez más alta y una tasa de
natalidad cada vez más raquítica.
Pero lo que me aterroriza es pensar que la noticia puede
estar circulando por los despachos del ministerio del señor Montoro. Me imagino
al pobre hombre, compungido, mirando sus enormes tijeras, y sin saber ya de
dónde recortar. Y entonces los japoneses le regalan la gran idea: ¿Por qué no
recortar la esperanza de vida? ¿Por qué dejar que la caprichosa Naturaleza
decida cuando termina el ciclo vital de los ciudadanos? Si tenemos regulada la
edad para poder beber alcohol, para entrar o no en prisión, para entrar a un
casino, y para jubilarse, ¿por qué no regular por ley la edad para morirse? O
bien ¿por qué no establecer un nuevo impuesto, que se iría incrementando en
cada cumpleaños, a partir de los 65?
lunes, 21 de enero de 2013
Silencio culpable (II)
En la España de Franco no se hablaba de política. En su
lugar la gente podía encauzar sus anhelos y sus emociones a través de dos grandes
canales: la religión y el fútbol. En 1978 los españoles llegaron a la
democracia, pero la democracia no llegó a los españoles. Treinta y cinco años
después la política se sigue empapada de esos dos componentes. Los
nacionalismos funcionan como religiones; y la rivalidad partidista funciona
como el fútbol.
Por otra parte, la corrupción empapa una sociedad que lleva
en sus genes a Rinconete y Cortadillo. Con frecuencia lo único que diferencia
al gran mangante del pequeño tramposo es que uno y otro no tienen las mismas
ocasiones de llevarse su tajada.
Para completar el montaje del país de Trincaloquepuedas, el
silencio cómplice se ocupa de amortiguar la realidad. Silencio entre iguales.
En el instituto nadie se chiva del que copia el examen. En el trabajo nadie
delata al que no da palo al agua. En los partidos políticos nadie denuncia al
corrupto que defiende las mismas siglas. Los militantes del PSOE claman ahora
contra la corrupción en el PP, igual que los del PP claman contra la corrupción
en el PSOE. Pero nunca nadie ha dicho nada contra la corrupción en su propio
partido.
Es el toque futbolístico. La afición se pone en pie aullando
con el menor empujón de un jugados del equipo contrario a uno de los suyos.
Pero permanece en silencio cuando uno de los suyos le da una patada en el
tobillo a un contrario.
Ante lo que se está sabiendo sobre el caso Barcenas los
militantes del PP tendrían que haber salido los primeros para exigir a la
direción de su partido que explique qué ha pasado. Que aclare si se entregaron
sobres con dinero negro a altos cargos. Que se sepa qué altos cargos cobraron.
Que se expulse del partido a todos los que hayan podido participar en el
asunto. Los militantes del PP honrados deberían hacer esto inmediatamente, o
bien darse de baja del partido. En caso contrario estarán respaldando la
corrupción. En este caso –y en los casos que afectan a otros partidos- el
silencio no es sólo cómplice: es culpable.
viernes, 18 de enero de 2013
Carta de un español honrado a un político corrupto
Corrupto señor ministro, consejero, director general, o lo
que sea:
Me he enterado de que usted ha falsificado las cuentas
públicas, que ha colocado a sus amiguetes, que ha amañado subvenciones, y que se
ha quedado con el dinero de mis impuestos. Por todo ello me dirijo a usted para
exigirle su inmediata dimisión, y que abandone España para siempre.
Soy un honrado ciudadano que ha tenido que abrirse camino en
la vida sin ayuda de nadie. De adolescente se me daban muy mal las matemáticas,
y me vi obligado a copiar en el examen para poder aprobar el bachillerato.
Pocos años después me libré de la mili gracias a un coronel médico que era
cuñado de mi tío Serafín. Pero no me quedé cruzado de brazos en casa, el padre
de mi amigo Joaquín, que era concejal. me colocó de administrativo en la
empresa que hace la limpieza de la ciudad.
Mi vida no ha sido fácil. Tengo un hijo deportista, y muchas
veces he tenido que inventarme dolores de espalda para pedir la baja y poder
acompañarle a sus competiciones fuera de la ciudad. Llevo 20 años trabajando
dos horas por las tardes llevando la doble contabilidad de un taller, lo que me
ha permitido adquirir la casa unifamiliar en la que vivimos, ya que me pagan en
negro.
Soy una persona sensible, que ayuda a los inmigrantes: una
mujer ecuatoriana ayuda a mi mujer en las tareas de la casa; un senegalés cuida
mi jardín, y un colombiano se encarga del mantenimiento. Ninguno de ellos tiene
permiso de residencia, y si no fuera por mí, habrían tenido que volverse a su
país.
Soy austero y ahorrador. Los medicamentos que necesitamos en
casa los consigue mi suegra con su tarjeta de pensionista, gracias a la amabilidad
de su médico, don Alejandro. Como mi mujer trabaja en un hotel de lujo, hace
más de 15 años que no compramos toallas, ropa de cama, ni cubiertos, ni
vajilla. La gasolina de mi coche la cargo a nombre de la empresa. En una
palabra: soy un español normal y corriente, que vive como todos los españoles,
honradamente.
Por eso le exijo que dimita y se vaya de España. Porque los
españoles honrados como yo no nos merecemos políticos como usted.
jueves, 17 de enero de 2013
Silencio culpable (I)
El caso de los millones en Suiza del ex-tesorero del PP,
Luis Bárcenas salta a la actualidad tapando el caso Pallerols, que apareció tapando
el caso de los ERE de Andalucía, que hizo sombra al caso Gürtel.
¿Qué pasa en España? ¿Somos una sociedad corrupta, que
produce políticos corruptos? ¿o somos una sociedad limpia, con un sistema de
partidos que favorece la corrupción?
Yo me temo que las dos cosas al mismo tiempo. La
Constitución dotó a los partidos políticos de un protagonismo absoluto,
convirtiéndolos en tutores de la libertad y la soberanía de los ciudadanos. Se
convirtieron en empresas endogámicas más preocupadas por el marketing que por
la calidad del producto, Empresas sin accionistas, que obtienen su capital
directamente de los impuestos, y que sólo rinden cuentas cada cuatro años en
campañas electorales entre música y mentiras.
Los partidos se han convertido en estructuras burocráticas
cuyo primer objetivo es conseguir y mantener el poder, El segundo objetivo es
proporcionar medios de vida a sus afiliados y simpatizantes, repartiendo cargos,
subvenciones, ayudas y prebendas. En tercer lugar intentan cambiar la sociedad
para adecuarla a los dogmas de su ideología. Y ya por último se interesan por
el progreso del país y el bien común.
Todos los partidos están pringados, de manera proporcional a
la cuota de poder que han alcanzado. Es inverosímil que todos los casos de
corrupción conocidos se han destapado por la intervención de algún juez o de
algún periódico, casi siempre originadas porque alguien resentido se ha ido de
la lengua. Es increíble que ni uno solo de estos casos haya sido denunciado por
el propio partido. Es imposible que nadie en los órganos directivos de los
partidos se haya enterado nunca de ninguna irregularidad.
martes, 15 de enero de 2013
Paranoia
Hace unos días, en una entrevista en RNE,le preguntaron a
Albert Boadella qué titulo le pondría a una obra sobre la situación en
Cataluña. El veterano director teatral respondió con una sola palabra:
“Paranoia”.
La paranoia es un trastorno mental en la que el individuo
sufre ideas delirantes, que pueden incluir que se sienta amenazado, y perciba
toda clase de peligros y conspiraciones contra él. Puede ser un trastorno
grave, que puede llevar al enfermo al aislamiento, debido a que las personas de
su entorno terminan alejándose de él. Afortunadamente, la enfermedad no es
contagiosa el sujeto sólo percibe peligros para sí mismo; lo que no supone
amenza alguna para los demás..
Caso diferente es el de la “paranoia social” –a la que se
refería Boadella-. En este caso, los delirios y las amenazas imaginarios no van
dirigidas contra un individuo concreto –el enfermo-, sino contra un grupo
determinado. Las personas afectadas por la paranoia social tratan de convencer
a los demás miembros de su grupo de que los delirios son reales. Su
insistencia, y la convicción con la que describe las amenazas –que en su mente
aparecen como totalmente ciertas- puede sembrar fácilmente la duda en la mentes
-en principio, sanas- de otras personas: ¿Y si tuviera razón? ¿y si sus temores
fueran ciertos? ¿y si nos quisieran destruir? ¿y si fuera más listo que yo, y
por eso no me he dado cuenta?
viernes, 4 de enero de 2013
Ubundu
Ubundu era un joven que vivía en una choza de una pequeña
aldea africana, con su hermano mayor Bangoro. Era un muchacho tímido y apocado,
y mostraba poco interés por seguir las costumbres de la tribu.
Su hermano mayor hacía todo lo posible para evitar que los
demás miembros del poblado se dieran cuenta de que Ubundu era diferente. Salía
muy temprano a cazar, y siempre volvía con dos piezas: la suya y la de Ubundu.
Como Ubundu era poco diestro, Bangoro era el que se encargaba
de hacer fuego, de despellejar las piezas cazadas, y de preparar las tortas de
cereal de las que se alimentaban.
Ubundo pasaba los días sin tener ninguna ocupación, paseando
por los alrededores de la aldea, o sentado en un rincón de la choza, sumido en
sus pensamientos. Así pasaron muchos años sin que los vecinos de la aldea
notaran nada especial en Ubundu.
Un día sonaron los tambores de alarma en todo el poblado. Una
partida de guerreros irrumpieron entre grandes alaridos, incendiaron varias
chozas, y se llevaron a algunos hombres y mujeres jóvenes para que les
sirvieran como esclavos. Ubundu se libró porque no se movió de su rincón en la
choza, pero su hermano Bangoro fue hecho prisionero.
Entonces Ubundu quedó completamente desamparado. No sabía
cazar ni preparar alimentos. No sabía hacer fuego ni reparar los desperfectos
de la cabaña. Tampoco había aprendido las danzas rituales, ni sabía tomar parte
en las ceremonias de la tribu.
El Consejo de la tribu, que creía que Ubundu era un joven como
los demás, se reunió para decidir sobre su caso. Unos pensaban que Ubundo
despreciaba sus costumbres. Otros que era un perezoso que quería vivir a su
costa. Otros defendían que estaba ofendiendo gravemente a los dioses.
El
Consejo decidió expulsar al joven del poblado, y Ubundu se perdió en la jungla,
maldiciendo a su hermano por no haberle enseñado a valerse por sí mismo.
jueves, 27 de diciembre de 2012
El bigote de los nacionalistas
Esta mañana, en una entrevista en Onda Cero, Rosa Díez decía
que el gobierno tenía que hacer cumplir la Constitución y la ley en todas las
CC.AA., a lo que le respondía Miguel Ángel Rodríguez que cuando el ministro de Educación ha dicho que hay que hablar el español, en Cataluña “se ha montado la marimorena”. A lo que Rosa Díez replicaba sin titubear: “Ah, pues que se monte. Es que hay cosas que hay que hacer, a pesar de los nacionalistas”.
Se puede coincidir o no con las opiniones y las propuestas
de la portavoz de UPyD; pero lo que nadie puede decir es que no hable claro.
Sabe lo que quiere decir, lo dice, y además se le entiende. Toda una rareza en
el panorama político español.
Yo estoy de acuerdo con Rosa en que las políticas de
apaciguamiento que todos los gobiernos han venido siguiendo respecto a los
nacionalismos españoles sólo han servido para alimentar más a la fiera. Para
darle ánimo, y para que prosiguiera en su escalada de exigencias sin límite.
En los años 30 del siglo pasado Francia y Gran Bretaña
cometieron el mismo error respecto a Hítler –casualmente, otro
ultranacionalista-. Como advirtió Churchill, tenían que elegir entre la
indignidad y la guerra; escogieron la indignidad; pero tuvieron también la guerra.
Alguien me dirá que no se puede comparar al nacionalismo
catalán o al vasco con el nazismo. Pero se equivocan: se puede.
Comparar no es igualar, sino analizar semejanzas y diferencias; y decir que Charles Chaplin
llevaba bigote al igual que Hítler no significa que ambos personajes tuvieran
la misma catadura. Sólo que los dos llevaban bigote. En eso son comparables.
Y los nacionalismos españoles llevan el mismo bigote que Hítler.
Gritan, hacen discursos patrióticos, acusan a los demás de toda clase de
agravios, se inventan la Historia; y sus exigencias no tienen fin. En eso son
idénticos. Por lo demás, es cierto que los nacionalistas no han dicho que
quieran exterminar en cámaras de gas a los que no son catalanes (o vascos); es
cierto que no están creando un poderoso ejército para invadir las regiones
vecinas. Es cierto que los nacionalistas catalanes no han dicho que pertenezcan
a una raza superior –aunque los nacionalistas vascos sí que lo han hecho-.
Ahora se trata de saber si el gobierno de España seguirá
cometiendo la misma torpeza que cometieron los bienintencionados gobiernos de
Francia y Gran Bretaña. Los nacionalistas vascos y catalanes (y también los
gallegos, los aragoneses, y todos los nacionalistas) no son iguales que los
nazis. Pero llevan el mismo bigote.
miércoles, 26 de diciembre de 2012
Mojón de decepciones
Ya pasaron la Nochebuena y la Navidad. Esas fechas míticas
en las que lo religioso se combina con lo comercial con tanta dificultad como
el agua con el aceite. Se logró el milagro de surtir de viandas la mesa, con
más imaginación que presupuesto. Transcurrieron los festines, en muchos casos
al borde de esa catástrofe que supone juntar a familiares que no se terminan de
tragar, y además regarlos con vinos, cavas y licores.
Se consumó la segunda gran decepción. Esa en la que se
constata que no basta que el calendario señale “25 de diciembre” para que todo
el mundo olvide sus rencores y miserias, y todos nos convirtamos en seres
beatíficos, pacíficos, generosos y magnánimos.
La primera gran decepción tuvo lugar tres días antes. Ante
el desconcierto de millones de jugadores esperanzados la ley de probabilidades
volvió a imponer su criterio, y aunque muchos fueron los llamados, muy pocos
fueron elegidos por la suerte.
jueves, 13 de diciembre de 2012
Tetas con conetenido
Una mujer panameña, de 23 años, ha sido detenida en el
aeropuerto del Prat, y tras llevarla a un centro hospitalarios, se han
encontrado 1,4 kilos de cocaína en el interior de las prótesis mamarias que tenía
implantadas.
Me temo que pronto veremos alguna reacción furiosa por parte
de los feministas más exaltados, por el alto componente machista que este hecho
supone. Se trata, sin duda, de un ejemplo más de utilización de las pobres
mujeres al servicio de los miserables intereses de los hombres.
Claro que, bien pensado, este tipo de discriminación tiene
su lógica. Desconozco el tamaño de los pechos de la panameña, pero apostaría
que los traficantes habrán escogido a una camella dotada de dos portaequipajes formato
XL. En esto también la biología se empeña en llevarles la contraria a los
feministas radicales, y deja en clara desventaja a los hombres para competir en
esta clase de negocios.
Mientras que no es nada extraño ver circular por los
aeropuertos a mujeres dotadas de potentes air-bags delanteros, un hombre que
intentara pasar 1,4 kilos de droga en los testículos sería inmediatamente
detectado, aunque sólo fuera por la extraña manera de caminar, con semejante
peso y volumen en la entrepierna.
miércoles, 12 de diciembre de 2012
El recuerdo de la barbarie
Ayer se cumplieron 25 años desde que unas bestias de
apariencia humana segaron la vida de once personas que dormían tranquilamente
en la casa cuartel de la Guardia Civil, en Zaragoza. Seis adultos y cinco niños
que soñaban con cosas que nunca sabremos. Quizá algún guardia civil estuviera
soñando con que identificaba a un terrorista, que lo detenía, y que a él le
ascendían. Puede que alguna esposa estuviera soñando que les tocaba el gordo de
Navidad, y que se compraban un bonito piso, con más comodidades que la vieja
casa cuartel.
Y las niñas, ¿qué soñaban las niñas? Es posible que con las
próximas vacaciones navideñas, o con los regalos que sin duda les traerían los
Reyes Magos. Quizá las gemelas de tres años soñaban que se hacían mayores; que
iban a un colegio y aprendían muchas cosas; que se casaban con un guardia civil
muy guapo, como había hecho su mamá; o que vivían en un mundo sin
preocupaciones, sin miedos ni peligros, sin hombres del saco, sin terroristas
como los que había en las fotos del cuartel.
Los despiadados asesinos que cometieron aquella masacre eran
unos descastados, sí. Pero eso no fue causa suficiente para el crimen. El motor
que impulsó aquella matanza era una idea insensata. Hizo falta una idea
aberrante, una distorsión enfermiza de la realidad, una historia inventada, un
fanatismo sin límites. Aquellos iluminados no fueron sino la herramienta que
servía a una idea.
Hagamos que aquellas muertes no hayan sido inútiles. Aprendamos
que son determinadas ideas las que desencadenan la potencial perversión que se
esconde en el corazón humano. Aprendamos a reconocer esas ideas cuando están
germinando, cuando todavía parecen inofensivas. Sepamos cortarlas de raíz.
Rechacemos a todo tipo de iluminados. Desconfiemos de los que nos hablan de la
Tierra Prometida. Hagamos callar a toda clase de fanáticos, si no queremos que
algún día se interrumpan brutalmente nuestros sueños.
martes, 11 de diciembre de 2012
Nacionalismo de niños y viejos
En mi opinión los nacionalismos son una manera irracional de
canalizar los sentimientos primarios de la gente para beneficiar a una élite
dirigente. No se trata de una ideología propiamente dicha, sino de un anhelo que tiene mucho más que ver con la religión que con la política. Para los
nacionalistas la Independencia ocupa el mismo lugar que el Cielo para los cristianos.
Después de más de un siglo de nacionalismo, en Cataluña han llegado a las
puertas de un Cielo, que visto de cerca más parece un Purgatorio.
En Aragón nunca habíamos sido infectados por esa enfermedad.
Pero a partir de la Constitución del 78 –que tanto claudicó ante nacionalistas
vascos y catalanes-, también se izaron en esta tierra banderines de enganche
nacionalistas. Ahora que se está tramitando la Ley de Lenguas de Aragón, se
puede ver a dónde nos quiere llevar el despropósito de un nacionalismo aragonés,
que intenta emular las fechorías intelectuales de sus vecinos de Cataluña.
No nos extraña, pues, que CHA e IU propongan cosas como que el
catalán y la fabla sean cooficiales en todo Aragón; que en todos los colegios
se impartan la mitad de las clases en catalán o aragonés; que se puedan catalanizar
o “aragonesizar” los apellidos; o que la televisión pública emita también en
catalán. Propuestas que se hallan a mitad de camino entre lo absurdo y lo
totalitario, sin olvidar el enorme coste económico que supondría su implantación.
Más llamativo resulta que el Partido Socialista Obrero Español, con más de 100 años de historia
a sus espaldas, se sume a esta alocada carrera hacia ninguna parte, y proponga
también el doblaje de películas al aragonés y al catalán; la existencia de
traductores en las administraciones; que en los hospitales de Aragón se atienda
en catalán si el paciente lo solicita; o que para opositar se valore el
conocimiento del catalán.
Si las propuestas de CHA recuerdan la ingenuidad de los
niños cuando piden a sus padres que les den La Luna; las del PSOE se parecen más
a los anhelos del anciano que en su decrepitud se sube a un autobús para
rozarse con las jovencitas. Patético espectáculo el de unos y otros tratando de
inventar la Historia, y empeñados en controlar algo tan personal como es el
idioma que deben utilizar los ciudadanos. Como siempre, cuando los partidos se
apropian de las lenguas, terminan utilizándolas contra alguien.
viernes, 30 de noviembre de 2012
El festival del sofisma
Un sofisma es una razón o argumento aparentemente consistente,
con el que se quiere defender o persuadir de algo que es falso. Entre muchas
otras habilidades, nuestros políticos se han especializado en manejar los
sofismas con la mayor soltura. Lanzan un mensaje que parece coherente, y
millones de ciudadanos lo hacen suyo sin pararse ni un minuto a pensar si les
han vendido una burra coja. Los ejemplos son innumerables, y darían para un
extenso tratado, pero hoy me quiero referir a uno que está muy de moda estos días,
con motivo de las protestas de personal sanitario por la intención de la
Comunidad de Madrid de privatizar la gestión de algunos hospitales.
El sofisma aireado a bombo y platillo por socialistas y
comunistas es el que dice: “quieren hacer negocio con la salud de la gente”.
Dicho con tono de escándalo y con gesto de incredulidad, y dando a entender
implícitamente que hacer negocio es malo en sí mismo, y que si es a costa de la
salud de la gente es aún peor.
Puede entenderse que ciertos líderes políticos carezcan de
vergüenza y engañen masivamente a los ciudadanos, con tal de arañar unos miles
de votos al adversario político. No es ético, no es leal, no es limpio, pero ya
estamos acostumbrados a que la ética, la lealtad y la limpieza no sean las
cualidades más destacadas de la mayoría de los partidos políticos. Lo que
cuesta más entender –y dice bien poco de la madurez ciudadana de los españoles-
es la facilidad con la que aceptan manipulaciones tan groseras.
Porque con la salud vienen haciendo negocio decenas de miles
de personas. Desde los que trabajan en un laboratorio farmacéutico hasta los
que venden ambulancias, pasando por todo el personal sanitario, las empresas
que proveen a los hospitales de toda clase de suministros. El personal
administrativo de la Seguridad Social, los farmacéuticos, los veterinarios, y
los funcionarios de la OMS. Todos ellos viven a costa de la salud de la gente.
Igual que los panaderos, los carniceros, los fruteros, los
agricultores, los ganaderos, y los supermercados viven a costa del hambre de la
gente. O tal como los fabricantes e instaladores de cerraduras y sistemas de
seguridad viven a costa del miedo de la gente; los jueces, procuradores y
abogados viven a costa de los conflictos que tiene la gente; y las funerarias
viven a costa de la muerte de la gente.
¿Por qué no se dejan de tonterías? ¿Por qué no dicen que los
sanitarios de Madrid protestan porque no quieren perder su estatus de empleados
públicos? ¿Por qué no reconocen que la gestión privada introducirá modelos de
eficacia que reducirán su calidad laboral? Es legítimo protestar por eso. No
hace falta engañar a la gente. Pero hay que deducir que si existen tantos
grupos de interés dedicados a engañarnos, debe ser porque somos muy fácilmente
engañables.
miércoles, 28 de noviembre de 2012
Cada uno en su casa es rey
Al hilo de la aventura independentista que ha emprendido
Artur Mas, y del respaldo que muchos catalanes han dado al proyecto –que no a
su impulsor-, podríamos hacer algunas reflexiones sobre los factores que impulsan
a idealizar la independencia.
Cada uno en su casa es rey, y puede hacer y deshacer a su
antojo, aunque siempre limitado por su posibilidades físicas y económicas. En
el espacio hogareño uno puede decidir desde el color de las paredes hasta la
temperatura de la calefacción, pasando por el menú diario o la disposición de
los muebles. Se trata de una sensación muy agradable que acaricia nuestro ego y
nos hace sentirnos importantes.
Pero en cuanto salimos al rellano la cosa cambia por
completo: las luces de la escalera ya no dependen de nosotros, sino del
presidente de la comunidad. Al salir a la calle todavía es peor: los semáforos,
las zonas azules, la limpieza de las calles, o los horarios de la biblioteca
escapan a nuestro control, y dependen del alcalde.
Así pues, cuanto más pequeño sea el ámbito político, mejor
para engordar el ego. Pero hace varios miles de años que los seres humanos se
vienen agrupando en tribus, aldeas, condados, reinos y naciones. Y no para
machacarse el ego, sino porque las sociedades complejas permiten una mejor
división del trabajo y mejor aprovechamiento de los recursos escasos. La
mayoría de la gente ha descubierto que es más práctico colaborar con sus
vecinos que aislarse de ellos.
martes, 27 de noviembre de 2012
La indiopendencia
Al hilo de la fiebre independentista he recuperado un artículo publicado en Heraldo de Aragón, allá en 1991. No sin cierta sorpresa, he comprobado que sigue siendo de plena actualidad, si acaso con unos ligeros retoques. Da pena constatar lo poco que hemos avanzado.
La indiopendencia
La indiopendencia consiste en el arte desarrollado últimamente por algunos políticos, consistente en hacer el indio ellos mismos, y simultáneamente fomentar la aparición de pendencias entre determinados ciudadanos.
Ha bastado que tres pequeños países a orillas del mar Baltico recuperen la independencia para que, para que en esta vieja nación se inicie la carrera para demostrar quién es el más independentista. Es una verdadera pena que a nuestros administradores y a sus correspondientes opositores no les entren las mismas ansias emulativas hacia las autopistas alemanas, la sanidad francesa, las prestaciones sociales suecas, o la competitividad japonesa.
Claro que para lograr estas últimas ventajas se requiere capacidad, organización y eficacia; mientras que para erigirse en adalides del independentismo basta con agitar un pedazo de tela con los correspondientes colores.
Mientras en la Europa democrática y desarrollada se trabaja en pro de la eliminación de fronteras, aquí se busca lo contrario en nombre del derecho a la autodeterminación de los pueblos.
Pero, ¿de qué pueblos hablan? Aquí se pueden enarbolar supuestos derechos a partir de los celtas, los íberos, los fenicios, los cartagineses, los romanos, los visigodos, los musulmanes, o los de Orejilla del Sordete.
Incluso sin necesidad de remontarnos tan lejos, tomemos por ejemplo a los vascos. ¿A qué vascos se refieren? ¿a los que allí residen? ¿a los que los vienen haciendo desde hace cinco años? ¿a los que hablan correctamente vascuence? ¿o a los que son capaces de levantar piedras de más de 75 kilos?
Indudablemente todos llevamos dentro un pequeño rey, y creemos que tenemos soluciones originales para terminar con los innumerables problemas que aquejan a nuestra sociedad. Cada uno de nosotros nos sabemos insignificantes ante el conjunto de millones de habitantes que pueblan Europa, pero, simultáneamente, somos conscientes de la importancia que cobramos en el seno de nuestra familia.
No es de extrañar, por lo tanto, que la idea de empequeñecer el mundo el mundo que nos rodea pueda parecer deseable para muchos.
Yo tengo un amigo de Ejea de los Caballeros, que está encantado con la idea. Sueña con tener un presidente de la República propio, dos cámaras legislativas, un Consejo de Estado y un Tribunal Constitucional. Un gobierno, embajadores en todo el mundo y su bandera ondeando ante la sede de Naciones Unidas en Nueva York. Imagina, además, disponer de moneda acuñada en la ciudad; un ejército (reducido pero muy profesional), universidad, aeropuerto internacional, y dos cadenas de televisión.
El único problema estriba en que desde que comenzó a acariciar estas ideas ha discutido ya tres veces con su esposa (nacida en Tauste) por no ponerse de acuerdo sobre la nacionalidad que debe corresponder a sus tres hijos, nacidos en la maternidad de Zaragoza.
Mi amigo opina que deberían ser ciudadanos con pasaporte de Ejea, ella opina que tendrán derecho a ostentar la doble nacionalidad; y el hijo mayor, para acabar de compliarlo, cree que la solución idónea pasa por la formación de la Federación de las Cinco Villas, la cual podría formar parte de la CEA (Comunidad Económica Aragonesa), e intergrarse en la OTEN (Organización del Tratado del Ebro Norte).
Lástima que nadie le explique a mi amigo, y a tantos que como él piensan, que estas absurdas veleidades que tanto agradan a nuestro ego, se traducen en un desorbitado coste económico que se obtiene de los impuestos de cada ciudadano.
Dinero que mejor podría ser empleado en la construcción de hospitales, escuelas, carreteras, y todo tipo de infraestructuras para propiciar el desarrollo y bienestar de todos lo que, hasta ahora, utilizamos el mismo formato de Documento Nacional de Identidad.
lunes, 19 de noviembre de 2012
El derecho al espejismo
Me llega
una de las numerosas invitaciones que circulan por internet para firmar toda
clase de peticiones. La de hoy dice: “A todos los bancos, suspendan
inmediatamente los desahucios”. Me he quedado petrificado ante semejante
muestra de mezquindad: ¿Por qué los que han lanzado la petición se conforman
con tan poca cosa?
Yo voy a
lanzar otra petición mucho más razonable y mucho más ambiciosa:
- A todas las administraciones, suspendan inmediatamente todos los impuestos.
- A todas las jefaturas de tráfico, suspendan inmediatamente todas las multas.
- A todos los ayuntamientos, suspendan inmediatamente todas las tasas.
- A todos los jueces, suspendan inmediatamente todas las condenas.
- A todas la compañías telefónicas, suspendan inmediatamente todas las facturas.
- A todas las tarjetas de crédito: suspendan inmediatamente todos los recibos.
- A todos los supermercados, suspendan inmediatamente todas las cajas.
¿Por qué
vamos a conformarnos con dejar de pagar sólo a los bancos? Seamos osados.
Construyamos un mundo infantil. Dejemos que la economía la gestionen los Reyes
Magos, el comercio el Ratoncito Pérez, y la Justicia el Hombre del Saco. Seamos
infinitamente felices, Vivamos en el mundo de la fantasía, expulsemos a la
realidad de nuestra mente, dejemos que las quimeras gobiernen nuestra conducta.
Todos tenemos derecho a vivir en un espejismo.
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