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jueves, 22 de diciembre de 2011

Cien horas

Hay un nuevo gobierno en España. Durante los últimos siete años numerosos comentarios llamando la atención sobre lo que a mí me parecían incoherencias, banalidades, ocurrencias, desatinos y mentiras de los sucesivos gobiernos de Rodríguez Zapatero. En este tiempo algunas personas me han criticado por estar excesivamente pendiente –según ellos- del señor Zapatero, y prestar poca atención a los errores y fallos del señor Rajoy. Siempre he respondido que al que hay que vigilar muy de cerca es al gobierno, por la sencilla razón de que sus errores se traducen siempre en perjuicios para los ciudadanos.

Coherentemente con eso, a partir de ahora mi atención va a estar focalizada principalmente en el nuevo gobierno, y mis amigos podrán comprobar que me ocupo mucho menos de los avatares que tengan que ver con el PSOE. Existe la tradición de conceder a los nuevos gobiernos cien días de tregua, para darles tiempo a aterrizar y empezar a tomar decisiones.La crítica situación del país no permite semejante lujo, y, al menos por mi parte, sólo les concederé cien horas.

Con el mismo espíritu crítico, trataré de destapar cualquier “fechoría” que puedan cometer el nuevo presidente y los nuevos ministros. En mi balance particular iré reflejando en el “debe” las decisiones que me parezcan inadecuadas, pero sobre todo las conductas partidistas o sectarias; las mentiras o medias verdades; las contradicciones; y los silencios culpables o cómplices. En el “haber” tendrán que aparecer lo que me parezcan aciertos, los comportamientos orientados al interés general; las explicaciones claras y veraces; y ¿por qué no? la ausencia de bobadas a las que tan acostumbrados estamos.

Y como estamos dentro de esas cien horas de gracia, anotaré la primera de las bobadas no cometidas: se ha nombrado un gobierno sin preocuparse de que en las cómodas sillas del Consejo de Ministros haya el mismo número de calzoncillos que de bragas. Algo es algo.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Decir siempre la verdad, aunque duela

Mariano Rajoy ha expuesto su discurso de investidura en el Congreso. La expectación era máxima, y por fin ha mostrado algunas de las políticas que tiene la intención de aplicar. La Bolsa ha reaccionado al alza, y, como era de esperar, todos los portavoces de la oposición se han mostrado “decepcionados”.

Ha mencionado muchas de las cosas que va a hacer, y ha dejado en silencio otras muchas de las que habría que hacer. No voy a entrar a valorar ahora las medidas que me gustan y las que no me gustan. Sólo me voy a detener en una de las primeras frases que ha pronunciado: el compromiso de “decir siempre la verdad, aunque duela”.

Ignoro si llevará a la práctica esa promesa. Pero me parece un buen comienzo, y un giro copernicano del estilo gubernamental que hemos venido padeciendo. Han sido siete años de bonitas mentiras, de cuentos de hadas, de paños calientes. Todo el potencial del aparato burocrático y propagandístico de un partido y de dos grupos de comunicación. Cualquier cosa con tal de no preocupar al ciudadano. Todo iba a ir bien, todo tenía que ir bien: la seguridad, la economía, la convivencia, la unidad de la nación. Todo saldría bien porque así lo decía el catecismo buenista del “pensamiento Alicia”.

Siete años placenteros, de adormecimiento, de renuncia a las preocupaciones, de cuarenta millones de bebés sonrientes. Siete años sin dolor. Siete años de mentiras. Si de verdad cambia eso, ya será un gran cambio, para empezar.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Sobre galgos y podencos

En una fábula de Tomás de Iriarte se relata como dos conejos perseguidos por unos perros, se paran a discutir si se trata de galgos o de podencos. Tanto se enfrascan en la discusión, que los perros les alcanzan y les devoran.

Algo así nos ocurre a los incautos conejillos españoles. Andamos discutiendo si los que vienen son los del PP o los del PSOE. Oímos sus discursos, o sus ladridos, que suenan muy parecidos, y nos parece importante distinguir a unos de otros.

Pero esa no es la cuestión. Sean galgos o podencos, harán lo que está en su naturaleza. Lo que han venido demostrando que saben hacer cuando han estado en los gobiernos. Acaparar el poder; repartir cargos, subvenciones y prebendas entre los afines; poner trabas a la transparencia; asegurarse el futuro; mantener una ley electoral injusta; permitir la fragmentación de la administración en 17 virreinatos; impedir que nuevos partidos aporten aire fresco a las instituciones. Mentir con la mayor desvergüenza; acusarse el uno al otro de ser el causante de todos los males del planeta; falsear la historia.

¡Qué importa si son galgos o son podencos! Lo que cuenta es lo que harán si nos pillan.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Profecías autocomplidas

Supongamos una cafetería con una clientela normal y variada. Alguien extiende el rumor de que en el establecimiento hay mucho “ligoteo”. En la medida que el rumor va tomando fuerza, algunas clientes dejan de entrar por temor a que se las ponga determinada etiqueta. Al mismo tiempo, otra clase de clientes, interesados en ligar, van acudiendo por primera vez a la cafetería. Al cabo de unos meses la clientela ha cambiado, y, efectivamente, abunda el “ligoteo”. Eso es una profecía autocumplida.

Así funcionan las encuestas preelectorales. Se extiende el rumor –además dotado de un halo científico- de qué resultados va a haber en unas elecciones, y millones de personas reaccionan en base a unos hechos que todavía no se han producido. Calculan su voto en función de esas previsiones, y finalmente las previsiones terminan cumpliéndose.

Las encuestas se hacen sobre una muestra de unos pocos miles de personas. Técnicamente, las muestras son válidas. Sin embargo, lo cierto es que a muchos millones de personas nadie les pregunta lo que van a votar, pero su decisión se verá afectada por lo que esos pocos miles han dicho que van a hacer.

Resulta apasionante plantearse ciertas hipótesis: ¿qué pasaría si los muchos millones a los que no se les ha preguntado decidieran llevarle la contraria a los pocos miles que han dicho lo que van a hacer? ¿Qué ocurriría si nadie se preocupara por lo que dicen las encuestas, y cada cual decidiera votar al partido que le inspira más confianza?

martes, 8 de noviembre de 2011

Y ganaron los dos

Y ganaron los dos

Se ha producido “El Debate”. Hoy es el día de los análisis, de las encuestas para saber quién ha ganado. Otra muestra del despiste nacional: en lugar de centrarnos en el contenido de sus palabras, lo que cuenta es quién ha quedado mejor.

Una mentira más, otro espectáculo de prestidigitación. “El Debate” no ha sido un combate, sino una danza ritual, en la que los dos participantes han girado uno en torno al otro, exhibiendo sus plumajes de colorines. Una danza más o menos vistosa, destinada únicamente a un objetivo: ganar.

Hoy todo el mundo se entretiene hablando de ellos dos. Rajoy y Rubalcaba, Rubalcaba y Rajoy. En el imaginario mediático y social sólo queda eso: dos opciones, las dos caras de la misma moneda. Todos los demás candidatos han desaparecido. Ni Cayo Lara, ni Rosa Díez. Sólo Rubalcaba y Rajoy, Rajoy y Rubalcaba.

Han ganado los dos. “El Debate” ha sido un despliegue mediático destinado a eclipsar a los demás. Sólo los ciudadanos más responsables podrán recordar hoy que existen otras opciones electorales más fiables que las que representan estos dos antiguos políticos. No se trataba de confrontar nada. Se trataba de darle un impulso decisivo al bipartidismo.

viernes, 21 de octubre de 2011

Aplaudir antes de tiempo

ETA ha hecho público su enésimo comunicado. Esta vez anuncia el cese definitivo de “actividad armada” (léase “los asesinatos”). Ésta es la única novedad. Por lo demás, continúa exigiendo “el diálogo” con los gobiernos español y francés, y la consulta a los vascos. Por supuesto, ni dice arrepentirse, ni pide perdón por sus crímenes, ni se va a disolver, ni va a entregar las armas y explosivos.

Resulta patético contemplar el lastimero espectáculo de las declaraciones solemnes de Zapatero, de Rajoy, de Rubalcaba, y de tantos otros, ante semejante “comunicadito”. Intentan mantener un gesto serio, pero se les nota que tienen que contenerse para no dar saltos de alegría.

Por supuesto, es una buena noticia que ETA diga que cesa definitivamente la acción armada. Tan buena como si Miguel Carcaño anunciara que ya no va a asesinar a más chicas con un cenicero. Pero eso no debería significar que a todos nos dé un ataque de amnesia, que olvidemos todos los crímenes, que se liberen presos, o que se proponga a ETA para el Nóbel de la Paz.

La reacción que a mí me hubiera gustado ver en Zapatero, Rajoy, Rubalcaba, y tantos otros es otra: “Nos parece muy bien que ETA anuncie que abandona los asesinatos. Por lo demás, se continuará buscando a los culpables, juzgándolos, y encarcelándolos. El día que anuncien su disolución, entreguen las armas, y colaboren al esclarecimiento de los crímenes –y sólo ese día- hablaremos de lo que puede hacerse para la reinserción y la convivencia definitivamente en paz de todos en libertad y en democracia”.

Una vez más –y van muchas ya- parece que empezamos a aplaudir antes de que termine la función. Señores Zapatero, Rajoy y Rubalcaba: dejen de mentirnos, no es cierto lo que han dicho. “La democracia no ha vencido a ETA. Todavía no.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Extraña impunidad

María Luisa Cava de Llano es la Defensora del Pueblo interina. Ha pedido –nada más y nada menos- que se legisle para que el despilfarro del dinero público sea tipificado como delito.

Parece que a ningún partido se le había ocurrido la idea –sólo UPyD la venía considerando-. Y sin embargo, responde a una pregunta que nos hacemos muchos ciudadanos: ¿por qué unas conductas que son causa de despido fulminante o de demandas civiles en la empresa privada, quedan impunes en el ejercicio del poder?

Existen, eso sí, figuras jurídicas como la malversación de fondos públicos, la apropiación indebida o el cohecho. Pero no hablamos de eso, sino del mal uso de los recursos públicos por incompetencia, irresponsabilidad negligencia o capricho.

Probablemente, no va a ser fácil definir con precisión jurídica lo que es “despilfarro”, aunque todos tenemos en la cabeza actuaciones gubernamentales o municipales descabelladas, inútiles, desproporcionadas. Quizá el término más homologable sea el de “negligencia”. Un médico que causa un daño involuntario a un enfermo, igual que un aparejador al que se le cae una casa, un conductor que atropella a un peatón, tienen que someterse a una investigación para determinar si los daños se han debido a causas totalmente imprevisibles, o si deberían haberse previsto, y por lo tanto, evitado. Un juez determinará si ha habido o no negligencia, y podrán sufrir pena de prisión, o hacer frente a las correspondientes indemnizaciones con su patrimonio personal.

¿Por qué no sucede lo mismo con los ministros, consejeros o alcaldes? En democracia cualquier ciudadano puede ser elegido para desempeñar cualquier cargo público. Pero tener la acreditación de las urnas en vez de la de una titulación académica no debería ser sinónimo de impunidad.

lunes, 29 de agosto de 2011

Grillos, saltamontes y cigarras

La Generalidad ha patrocinado la publicación de una guía audiovisual de los insectos de Cataluña, que incluye fotografías y un CD con los sonidos que emiten grillos, saltamontes y cigarras.

Ahora entiendo por qué ese gobierno ha tenido que recortar drásticamente el gasto en sanidad, cerrando consultorios, y poniendo trabas a la expedición de recetas a los enfermos de otras regiones que visitan Cataluña. Es cierto esto suponga una grave merma en los servicios que se prestan y otra diferencia en los derechos de los españoles, pero la crisis económica impone estas restricciones. Y si hay que elegir, es evidente que los catalanes están mucho más interesados en sus grillos, sus saltamontes y sus cigarras que en sus artritis, sus cataratas o sus diabetes.

Me sorprende que el gobierno de Aragón no haya puesto en marcha una iniciativa similar. Por una parte porque supone un agravio para los grillos, saltamontes y cigarras aragoneses, sufridos insectos que llevan siglos sufriendo la opresión centralista. Y por otra, porque el fomento del interés en esos bichitos podría crear miles de puestos de trabajo, y revitalizar la economía. Se ha perdido la oportunidad de que millones de viajeros de todo el mundo vinieran a Aragón, cámara y grabadora en ristre, rastreando los Monegros, el Somontano, los Montes Universales, ávidos de encontrar alguno,

Algunos políticos están como grillos, mientras la sociedad sigue cantando como cigarras.

viernes, 26 de agosto de 2011

El milagro

Durante los últimos 33 años en España se ha modificado casi todo. Los valores sociales, las creencias dominantes, los roles de sexo, la educación, las lenguas, los estilos de vida, y las costumbres. Y cuando algo no se ha podido modificar, se le ha cambiado el nombre para que parezca diferente. Sólo dos cosas han permanecido inmutables: el color del uniforme de la Guardia Civil, y la Constitución.

En numerosas ocasiones se ha propuesto la necesidad de cambiar esta última: eliminar la preferencia del varón en la sucesión a la Corona; reconocer la existencia de las CC.AA.; modificar el Título VIII para racionalizarlo; y unas cuantas cuestiones más. Pero siempre nos hemos encontrado con la misma negativa por parte de nuestros eminentes políticos. Al parecer, reformar la Constitución era difícil, delicado, inoportuno y hasta peligroso. Con la excepción de un microscópico cambio en 1992 –para adaptarla al Tratado de Maastrich- la Constitución de 1978 ha sido elevada a los altares, y convertida en un texto sagrado, intocable e inviolable.

Ahora nos enteramos de que en unas pocas horas el PP y el PSOE se han puesto de acuerdo y coinciden en que una reforma de la Constitución no sólo es posible, sino absolutamente necesaria y urgente. Y también se han puesto de acuerdo –esto no es novedad- en que se reformará sin consultar a los españoles en referendum.

¡Y yo que no creía en los milagros!

jueves, 25 de agosto de 2011

Risoterapia y política

Me decía una amiga que la gente se desentiende de la cosa política por la aburrida seriedad de las intervenciones. En su opinión, lo que se necesita son “más sonrisas y menos crispación”.

Coincido en que la crispación, la cara de perro, la descalificación y el insulto son componentes muy negativos, ya que enturbian el diálogo, dificultan la comprensión, y cierran las puerta a los acuerdos. Convierten la política en una confrontación –como si de una liga futbolística se tratara- en la que el objetivo es ganar al contrario, y no exhibir buen juego.

En cambio, me alarma lo de que la política es aburrida y seria, y que hacen falta más sonrisas. Si fuera cierto que una mayoría de los españoles piensa así –y es probable que lo sea-, eso abre un boquete en la línea de flotación de la democracia, que puede terminar hundiéndola.

El hedonismo se ha convertido en uno de los valores más sólidos de nuestra sociedad. Todo tiene que ser placentero y divertido: las comidas, las clases escolares, los programas de televisión, y ahora también la política. Y no es así: no todo puede ser divertido. La alimentación es una necesidad biológica; el estudio requiere esfuerzo; la televisión debería hacernos pensar y no sólo reír; y la política sirve para organizar la vida en común.

Sin darse cuenta, lo que mi amiga echa de menos es algo muy antiguo: el “pan y circo” de los romanos, o el “pan y fútbol” de Franco. Zapatero llegó al poder a lomos de su sonrisa, y ahí tenemos las consecuencias. La sociedad a soportado sin rechistar la suprema levedad de unos gobiernos banales porque le ofrecían sonrisas y buenismo, y sólo ha empezado a revolverse cuando comienza a escasear el pan. Lo cierto es que los políticos que nos hacen reír suelen ser unos políticos que se ríen de nosotros. La política es algo muy serio porque nos jugamos todos mucho. Si lo que esperamos de la democracia son sonrisas, es que lo que necesitamos no es democracia, sino otra cosa.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Chapuzas a granel

Al ayuntamiento de Logroño ha construido un aparcamiento para los funcionarios de una biblioteca municipal. Está totalmente equipado, salvo un pequeño detalle: carece de rampa de acceso para los coches.

En este caso es un ayuntamiento gestionado por el PSOE. Pero hay cientos o miles de ejemplos de disparates similares cometidos por ediles de otros partidos. España se parece cada vez más al mundo de Alicia en el País de las Maravillas. Aparcamientos sin rampa de acceso, aeropuertos sin aviones, trenes de alta velocidad sin pasajeros, carriles bici sin ciclistas.

Y más allá del despropósito ¿cuánto ha costado ese aparcamiento? ¿por qué hay que gastar dinero para que unos funcionarios pueden dejar su coche cómodamente? ¿por qué los demás trabajadores tienen que dar vueltas por las calles para buscar hueco?

El grado de despilfarro es tan inmenso que ni siquiera las duras medidas que se anuncian –ý las que se ven venir- serán suficientes para librarnos de la ruina. Se habla cada vez más de la necesidad de una regeneración democrática. Pero no sería bastante con reformar las instituciones. Se necesita una gran regeneración social. Un tsunami de agua y jabón que limpie a fondo la enmohecida conciencia de los ciudadanos. Cuando los políticos hacen chapuzas, cuando buscan su beneficio particular en detrimento del interés general no están haciendo otra cosa diferente de lo que hacemos la inmensa mayoría de los ciudadanos. En el reino del “tonto el que no pille”, nos acercamos cada vez más al reino del “sálvese quién pueda”.

martes, 2 de agosto de 2011

El señor Riesgo y su prima

No tengo el gusto de conocer al señor Riesgo. No sé si ha hecho nada importante en su vida. He buscado en los libros de Historia, y lo más parecido que he encontrado ha sido el general Riego, cuyo mérito más destacado fue el de dar su apellido al himno que adoptó la República española.

Lo único que sé del señor Riesgo es que tiene una prima –cuyo nombre de pila desconozco también-. Por lo que sé, debe practicar algún deporte, porque se pasa las semanas subiendo y bajando. Ignoro de qué deporte se trata, pero no creo que sea alpinismo, ya que observo que cuanto más sube, más se mosquea el personal, en lugar de aplaudirla como sería lo lógico. Tampoco creo que sea una afamada ciclista porque ni en el “tour” ni en el “giro” ni en la “vuelta” se permite la participación de mujeres (Y me extraña que Leyre Pajín no haya hecho aún nada al respecto). Podría ser ascensorista, pero jamás he visto que ese digno oficio proporcione tanta fama.

Sea lo que sea, no cabe duda que la dichosa prima del señor Riesgo ha superado en popularidad a Belén Esteban y a toda la fauna patético-televisiva. A ver si un día de éstos consigo encontrar una foto suya en alguna revista. Y si estuviera con su primo, muchísimo mejor.

martes, 19 de julio de 2011

La muerte digna

El 13 de mayo de este año el gobierno aprobó el anteproyecto de la Ley de Cuidados Paliativos y Muerte Digna, para regular el derecho de las personas en estado terminal a no prolongar su sufrimiento innecesariamente. Era una de las propuestas estelares del programa electoral del presidente Zapatero.

Sin embargo, la ley no ha sido aún aprobada, y –sarcasmos de la Historia- su impulsor no puede beneficiarse de ella. Zapatero agoniza políticamente. Su patología política es compleja: optimitosis crónica combinada con iluminitis republicata asociada a una hipersimplosis infecciosa. Desde hace más de dos años, algunos médicos le venían recomendando un tratamiento urgente a base de jarabe de realismo; inyectables de veracidad, y estricta dieta de sentido común. Otros le recomendaron que se ejercitara con una calculadora en operaciones aritméticas simples. Pero sus médicos particulares no compartían el diagnóstico, y le alentaban a proseguir en su desatinado viaje hacia ninguna parte.

Ahora sus propios facultativos han reconocido la gravedad de sus dolencias. Desde el doctor González –que siempre ha tenido dudas sobre la salud del ilustre enfermo- hasta el doctor Rubalcaba –que no lo da más de seis meses de vida-. Finalmente, el jefe de servicio, doctor Cebrián, ha sentenciado que el paciente está en estado crítico, y que lo más sensato sería terminar cuanto antes con su calvario.

Pero –sarcasmos de la Historia- la Ley de Cuidados Paliativos y de Muerte Digna aún no ha sido aprobada. Y en las filas socialistas se oye un murmullo que dice “ni cenamos, ni se muere el padre”.

miércoles, 13 de julio de 2011

Robin Hood en Lavapiés

El pasado día 5, una multitud salió a la calle en el barrio de Lavapiés, de Madrid, gritando airadamente. ¿Pedían trabajo? No. ¿Protestaban contra la crisis? Tampoco. ¿Contra las listas de espera en Sanidad? Pues no. Salieron para echar a la policía de “su” barrio.

Al parecer la policía había retenido a un inmigrante que se había colado en el Metro. Alguien lanzó en Twitter el mensaje de que se estaba realizando una redada racista, y la multitud se fue acumulando en la calle, la policía pidió refuerzos, pero ante las imprecaciones se fueron retirando y se marcharon del barrio, ante el entusiasmo de la gente.

Una semana después se ha vuelto a repetir el suceso. Esta vez la policía iba a detener a un individuo sospechoso de traficar con drogas, y nuevamente los vecinos volvieron a impedirlo, y los policías volvieron a retirarse con la porra entre las piernas.

El suceso ha quedado casi como una nota pintoresca. Incluso muchos estarán orgullosos del protagonismo directo “del pueblo”. En cambio, a mí me parece que se trata de hechos muy preocupantes. Un Estado de Derecho se fundamenta en la legitimidad democrática y en el imperio de la ley. El Estado ostenta el monopolio del uso de la violencia, que sólo ejerce para garantizar el cumplimiento de las leyes. Si abandona esa función entregando el poder a cualquier grupo desorganizado y vociferante, habremos dado un impresionante paso atrás, desde el Estado de Derecho hacia los tiempos de Robin Hood. Se puede prever que los hechos se repetirán en más barrios y en más ciudades, en la medida que se va comprobando que la policía tiene órdenes de replegarse ante la presión popular. Mal asunto.

La epopeya de Robin Hood resulta muy bonita en un libro. Pero no conviene olvidar que en aquél tiempo la gente vivía infinitamente peor, y ni siquiera hubiera soñado con disfrutar de los derechos y libertades que tenemos hoy.

miércoles, 6 de julio de 2011

Usar la cabeza

Me hablaba un viejo conocido de sus tiempos escolares. y me recordaba que en las aulas había 40 o 50 alumnos. Medio centenar de chavales que cantaban la tabla de multiplicar; recitaban la lista de los reyes godos; mojaban sus plumillas en un tintero, y tenían que repetir el trabajo cuando caía una gota de tinta. De ese medio centenar, algunos fueron años más tarde ingenieros, arquitectos, médicos, abogados, jueces o catedráticos. Otros se hicieron mecánicos, albañiles, fontaneros, charcuteros o peluqueros.

Hoy las aulas albergan una veintena de chicos, y además existen clases de refuerzo, profesores de apoyo, orientadores, y psicólogos (creo que aún no tienen masajista, pero todo llegará). No se les pide que memoricen mucho, y disponen de ordenadores, vídeos, y toda clase de artilugios sofisticados. De esos veinte, uno será ingeniero, arquitecto, juez o catedrático; cuatro serán licenciados en algo que no podrán ejercer; diez serán mecánicos, albañiles, fontaneros o funcionarios; y el resto se quedarán en casa viendo la tele, o se irán a acampar a alguna plaza.

Todo el mundo está preocupado por la educación. Todo el mundo reclama más medios materiales y humanos para la escuela. Políticos, profesores y padres discuten sobre la primacía de la escuela pública o privada. Todos reconocen que el sistema educativo español es un desastre.

¿A alguien se le ha ocurrido usar la cabeza?

jueves, 30 de junio de 2011

Después del atracón

El Parlamento griego ha aprobado las durísimas medidas que le impone la UE para ayudarles a refinanciar una deuda estratosférica que ya no pueden pagar, al tiempo que decenas de miles de griegos se enfrentan a la policía. Europa respira, pero sigue temblando: esto no acaba aquí.


Fiebre, temblores, vómitos, dolor de cabeza, agotamiento físico. Los efectos que suceden a una noche loca, con cena pantagruélica, bebida sin mesura, y cánticos a todo pulmón. Las sociedades occidentales llevamos mucho tiempo de juerga, y ahora el organismo nos va a pasar factura por todos los excesos. Nos habíamos adaptado tanto al fin de semana de fiesta que se nos había olvidado que el lunes hay que volver a trabajar; que el maná no cae del cielo; que el esfuerzo y el sacrificio son los únicos motores permanentes del bienestar.

Nos hemos convertido en unas adolescentes malcriados e insatisfechos, pero vulnerables y totalmente dependientes de unos padres. Pero son esos padres los que nos han educado así.

Han sido los partidos de las democracias los que han venido retorciendo el sistema capitalista, buscando la cuadratura del círculo: comer más de lo que tiene el plato. Para conseguir votos han ofrecido más de todo a los niños. Como unos padres divorciados: si papá te compra la bici, yo te regalo un móvil nuevo. Y los niños lo han recibido todo creyendo que era su derecho, y sin dejar de exigir siempre más.¿Quién se atreve a decirle al niño que no? ¿cómo enfrentarse a sus rabietas? ¡no va a ser menos que sus amiguitos! ¿Y qué van a aprender los niños si los padres no se privan de nada y viven en el lujo?

Y cuando la familia está en la ruina, cuando pierden la vivienda, tienen que vender la bici, y les cortan el teléfono hay que despertar del sueño. Primero los niños se enfadan, gritan y tiran cosas al suelo. Después reniegan de sus padres. Y por fin se hacen adultos.

lunes, 20 de junio de 2011

Como pollo sin cabeza

Ayer se manifestaron decenas de miles de personas impulsadas por el espíritu del “15 –M”. En sus pancartas se podían leer exigencias de lo más variadas: la instauración de una “democracia real”, el rechazo al pacto del euro, la convocatoria de una huelga general, y el repudio de los políticos y de los bancos en general.

Para tomar en serio sus exigencias habría que analizar con detalle en qué consisten y qué consecuencias podrían tener. Habría que saber qué es eso que llaman “democracia real”. Habría que ver cómo podríamos evitar la quiebra si España se distanciara del resto de la UE y no suscribiera el pacto del euro. Convendría conocer el coste de una huelga general para la maltrecha economía. Tendrían que explicar cómo se gestionaría un país si no hubiera políticos, y de dónde se obtendrían créditos si no hubiera bancos.

Muchas de las cosas que se pedían ayer son imposibles de cumplir, algunas quiméricas e ingenuas, y otras perjudiciales o contradictorias entre sí. Pero, con todo, sería un error encogerse de hombros y hacer como si no hubieran salido a la calle. Se mueven como pollo sin cabeza, sí. Pero su indignación está más que justificada, y una sociedad estable no puede permitirse millones de pollos sin cabeza correteando por sus ciudades. Es imprescindible abordar con valentía las causas que han excitado a la gente a dar el paso. Es probable que las soluciones que habría que aplicar no sean las que ellos proponen. Pero lo peor que podrían hacer las autoridades es ignorar lo que está ocurriendo.

Si hay decenas de miles, millones, de “pollos sin cabeza” es, sin duda, porque los que han sido democráticamente elegidos para ser cabeza han demostrado hasta la saciedad que sólo son estómago. Si no son capaces de verlo así, no tardarán en aparecer otras cabezas para sustituirles. Es cierto que las actuales están desplumando al pobre pollo, pero nada garantiza que las nuevas no lo devoren.

jueves, 16 de junio de 2011

La chusma

Los “indignados”, tras obtener la tolerancia y el aplauso de muchos medios de comunicación, de todos los partidos políticos, y de buena parte de una sociedad aquejada de buenismo congénito, van dando pasos para demostrar en qué consiste eso que ellos llaman “democracia real”. Hoy han impedido la entrada al Parlamento de Cataluña de los diputados y han zarandeado a uno de ellos –ciego, para más gloria del movimiento-. En Madrid, ayer acosaron al alcalde Ruiz Gallardón cuando paseaba con su familia, y hoy han increpado y arrojado agua al diputado Cayo Lara.

Es lo previsible cuando las instituciones democráticas se pervierten, se abandona la noción de autoridad legítima en favor del todo vale, y una reducida chusma se apropia de la representación de un pueblo al que sus políticos olvidan por completo, excepto en vísperas de las campañas electorales. Es lo lógico cuando un país lleva siete años dirigido por una persona que no cree en la nación para la que trabaja, que hace todo lo que puede para que no se cierren las viejas heridas, que piensa que las palabras no importan, y que entiende la política en términos de buenos y malos.

El pasado día 22 yo no he votado al partido de Ruiz Gallardón, ni al de Artur Mas, ni al de Cayo Lara. Soy de los que creen que padecemos la peor clase política de la etapa democrática, y soy de los que creen que una parte de las reclamaciones que han expuesto los “indignados” son absolutamente necesarias. Pero, con todas las carencias y perversiones que tantas veces he denunciado de los políticos, me sitúo del lado de éstos y no de esta chusma que sólo se representan a sí mismos. Los ciudadanos libres hemos permitido que unas castas políticas hayan implantado en España una partitocracia maloliente. Si en lugar de buscar vías democráticas alternativas ahora entregamos el poder a la chusma, habremos descendido varios peldaños más en el camino hacia el caos.

martes, 14 de junio de 2011

El principio de Peter

El principio de Peter dice que “cualquier persona que hace bien su trabajo asciende en la organización hasta que alcanza un nivel en el que resulta incompetente”. Y lo peor del postulado es que, generalmente, ahí se quedan.


El fenómeno se da en ámbitos empresariales, políticos, administrativos, educativos, asociativos, etc. Las consecuencias son enormemente perjudiciales para la sociedad. Un encargado de taller incompetente puede llevar a la ruina a la empresa, si el gerente no se da cuenta a tiempo. Hemos visto ejemplos de malos gestores en las finanzas internacionales, que han propiciado la actual crisis económica mundial, además de haber provocado la quiebra de su banco.

En lo político, estamos asistiendo a un largo proceso en el que un incompetente secretario general del PSOE está conduciendo a éste al borde del abismo. Pero lo mismo puede ocurrir en un partido pequeño, en cualquier provincia, en un sindicato o en una ONG. Una persona –que puede ser competente para otras cosas- puede destruir en poco tiempo el trabajo de muchas otras, si está situada en un puesto para el que carece de habilidad o capacidad. La organización chirría, se resiente, los demás miembros se desmotivan, reducen su nivel de desempeño, o sencillamente abandonan.

Cuando esto sucede, casi todo el mundo se da cuenta de la causa del problema. Todos excepto quien ha designado al incompetente para su función. Especialmente si éste consigue filtrar los flujos de información, de manera que el máximo responsable no pueda evaluar acertadamente la magnitud del desastre que se le viene encima.

Es, probablemente, uno de los principales errores del actual presidente del gobierno: haberse rodeado de incompetentes muy poco capacitados para resolver problemas, pero muy hábiles para pelotear al jefe y hacerle creer que es listísimo y que todo lo que funciona mal es siempre culpa de terceros. Naturalmente, la catástrofe es inevitable. El daño que puede hacer un incompetente situado fuera de lugar es letal para la organización, y siempre arrastra en la caída al que lo nombró. Hábil para nadar y guardar la ropa, incluso puede sobrevivirle.

viernes, 10 de junio de 2011

Indignados e indignos

¿Qué habrá más?

¿Indignados manifestándose contra los políticos indignos?

¿O políticos indignos haciéndose los sordos?