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viernes, 29 de marzo de 2019

Si algo pasa, está la SER

Esto sólo acaba de empezar. No sabemos cuánto se tardará en detener la pandemia, pero cabe esperar decenas de miles de infectados y muchos miles de fallecidos, sólo en España. Serán dos, cuatro o seis meses de angustia sanitaria, y otros tantos de parálisis en la industria, el comercio y los servicios. El miedo de los ciudadanos se puede resumir en dos tarjetas: la sanitaria y la de crédito.

Porque si el golpe que va a recibir la sociedad en el plano de la salud va a ser muy doloroso, el hachazo que nos espera desde el lado de la economía puede ser aún mucho peor. Ante la situación de cierre de comercios y de empresas, todo el mundo espera del gobierno medidas compensatorias. Los trabajadores que no pueden trabajar esperan que alguien pague  sus sueldos, y las empresas que no pueden vender esperan que el Estado les conceda ayudas especiales.

¿Y qué va a poder hacer papá Estado? Dejará de recaudar el IVA de todos los productos que no se van a vender, de todos los bienes que no se van a fabricar, de todos los turistas que no van a venir. Dejará de recaudar el IRPF de todos los trabajadores que no van a poder trabajar y el impuesto de sociedades de todas las empresas que no van a tener beneficios o que tendrán que cerrar. Simultáneamente tendrá que multiplicar el gasto en una Sanidad sobrecargada, en unas prestaciones sociales desbordadas. Todo esto con una deuda del 96% del PIB, y con escasas posibilidades de obtener préstamos en los mercados mundiales fuertemente recalentados.

Tengo razones para dudar de la capacidad del presidente del gobierno para estar a la altura. Pero creo que haría bien en prevenir a esta sociedad tan alegre y confiada hasta anteayer de que nos espera lo que Winston Churchill prometió a los británicos en la Segunda Guerra Mundial: Sangre, sudor y lágrimas.

domingo, 24 de marzo de 2019

La felicidad y el odio


Todo el mundo quiere ser feliz, pero hay elementos que son incompatibles con la felicidad. Unos son naturales –como el hambre y el dolor-, otros de carácter psicológico –como el miedo-, y otros esencialmente sociales –como la envidia, el rencor y el odio.


Éste último se está convirtiendo en el principal obstáculo para la felicidad de los españoles. Hay odios para todos los gustos. A la derecha y a la izquierda, a los católicos o los musulmanes, a los hombres o a las mujeres, a los inmigrantes, a los homosexuales, al equipo de fútbol rival, a los fumadores, a los políticos, a los taurinos. Los odiadores más activos son capaces de mantener simultáneamente varios tipos de odios. Incluso no falta quien se odia a sí mismo.

El odio tiene un fuerte componente inercial. Una vez se apodera de la mente se atrinchera en ella y devora toda capacidad de análisis racional, lo que impide revisar si sus fundamentos son reales o imaginarios. Frecuentemente son el rencor y la envidia los factores que subyacen y lo mantienen activo.

El nacionalismo del País Vasco –con la ayuda de la brutalidad de ETA- fomentó el odio a España y a los españoles. En Cataluña –mediante herramientas más inteligentes- se han construido la misma clase de odio. Durante cuarenta años se ha venido inoculando en la mente de muchos catalanes el odio. A través de los medios de comunicación de los gobiernos nacionalistas, mediante los textos escolares y las enseñanzas de los maestros, millones de personas en Cataluña han aceptado una larga lista de agravios sufridos por Cataluña a manos de los odiosos españoles. Por supuesto, esos catalanes no están locos, ni son tontos ni malvados. La inmensa mayoría creen de buena fe que sus exigencias y sus aspiraciones son razonables y están plenamente justificadas. Podrían ser felices, podrían disfrutar de más prosperidad. Pero no se puede ser feliz cuando se odia. Y cuando prospera el odio disminuye la prosperidad.


domingo, 17 de marzo de 2019

La desmemoria electoral


Los partidos políticos están ya en campaña. Como viejas vedettes cargadas de años, achaques y arrugas que se cubren con seis capas de maquillaje y se envuelven en fastuosos vestidos para aparecer radiantes bajo los focos, los partidos afrontan su maquillaje particular con el objetivo de hacer que los electores se fijen únicamente en o que parecen ser, y se olviden de lo que realmente son.

Todos tenemos una opinión –mejor o peor- respecto a Podemos, un buen partido para el que le guste el comunismo. También sabemos todo lo bueno y lo malo que ha hecho el Partido Popular en todos los ámbitos en los que ha gobernado. Lo mismo podemos decir respecto al PSOE, que no ha gobernado menos ni ha dejado de tener sus aciertos y sus errores. De Ciudadanos, aparte de lo que ha hecho en la oposición, sólo sabemos de su talante abierto, siempre dispuesto a engrosar sus filas con micropartidos y con descontentos de otros. Menos podemos saber de Vox, aparte de media docena de ideas generales, pero vírgenes en cuanto a experiencia de gobierno o de oposición.

Sabiendo tanto como sabemos de lo que ha hecho y dicho los líderes de los principales partidos, ¿para qué necesitamos las campañas electorales? Muy sencillo: para que nos olvidamos de todo lo que sabemos. Para que hagamos un reset mental. Para que nos creamos lo que ahora dicen que harán. Para que les votemos a pesar de las muchas veces que han cambiado de criterio, en la infinidad de ocasiones en las que nos han mentido, en la desvergüenza con la que señalan los defectos de sus adversarios mientras disculpan permanentemente los suyo.

El truco más importante son las encuestas. A través de ellas consiguen que el foco de los votantes se sitúe en el futuro y no en el pasado. Las encuestas pretenden decirnos lo que va a ocurrir y consiguen que mucha gente decida su voto en función de ese presunto futuro. El votante imagina un resultado coincidente con las encuestas, y hace cálculos, supesa posibles alianzas postelectorales, considera el voto útil, y termina votando como si ya supiera lo que va a pasar en lugar de sabiendo lo que ya ha pasado.

Además, para reforzar el engaño se hacen acompañar de vedettes jóvenes y llamativas. Un Jefe de Estado Mayor, jueces mediáticos, algún que otro actor televisivo, un ex primer ministro francés, una activista gitana, un señor que vendía Coca-colas, un señor que se hizo famoso porque asesinaron a su hija, y hasta un astronauta. Sólo les falta fichar un torero y una fallera mayor. Todo vale para conseguir la amnistía política de los votantes.

domingo, 10 de marzo de 2019

Sobre feminismo y antisemitismo


En los años 30 del pasado siglo se impuso en Alemania la idea de que los judíos eran la causa de todos los males de la nación. Se les consideró una raza degradada, improductiva y parasitaria. Es cierto que muchos judíos se dedicaban a las finanzas y al comercio, y disponían de grandes fortunas. Igual de cierto que muchos otros judíos ejercían profesiones liberales, como médicos y abogados. Pero también es cierto que la mayoría de los judíos alemanes desempeñaban trabajos más humildes: escribientes, camareros, artesanos, etc. El odio hacia los judíos –estimulado por el nacionalsocialismo- dio lugar a que la mayoría de los alemanes contemplaran con aprobación o con indiferencia como millones de judíos fueron perseguidos, humillados, detenidos y eliminados. Este es un ejemplo de cómo la masa puede aceptar una leyenda inventada como si fuera real.

Terminada la II guerra mundial, el genocidio perpetrado contra los judíos sirvió de excusa para perpetrar el sometimiento y la expulsión de sus tierras de los millones de personas que vivían en los territorios donde se implantó el estado de Israel.

Este es un ejemplo de cómo se pueden cometer gravísimas injusticias al amparo de otras injusticias pretéritas.

En la España de 2019 se ha impuesto la idea de que las mujeres sufren una discriminación insoportable, que carecen de derechos, y que se les impide desarrollar su vida en libertad.

Es cierto que cada año alrededor de 50 mujeres mueren a manos de sus parejas o exparejas. También es cierto que el promedio de salarios de todas las mujeres es inferior al promedio de salarios de todos los hombres. Y sigue siendo cierto que la mayoría de las mujeres tenían muchos menos derechos que los hombres hace 50 años. Pero no es cierto que el número de homicidios contra mujeres sea mayor en España que en el resto de Europa. De hecho, es inferior a la media europea. Tampoco es cierto que las mujeres tengan menos derechos que los hombres. La Constitución establece la igualdad entre los sexos, y no existe ninguna discriminación legal para ellas. Cualquier mujer puede estudiar cualquier carrera universitaria, desempeñar cualquier trabajo, ingresar en el Ejército o crear una empresa. Si hay menos mujeres en la pesca, la minería, en la construcción o en las carreras técnicas es únicamente porque libremente eligen no hacerlo. Tampoco es verdad que las mujeres reciban menor salario cuando desempeñan la misma función, con igual responsabilidad, antigüedad, horario y disponibilidad. La llamada “brecha salarial” entre hombres y mujeres no es diferente de la brecha salarial entre los madrileños y los zamoranos. La media de los salarios de los primeros es superior a la de los segundos, pero eso se debe a diversos factores, entre los que no está que se discrimine a nadie por ser zamorano. Este es otro ejemplo de cómo una leyenda inventada puede ser asumida como algo real por la masa.

Con la excusa de que las mujeres españolas del siglo pasado dependían de sus maridos y carecían de los mismos derechos que éstos se ha creado el actual estado ginocrático. Están en vigor leyes que penalizan a los hombres por el hecho de serlo. Funcionan infinidad de organismos dedicados en exclusiva a facilitar diversas ayudas sólo para mujeres. Se destinan miles de millones de dinero público a innumerables asociaciones de mujeres, pero no existe ni una sola asociación sólo de hombres.

Este es otro ejemplo de cómo se pueden cometer gravísimas injusticias al amparo de otras injusticias pretéritas.


sábado, 5 de enero de 2019

El avispero feminista


Los de Vox han pisado un avispero. Toda la progresía del país ha saltado como un gato enfurecido. Los de Vox han osado poner sobre la mesa la cuestión de la violencia “de género”, que es tanto como decir la cuestión del feminismo moderno.

Un sacrilegio tan grave como cuestionar a la Santísima Trinidad en El Vaticano o la lucha de clases en la Plaza Roja en 1940. Para la progresía nacional todo lo relativo al feminismo es un dogma. Cuestión de fe. Algo que se admite sin reflexión alguna.

Sin embargo es algo sobre lo que cualquiera que no tenga la mente aherrojada por una ideología puede –incluso debe- reflexionar. Porque a la sombra del sufrimiento de muchas mujeres se agazapan muchas falsedades y el interés particular de mucha gente que saca tajada de ese drama.

Es obvio que hay tomar medidas para prevenir los asesinatos de mujeres, que hay que proteger a las que están amenazadas, y que hay que ayudar a las que sufren la tiranía de un macho dominante violento. Pero junto a esas obviedades se camuflan demasiadas falsedades.

Es falso que los terribles asesinatos de mujeres a manos de sus exnovios o exmaridos sean el mayor problema de España. Las cifras comparativas nos indican que la tasa de muertes por millón es inferior en España a la media europea. Esto no significa que el problema sea irrelevante, sólo lo sitúa en su justa dimensión. También se producen más de 3.500 suicidios cada año, y a nadie parece preocuparle, no porque no tenga importancia, sino porque es una desgracia similar a la de otros países europeos.

Es falso que esas mujeres hayan sido asesinadas “por el hecho de ser mujeres”. Ninguno de los asesinos agredía a la vecina ni insultaba a la panadera ni odiaba a su enfermera. Si llegaron al crimen no fue porque eran mujeres, sino porque eran lo que ellos consideraban “su” mujer.

Es falso que en las parejas sólo los hombres ejerzan la violencia. Si es cierto que hay más casos de hombres agresores físicamente, no cabe decir lo mismo respecto a la violencia psicológica, que pueden practicar con igual maestría hombres y mujeres.

Es falso que los cientos de millones que gastan las administraciones bajo los epígrafes “mujer” o “igualdad” hayan servido para evitar los asesinatos. La cifra anual se mantiene en torno a las 50 víctimas y apenas ha descendido un 10% durante los últimos 20 años.

Es falso que el asesinato de una mujer a manos de un hombre sea infinitamente más grave que lo contrario. Se producen más casos de muerte por accidente laboral en hombres, y no por eso son menos graves los que tienen como víctima a mujeres. Todo el peso de la ley debe caer sobre los asesinos, sea cual sea su sexo y sea cual sea el sexo de sus víctimas.

Es falso que convertir a todo hombre heterosexual en un presunto maltratador sea un buen método para fomentar la igualdad de trato. Es falso que las mujeres siempre dicen la verdad y los hombres siempre mienten.

Es falso que se pueda hacer desaparecer el machismo sustituyéndolo por un feminismo basado en el victimismo, el odio y el resentimiento retrospectivo. Siendo cierto que nuestras abuelas tuvieron un papel subordinado a los hombres, eso no da derecho a las mujeres actuales a disfrutar de ningún privilegio.

Claro que se pueden cuestionar las políticas de igualdad. Por ejemplo, se podría dejar de regar con dinero público a los miles de asociaciones de mujeres y dedicar ese dinero a campañas de concienciación, y sobre todo a educar a los adolescentes varones en el respeto a las mujeres. Y educar a las adolescentes para no dejarse engatusar por el más chulito de la clase, y a no creer que cuanto más celoso es él, más fuerte es su amor.

martes, 4 de diciembre de 2018

Pasarse de la raya (2)


No es que partidos como PSOE y Podemos hayan hecho mal en propugnar determinadas políticas. No pongo en duda su buena intención al pretender corregir ciertas actitudes. El problema no está tanto en el diagnóstico como en la sobredosis del tratamiento aplicado.

·        Es razonable tomar medidas para evitar que unos energúmenos asesinen a sus parejas, pero eso no se va a conseguir sustituyendo el viejo patriarcado por un matriarcado igual de opresor.
·        Es sensato aceptar que personas de otros países se instalen en España. Pero haciéndolo ordenadamente para trabajar y contribuir con su esfuerzo a la prosperidad general. No asaltando fronteras, no para vivir de subvenciones.
·        Es justo procurar que cada cual decida con quien se mete en la cama. Pero sin hacer creer a los niños que la naturaleza está loca y coloca penes y vaginas en las personas equivocadas.
·        Es civilizado tender a que no se maltrate arbitrariamente a los animales, pero sin olvidar que los humanos y los demás seres vivos formamos parte de una cadena alimenticia, y que pretender suprimir esa cadena es tan ingenuo como pretender eliminar la ley de la gravedad.
·        Es inteligente servirse del diálogo como método preferente para la resolución de conflictos. Pero sin perder de vista que el Estado tiene la legitimidad del uso de la fuerza cuando alguien rechaza todo diálogo que no pase por la aceptación incondicional de sus pretensiones.
·        Se entiende que desde una ideología de izquierdas se señalen los aspectos más negativos de los regímenes de derechas. Pero sin falsear la Historia, sin inculcar a los jóvenes el odio retrospectivo, sin intentar hacernos creer que regímenes como el de Nicolás Maduro son el Paraíso Terrenal en versión atea.

Respecto a los okupas reconozco que no se me ocurre ninguna razón de utilidad social para promocionarles, pero es posible que yo esté algo espeso. Pero otras iniciativas pueden ser defendidas con argumentos racionales. Es la exageración sistemática tanto en los diagnósticos como en las terapias los que terminan colmando el vaso de las amplias tragaderas de un pueblo, por confiado y manipulable que éste sea.

lunes, 3 de diciembre de 2018

Pasarse de la raya

¿Qué ha pasado en Andalucía? ¿Por qué en el principal semillero de votos del PSOE Susana Díaz y Pedro Sanchez han logrado su más estrepitoso fracaso? ¿Por qué Podemos y sus mil franquicias se han quedado con un palmo de narices? ¿Por qué un partido que se presenta sin complejos como de derechas ha logrado presencia institucional por primera vez desde 1977?

Habrá que analizar detenidamente los resultados, y no cabe duda de que encontraremos muchas variables en juego. Pero a primera vista, me parece que la explicación principal está en que a los partidos de izquierda se les ha ido la mano. Vamos, que se han pasado varios pueblos en su retórica.

De tanto dedicarse a declarar a los varones sujetos peligrosos y a las mujeres especie protegida. De tanto pretender que los okupas son patrimonio de la humanidad. De tanto bendecir a los inmigrantes. De tanto exigir la dignidad de los gatos y los derechos civiles de los perros. De tanto exaltar a los homosexuales al pedestal de la divinidad. De tanto insoportable discurso repitiendo sustantivos y adjetivos en masculino y en femenino. De tanto respetar a los musulmanes y despreciar a los católicos. De tanto asustar con el fantasma de Franco.

Creían haber encontrado un inagotable filón electoral. Pero se han pasado de la raya. Se han olvidado de aquella máxima que afirma que no es posible engañar a todos todo el tiempo. Y cuanto más burdo es el engaño, cuanto más groseras son las falacias, más probable es que la gente (incluso esa “gente” a la que tanto aluden) termine dándose cuenta de que les están tomando el pelo, y de que hay cosas más importantes para ellos que la paridad entre hombres y mujeres en los gobiernos, la dignidad de las golondrinas, las preferencias sexuales, o dónde demonios se archiva la momia de Franco. 

jueves, 8 de marzo de 2018

Brindo por ellas


Hoy quiero hacer un brindis por las mujeres. Por esas mujeres afganas, saudís, marroquís, etc., cuya vida transcurre a la sombra de un varón –padre, hermano, marido o hijo-, y cuyo estatus sólo está ligeramente por encima del de un camello o una cabra.

También brindo por esas mujeres españolas que consiguen desempeñar un trabajo remunerado, además de atender el hogar, educar a los hijos, cuidar a algún familiar anciano o enfermo.

Un tercer brindis por esa mitad de la población española que nunca se jubila del todo. Esas mujeres mayores que siguen llevando todo el peso de las tareas domésticas hasta el final de sus días, o hasta que el Alzheimer borra su memoria.

Y aún a riesgo de pasarme de tragos, brindaré también por todas esas mujeres que no se hacen las víctimas porque no lo son. Las que asumen con naturalidad las diferencias biológicas que la naturaleza impone, y las consecuencia que se derivan de ellas. Las que se sienten incómodas con tantas asociaciones de mujeres, talleres para mujeres, cursos para mujeres, concursos para mujeres, casas de la mujer e institutos de la mujer. Las que no necesitan de cuotas por sexo para demostrar su valía y ascender en su carrera profesional. Las que no ven a los hombres como enemigos sino como seres humanos con las mismas virtudes y debilidades que ellas. Las que no permiten que ningún varón se erija en su guía, su protector, su amo. Las que no admiten que ninguna feminista decida el guión de su vida.

Se me acaba la botella y no puedo brindar por las otras mujeres. Las que se recrean con su resentimiento, su amargura, su victimismo, su frustración o su odio. Estoy seguro de que ellas no necesitan mi brindis. Prefieren hacer una huelga. Generala, por supuesto.

viernes, 22 de diciembre de 2017

Los monos de Harlow

El psicólogo norteamericano Harry Harlow llevó a cabo un experimento con monos recién nacidos a los que separó de sus madres. Los introdujo en una jaula en la que había dos muñecos: uno de alambre desnudo y otro recubierto de felpa, con un aspecto similar al de una madre mona. El muñeco de alambre disponía de un biberón en el que podían beber los monitos, mientras que la “mona” de felpa no tenía nada que ofrecerles. Sin embargo, el experimento demostró que los monitos preferían permanecer junto a la “mona” de felpa, acudiendo al muñeco de alambre sólo el tiempo imprescindible para alimentarse. Se demostró que el factor afectivo-emocional tenía más fuerza para los pequeños monitos que la necesidad biológica de alimentarse.

Durante los últimos años, en Cataluña los mesías del independentismo han enarbolado el señuelo de la tierra prometida, y más de dos millones de catalanes se lo han creído. Los acontecimientos de los últimos meses han demostrado que todo era un espejismo. El referéndum convocado resultó un fiasco, ningún gobierno del mundo ha reconocido la declaración de independencia, más de 3.000 empresas han huído de Cataluña, el turismo ha descendido, el comercio también. El profeta Puigdemónt se ha largado a lugar seguro, abandonando a “su pueblo”. Al menos a dos docenas de sus apóstoles les aguarda un sombrío futuro carcelario. En muchs familias algunos de sus miembros han dejado de hablarse Todo les ha salido mal porque todo ha sido una pura insensatez.


Y a pesar de todo ese desastre casi la mitad de los votantes han vuelto a elegir a los mismos que le han traído el declive económico, la disensión en las familias y un futuro incierto. Como hicieron los monitos de Harlow, los factores afectivo-emocionales han sido más poderosos para ellos que las realidades objetivas. La gran diferencia con los simios del experimento estriba en que éstos, al convertirse en adultos, reconocen la impostura del muñeco de felpa, la abandonan, y empiezan a ocuparse de buscar alimento, aparearse, y vivir lo mejor posible. En cambio, cada año que pasa, una nueva camada de catalanes de Harlow se incorpora al censo electoral, convenientemente adoctrinados para buscar el abrigo de una quimera que camina en sentido contrario al de la Historia.

jueves, 19 de octubre de 2017

La razón de la sinrazón

Hace unos días, Richard Thaler ha obtenido el Premio Nobel de Economía por sus investigaciones sobre los factores emocionales que impulsan a conductas irracionales en las decisiones económicas. Si la irracionalidad campea en un ámbito tan propicio a la cuantificación y la comparación objetivas como es la Economía, ¿qué podremos decir de otras áreas tan subjetivas como la Política?

Es imposible convencer con razonamientos a un yihadista dispuesto a activar el cinturón de explosivos que rodea su cintura de que no es cierto que su acto le vaya a conducir directamente a un paraíso celestial colmado de placeres para la eternidad. No es posible razonar contra la fe. No existen razonamientos válidos contra la superstición.

Es ilusorio esperar que los secesionistas de Cataluña atiendan a razones. Ni las declaraciones de los gobiernos europeos, ni los avisos de organizaciones internacionales, ni la estampida de empresas huyendo de Cataluña, ni las advertencias de las instituciones del Estado, ni las señales de alarma de los hoteleros o los vendedores de automóviles, nada, absolutamente nada, puede hacer cambiar de criterio a las mentes enloquecidas que se disponen a activar una bandera estelada, por dañinas que puedan ser las consecuencias para ellos mismos.

El gran reto para el Gobierno y las demás instituciones del Estado no es desactivar a los dirigentes políticos de Cataluña. Al fin y al cabo, para un político “siempre” significa “de momento”, y “nunca” quiere decir “ya veremos”. Lo verdaderamente difícil será conseguir devolver la racionalidad a los que se han creído que la Abadía de Monserrat puede hacer milagros.


No existen métodos sencillos para hacer desaparecer el delirio de cientos de miles de cabezas. Harían falta miles de psicólogos trabajando durante años. Pero se podría empezar eliminando los principales causantes del enloquecimiento colectivo: el adoctrinamiento permanente a través de los medios de comunicación autonómicos y el modelo educativo en vigor en Cataluña.

jueves, 12 de octubre de 2017

La ley y su talón de Aquiles

En sentido amplio, la ley el es conjunto de reglas que permiten el desempeño ordenado de las actividades de los ciudadanos. La legitimidad de las leyes puede ser nula -como en las dictaduras-, problemática –como en las teocracias-, o completa –como en las democracias avanzadas. A pesar de ello, en los tres casos cumple su función para ordenamiento de la convivencia y para la resolución de los conflictos.

Tanto para la gestión de una comunidad de vecinos, como para la conducción de vehículos, o para disputar un encuentro de fútbol, es imprescindible la existencia de unos estatutos y reglamentos que señalen lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer. Nadie imagina un partido de fútbol en el que uno de los equipos se salte las reglas metiendo goles con la mano, defendiendo una portería más pequeña que la del contrario, o ignorando las decisiones del árbitro.

Durante las últimas semanas se viene discutiendo sobre la legalidad o ilegalidad de las acciones que vienen ejecutando el gobierno de la Generalidad de Cataluña, su Parlamento, la policía autonómica y las organizaciones independentistas. Desde el punto de vista legal no ha existido convocatoria de referéndum, ni referéndum, ni ley de transitoriedad, ni proclamación de independencia. No hace falta explicar que todo ello está totalmente fuera de la ley.

Pero no deberíamos olvidar que la ley no lo puede todo, y que muchos actos cometidos fuera de la ley se han convertido en realidades.     El 14 de abril de 1931 en muchos ayuntamientos de España se izó la bandera republicana, y un comité revolucionario la proclamó en Madrid sin ningún soporte legal. El 12 de marzo de 1938, Hítler anexionó a Austria como una provincia alemana más. Ninguna ley amparaba esa acción, pero hizo falta una guerra y cien millones de muertos para revertir la situación. El 9 de noviembre de 1989 el muro de hormigón que dividía los sectores occidental y oriental de Berlín dejó de cumplir su función sin apoyo de ninguna ley.

En el caso de la anexión de Austria, la aplastante superioridad militar se impuso sin dificultad a la ley. Pero en los otros dos ejemplos fue una multitud desarmada la que bastó para convertir la ley en unos papeles inútiles.


A estas alturas nadie debería albergar dudas sobre lo que les importan las leyes a los independentistas de Cataluña. A mí lo que me preocupa es que el Gobierno de España y los partidos constitucionalistas puedan creer que basta con disponer del escudo de la ley para asegurar que los sediciosos no se saldrán con la suya, y que olviden que la ley también tiene su talón de Aquiles

viernes, 29 de septiembre de 2017

¿Diálogo?

En vísperas del órdago del 1 de octubre se aprecian dos ideas sustentadas casi por unanimidad. La primera es que el anunciado referéndum va a ser una grotesca caricatura, sin la menor sombra de legitimidad ni de respaldo internacional. La segunda consiste en que a partir de esa fecha se impone el diálogo como única fórmula de desenredar la madeja. A este manra, que viene repitiendo desde hace meses Pedro Sánchez –probablemente por su mediocridad intelectual-, se ha unido a última hora la Conferencia Episcopal –sin duda por cobardía oportunista.

¿De verdad se cree alguien que se puede establecer un diálogo útil con gente cuya única idea fija es la independencia de Cataluña? Cuando un niño de cinco años se emperra en pedir la luna es imposible dialogar con él. Sus berridos le impiden escuchar lo que se le dice, y aunque lo oyera, no entendería las explicaciones. Los nacionalistas catalanes se vienen comportando desde hace muchos años como adolescentes malcriados, aunque no es del todo culpa suya, sino de los supuestos adultos que les han permitido toda clase de antojos y caprichos.

Además de esa imposibilidad de dialogar con quien sólo admite que le concedan lo que pide, resulta que a los adultos –el Estado- no les queda ya nada que entregar. Cataluña dispone ya de las mismas competencias y autogobierno –excepto un ejército y reconocimiento internacional- que cualquier estado soberano. En consecuencia, el resto de España no puede darles nada más. Ya no queda nada sobre lo que dialogar.

Lo único que el Estado podría otorgar a los catalanes son privilegios y ventajas sobre el resto de los españoles –que por cierto es lo que han venido consigueindo desde la Transición. Pero, al igual que ha venido ocurriendo desde 1978, cualquier privilegio concedido a Cataluña ha dado lugar a la reclamación del mismo estatus por parte de las demás regioes. Como es natural. Por o tanto, el Estado no puede conceder a Cataluña nada que no pueda hacerse extensivo al resto de CC.AA.

A estas alturas ya no se puede dialogar nada con el malcriado, impertinente y díscolo. Es inútil ofrecerle el nuevo I-Phone, una moto nueva, o lo último en videoconsolas. El muchacho sólo quiere La Luna. Tampoco me parece que fuera buena solución darle dos hostias –aunque ganas no les faltan a muchos-, Así que sólo quedan dos salidas: o bien darse por vencidos y dejar que se vaya a La Luna, o bien ponerse a desandar el camino andado en la mala dirección. Recuperar por parte del Estado las competencias en Educación, Seguridad Ciudadana y Justicia. Imponer el cumplimiento de todas las leyes y resoluciones judiciales. Hacer cumplir la coficialdad del español junto al catlaán en centros de enseñanza, organismos públicos, medios de comunicación autonómicos y rotulación en comercios. Condicionarlas ayudas del Fondo de Liquidez Autonómica a que ese dinero se utilice en la forma que establezca el Ministerio de Hacienda y no en otras ocurrencias.


Sólo existe una posibilidad de entablar un diálogo con los nacionalistas: parea acordar  las fórmulas mediante las que el Estado recuperará competenecias. Claro que eso no es lo que los independentistas llaman “diálogo”.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Sueños y pesadillas

En los sueños suelen aparecer situaciones extrañas, absurdas, fantásticas o ridículas. El sueño parece real aunque esté plagado de incoherencias, contradicciones, aberraciones y quimeras.

Esta noche he tenido un sueño cuyo escenario era El Corte Inglés. La empresa había adoptado las modernas prácticas de buen rollito corporativo, descentralizando en gran medida la gestión, de modo que el director de cada uno de sus centros era nombrado por elección de los trabajadores del mismo.

Un buen día al director del establecimiento de Logroño, junto a parte de los mandos intermedios, se les ocurrió la idea de que venderían más –y ellos ganarían más- si ese centro se independizara de El Corte Inglés S.A. Para ello, pidieron a la dirección general de la empresa que organizara un referéndum en la tienda de Logroño, para que empleados y clientes pudieran votar si querían o no que ese centro comercial se desvinculara de la red de El Corte Inglés.

Como es natural, cuando el consejo de administración de la empresa logró contener las carcajadas que había provocado semejante propuesta, les remitieron su respuesta, consistente en una educada, pero firme, negativa.

Los sediciosos de Logroño pusieron el grito en el cielo. Desde la sección de corsetería a la de cochecitos de bebé llenaron el edificio de carteles denunciando la actitud intolerante de la dirección central. La megafonía difundía constantes mensajes apelando al heroísmo de los guerreros riojanos que habían luchado contra los romanos.

Se dispusieron a celebrar el referéndum por su cuenta. Con gesto fúnebre, los vendedores explicaron a los clientes que sus hijos iban descalzos por culpa de la dirección central. Las cajeras entregaban a los clientes folletos de propaganda junto con el cambio, y entregaban bolsas de plástico en las que se había impreso una estrella en cada triángulo verde. Por último, dieron instrucciones a los vigilantes jurados para que organizaran las colas de votantes el día del referéndum.

Me he despertado en ese punto. Recordando con una sonrisa ese sueño con cuyo guión Berlanga habría seguramente hecho una obra maestra. Después me olvidé del asunto y seguí con mis cosas. Por la noche, me senté ante el televisor, y me quedé boquiabierto. ¡Estaban hablando de mi sueño! Alguien con acento catalán estaba relatando una historia sin sentido alguno, basada en mi sueño. Esperaba escuchar las inevitables risas enlatadas que acompañan siempre a las malas comedias televisivas.

Pero nadie reía. Era el Telediario. Lo que había sido un disparatado sueño por la mañana se había convertido en una disparatada realidad por la noche. Ya no era un sueño. Era una pesadilla.

martes, 22 de agosto de 2017

El terrorismo y los miones

Tras el atentado de Barcelona se ha reunido el Pacto antiyihadista, del que forman parte los principales partidos políticos, con la excepción de los nacionalistas, IU y Podemos. El objeto de este Pacto es el de presentar un bloque de sólida unidad de los partidos democráticos frente al terrorismo, por encima de las lógicas dferencias ideológicas y estratégicas que los sepran en casi todos los asuntos.

Los partidos que no quisieron suscribir ese Pacto en 2015, se ampararon en razones diversas que podemos encontrar más o menos justificadas, pero en todo caso legítimas. Personalmente, creo que la razón última de los naionalistas es la de no aparecer en una foto junto al gobierno de España, y la de IU y la de Podemos la de no aparecer en ningún foto junto a ningún gobierno que no sea presidido por ellos.

Hasta aquí nada que se salga de la lógica de la pugna entre partidos, donde siempre prima el interés electoral sobre el interés general. Donde empieza el toque surrealista –tan acostumbrado en la política española- consiste en que esos partidos que han decidido quedarse fuera del Pacto antiyihadista, están encantados de asistir a las reuniones del mismo como “observadores”. Es decir: que unos señores que no quieren formar parte de los que combaten al terrorismo (sea por marcar distancias, por cobardía, o por simpatía con los terroristas) reciben, sin embargo, la misma información que los que se han comprometido en esa lucha.


La verdad es que no sé qué es lo que me sorprende más: la cara dura de estos mirones que quieren ver el espectáculo sin pagar la entrada, o la ingenuidad bobalicona de los que les ponen una silla sin atreverse a darles con la puerta en las narices.

viernes, 11 de agosto de 2017

El 90%

El ayuntamiento de Pontedeume (Galicia) va a pagar una prima de productividad, además del salario, a los empleados municipales que acudan al trabajo al menos el 90% de su horario laboral.

La ventaja de vivir en España es que nunca se ve colmada la capacidad de asombro. No hay semana en que falte alguna noticia delirante. Gobiernos autonómicos que se saltan las leyes cuando no les gustan. Mozalbetes aburridos que descubren que el turismo es más peligroso que la radioactividad. Grupos de presión sindicales que toman como rehenes a ciudadanos en aeropuertos para conseguir una pequeña subida salarial de 350 euros mensuales. Cargos públicos que se hacen millonarios sin que nadie en su partido se dé cuenta. ONG’s que exigen que la Guardia Civil impida la violación de la frontera por parte de cientos de inmigrantes con sólo una mirada y una sonrisa.

Así lo de Pontedeume sólo es un paso más hacia la sociedad del absurdo. Ahora sólo falta seguir el ejemplo y ampliar la idea a otros ámbitos. Por ejemplo: los trabajadores podrán jubilarse sólo con el 90% de los años de cotización requeridos. Se podrá obtener el permiso de conducir con 16 años y dos meses –el 90% de 18 años-, y recibirán una prima de 200 euros en cheques gasolina. Los inquilinos obtendrán un descuento si pagan el 90% del importe del alquiler. El Corte Inglés nos regalará un vale para una consumición en la cafetería con tal de que paguemos sólo el 90% del total de la compra.


Sin embargo, me temo que los políticos seguirán incumpliendo el 90% de lo que prometen, y como premio les seguiremos votando.

viernes, 6 de enero de 2017

Una decepción real

Esperaba con ilusión la visita de los Reyes Magos. Les había escrito una carta que a mí me parecía muy razonable. Sólo pedía cosas sencillas, que podían obtenerse sin tener que pasar por las cajas de El Corte Inglés.

Les había pedido unos políticos que tuvieran proyectos para el bien de España, y me han traído unos individuos mediocres, sin ideas ni principios, dispuestos a vender su alma por un puñado de votos, y cuya única obsesión es el cargo.

Había pedido unos partidos, sindicatos y patronales que se mantuvieran con las cuotas de sus afiliados, y me han traído unas burocracias parasitsrias, pegadas como sanguijuelas a la sangre del presupuesto público.

Había pedido una sociedad compuesta por ciudadanos conscientes de sus deberes y de sus derechos, y me han traído un rebaño de adultos infantiloides y malhumorados, que exigen la Luna, pero que escurren el bulto a la hora de contribuir a la construcción del cohete..

Había pedido que trajeran a este pueblo una lluvia de realismo y un viento de tolerancia, y han vuelto a traer una inundación de ñoñería buenista y un vendaval de sectarismo, de rencor, de odio, de sordos que se gritan los unos a los otros.


Los Reyes Magos me han vuelto a decepcionar. Como cualquier español, esperaba que alguien con poderes mágicos satisfaciera mis deseos y aportara la solución a todos mis problemas. Puede que me haya merecido esta decepción. Pero como soy un español corriente volveré a intentarlo en 2018.

lunes, 10 de octubre de 2016

¿Eres feliz o de Podemos?

Si analizamos el discurso de Podemos veremos que consiste en un largo catálogo de denuncias sobre agravios, injusticias y abusos, que supuestamente padece “la gente” (es decir, los que deberían votarles a ellos), a manos de actores como “la casta”, “la Merkel”, la banca, o el IBEX35. Dibujan un cuadro muy simple de víctimas y verdugos. Millones de seres que sufren injustamente, y unos pocos miles que disfrutan haciéndoles sufrir. La idea que vertebra toda su teoría es que si las cosas no salen como yo quiero, siempre es por culpa de otros. Su mensaje da a entender que eliminando a esos malvados verdugos, la humanidad entera viviría en la prosperidad y sería feliz.

Ese es el contenido. Pero si nos fijamos en el tono, en la actitud con que lanzan el discurso, observaremos que flota en un océano de amargura, de rencor, de ansia de venganza, de envidia, y de odio. Son el paradigma del cabreo permanente.

No es el caso de todos los que les han votado. Gran parte de ellos son personas que ingenuamente creen que existen soluciones sencillas para problemas muy complejos. Pero la principal bandera de los dirigentes y de la mayor parte de los militantes es el odio.

Odio al que tiene más que uno, sin importar si se ha esforzado más. Odio a la monarquía, aunque nada garantiza que una república fuera mejor. Odio al catolicismo, como si el marxismo no fuera otra religión. Odio al pasado, como si ellos fueran el Big Bang de la políti––ca.

La felicidad es el tesoro más buscado por todos los seres humanos.  El anhelo de vivir mejor es otro deseo universal. La persona feliz es la que, sea cual sea su situación, hace lo que esté en su mano para mejorarla, sin obsesionarse con ello, y sin dejar de valorar y disfrutar lo que tiene a su alcance. Dejando aparte la falta de salud, hay cuatro elementos absolutamente incompatibles con la felicidad: amargura, rencor, envidia y odio. No se puede estar siempre cabreado y ser feliz.


lunes, 3 de octubre de 2016

El antivoto: democracia destructiva

Entre los numerosos errores del inexperto y fatuo Pedro Sánchez, quizá el más corrosivo haya sido su concepción de la democracia como un método, no para construir el futuro, sino para destruir al contrario. El invento no es suyo. Ya lo puso en práctica el PSOE de Zapatero y de Maragall con el Pacto del Tinell y la creación de un “cordón sanitario” para aislar al Partido Popular.

En la campaña electoral de junio de 2016, Pedro Sánchez echó mano de algunas generalidades como que el gobierno del PP había llevado a cabo los mayores recortes sociales de la Historia. Como si no hubiera sido un gobierno del PSOE el que en 2010 había congelado las pensiones, reducido el sueldo de los funcionarios, promulgado una reforma laboral, y aplicado un drástico tijeretazo a la inversión pública.

Pero la principal idea fuerza de toda la campaña fue el “no a la derecha”, “no al PP”, “no a Rajoy”. No decía “votad al PSOE para que yo gobierne”, sino “votad al PSOE para echar a Rajoy”. No pedía el voto, sino el antivoto. Trabajaron en una democracia destructiva, donde el Partido Popular no es un adversario político ni un competidor electoral, sino El Enemigo. Ya lo había dicho Pedro Castro unos años antes: “¿Y por qué hay tanto tonto de los cojones que todavía vota a la derecha?”. No sólo los dirigentes del PP son El Mal, sino que los que les votan son tontos de los cojones.

Pero votar es un acto positivo. No se puede meter en la urna una papeleta antinadie. Cada elector sólo puede votar en positivo, dando el voto al partido que considere más conveniente. Lo que pedía Sánchez era no votar al PP, sin darse cuenta de que para eso servía cualquier voto (excpeto al PP), y que puestos a votar lo más alejado del PP, muchos españoles prefirieron votar a Podemos y no al PSOE.

El segundo gran error de Sánchez fue no enerarse de que el 24 de junio terminó la campaña electoral. Los españoles votaron el 26, y el resultado no fue precisamente un “no a Rajoy”. Sin embargo el bisoño dirigente del PSOE, como caballo desbocado, continuó su carrera hacia ninguna parte. Desoyendo las recomendaciones de otros experimentados miembros de su partido –a ninguno de los cuales le gustaba la idea de que Rajoy pudiera seguir siendo presidente-, que se daban cuenta de que Sánchez estaba metiendo al PSOE en un callejón sin salida. Al final han tenido que echarle una zancadilla, única manera de derribarlo.


El resultado de la insensatez de un líder puede ser letal para una organización. Si Zapatero dejó al PSOE en tan mal estado que dio lugar a la mayoría absoluta del PP en 2011,  todo indica que Sánchez ha logrado hundirlo aún más propiciando la primacía de Podemos en el campo de la izquierda española. Gracias, Pedro Sánchez.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Pedro ¿qué parte no has entendido?


Pedro, ven aquí, mocetón. El 20 de diciembre, con tus 90 diputados, batiste el récord a la baja que había conseguido Rubalcaba con 110. No te pareció suficiente, y el 26 de junio llegaste a los 85. En Gaiicia, tu partido ha perdido la mitad de los diputados que tenía. En el País Vasco se ha rezagado hasta igualar al farolillo rojo del PP. Dime, perillán, ¿qué parte de “resultados electorales” no has entendido?

Ven aquí, bribón. Has basado tu campaña electoral en una única idea: “echar al PP de La Moncloa”. ¿No ves que un mensaje tan simple, tan pobre, dice demasiado de tu inexistente perfil de estadista? ¿No te das cuenta de que los votantes tradicionales del PSOE no son tan bobos como para morder ese anzuelo? Y eso a pesar de que tu partido lleva doce años trabajando la exclusión a los conservadores, el ostracismo a la derecha, el odio al PP.

Dices también que no quieres que el PSOE quede subordinado al Partido Popular. ¿No eres capaz de entender que han sido los electores los que han dejado a tu partido subordinado en 52 escaños? ¿No comprendes que tu “no a Rajoy porque no” es un escupitajo a la cara de los más de siete millones de españoles que han votado a ese partido? Repite conmigo: “de-mo-cra-cia”. ¿Qué parte de “democracia” no has entendido?

Ven aquí, granuja. Tienes en contra a la mayor parte de los secretarios generales autonómicos. Te dicen que te estás equivocando los miembros más solventes y experimentados de tu partido, incluyendo a los que han sido secretarios generales, ministros, y presidentes del gobierno. Te acaba de dimitir la mitad de tu Ejecutiva. Y tú sigues erre que erre, Don Pedro Nonoyno, agarrado al cargo como un niño a su pelota nueva. ¿Qué parte de “dignidad política” no has entendido?

Ven aquí, bergante. ¿No estás viendo que tu partido está a punto de estallar? ¿no has visto la cara de satisfacción que se le ha puesto a Pablo Iglesias ante el regalo que le estás haciendo? ¿no sabes que en toda Europa se forman gobiernos de coalición cuando los resultados  electorales no permiten gobernar en solitario? ¿Qué parte de “abstenerse no es lo mismo que apoyar” no has entendido?


Hazme caso, truhán. Dimite de tu cargo de Secretario General, renuncia al acta de diputado, date de baja en el PSOE, y busca un trabajo fuera de la política. Deja de fastidiar a tu partido y a España. Ya sé que el empleo está mal, pero si te esfuerzas y aprendes, quizá algún día llegues a ser un hombre de provecho. Mientras tanto, en las zonas turísticas se necesitan porteros de discoteca.

sábado, 25 de junio de 2016

Igual no es gratis

Una de las causas de la marea de populismo que se extiende por Europa consiste en el uso deliberadamente torcido del concepto “igualdad”. Sin embargo, aunque lo llaman igualdad, en realidad lo que se predica es un igualitarismo artificialmente impuesto.

Como dice Enrique Santos Discópolo en su tango Cambalache: “Todo es igual. Nada es mejor. Lo mismo un burro que un gran profesor”,  y las consecuencias de semejante disparate se pueden apreciar en los resultados de referenda como los de Grecia, el del independentismo catalán, o el más reciente de Gran Bretaña.

En un mundo globalizado todas las decisiones políticas y económicas presentan una altísima complejidad, que desafía la inteligencia y los conocimientos de los más grandes expertos. Sin embargo, políticos de talla menguada como Txipras en Gracias, Artur Mas en Cataluña, Cameron en Gran Bretaña o Iglesias en España se obstinan en cargar sobre las espaldas de ciudadanos corrientes unas decisiones que sobrepasan con mucho su capacidad de contemplar todas las consecuencias.

La otra pata en la que se sustenta el populismo consiste en el enaltecimiento del “gratis”. Y no sólo en cuanto a su dimensión económica: sanidad gratis, educación gratis, vivienda gratis, transporte gratis y fiestas gratis. A este respecto, es evidente que cuando algo es gratis para uno es porque hay otro que lo paga. La trampa del populismo es hacer creer a los ciudadanos que los que van a pagar son otros.

Hay otra dimensión del “gratis”, probablemente aún más dañina para la sociedad. La de que las decisiones no tienen consecuencias, o la de que hay decisiones que únicamente tienen consecuencias positivas. No es necesario explicar que eso nunca es así.


El populismo consiste en decirle a la gente lo que quieren oír, ofreciendo soluciones simples para problemas complejos. Un espejismo atractivo en el que todos seremos iguales y todo nos saldrá gratis. Una oferta interesante para los que creen en los Reyes Magos. Pero igual no es gratis. Antes o después, los errores se pagan siempre.