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jueves, 29 de septiembre de 2016

Pedro ¿qué parte no has entendido?


Pedro, ven aquí, mocetón. El 20 de diciembre, con tus 90 diputados, batiste el récord a la baja que había conseguido Rubalcaba con 110. No te pareció suficiente, y el 26 de junio llegaste a los 85. En Gaiicia, tu partido ha perdido la mitad de los diputados que tenía. En el País Vasco se ha rezagado hasta igualar al farolillo rojo del PP. Dime, perillán, ¿qué parte de “resultados electorales” no has entendido?

Ven aquí, bribón. Has basado tu campaña electoral en una única idea: “echar al PP de La Moncloa”. ¿No ves que un mensaje tan simple, tan pobre, dice demasiado de tu inexistente perfil de estadista? ¿No te das cuenta de que los votantes tradicionales del PSOE no son tan bobos como para morder ese anzuelo? Y eso a pesar de que tu partido lleva doce años trabajando la exclusión a los conservadores, el ostracismo a la derecha, el odio al PP.

Dices también que no quieres que el PSOE quede subordinado al Partido Popular. ¿No eres capaz de entender que han sido los electores los que han dejado a tu partido subordinado en 52 escaños? ¿No comprendes que tu “no a Rajoy porque no” es un escupitajo a la cara de los más de siete millones de españoles que han votado a ese partido? Repite conmigo: “de-mo-cra-cia”. ¿Qué parte de “democracia” no has entendido?

Ven aquí, granuja. Tienes en contra a la mayor parte de los secretarios generales autonómicos. Te dicen que te estás equivocando los miembros más solventes y experimentados de tu partido, incluyendo a los que han sido secretarios generales, ministros, y presidentes del gobierno. Te acaba de dimitir la mitad de tu Ejecutiva. Y tú sigues erre que erre, Don Pedro Nonoyno, agarrado al cargo como un niño a su pelota nueva. ¿Qué parte de “dignidad política” no has entendido?

Ven aquí, bergante. ¿No estás viendo que tu partido está a punto de estallar? ¿no has visto la cara de satisfacción que se le ha puesto a Pablo Iglesias ante el regalo que le estás haciendo? ¿no sabes que en toda Europa se forman gobiernos de coalición cuando los resultados  electorales no permiten gobernar en solitario? ¿Qué parte de “abstenerse no es lo mismo que apoyar” no has entendido?


Hazme caso, truhán. Dimite de tu cargo de Secretario General, renuncia al acta de diputado, date de baja en el PSOE, y busca un trabajo fuera de la política. Deja de fastidiar a tu partido y a España. Ya sé que el empleo está mal, pero si te esfuerzas y aprendes, quizá algún día llegues a ser un hombre de provecho. Mientras tanto, en las zonas turísticas se necesitan porteros de discoteca.

sábado, 25 de junio de 2016

Igual no es gratis

Una de las causas de la marea de populismo que se extiende por Europa consiste en el uso deliberadamente torcido del concepto “igualdad”. Sin embargo, aunque lo llaman igualdad, en realidad lo que se predica es un igualitarismo artificialmente impuesto.

Como dice Enrique Santos Discópolo en su tango Cambalache: “Todo es igual. Nada es mejor. Lo mismo un burro que un gran profesor”,  y las consecuencias de semejante disparate se pueden apreciar en los resultados de referenda como los de Grecia, el del independentismo catalán, o el más reciente de Gran Bretaña.

En un mundo globalizado todas las decisiones políticas y económicas presentan una altísima complejidad, que desafía la inteligencia y los conocimientos de los más grandes expertos. Sin embargo, políticos de talla menguada como Txipras en Gracias, Artur Mas en Cataluña, Cameron en Gran Bretaña o Iglesias en España se obstinan en cargar sobre las espaldas de ciudadanos corrientes unas decisiones que sobrepasan con mucho su capacidad de contemplar todas las consecuencias.

La otra pata en la que se sustenta el populismo consiste en el enaltecimiento del “gratis”. Y no sólo en cuanto a su dimensión económica: sanidad gratis, educación gratis, vivienda gratis, transporte gratis y fiestas gratis. A este respecto, es evidente que cuando algo es gratis para uno es porque hay otro que lo paga. La trampa del populismo es hacer creer a los ciudadanos que los que van a pagar son otros.

Hay otra dimensión del “gratis”, probablemente aún más dañina para la sociedad. La de que las decisiones no tienen consecuencias, o la de que hay decisiones que únicamente tienen consecuencias positivas. No es necesario explicar que eso nunca es así.


El populismo consiste en decirle a la gente lo que quieren oír, ofreciendo soluciones simples para problemas complejos. Un espejismo atractivo en el que todos seremos iguales y todo nos saldrá gratis. Una oferta interesante para los que creen en los Reyes Magos. Pero igual no es gratis. Antes o después, los errores se pagan siempre.

lunes, 13 de junio de 2016

El naufragio del Spanish Star

El Spanish Star era un velero de cuatro palos que hacía la travesía del Pacífico, desde San Francisco a Yokohama llevando un cargamento de pieles. Lo comandaba un bisoño capitán con más talante que talento, llamado Shoemaker.

A los seis días de navegación se vislumbraron a proa unos amenazadores nubarrones. Algunos marineros con experiencia previnieron al capitán de que podía tratarse de una de las mortíferas tempestades que solían aparecer en aquella zona. Pero Shoemaker dijo a todos que sólo era una pequeña tormenta, y que el Spanish Star era el mejor buque del momento. Para acallar los recelos ordenó que se repartiera ron a la tripulación sin límite alguno. Tras varias horas de barril libre todos estaban dispuestos a jurar que lo que parecía una tempestad no era sino una columna de humo.

Pero la tempestad era tan real como devastadora. Pronto el navío se vio sacudido por vientos huracanados y zarandeado por olas gigantescas. Durante la noche se rompió el palo mayor y se abrió una vía de agua a estribor. El desastre parecía inminente.

La tripulación, presa del pánico, se amotinó. Arrojaron a Shoemaker por la borda y nombraron capitán a Racroy, un experimentado navegante. Este mandó arriar las velas y taponar la vía de agua. Mandó evaluar los daños y constató que el agua entrada en la bodega había arruinado un tercio de las pieles y había inutilizado la mitad de los víveres y el agua. Estableció un severo racionamiento, y al amainar la tempestad recuperó el rumbo.

Al cabo de otros seis días la tripulación daba muestras de gran malestar. Ingerían escasos alimentos, bebían poco agua, y ya no quedaba ron para animar el espíritu. Por otra parte, se rumoreaba que algunos de los oficiales de Racroy habían robado las mejores pieles para venderlas por su cuenta en Japón.

En esta situación, un marinero recién enrolado, que antes había sido ilusionista en pequeños teatros de pueblo, comenzó a alentar el descontento, incitando a un nuevo motín. Paur Church –que así se llamaba- les aseguró que si le hacían capitán a él, eliminaría el racionamiento de agua y comida, y además repartiría entre ellos las pocas pieles que habían quedado. Algunos indicaron, escarmentados por lo sucedido con el inexperto Shoemaker, que era era mejor dejar que Racroy siguiera al mando, La discusión prosiguió durante toda la noche, hasta que el cocinero propuso: “votemos, y juremos todos aceptar el resultado”. La idea fue aplaudida por todos.

Pero entonces un tal Peter Shantses –conocido porque su ambición era tan grande como escasas sus ideas- se postuló también para ser elegido capitán, alegando que un antepasado suyo había sido capitán de barco. Cuando ya estaban a punto de votar alzó la voz otro marinero, Albert Bank, para ofrecerse también: “Yo mejor que nadie sabré llevar el uniforme de capitán”, alegó.

Votaron todos, y resultó ganador Paul Church por ligerísima ventaja sobre el capitán Racroy. Éste fue destituido y encadenado en la sentina, junto a sus oficiales, y la tripulación se dispuso a celebrarlo, pero no encontraron ni una gota de ron en todo el barco. Church les animó: “No os preocupéis, cuando lleguemos a puerto podréis vender las pieles y beber cuanto queráis”. Alguien objeto: “Pero, señor, las pieles no son nuestras, nos llevarán a prisión”. A lo que Church zanjó: “Las pieles eran de los animales, y estos son pobres. Así que ahora son para la gente y no para los ricos”. Como no parecían muy convencidos, añadió: “Ahora el barco es vuestro, nadie os puede dar órdenes. Que cada uno haga el trabajo que le apetezca, si le apetece”.


Continuó la navegación. Al haberse eliminado el racionamiento de víveres, al tercer día ya no quedó nada que comer, ni agua que beber. Los marineros, muy debilitados, fueron enfermando, y los pocos que aguantaban sanos estaban tan débiles que no podían manejar el barco. Veinte días después de su partida de San Francisco avistaron tierra. No eran las costas niponas, sino las de la península de Kamchatka, cientos de millas al norte. Pero ellos no lo llegaron a saber nunca, porque el Spanish Star, careciendo de un piloto competente, fue a encallar en los arrecifes, donde perecieron todos. Desde entonces, entre los marinos, se conoce como “Spanish Star” a cualquier aventura descabellada que arranca con una hermosa ilusión y termina con un inevitable desastre.

lunes, 16 de mayo de 2016

El oso de peluche

El refranero popular nos dice que no hay que vender la piel del oso antes de haberlo cazado. Sin embargo, la política española parece haber caído en manos infantiles, si nos atenemos a los hechos y dichos de la mayor parte de sus dirigentes.

Ayer, el líder interino del PSOE, Pedro Sánchez, cerrando los ojos a las perspectivas electorales de su partido, presentó lo que podría ser su equipo ministerial. Es decir, presentó la piel del oso, aunque es más que dudoso que consiga cazarlo.

Consolidadndo el espíritu bucólico-infantil que inauguró Rodríguez Zapatero, en ese quimérico gobierno aparecen áreas nuevas. Si Sánchez alzanzara su sueño tendríamos, probablemente, un Ministerio de Inmigración, otro de Refugiado, otro de Transparencia y otro de Ética Empresarial. Todo un ejercicio de juegos malabares con los conceptos en el decidido camino que emprendió el PSOE hacia el surrealismo político.

Yo les animo a dar un paso más. Les propongo que creen el Ministerio de la Paz, el de la Alegría, el de la Sinceridad, y el del Escondite Inglés. Y ya metidos en harina, habría que cambiar la denomicación de algunos ministerios tradicionales: el de Economía pasaría a llamarse Ministerio del Monopoly, el de Fomento Ministerio del Scalextric, el de Educación Ministerio del Trivial, y  el de Vivienda Ministerio de Exin Castillos.


En política no es nada nuevo lo de vender la piel del oso antes de haberlo cazado. La gran aportación del PSOE es que el oso sea de peluche.

viernes, 6 de mayo de 2016

La antipolítica


La política es el arte de gestionar el gobierno de una sociedad. En las democracias el poder se alcanza obteniendo la confianza de los ciudadanos, y en las dictaruras se obtiene mediante la fuerza.

En España, la política es el oficio de alcanzar el poder para ejercerlo en beneficio propio y de los afines, y el poder se alcanza sembrando la desconfianza hacia los partidos adversarios. En España no se practica la política, sino la antipolítica.

La mitad de la población no puede entender que un militante del Partido Comunista de España puede ser una persona honrada y bienintencionada que cree sinceramente que su ideología es lo mejor para todos. La otra mitad pinsa lo mismo respecto a un militante de Falange Española.

Pablo Iglesias se pasó dos años denostando a “la casta”, hasta que logró entrar a formar parte de ella. Desde entonces no ha vuelto a salir de su boca la palabra “casta”. Pedro Sánchez se ha negado a dialogar con el Partido Popular, lo que no supone un desprecio hacia Mariano Rajoy, sino hacia los millones de ciudadanos que votaron a ese partido. Alber Rivera no quiere saber nada de Podemos, y estos no quieren ni oír hablar del Partido Popular.

¿De verdad se odian tanto como parece? ¿Realmente son tan cerriles como para no reconocer que todos los partidos son igualmente legítimos?

Estoy convencido de que no es así. De hecho –fuera de las tribunas y lejos de las cámaras- conversan, dialogan, se cuentan chistes y comparten un aperitivo. Pero hay que mantener la ficción de las dos Españas, agitar el fantasma del franquismo, inculcar en los españoles un odio absurdo hacia los que piensan de otra manera.

¿A qué se debe esta conducta tan impropia de un país teóricamente democrático, y que no se da en ninguna otra democracia avanzada? Seguramente porque es la única manera de obtener el respaldo incondicional de “sus adeptos”. Sólo así consiguen que los ciudanos pasen por alto sus mentiras, sus trapicheos, sus discursos demagógicos y sus incumplimientos.

Y lo han logrado. En las próximas elecciones el grueso de la población no va a votar a favor de un partido u otro, sino contra uno u otro. Es el voto “anti”, es el resultado de la antipolítica.

miércoles, 9 de marzo de 2016

El día de la polla

Una de las formas de disolver la capacidad crítica individual –y por ende la libertad- consiste en sumergir a las personas en una categoría cerrada. “El pueblo de Dios”, “la raza blanca”, “el proletariado”, y “el pueblo alemán” son algunos ejemplos históricos de esta manipulación. En todos los casos se observan tres pasos en la construcción del mito: primero se inventa la categoría, después se establecen las características comunes a todos sus miembros -siempre nobles y superiores-, y por último se designa un enemigo común. En los movimientos religiosos el enemigo son los infieles. En el pensamiento racista son los negros. Para la doctrina leninista, los capitalistas. Para la ideología nazi, los judíos.

Ayer asistimos en España al climax de una de estas categorizaciones faleaes: el día de “la mujer”. Nótese que no hablan de las mujeres, sino de “la mujer”. Es el segundo paso, el destinado a hacer creer que todas las mujeres piensan igual, sienten lo mismo, tienen las mismas necesidades, y tienen –no falta el tercer paso- un enemigo común: los hombres. Tomen nota del matiz: “la mujer”, en singular, enfrentada a “los hombres”, en plural.

Todas la especies presentan diferencias según su sexo. Además de los órganos genitales, existen diferencias en cuanto a tamaño, o apariencia externa. También existen diferencias de comportamiento relacionadas con la reproducción y con el cuidado y la protección de las crías. Por lo demás, un conejo es idéntIco a una coneja, un burro a una burra, un pato a una pata, y un pollo a una polla.

La fiesta feminista de ayer se fundamenta entre otras cosas en una deliberada tergiversación estadística. Se afirma que “las mujeres cobran por su trabajo un 25% menos que los hombres”, y sobre esa base se construye una interminable cadena de agravios. El truco es simple, pero eficaz. Se toma el total de sueldos percibidos por todos los hombres y todas las mujeres, se divide entre el número de hombres y mujeres, y el resultado es una cantidad inferior. Pero no se tiene en cuenta el número de horas trabajadas, el tipo de trabajo, ni ningún otro factor de los que influyen en el salario.

España se escandaliza porque todos los medios de comunicación repiten como loritos que “una mujer tiene que trabajar dos meses más que un hombre para cobrar el mismo sueldo”. Y esto a pesar de que casi nadie conoce un caso concreto en que una mujer cobre menos que un hombre en la misma empresa y en el mismo puesto de trabajo, y con la misma cualificación, antigüedad, horario, disponibilidad, experiencia y responsabilidad.


Pero no hay que preocuparse. El año que viene volveremos a escuchar lo mismo. Aunque las mujeres –en plural- que trabajan dieciséis horas diarias en casa y en la oficina, y las que padecen la convivencia con un energúmeno que se cree su amo sólo obtengan el consuelo de unos semáforos transexuales y el discurso soporífero de “todos y todas”, “vascos y vascas”, “diputados y diputadas” y “pollos y pollas”.

lunes, 7 de marzo de 2016

El maldito bipartidismo

Muchas son las voces que desde hace años vienen denostando el bipartidismo, considerándolo culpable de las deficiencias del sistema político español. Sin embargo, el bipartidismo no es malo ni bueno per se. Democracias tan consolidadas como las de Gran Bretaña o EE.UU. funcionan perfectamente con un modelo bipartidista. Claro que los referentes políticos de esas sociedades son Thomas Cromwell, Locke, Montesquieu y Georges Washington, mientras que en España practicamos la filosofía del Buscón Don Pablos y de Rinconete y Cortadillo. No era el bipartidismo el que ha causado los males de España, sino la forma en la que han actuado sus protagonistas, PP y PSOE.

El 20 de diciembre el bipartidismo saltó por los aires, y ahora disfrutamos de las grandes ventajas de un multipartidismo que no es capaz de designar un gobierno. Todo apunta a que los cuatro principales grupos parlamentarios no lograrán ponerse de acuerdo, y seremos llamados nuevamente a las urnas el 26 de junio. En la España en la que algunos han conseguido mantener viva la sombra de la guerra civil los partidos de izquierda no pactarán nunca con el PP “porque son de derechas”, mientras que el PP no pactará nunca con las izquierdas “porque no”.

Ante este panorama, creo muy probable que el 26 de junio los electores –escaldados por esta penosa experiencia multipartidista- vuelvan a decantarse por el otro bipartidismo. Ante la radicalización de las posturas, tendrán que optar por un partido capaz de sanear la economía o por otro que promete erradicar la pobreza. Partido Popular y Podemos se apuntan como los previsibles actores del nuevo bipartidismo.

El PSOE, gravemente herido por las ocurrencias zapateriles, con un líder sin experiencia, cuestionado por parte de la militancia y que –como la Torre del Agua de Zaragoza- vistoso por fuera y vacío por dentro, puede quedar relegado a tercera fuerza, sobrepasado ampliiamente por la coalición de Podemos con lo que queda de IU.

Ciudadanos –que ya obtuvo unos resultados muy por debajo de las expectativas- ha demostrado con su pacto de peluqueros con el PSOE que no es la derecha aseada que podía sustituir al PP para representar al sector liberal-conservador de la población española. A estos votantes sólo les queda un valor seguro: el Partido Popular, y le votarán masivamente, aunque con la nariz tapada para evitar la pestilencia de la corrupción.


Habrá un gobierno encabezado por Pablo Iglesias o por alguien del Partido Popular. Escojan, señores: susto o muerte. O el partido podrido que evitará que nos pase lo que a los griegos, o el que aún no ha tenido tiempo de corromperse y nos promete el paraíso venezolano.

jueves, 25 de febrero de 2016

Pacto entre peluqueros

Ayer, Pedro Sánchez y Albert Rivera anunciaron que han llegado a un acuerdo de gobierno. Los medios de comunicación no hablan de otra cosa. Los analistas políticos desmenuzan el contenido del documento. La mayoría de los españoles respiran aliviados: tras dos meses con un gobierno en vía muerta, por fin parece que el tren está dispuesto para arrancar.

Pero tanta alharaca no parece en absoluto justificada. El pacto promete simultáneamente una moderada subida de impuestos y un importante aumento del gasto, manteniendo además el déficit del Estado bajo control. Las medidas para el ámbito laboral van justamente en contra de lo que nos están pidiendo desde la Unión Europea y de lo que recomiendan la mayoría de los expertos. Y sin el menor temblor en la voz ambos han prometido poner en marcha algunas reformas que son sencillamente imposibles, puesto que requieren una reforma de la Constitución, y ésta no puede producirse sin la aquiescencia del Partido Popular.

Rivera ha dicho en la rueda de prensa que no habrá subida de impuestos, pero el documento dice que sí la habrá. Sánchez ha remarcado que van a derogar la reforma laboral, pero el documento no dice eso. Patrañas, engaños, el juego del despiste.

Por si fuera poco todo lo anterior, la suma de los diputados de PSOE y Ciudadanos no es suficiente para lograr una investidura, y ambos lo saben. En definitiva, el anuncio de ese pacto milagroso no es sino un bluf, una entelequia, una tomadura de pelo. Un acto más de teatro al exclusivo beneficio de los dos protagonistas. Un montaje escénico para aparecer ante el electorado como estadistas, y obtener el aplauso de unos españoles tan hartos de los viejos políticos como de los nuevos.


Los peluqueros eran –hasta ahora- los únicos profesionales a los que acudíamos voluntariamente, y les pagábamos para que nos tomen el pelo. Este es sin duda un buen ejemplo de pacto entre peluqueros.

viernes, 19 de febrero de 2016

Carta a un fontanero despistado

Estimado Sr. Fontanero:
Me he enterado por las declaraciones ante el juez del suegro de Francisco Granadas de que fue usted quien dejó un maletín con un millón de euros en el armario del dormitorio del señor suegro.

También he visto que la reacción unánime en los medios de comunicación ha sido de incredulidd, pero yo le escribo para decirle que soy –probablemente- el único español que ve razonable lo dicho por el suegro de Granados.

Me parece comprensible que usted, tras aparcar su furgoneta frente a la vivienda, abriera el portón trasero y se confundiera, cogiendo el maletín con el dinero en lugar de la caja de herramientas. Todo el mundo sabe que los fontaneros acostumbras llevar consigo maletines con esas cantidades, que no son sino el producto de los trabajos realizados en el día.

Cuesta más imaginar por qué usted, una vez en la vivienda, se dirigió al dormitorio y no a la cocina o al cuarto de baño, aunque es probable que estuviera cansado y necesitara unos minutos de reposo. Pero yo más bien creo que usted se sintió atraído por el bullicio que se oía en ese dormitorio, donde –cual camarote de los Hermanos Marx- debían encontrarse ya dos montadores de Ikea, un carpintero, dos albañiles, un vendedor de seguros y un repartidor de Tele-Pizza.

También comprendo que ante semejante saturación, el único rincón disponible que encontrara para colocar su maletín fuera el altillo del armario.

Reconozco que lo que parece más extraño es que usted no echara en falta el maletín con el dinero al regresar a su casa por la noche, ni al día siguiete, ni al mes siguiente. Pero puedo entender que para un fontanero un millón de euros arriba o abajo no es cosa de importancia.

Y por último, para los que piensan que es imposible no echar en falta dicha suma, estoy convencido de que si así hubiera sido, usted no habría tenido ninguna prisa por volver a esa vivienda para recuperarlo. Tratándose del domicilio del suegro de un político, usted podía tener la seguridad absoluta de que jamás ese político se apropiaría de un céntimo que no fuera suyo.


Me solidarizo, pues, con usted. Disculpo su despiste. Y también disculpo la ignoracia del pobre suegro. Ya se sabe que los suegors, como las hermanas de los reyes, nunca se enteran de los millones que circulan bajo sus narices.

jueves, 18 de febrero de 2016

Democracia despellejada

Una de las frases más repetidas últimamente por Pablo Iglesias es la que comienza con “me voy a dejar la piel…”, y termina con cosas como “para formar un gobierno de progreso y de cambio”, “para devolver la dignidad a la gente”, o con cualquier otra afirmación ampulosa y genérica.

No voy a entrar ahora a analizar el disparate económico que encierra su famoso documento de 98 páginas, en su pretensión de aumentar el gasto público de manera ilimitada, en su intención de aumentar los impuestos, o en su ensoñación de que la Comisión Europea nos va a permitir seguir disparando el déficit. Tampoco me detendré en el tono prepotente, en su prioridad por repartir sillones entre los suyos, o en su proyecto de saltarse la Constitución parcelando la soberanía nacional.

Con ser todo ello muy preocupante, lo que me parece más grave es lo que encierra su exigencia de que los magistrados del Tribunal Supremo, el Fiscal General del Estado, y los principales altos cargos tengan que ser personas alineadas con la ideología del gobierno. Si Alfonso Guerra mató a Montesquieu, Pablo Iglesias –en consonancia con lo que hacen sus correligionarios del ayuntamiento de Madrid- quiere eliminar de su tumba la lápida con su nombre.

Amigos venezolanos que vivieron la llegada al poder de Hugo Chávez no paran de decirme que esto ya lo han vivido ellos, que el comandante venezolano enarbolaba las mismas banderas, prometía los mismos paraísos y exhibía la misma soberbia y el mismo desprecio hacia los que pensaban de forma diferente.

Lo peor de Podemos no es que prometa imposibles como Tsipras, no es que se aproveche del sufrimiento y el descontento de muchos ciudadanos (él los llama “la gente”) para llegar al poder. Lo peor es que quiere instaurar un nuevo régimen eliminando el equilibrio de poderes que sostiene a un Estado de Derecho, y en el que todos los organismos del Estado estén inspirados en la ideología de su régimen excluyente.


Cuarenta años después de la defunción del Movimiento Nacional, Pablo Iglesias pretende introducir el Movimiento Plurinacional. Traduciendo sus palabras a sus intenciones: va a dejarse la piel para despellejar a la democracia.

martes, 9 de febrero de 2016

Una muerte digna

Poco a poco va ganando terreno la aceptación social de la muerte digna como alternativa al ensañamiento terapético. A pesar de los ancestrales tabúes que rodean el final de la vida y de las creencias religiosas, cada vez son más las personas que consideran que es una crueldad sumeter a sufrimientos dolorosos a una persona por la que la ciencia ya nada puede hacer. Pese a todo, suelen ser los sentimientos y las emociones de los más allegados los que les impiden aceptar una realidad inflexible. Movidos por un afecto mal aplicado, prefieren alargar unos pocos días o semanas un desenlace inapelable.

En esta agónica situación se encuentra actualmente UPyD. Un partido que nació para demostrar que se puede hacer política de otra manera, y que durante ocho años ha venido diciendo lo que pensaba y haciendo lo que decía. Una formación decidida a decir sus verdades, aunque dolieran, y a pensar en el bien común antes que en los votos.

Creo que UPyD ha demostrado que se puede hacer política de otra manera. Pero también creo que se ha demostrado que la inmensa mayoría de la población ha preferido apostar por las formas tradicionales o por los cantos de sirena. Somos muchos los que creemos que los principios, los valores y las ideas de este partido serían muy beneficiosas para España. Somos muchos los que pensamos que UPyD sigue siendo un instrumento neceariso. Pero es absurdo negarse a reconocer que los que podrían haberse servido de ese instrumento –los españoles- han preferido no utilizarlo.

En estas horas difíciles debería imponerse la racionalidad sobre el sentimentalismo, y se debería tomar la decisión más racional, sin permitir que el cariño nos nuble el entendimiento.

Ayer se conoció la decisión de Rosa Díez, Carlos Martínez Gorriarán, y Andrés Herzog de darse de baja del partido por el que tanto han trabajado. Tengo la absoluta seguridad de que ninguno de ellos renuncia a defender los princios, los valores y las ideas de UPyD. No me cabe duda alguna de que la fuerza y la pasión política de Rosa, la brillantez intelectual de Carlos y la integridad inquebrantable de Andrés no han sufrido merma alguna, al tomar tan dolorosa decisión.


También creo que la nueva Comisión Gestora actúa movida por los mejors deseos al aferrarse a la esperanza de que un milagro puede salvar al moribundo. Pero no son ni aquellos ni éstos los que tienen que decidir qué se hace con UPyD. Es el conjunto de los afiliados –la familila al completo- los que han de reflexionar y votar en un Congreos Extraordinario si se disuelve el partido o si se elige a un nuevo Consejo de Dirección para seguir adelante con el proyecto. Nada sería más lamentable que el último recuerdo del enfermo fuera el de ver a su familia peleando por ver quién va a custodiar sus cenizas. Somos muchos los que podemos decir con orgullo “yo soy de UPyD”. Somos muchos los que queremos a este ser que se nos muere. Y por eso creemos que lo último que podemos hacer por él es darle una muerte tan digna como digna ha sido su vida.

viernes, 5 de febrero de 2016

Catastrófica felicidad

Por lo que vengo viendo y leyendo durante los últimos meses, España se encuentra en situación catastrófica. El INE me informa de que hay más de cuatro millones de personas que buscan trabajo y no lo encuentran, y que más de la mitad de ellos no reciben prestación alguna. Por su parte, los sindicatos me aseguran que el 90% de los empleos son precarios y mal pagados.

Por otro lado, diversas ONG’s denuncian que hay siete millones de pobres, un millón de niños que apenas comen, cientos de miles de familias que no pueden pagar la electricidad y que sólo se calientan con los debates de la tele. Según otras organizaciones, otros cientos de miles de familias han tenido que abandonar la vivienda por no poder pagar la hipoteca. Por la megafonía feminista me recuerdan que decenas de miles de mujeres viven aterrorizadas a la espera de que su salvaje parejo las asesine.

Si escucho lo que dicen partidos como Podemos, Izquierda Unida, o el PSOE, la inmensa mayoría de la población vive angustiada por los recortes, decenas de miles de jóvenes no pueden titularse como ingenieros aeronáuticos por falta de becas, el mundo del espectáculo (ellos prefieren llamarlo cultura) se asfixia porque la gente tiene que pagar el mismo IVA por una entrada de cine que por unos zapatos, y por todo ello nos encontramos en una situación de emergencia social.

Todo esto presenta un panorama dantesco, aterrador, insufrible. Una población angustiada, que vive en la penuria, atacada por toda clase de desdichas. Con estos datos, lo extraño es que la tasa de suicidios no se haya disparado todavía.

Y en este contexto llega a mis manos el barómetro del CIS del mes de enero, en el que se pide a los encuestados que señalen de cero a diez su grado de felicidad, siendo cero la completa infelicidad y diez la felicidad total. El sorprendente resultado es que sólo el 4,6% sitúa su felicidad por debajo de 5, que el 94,7% se posiciona por encima, con un 52,8% que se sienten muy felices, por encima de 8 puntos.


Quiero que alguien me lo explique. Porque o bien los técnicos del CIS mienten como bellacos, o bien en este país hay muchísima gente que medra a costa de vender un catastrofismo imaginario.

martes, 29 de septiembre de 2015

El encaje de España en Cataluña

Si algo ha quedado claro en las elecciones del pasado domingo en Cataluña es que no hay una mayoría de catalanes partidarios de independizarse del resto de España. A pesar de la inmersión lingüísitca, de la propaganda de todos los medios de comunicación controlados por la Generalidad, y de las movilizaciones callejeras, los catalanes que quieren la independencia no llegan al 50% de la población.

Sin embargo, si de algo podemos estar seguros es de que ninguno de los partidos y colectivos que aspiran al nacionalismo va a dejar de hacerlo tras estas elecciones.

Lo que importa es saber qué van a hacer los partidos que defienden la unidad de España. Y ya vamos viendo que todos van a tratar de buscar vías para facilitar “el encaje de Cataluña en España”. Volveremos a oír las falacias del reconocimiento de la singularidad de Cataluñá (como si las demás regiones no tuvieran las suyas), los derechos históricos (como si Castilla, León y Aragón no tuvieran historia), o lo de las balanzas fiscales (como si no fuera que los ricos catalanes pagan los mismos impuestos que los ricos gallegos o andaluces).

Los distintos gobiernos de España llevan 35 años haciendo concesiones a los gobiernos nacionalistas de Cataluña y del País Vasco con la vana esperanza de calmar sus ansias de independencia. Nadie pude discutir que esa estrategia ha fracasado clamorosamente. ¿Vamos a continuar cometiendo el mismo error? En las elecciones generales de 2011, 21,2 millones de electores votaron a partidos no independentistas, y 1..270.393 votaron a CiU y ERC. ¿Por qué tanto el gobierno como los partidos que representan a más de 21 millones tienen que ceder en parte a las pretensiones de los que sólo representan al 6% de los electores?

Ha llegado el momento de decir ¡basta!. Dentro de tres meses todos los españoles tendremos la oportunidad de volver a votar. Esos 21 millones podremos elegir un partido que esté dispuesto a negociar con el gobierno de Cataluña. Pero para negociar la devolución de algunas competencias al Estado, para garantizar el libre uso y el aprendizaje del español en Cataluña, para garantizar la igualdad de derechos de todos los españoles.

Podremos, en fefinitiva, terminar de una vez con las interminables reclamaciones nacionalistas. Podremos elegir partidos que se comprometan a defender los sentimientos de todos los españoles, y no sólo los de los catalanes separatistas. Podremos elegir un gobierno que se ocupe de encajar España en Cataluña, en vez de dedicarse a intentar el encaje de Cataluña en España.


viernes, 25 de septiembre de 2015

El malcriado


Cuando en una familia hay un hijo malcriado, impertinente, protestón, maleducado, exigente, egoísta, prepotente y siempre insatisfecho, no es culpa del hijo, sino de quienes no han sabido educarle.

Es el caso de los españoles que viven en Cataluña, pero no quieren ser españoles porque se han dejado seducir por el canto de sirrena nacionalista que les ha prometido el Paraíso de una Cataluñá independiente.

No es, pues, a esos catalanes –españoles, a su pesar- a los que hay que intentar convercer de una realidad que no quieren ver, porque –como suele suceder- los sueños son más atractivos que las realidades.

Son los padres del Gobierno de la nación, y también los hermanos de Cuenca, de Ávila, de Zamora o de Teruel los que tienen que cambiar por completo su actitud y su conducta respecto a los malcriados. Estos han llegado a ser como son por culpa de la debilidad de aquellos. De su indolencia, de su inhibición, de su permisividad y de su cobardía. Han actuado durante 35 añós como el padre que deja que su hijo se atiborre de caramelos con tal de no oírle llorar, y ahora sufren los desprecios, los insultos y los empujones de esa malcriado insoportable.

Año tras año aumenta el número de denuncias de padres maltratados por sus hijos. No es que los padres se hayan vuelto intransigentes. Es que la situación familiar se ha vuelto tan insotenible que se ven obligados a tomar esa medida, con todo el dolor que supone llevar a un hijo ante la Justicia.

Ahora, tras décadas de dejación de sus responsabilidades, ese es el único camino que queda a partir del 27 de septiembre, y sea cual sea el resultado de las elecciones en Cataluña. Hay que acudir a la Justicia para que aplique la ley, y toda la ley. Hay que coger la Constitución y su artúculo 155 con una mano, y con la otra el Tribunal Constitucional, la Fiscalía, y los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado.

No se trata de suspender la autonomía en Cataluña, sino de intervenir las instituciones clave en la malcrianza: la Consellería de Educación, TV3 y la radio pública de Cataluña. El Estado tiene que hacer valer de una vez por todas su legitimidad democrática y el respaldo internacional para actuar sin complejos. No se le puede dar ni un caramelo más al malcriado. Es cierto que es diferente de sus hermanos, pero no es mejor. Es más egoísta, más insolidario, más altanero y más bravucón.


Se han perdido 35 años intentando con buenas palabras hacerle ver que iba por mal camino. Ha llegado el momento de ponerse firmes y dejarse de contamplaciones. Si el malcriado no quiere entender razones, tendrá que entender las acciones.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

La "dignidad" animal

No soy aficionado taurino. Nunca he asistido a una corrida, aunque sí he presenciado encierros de vaquillas y toros de fuego en las fiestas de algún pueblo. No maltrataría caprichosamente a ningún animal, y si me pidieran mi opinión sobre el Toro de la Vega, votaría en contra de ese espectáculo tradicional.

Pero puedo pensar así sin necesidad de caer en el exceso de atribuir a los animales conceptos exclusivamente humanos como dignidad, derechos o alma. Puedo coexistir con el mundo animal sin ponerme a su nivel, y sin poner a los animales al mío.

Porque si lo hiciera no podría contentarme con pedir la prohibición de las corridas de toros o de la presencia de animales en los circos. Si hablamos de crueldad y de respeto a los animales ¿por qué nos parece bien montar a caballo? ¿qué opinarán los perros respecto a que les lleven atados por el cuello? ¿No es cruel castrar a los gatos? ¿disfrutarán los peces cuando se les clava el anzuelo de un pescados? ¿Habría que prohibir enjaurlar a los pájaros o tener peces de colores en peceras? ¿es una vida digna la de las gallinas ponedoras, la de los pollos cuya corta vida transcurre en un estercho reducto?

La dignidad y los derechos son inventos humanos que sólo los seres humanos pueden entender. Cuando alguien maltrata innecesariamente a un anmal está mostrando su propia vileza, pero no afecta a la inexistente dignidad del animal. De hecho, a un pollo le da exactamente igual si le matan para comérselo o por pura diversión. En cambio, los humanos  tienen la capacidad de enfrentarse a gritos e insultos en Tordesillas, defendiendo unas ideas. Algo que ningún animal hará nunca.

Entiendo que muchas personas encuentren desagradable los espectáculos con animales, pero nadie les obliga a asistir a ellos. Y detrás de la encendida defensa que algunos hacen del respeto a los animales me parece que se oculta una absoluta falta de respeto hacia las preferencias de otros seres humanos, o un talibanismo liberticida.

Vivimos en un ecosistema biológico en el que decenas de miles de especies compiten entre sí, y unas se comen a otras. No tengo instintos sanguinarios contra los animales, pero prefiero comerme un pollo a que un pollo se me coma a mí.


jueves, 10 de septiembre de 2015

Delicados capullos

Estos días se está porduciendo la incorporación de los escolares a sus aulas (en cada Comunidad Autónoma a su bola, que en algo se tienen que difernciar unas de otras). Igualmente, cientos de miles de menores de tres años comienzan también a pasar buena parte del día en guarderías infantiles.

En el progresivo proceso hacia el reblandecimiento absoluto de las nuevas generaciones, las medidas que se implantan para evitar que los niños padezcan la menor contrariedad se van perfeccionando. Ya hace años se eliminaron las calificaciones de 1 a 10 de los pequeños, por si alguno se traumatizaba. En algunas CC.AA. los profesores no pueden calificar con un cero a los alumnos de secundaria, o si lo hacen tienen que redactar un prolijo informe.

Fuera de las escuelas la cosa no es diferente. Ha habido que poner suelos de causcho en las zonas de juegos d elos parques, no fuera que algún quirubín se hiciera una raspadura en una rodilla y se pusiera a llorar durante cinco minutos. En los coches de las familias, los niños sólo pueden viajar incrustados en unos artilugios con más medidas de seguridad que los pilotos de combate.

El paso más reciete de esta escalada sin fin es el relacionado con la entrada de los más pequeños en las guarderías. Ya no sólo es que los primeros días sólo vayan un par de horas. En muchas, los directores-gallina o las autoridades-gallina obligan a llevar una foto del padre y otra de la madre, para colgarlas en la pared, de forma que el niño pueda verlas, y esto incluso en el caso de lactantes de pocos meses. En otras han implantado la norma de que durante la primera semana tiene que permanecer en el aula el padre o la madre durante todo el tiempo para que el niño los vea todo el rato.

Probablemente, en cursos venideros, se hará que los padres, los abuelos, y la tía Margarita estén en clase con los niños menores de 14 años durante tres meses. O que cada familia lleve a la guardería el sofá del salón de casa, para que el niño no se sienta en un lugar extraño.

No creo que el modelo de Esparta sea el más adecuado para moldear el espíritu de los niños para que llegen a convertirse en adultos física y mentalmente sanos. Pero me parece un despropósito el grado de proteccionismo que envuelve a los pequños en las sociedades occidentales.

Todas las medidas de las familias, de los profesores, y de la sociedad apuntan a la construcción de una sociedad formada por adultos infantiles. Una sociedad formada por personas que habrán crecido en una burbuja artifiial, en un confortable útero social, cada vez más incapacitadas para sobreponerse a cualquier frustración. En un mundo globalizado y altamente competitivo, esas generaciones tendrán pocas probabilidades de enfrentarse a la presión de gentes otras culturas más consistentes, más arriesgadas, y más esforzadas.

Estamos criando a nuestros hijos como delicados capullos de flor. Y el resultado será que tendremos unos adultos extremadamente delicados. Y peligrosamente capullos.

viernes, 4 de septiembre de 2015

La solidaridad tiene un precio

El drama que están viviendo decenas de miles de personas que huyen de las atrocidades de la guerra de países como Siria o Libia están sacudiendo, por fin, las conciencias del mundo occidental. Las trágicas imágenes de ese éxodo han conseguido llamasr momentáneamente la atención de los españoles, muy ocupados en asuntos más graves, como cuestiones identitarias, reformas constitucionales, o devolución del 25% de la paga de Navidad a los funcionarios.

Ahora mucha gente siente la llamada de la solidaridad, y muchos ayntamientos ya se ofrecen para acoger a esos refugiados. Se extiende la opinión de que Europa no puede encogerse de hombros ante la tragedia que afecta a tantos hombres, mujeres y niños.

Pero una cosa es predicar, y otra dar trigo. La Europa desarrollada y de los derechos humanos tiene la obligación moral de ayudar a esa pobre gente. Y los ciudadanos de esa Europa tienen que saber que nada es gratis, y que la soldaridad también tiene un precio.

La forma más eficiente de evitar el desplazamiento de cientos d emiles de refugiados sería la intervención militar en los países de origen, para imponer la paz, y para instaurar unos gobiernos democráticos, alejados del fanatismo religioso. Es una tarea nada sencilla, puesto que son los propios habitantes de esos países los que adoptan unas posturas fanáticas y antidemocráticas, como se ha visto en Irak y en los países donde floreció “la primavera árabe”. Y sobre todo, esa intervención supone el envío de tropas formadas por soldados europeos, muchos de los cuales perecerían sin duda en combate. Pero los europeos no queremos pagar la solidaridad con el precio de la vida de nuestros hijos.

La otra alternativa es la acogida. Recibirles, alojarles, vestirles, alimentarles, cuidar su salud, y educar a sus hijos. Todo esto tampoco sale gratis. No cuesta vidas, pero cuesta decenas de millones de euros, que tendrán que salir de la reducción de otras partidas. ¿Estamos dispuestos a sufrir más recortes en nuestra sanidad, nuestra educación, nuestras pensiones, o nuestros servicios sociales? ¿Estamos dispuestos a pagar más impuestos para atender debidamente a los refugiados?

Supone también la estancia en nuestras civilizadas naciones de cientos de miles de personas que no llevan en su ADN cultural los valores democráticos de tolerancia y libertades. ¿Estamos dispuestos a aceptar las consecuencias de ese choque cultural? ¿Asumimos que una parte de esos refugiados no se van a integrar en nuestra cultura? ¿Aceptamos que algunos de ellos, una vez establecidos entre nosotros, van a conspirar para destruir nuesto sistema de valores, derechos y leibertades?

Soy partidario de que Europa no dé la espalda a estas personas. Pero echo en falta que nadie, absolutamente nadie, nos explique lo que conlleva esa ayuda. Quedarse únicamente con el impulso humanitario del momento puede convertirse en una bomba de relojería dentro de unos meses o años. 
La solidaridad tiene un precio, y es mejor conocerlo en lugar de recibir una factura inesperada dentro de un tiempo..


lunes, 3 de agosto de 2015

Derecho a la desigualdad

La mayoría de los partidos políticos en España enarbolan la bandera de la lucha contra la desigualdad. Consideran la desigualdad un mal en sí miosmo, y proponen todo tipo de medidas para construir una sociedad formada por personas iguales. Creen que el modelo de sociedad perfecta sería aquella en la que todos sus miembros alcanzaran el mismo nivel de estudios, percibieran los mismos sueldos, gozaran de la misma salud, y fueran igualmente felices.

Esta candorosa obsesión contra la desigualdad me recuerda las propuestas del socialismo utópico de mediados del siglo XIX, cuando personajes bienintencionados como Owen, Saint-Simon o Fourier soñaban con encontrar un sistema que garantizara la felicidad humana universal. Los intentos que se hicieron para llevar a la práctica aquellas ingenuas teorías fracasaron en poco tiempo, incapaces de oponerse a la realidad de la condición humana.

Años más tarde el marxismo tuvo mejor fortuna, y su fórmula se impuso en grandes naciones como la URSS, y más tarde China y Cuba, entre otros. De todos es conocido el desmoronamiento de la otrora todopoderosa URSS y la posterior rendición al capitalismo de China, mientras Cuba permanece como una reliquia fosilizada, a la espera de la desaparición de los Castro.

A pesar del largo experimento en esos países, ninguno de ellos consiguió la pretendida igualdad. Lo que sí lograron es reducir la amplitud de la desigualdad, a costa de la pérdida de libertad y de matar la motivación de la gente para el esfuerzo.

Las personas somos diferentes, y por lo tanto desiguales. Los hay más altos y más bajos, más inteligentes y más torpes, más atrevidos y más temerosos, más extravertidos y más tímidos, más laboriosos y más perezosos, más honrados y más tramposos, más egoístas y más generosos. Una buena educación sólo puede modificar ligeramente esas características, y ninguna ley puede hacerlas desaparecer.

En contra de lo que se lleva hoy en día en España y en Europa, yo reclamo el derecho a la diferencia, y por lo tanto a la desigualdad. Prefiero un paisaje de montañas y valles a la monotonía de la estepa. Quiero un Estado que garanteice sólo un tipo de igualdad: la igualdad de derechos civiles, políticos y sociales. Quiero también un Estado que asegure un razonable nivel de bienestar a todos aquellos que no lo pueden conseguir por sus propios medios por causas ajenas a su voluntad.

Sobre esa base, en todo lo demás quiero ser libre. Quiero tomar mis decisiones y disfrutar o padecer el resultado de ellas. Quiero que todo el mundo estude tanto como quiera o como pueda, que ganen tanto dinero como sepan –siempre dentro de la ley-, y que se lo pueda gastar de la menera que prefiera.

Yo ya fui niño y tuve un padre y una madre que velaban por mí y me educaban diciéndome lo que debía hacer o no. No necesito un “papá-estado” que me siga tratando como a un niño y me obligue a ser igual que todos los niños. Reclamo el derecho a la desigualdad.

¿Alguien se apunta?


miércoles, 24 de junio de 2015

UPyD: To be or not to be


Cuatro son las candidaturas que competirán el 11 de julio para formar el nuevo Consejo de Dirección de UPyD. Parto de la base de que a estos 84 afiiados les preocupa ante todo el futuro de UPyD porque les preocupa el futuro de España. Doy también por supuesto que ninguno de ellos se mueve por interés personal, por afán de protagonismo, y mucho menos por asegurarse un medio de vida.

Pienso que se trata de cuatro personas que asumen con valentía (o con temeridad) desafío de sustituir a la irrepetible Rosa Díez al frente de UPyD. Son 80 afilados dispuestos a fomar el equipo que debeerá dirigir y gestionar un partido que se halla en horas bajas, con grandes dificultades económicas, y que ha sido superado por el tsunami de dos nuevos partidos.

El 11 de julio los afiliados de UPyD decidiremos quién va a ser la nueva cabeza visible del partido. También se decidirá sobre sus propuestas de reforma: sobre estrategias de comunicación externa e interna, sobre el grado de descentralización, sobre la participación de los afiliados, o sobre las políticas de expansión.

Pero aunque no se dice abiertamente, lo más importante que se decidirá ese día es si UPyD va a seguir siendo un partido completamente autónomo, o si va a buscar acomodo al calor de otra formación emergente. Si va a poder seguir diciendo lo que piensa o si tendrá que pedir permiso a alguien antes de opinar. En definitiva, el 11 de julio se decide el ser o no ser de UPYD.

La opinión de los afiliados está dividida al respecto. Ya en el II Congreso de noviembre de 2013 se oyeron voces que propuganban algún tipo de acercamiento a Ciudanos, aunque los delegados en el Congreso decidieron mantener la independencia. El asunto se emponzoñó tras las elecciones europeas: la desafortunada carta de Sosa Wagner en El Mundo, y las no menos desafortunadas reacciones de algunos miebros del Consejo de Dirección abrieron las puertas a un cisma interno, que supieron aprovechar muy bien todos los que veían con preocupación –que son muchos- el ascenso de un partido diferente, que dice lo que piensa y hace lo que dice.

Los malos resultados en las elecciones andaluzas –y la tibia reacción a las mismas por parte de la dirección- fueron el detonante que dio lugar a una estampida encadenada de dimisiones y fugas. Ante la caída en picado de un partido que había venido creciendo desde 2007, no fueron pocos los que enarbolaron la bandera del “sálvese quien pueda”, llegándose en algunos casos a comportamientos tan poco edificantes como la retirada de candidatos locales y autonómicos a pocos días del plazo para su presentación.

Los resultados del 24 de mayo fueron también malos. Mejor dicho: fueron muy malos. El partido se ha visto obligado a despedir trabajadores, a cerrar sedes, y a abandonar los casos judiciales contra los corruptos. UPyD ha perdido diputados autonómicos, concejales, afiliados, y cientos de miles de votos. En una situación tan extremadamente delicada, ¿qué le queda a UPYD?

En mi opinión, a UPyD sólo le quedan en estos momentos unos miles de afiliados que conservan la ilusión de que en España pueda hacerse política de otra manera, y le quedan –sobre todo- sus valores y sus principios. Unos valores y unos principios que no son mera retórica electoralista, sino firmes convicciones que están fuertemente arraigadas en el espíritu de los que seguirnos en este partido.

To be or not to be. Esa es la cuestión que habrá que decidir el 11 de lulio. Habrá que optar entre seguir siendo UPyD, a pesar de todas las dificulatades, enarbolando con orgullo la bandera de la auténtica regeneración democrática. O bien plegar esa bandera y tratar de ser aceptados como socios minoritarios en otro partido, conformándonos con que no la pisoteen, y que la expongan en sus vitrinas como un trofeo.



sábado, 6 de junio de 2015

Lamer el culo

(Pido disculpas por la ordinariez del título, pero es lo que describe a la perfección este comentario).

Hablaba con un amigo sobre los malos resultados electorales que ha obtenido UPyD en los últimos meses. “es que tenéis que cambiar de rumbo”, me decía. “Está muy bien eso de no casarse con nadie, y cantarle las verdades al lucero del alba, pero lo único que conseguís es pisar demasiados callos. Los poderosos no están dispuestos a perder sus privilegios, y harán todo lo posible para ningunearos o desacreditaros”.

Le respondí que justamente para eso nació UPyD, para decirle a la gente la verdad, y para pisar todos los callos que haga falta con tal de desmontar el entramado de intereses cruzados que impide que España se convierta de una vez en una democracia avanzada.

“Hazme caso: una buena lamida de culo a tiempo abre muchas puertas”, sentenció.

Me quedé pensando en esas palabras. Efectivamente, ese es el camino que muchas personas y organizaciones siguen para encumbrarse. Después de todo, sólo se trata de una estrategia para alcanzar el poder, y una vez logrado se está en situación de influir para cambiar las cosas. En cambio, sin tener el poder poco es lo que se puede hacer.

Sin embargo, esa manera de actuar supone una corrupción ética, moral, si no económica. Y lo que me pregunto es ¿se puede ser sólo un poco corrupto? ¿Una vez que aceptamos que es lícito corromperse por un buen fin, no encontraremos justificación para más corrupciones por otros “buenos fines”? ¿con qué legitimidad puede combatir la corrupción, la menira y la prevaricación quién se ha servido de ellas para sus fines?

Cada uno tendrá su respuesta. Yo me quedo con la frase de Dolores Ibarruri, La Pasionaria: “Más vale morir de pie que vivir de rodillas”.