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lunes, 7 de marzo de 2016

El maldito bipartidismo

Muchas son las voces que desde hace años vienen denostando el bipartidismo, considerándolo culpable de las deficiencias del sistema político español. Sin embargo, el bipartidismo no es malo ni bueno per se. Democracias tan consolidadas como las de Gran Bretaña o EE.UU. funcionan perfectamente con un modelo bipartidista. Claro que los referentes políticos de esas sociedades son Thomas Cromwell, Locke, Montesquieu y Georges Washington, mientras que en España practicamos la filosofía del Buscón Don Pablos y de Rinconete y Cortadillo. No era el bipartidismo el que ha causado los males de España, sino la forma en la que han actuado sus protagonistas, PP y PSOE.

El 20 de diciembre el bipartidismo saltó por los aires, y ahora disfrutamos de las grandes ventajas de un multipartidismo que no es capaz de designar un gobierno. Todo apunta a que los cuatro principales grupos parlamentarios no lograrán ponerse de acuerdo, y seremos llamados nuevamente a las urnas el 26 de junio. En la España en la que algunos han conseguido mantener viva la sombra de la guerra civil los partidos de izquierda no pactarán nunca con el PP “porque son de derechas”, mientras que el PP no pactará nunca con las izquierdas “porque no”.

Ante este panorama, creo muy probable que el 26 de junio los electores –escaldados por esta penosa experiencia multipartidista- vuelvan a decantarse por el otro bipartidismo. Ante la radicalización de las posturas, tendrán que optar por un partido capaz de sanear la economía o por otro que promete erradicar la pobreza. Partido Popular y Podemos se apuntan como los previsibles actores del nuevo bipartidismo.

El PSOE, gravemente herido por las ocurrencias zapateriles, con un líder sin experiencia, cuestionado por parte de la militancia y que –como la Torre del Agua de Zaragoza- vistoso por fuera y vacío por dentro, puede quedar relegado a tercera fuerza, sobrepasado ampliiamente por la coalición de Podemos con lo que queda de IU.

Ciudadanos –que ya obtuvo unos resultados muy por debajo de las expectativas- ha demostrado con su pacto de peluqueros con el PSOE que no es la derecha aseada que podía sustituir al PP para representar al sector liberal-conservador de la población española. A estos votantes sólo les queda un valor seguro: el Partido Popular, y le votarán masivamente, aunque con la nariz tapada para evitar la pestilencia de la corrupción.


Habrá un gobierno encabezado por Pablo Iglesias o por alguien del Partido Popular. Escojan, señores: susto o muerte. O el partido podrido que evitará que nos pase lo que a los griegos, o el que aún no ha tenido tiempo de corromperse y nos promete el paraíso venezolano.

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