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domingo, 17 de marzo de 2019

La desmemoria electoral


Los partidos políticos están ya en campaña. Como viejas vedettes cargadas de años, achaques y arrugas que se cubren con seis capas de maquillaje y se envuelven en fastuosos vestidos para aparecer radiantes bajo los focos, los partidos afrontan su maquillaje particular con el objetivo de hacer que los electores se fijen únicamente en o que parecen ser, y se olviden de lo que realmente son.

Todos tenemos una opinión –mejor o peor- respecto a Podemos, un buen partido para el que le guste el comunismo. También sabemos todo lo bueno y lo malo que ha hecho el Partido Popular en todos los ámbitos en los que ha gobernado. Lo mismo podemos decir respecto al PSOE, que no ha gobernado menos ni ha dejado de tener sus aciertos y sus errores. De Ciudadanos, aparte de lo que ha hecho en la oposición, sólo sabemos de su talante abierto, siempre dispuesto a engrosar sus filas con micropartidos y con descontentos de otros. Menos podemos saber de Vox, aparte de media docena de ideas generales, pero vírgenes en cuanto a experiencia de gobierno o de oposición.

Sabiendo tanto como sabemos de lo que ha hecho y dicho los líderes de los principales partidos, ¿para qué necesitamos las campañas electorales? Muy sencillo: para que nos olvidamos de todo lo que sabemos. Para que hagamos un reset mental. Para que nos creamos lo que ahora dicen que harán. Para que les votemos a pesar de las muchas veces que han cambiado de criterio, en la infinidad de ocasiones en las que nos han mentido, en la desvergüenza con la que señalan los defectos de sus adversarios mientras disculpan permanentemente los suyo.

El truco más importante son las encuestas. A través de ellas consiguen que el foco de los votantes se sitúe en el futuro y no en el pasado. Las encuestas pretenden decirnos lo que va a ocurrir y consiguen que mucha gente decida su voto en función de ese presunto futuro. El votante imagina un resultado coincidente con las encuestas, y hace cálculos, supesa posibles alianzas postelectorales, considera el voto útil, y termina votando como si ya supiera lo que va a pasar en lugar de sabiendo lo que ya ha pasado.

Además, para reforzar el engaño se hacen acompañar de vedettes jóvenes y llamativas. Un Jefe de Estado Mayor, jueces mediáticos, algún que otro actor televisivo, un ex primer ministro francés, una activista gitana, un señor que vendía Coca-colas, un señor que se hizo famoso porque asesinaron a su hija, y hasta un astronauta. Sólo les falta fichar un torero y una fallera mayor. Todo vale para conseguir la amnistía política de los votantes.

domingo, 10 de marzo de 2019

Sobre feminismo y antisemitismo


En los años 30 del pasado siglo se impuso en Alemania la idea de que los judíos eran la causa de todos los males de la nación. Se les consideró una raza degradada, improductiva y parasitaria. Es cierto que muchos judíos se dedicaban a las finanzas y al comercio, y disponían de grandes fortunas. Igual de cierto que muchos otros judíos ejercían profesiones liberales, como médicos y abogados. Pero también es cierto que la mayoría de los judíos alemanes desempeñaban trabajos más humildes: escribientes, camareros, artesanos, etc. El odio hacia los judíos –estimulado por el nacionalsocialismo- dio lugar a que la mayoría de los alemanes contemplaran con aprobación o con indiferencia como millones de judíos fueron perseguidos, humillados, detenidos y eliminados. Este es un ejemplo de cómo la masa puede aceptar una leyenda inventada como si fuera real.

Terminada la II guerra mundial, el genocidio perpetrado contra los judíos sirvió de excusa para perpetrar el sometimiento y la expulsión de sus tierras de los millones de personas que vivían en los territorios donde se implantó el estado de Israel.

Este es un ejemplo de cómo se pueden cometer gravísimas injusticias al amparo de otras injusticias pretéritas.

En la España de 2019 se ha impuesto la idea de que las mujeres sufren una discriminación insoportable, que carecen de derechos, y que se les impide desarrollar su vida en libertad.

Es cierto que cada año alrededor de 50 mujeres mueren a manos de sus parejas o exparejas. También es cierto que el promedio de salarios de todas las mujeres es inferior al promedio de salarios de todos los hombres. Y sigue siendo cierto que la mayoría de las mujeres tenían muchos menos derechos que los hombres hace 50 años. Pero no es cierto que el número de homicidios contra mujeres sea mayor en España que en el resto de Europa. De hecho, es inferior a la media europea. Tampoco es cierto que las mujeres tengan menos derechos que los hombres. La Constitución establece la igualdad entre los sexos, y no existe ninguna discriminación legal para ellas. Cualquier mujer puede estudiar cualquier carrera universitaria, desempeñar cualquier trabajo, ingresar en el Ejército o crear una empresa. Si hay menos mujeres en la pesca, la minería, en la construcción o en las carreras técnicas es únicamente porque libremente eligen no hacerlo. Tampoco es verdad que las mujeres reciban menor salario cuando desempeñan la misma función, con igual responsabilidad, antigüedad, horario y disponibilidad. La llamada “brecha salarial” entre hombres y mujeres no es diferente de la brecha salarial entre los madrileños y los zamoranos. La media de los salarios de los primeros es superior a la de los segundos, pero eso se debe a diversos factores, entre los que no está que se discrimine a nadie por ser zamorano. Este es otro ejemplo de cómo una leyenda inventada puede ser asumida como algo real por la masa.

Con la excusa de que las mujeres españolas del siglo pasado dependían de sus maridos y carecían de los mismos derechos que éstos se ha creado el actual estado ginocrático. Están en vigor leyes que penalizan a los hombres por el hecho de serlo. Funcionan infinidad de organismos dedicados en exclusiva a facilitar diversas ayudas sólo para mujeres. Se destinan miles de millones de dinero público a innumerables asociaciones de mujeres, pero no existe ni una sola asociación sólo de hombres.

Este es otro ejemplo de cómo se pueden cometer gravísimas injusticias al amparo de otras injusticias pretéritas.


sábado, 5 de enero de 2019

El avispero feminista


Los de Vox han pisado un avispero. Toda la progresía del país ha saltado como un gato enfurecido. Los de Vox han osado poner sobre la mesa la cuestión de la violencia “de género”, que es tanto como decir la cuestión del feminismo moderno.

Un sacrilegio tan grave como cuestionar a la Santísima Trinidad en El Vaticano o la lucha de clases en la Plaza Roja en 1940. Para la progresía nacional todo lo relativo al feminismo es un dogma. Cuestión de fe. Algo que se admite sin reflexión alguna.

Sin embargo es algo sobre lo que cualquiera que no tenga la mente aherrojada por una ideología puede –incluso debe- reflexionar. Porque a la sombra del sufrimiento de muchas mujeres se agazapan muchas falsedades y el interés particular de mucha gente que saca tajada de ese drama.

Es obvio que hay tomar medidas para prevenir los asesinatos de mujeres, que hay que proteger a las que están amenazadas, y que hay que ayudar a las que sufren la tiranía de un macho dominante violento. Pero junto a esas obviedades se camuflan demasiadas falsedades.

Es falso que los terribles asesinatos de mujeres a manos de sus exnovios o exmaridos sean el mayor problema de España. Las cifras comparativas nos indican que la tasa de muertes por millón es inferior en España a la media europea. Esto no significa que el problema sea irrelevante, sólo lo sitúa en su justa dimensión. También se producen más de 3.500 suicidios cada año, y a nadie parece preocuparle, no porque no tenga importancia, sino porque es una desgracia similar a la de otros países europeos.

Es falso que esas mujeres hayan sido asesinadas “por el hecho de ser mujeres”. Ninguno de los asesinos agredía a la vecina ni insultaba a la panadera ni odiaba a su enfermera. Si llegaron al crimen no fue porque eran mujeres, sino porque eran lo que ellos consideraban “su” mujer.

Es falso que en las parejas sólo los hombres ejerzan la violencia. Si es cierto que hay más casos de hombres agresores físicamente, no cabe decir lo mismo respecto a la violencia psicológica, que pueden practicar con igual maestría hombres y mujeres.

Es falso que los cientos de millones que gastan las administraciones bajo los epígrafes “mujer” o “igualdad” hayan servido para evitar los asesinatos. La cifra anual se mantiene en torno a las 50 víctimas y apenas ha descendido un 10% durante los últimos 20 años.

Es falso que el asesinato de una mujer a manos de un hombre sea infinitamente más grave que lo contrario. Se producen más casos de muerte por accidente laboral en hombres, y no por eso son menos graves los que tienen como víctima a mujeres. Todo el peso de la ley debe caer sobre los asesinos, sea cual sea su sexo y sea cual sea el sexo de sus víctimas.

Es falso que convertir a todo hombre heterosexual en un presunto maltratador sea un buen método para fomentar la igualdad de trato. Es falso que las mujeres siempre dicen la verdad y los hombres siempre mienten.

Es falso que se pueda hacer desaparecer el machismo sustituyéndolo por un feminismo basado en el victimismo, el odio y el resentimiento retrospectivo. Siendo cierto que nuestras abuelas tuvieron un papel subordinado a los hombres, eso no da derecho a las mujeres actuales a disfrutar de ningún privilegio.

Claro que se pueden cuestionar las políticas de igualdad. Por ejemplo, se podría dejar de regar con dinero público a los miles de asociaciones de mujeres y dedicar ese dinero a campañas de concienciación, y sobre todo a educar a los adolescentes varones en el respeto a las mujeres. Y educar a las adolescentes para no dejarse engatusar por el más chulito de la clase, y a no creer que cuanto más celoso es él, más fuerte es su amor.

martes, 4 de diciembre de 2018

Pasarse de la raya (2)


No es que partidos como PSOE y Podemos hayan hecho mal en propugnar determinadas políticas. No pongo en duda su buena intención al pretender corregir ciertas actitudes. El problema no está tanto en el diagnóstico como en la sobredosis del tratamiento aplicado.

·        Es razonable tomar medidas para evitar que unos energúmenos asesinen a sus parejas, pero eso no se va a conseguir sustituyendo el viejo patriarcado por un matriarcado igual de opresor.
·        Es sensato aceptar que personas de otros países se instalen en España. Pero haciéndolo ordenadamente para trabajar y contribuir con su esfuerzo a la prosperidad general. No asaltando fronteras, no para vivir de subvenciones.
·        Es justo procurar que cada cual decida con quien se mete en la cama. Pero sin hacer creer a los niños que la naturaleza está loca y coloca penes y vaginas en las personas equivocadas.
·        Es civilizado tender a que no se maltrate arbitrariamente a los animales, pero sin olvidar que los humanos y los demás seres vivos formamos parte de una cadena alimenticia, y que pretender suprimir esa cadena es tan ingenuo como pretender eliminar la ley de la gravedad.
·        Es inteligente servirse del diálogo como método preferente para la resolución de conflictos. Pero sin perder de vista que el Estado tiene la legitimidad del uso de la fuerza cuando alguien rechaza todo diálogo que no pase por la aceptación incondicional de sus pretensiones.
·        Se entiende que desde una ideología de izquierdas se señalen los aspectos más negativos de los regímenes de derechas. Pero sin falsear la Historia, sin inculcar a los jóvenes el odio retrospectivo, sin intentar hacernos creer que regímenes como el de Nicolás Maduro son el Paraíso Terrenal en versión atea.

Respecto a los okupas reconozco que no se me ocurre ninguna razón de utilidad social para promocionarles, pero es posible que yo esté algo espeso. Pero otras iniciativas pueden ser defendidas con argumentos racionales. Es la exageración sistemática tanto en los diagnósticos como en las terapias los que terminan colmando el vaso de las amplias tragaderas de un pueblo, por confiado y manipulable que éste sea.

lunes, 3 de diciembre de 2018

Pasarse de la raya

¿Qué ha pasado en Andalucía? ¿Por qué en el principal semillero de votos del PSOE Susana Díaz y Pedro Sanchez han logrado su más estrepitoso fracaso? ¿Por qué Podemos y sus mil franquicias se han quedado con un palmo de narices? ¿Por qué un partido que se presenta sin complejos como de derechas ha logrado presencia institucional por primera vez desde 1977?

Habrá que analizar detenidamente los resultados, y no cabe duda de que encontraremos muchas variables en juego. Pero a primera vista, me parece que la explicación principal está en que a los partidos de izquierda se les ha ido la mano. Vamos, que se han pasado varios pueblos en su retórica.

De tanto dedicarse a declarar a los varones sujetos peligrosos y a las mujeres especie protegida. De tanto pretender que los okupas son patrimonio de la humanidad. De tanto bendecir a los inmigrantes. De tanto exigir la dignidad de los gatos y los derechos civiles de los perros. De tanto exaltar a los homosexuales al pedestal de la divinidad. De tanto insoportable discurso repitiendo sustantivos y adjetivos en masculino y en femenino. De tanto respetar a los musulmanes y despreciar a los católicos. De tanto asustar con el fantasma de Franco.

Creían haber encontrado un inagotable filón electoral. Pero se han pasado de la raya. Se han olvidado de aquella máxima que afirma que no es posible engañar a todos todo el tiempo. Y cuanto más burdo es el engaño, cuanto más groseras son las falacias, más probable es que la gente (incluso esa “gente” a la que tanto aluden) termine dándose cuenta de que les están tomando el pelo, y de que hay cosas más importantes para ellos que la paridad entre hombres y mujeres en los gobiernos, la dignidad de las golondrinas, las preferencias sexuales, o dónde demonios se archiva la momia de Franco. 

jueves, 8 de marzo de 2018

Brindo por ellas


Hoy quiero hacer un brindis por las mujeres. Por esas mujeres afganas, saudís, marroquís, etc., cuya vida transcurre a la sombra de un varón –padre, hermano, marido o hijo-, y cuyo estatus sólo está ligeramente por encima del de un camello o una cabra.

También brindo por esas mujeres españolas que consiguen desempeñar un trabajo remunerado, además de atender el hogar, educar a los hijos, cuidar a algún familiar anciano o enfermo.

Un tercer brindis por esa mitad de la población española que nunca se jubila del todo. Esas mujeres mayores que siguen llevando todo el peso de las tareas domésticas hasta el final de sus días, o hasta que el Alzheimer borra su memoria.

Y aún a riesgo de pasarme de tragos, brindaré también por todas esas mujeres que no se hacen las víctimas porque no lo son. Las que asumen con naturalidad las diferencias biológicas que la naturaleza impone, y las consecuencia que se derivan de ellas. Las que se sienten incómodas con tantas asociaciones de mujeres, talleres para mujeres, cursos para mujeres, concursos para mujeres, casas de la mujer e institutos de la mujer. Las que no necesitan de cuotas por sexo para demostrar su valía y ascender en su carrera profesional. Las que no ven a los hombres como enemigos sino como seres humanos con las mismas virtudes y debilidades que ellas. Las que no permiten que ningún varón se erija en su guía, su protector, su amo. Las que no admiten que ninguna feminista decida el guión de su vida.

Se me acaba la botella y no puedo brindar por las otras mujeres. Las que se recrean con su resentimiento, su amargura, su victimismo, su frustración o su odio. Estoy seguro de que ellas no necesitan mi brindis. Prefieren hacer una huelga. Generala, por supuesto.

viernes, 22 de diciembre de 2017

Los monos de Harlow

El psicólogo norteamericano Harry Harlow llevó a cabo un experimento con monos recién nacidos a los que separó de sus madres. Los introdujo en una jaula en la que había dos muñecos: uno de alambre desnudo y otro recubierto de felpa, con un aspecto similar al de una madre mona. El muñeco de alambre disponía de un biberón en el que podían beber los monitos, mientras que la “mona” de felpa no tenía nada que ofrecerles. Sin embargo, el experimento demostró que los monitos preferían permanecer junto a la “mona” de felpa, acudiendo al muñeco de alambre sólo el tiempo imprescindible para alimentarse. Se demostró que el factor afectivo-emocional tenía más fuerza para los pequeños monitos que la necesidad biológica de alimentarse.

Durante los últimos años, en Cataluña los mesías del independentismo han enarbolado el señuelo de la tierra prometida, y más de dos millones de catalanes se lo han creído. Los acontecimientos de los últimos meses han demostrado que todo era un espejismo. El referéndum convocado resultó un fiasco, ningún gobierno del mundo ha reconocido la declaración de independencia, más de 3.000 empresas han huído de Cataluña, el turismo ha descendido, el comercio también. El profeta Puigdemónt se ha largado a lugar seguro, abandonando a “su pueblo”. Al menos a dos docenas de sus apóstoles les aguarda un sombrío futuro carcelario. En muchs familias algunos de sus miembros han dejado de hablarse Todo les ha salido mal porque todo ha sido una pura insensatez.


Y a pesar de todo ese desastre casi la mitad de los votantes han vuelto a elegir a los mismos que le han traído el declive económico, la disensión en las familias y un futuro incierto. Como hicieron los monitos de Harlow, los factores afectivo-emocionales han sido más poderosos para ellos que las realidades objetivas. La gran diferencia con los simios del experimento estriba en que éstos, al convertirse en adultos, reconocen la impostura del muñeco de felpa, la abandonan, y empiezan a ocuparse de buscar alimento, aparearse, y vivir lo mejor posible. En cambio, cada año que pasa, una nueva camada de catalanes de Harlow se incorpora al censo electoral, convenientemente adoctrinados para buscar el abrigo de una quimera que camina en sentido contrario al de la Historia.

jueves, 19 de octubre de 2017

La razón de la sinrazón

Hace unos días, Richard Thaler ha obtenido el Premio Nobel de Economía por sus investigaciones sobre los factores emocionales que impulsan a conductas irracionales en las decisiones económicas. Si la irracionalidad campea en un ámbito tan propicio a la cuantificación y la comparación objetivas como es la Economía, ¿qué podremos decir de otras áreas tan subjetivas como la Política?

Es imposible convencer con razonamientos a un yihadista dispuesto a activar el cinturón de explosivos que rodea su cintura de que no es cierto que su acto le vaya a conducir directamente a un paraíso celestial colmado de placeres para la eternidad. No es posible razonar contra la fe. No existen razonamientos válidos contra la superstición.

Es ilusorio esperar que los secesionistas de Cataluña atiendan a razones. Ni las declaraciones de los gobiernos europeos, ni los avisos de organizaciones internacionales, ni la estampida de empresas huyendo de Cataluña, ni las advertencias de las instituciones del Estado, ni las señales de alarma de los hoteleros o los vendedores de automóviles, nada, absolutamente nada, puede hacer cambiar de criterio a las mentes enloquecidas que se disponen a activar una bandera estelada, por dañinas que puedan ser las consecuencias para ellos mismos.

El gran reto para el Gobierno y las demás instituciones del Estado no es desactivar a los dirigentes políticos de Cataluña. Al fin y al cabo, para un político “siempre” significa “de momento”, y “nunca” quiere decir “ya veremos”. Lo verdaderamente difícil será conseguir devolver la racionalidad a los que se han creído que la Abadía de Monserrat puede hacer milagros.


No existen métodos sencillos para hacer desaparecer el delirio de cientos de miles de cabezas. Harían falta miles de psicólogos trabajando durante años. Pero se podría empezar eliminando los principales causantes del enloquecimiento colectivo: el adoctrinamiento permanente a través de los medios de comunicación autonómicos y el modelo educativo en vigor en Cataluña.

jueves, 12 de octubre de 2017

La ley y su talón de Aquiles

En sentido amplio, la ley el es conjunto de reglas que permiten el desempeño ordenado de las actividades de los ciudadanos. La legitimidad de las leyes puede ser nula -como en las dictaduras-, problemática –como en las teocracias-, o completa –como en las democracias avanzadas. A pesar de ello, en los tres casos cumple su función para ordenamiento de la convivencia y para la resolución de los conflictos.

Tanto para la gestión de una comunidad de vecinos, como para la conducción de vehículos, o para disputar un encuentro de fútbol, es imprescindible la existencia de unos estatutos y reglamentos que señalen lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer. Nadie imagina un partido de fútbol en el que uno de los equipos se salte las reglas metiendo goles con la mano, defendiendo una portería más pequeña que la del contrario, o ignorando las decisiones del árbitro.

Durante las últimas semanas se viene discutiendo sobre la legalidad o ilegalidad de las acciones que vienen ejecutando el gobierno de la Generalidad de Cataluña, su Parlamento, la policía autonómica y las organizaciones independentistas. Desde el punto de vista legal no ha existido convocatoria de referéndum, ni referéndum, ni ley de transitoriedad, ni proclamación de independencia. No hace falta explicar que todo ello está totalmente fuera de la ley.

Pero no deberíamos olvidar que la ley no lo puede todo, y que muchos actos cometidos fuera de la ley se han convertido en realidades.     El 14 de abril de 1931 en muchos ayuntamientos de España se izó la bandera republicana, y un comité revolucionario la proclamó en Madrid sin ningún soporte legal. El 12 de marzo de 1938, Hítler anexionó a Austria como una provincia alemana más. Ninguna ley amparaba esa acción, pero hizo falta una guerra y cien millones de muertos para revertir la situación. El 9 de noviembre de 1989 el muro de hormigón que dividía los sectores occidental y oriental de Berlín dejó de cumplir su función sin apoyo de ninguna ley.

En el caso de la anexión de Austria, la aplastante superioridad militar se impuso sin dificultad a la ley. Pero en los otros dos ejemplos fue una multitud desarmada la que bastó para convertir la ley en unos papeles inútiles.


A estas alturas nadie debería albergar dudas sobre lo que les importan las leyes a los independentistas de Cataluña. A mí lo que me preocupa es que el Gobierno de España y los partidos constitucionalistas puedan creer que basta con disponer del escudo de la ley para asegurar que los sediciosos no se saldrán con la suya, y que olviden que la ley también tiene su talón de Aquiles

viernes, 29 de septiembre de 2017

¿Diálogo?

En vísperas del órdago del 1 de octubre se aprecian dos ideas sustentadas casi por unanimidad. La primera es que el anunciado referéndum va a ser una grotesca caricatura, sin la menor sombra de legitimidad ni de respaldo internacional. La segunda consiste en que a partir de esa fecha se impone el diálogo como única fórmula de desenredar la madeja. A este manra, que viene repitiendo desde hace meses Pedro Sánchez –probablemente por su mediocridad intelectual-, se ha unido a última hora la Conferencia Episcopal –sin duda por cobardía oportunista.

¿De verdad se cree alguien que se puede establecer un diálogo útil con gente cuya única idea fija es la independencia de Cataluña? Cuando un niño de cinco años se emperra en pedir la luna es imposible dialogar con él. Sus berridos le impiden escuchar lo que se le dice, y aunque lo oyera, no entendería las explicaciones. Los nacionalistas catalanes se vienen comportando desde hace muchos años como adolescentes malcriados, aunque no es del todo culpa suya, sino de los supuestos adultos que les han permitido toda clase de antojos y caprichos.

Además de esa imposibilidad de dialogar con quien sólo admite que le concedan lo que pide, resulta que a los adultos –el Estado- no les queda ya nada que entregar. Cataluña dispone ya de las mismas competencias y autogobierno –excepto un ejército y reconocimiento internacional- que cualquier estado soberano. En consecuencia, el resto de España no puede darles nada más. Ya no queda nada sobre lo que dialogar.

Lo único que el Estado podría otorgar a los catalanes son privilegios y ventajas sobre el resto de los españoles –que por cierto es lo que han venido consigueindo desde la Transición. Pero, al igual que ha venido ocurriendo desde 1978, cualquier privilegio concedido a Cataluña ha dado lugar a la reclamación del mismo estatus por parte de las demás regioes. Como es natural. Por o tanto, el Estado no puede conceder a Cataluña nada que no pueda hacerse extensivo al resto de CC.AA.

A estas alturas ya no se puede dialogar nada con el malcriado, impertinente y díscolo. Es inútil ofrecerle el nuevo I-Phone, una moto nueva, o lo último en videoconsolas. El muchacho sólo quiere La Luna. Tampoco me parece que fuera buena solución darle dos hostias –aunque ganas no les faltan a muchos-, Así que sólo quedan dos salidas: o bien darse por vencidos y dejar que se vaya a La Luna, o bien ponerse a desandar el camino andado en la mala dirección. Recuperar por parte del Estado las competencias en Educación, Seguridad Ciudadana y Justicia. Imponer el cumplimiento de todas las leyes y resoluciones judiciales. Hacer cumplir la coficialdad del español junto al catlaán en centros de enseñanza, organismos públicos, medios de comunicación autonómicos y rotulación en comercios. Condicionarlas ayudas del Fondo de Liquidez Autonómica a que ese dinero se utilice en la forma que establezca el Ministerio de Hacienda y no en otras ocurrencias.


Sólo existe una posibilidad de entablar un diálogo con los nacionalistas: parea acordar  las fórmulas mediante las que el Estado recuperará competenecias. Claro que eso no es lo que los independentistas llaman “diálogo”.