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jueves, 8 de marzo de 2018

Brindo por ellas


Hoy quiero hacer un brindis por las mujeres. Por esas mujeres afganas, saudís, marroquís, etc., cuya vida transcurre a la sombra de un varón –padre, hermano, marido o hijo-, y cuyo estatus sólo está ligeramente por encima del de un camello o una cabra.

También brindo por esas mujeres españolas que consiguen desempeñar un trabajo remunerado, además de atender el hogar, educar a los hijos, cuidar a algún familiar anciano o enfermo.

Un tercer brindis por esa mitad de la población española que nunca se jubila del todo. Esas mujeres mayores que siguen llevando todo el peso de las tareas domésticas hasta el final de sus días, o hasta que el Alzheimer borra su memoria.

Y aún a riesgo de pasarme de tragos, brindaré también por todas esas mujeres que no se hacen las víctimas porque no lo son. Las que asumen con naturalidad las diferencias biológicas que la naturaleza impone, y las consecuencia que se derivan de ellas. Las que se sienten incómodas con tantas asociaciones de mujeres, talleres para mujeres, cursos para mujeres, concursos para mujeres, casas de la mujer e institutos de la mujer. Las que no necesitan de cuotas por sexo para demostrar su valía y ascender en su carrera profesional. Las que no ven a los hombres como enemigos sino como seres humanos con las mismas virtudes y debilidades que ellas. Las que no permiten que ningún varón se erija en su guía, su protector, su amo. Las que no admiten que ninguna feminista decida el guión de su vida.

Se me acaba la botella y no puedo brindar por las otras mujeres. Las que se recrean con su resentimiento, su amargura, su victimismo, su frustración o su odio. Estoy seguro de que ellas no necesitan mi brindis. Prefieren hacer una huelga. Generala, por supuesto.

viernes, 22 de diciembre de 2017

Los monos de Harlow

El psicólogo norteamericano Harry Harlow llevó a cabo un experimento con monos recién nacidos a los que separó de sus madres. Los introdujo en una jaula en la que había dos muñecos: uno de alambre desnudo y otro recubierto de felpa, con un aspecto similar al de una madre mona. El muñeco de alambre disponía de un biberón en el que podían beber los monitos, mientras que la “mona” de felpa no tenía nada que ofrecerles. Sin embargo, el experimento demostró que los monitos preferían permanecer junto a la “mona” de felpa, acudiendo al muñeco de alambre sólo el tiempo imprescindible para alimentarse. Se demostró que el factor afectivo-emocional tenía más fuerza para los pequeños monitos que la necesidad biológica de alimentarse.

Durante los últimos años, en Cataluña los mesías del independentismo han enarbolado el señuelo de la tierra prometida, y más de dos millones de catalanes se lo han creído. Los acontecimientos de los últimos meses han demostrado que todo era un espejismo. El referéndum convocado resultó un fiasco, ningún gobierno del mundo ha reconocido la declaración de independencia, más de 3.000 empresas han huído de Cataluña, el turismo ha descendido, el comercio también. El profeta Puigdemónt se ha largado a lugar seguro, abandonando a “su pueblo”. Al menos a dos docenas de sus apóstoles les aguarda un sombrío futuro carcelario. En muchs familias algunos de sus miembros han dejado de hablarse Todo les ha salido mal porque todo ha sido una pura insensatez.


Y a pesar de todo ese desastre casi la mitad de los votantes han vuelto a elegir a los mismos que le han traído el declive económico, la disensión en las familias y un futuro incierto. Como hicieron los monitos de Harlow, los factores afectivo-emocionales han sido más poderosos para ellos que las realidades objetivas. La gran diferencia con los simios del experimento estriba en que éstos, al convertirse en adultos, reconocen la impostura del muñeco de felpa, la abandonan, y empiezan a ocuparse de buscar alimento, aparearse, y vivir lo mejor posible. En cambio, cada año que pasa, una nueva camada de catalanes de Harlow se incorpora al censo electoral, convenientemente adoctrinados para buscar el abrigo de una quimera que camina en sentido contrario al de la Historia.

jueves, 19 de octubre de 2017

La razón de la sinrazón

Hace unos días, Richard Thaler ha obtenido el Premio Nobel de Economía por sus investigaciones sobre los factores emocionales que impulsan a conductas irracionales en las decisiones económicas. Si la irracionalidad campea en un ámbito tan propicio a la cuantificación y la comparación objetivas como es la Economía, ¿qué podremos decir de otras áreas tan subjetivas como la Política?

Es imposible convencer con razonamientos a un yihadista dispuesto a activar el cinturón de explosivos que rodea su cintura de que no es cierto que su acto le vaya a conducir directamente a un paraíso celestial colmado de placeres para la eternidad. No es posible razonar contra la fe. No existen razonamientos válidos contra la superstición.

Es ilusorio esperar que los secesionistas de Cataluña atiendan a razones. Ni las declaraciones de los gobiernos europeos, ni los avisos de organizaciones internacionales, ni la estampida de empresas huyendo de Cataluña, ni las advertencias de las instituciones del Estado, ni las señales de alarma de los hoteleros o los vendedores de automóviles, nada, absolutamente nada, puede hacer cambiar de criterio a las mentes enloquecidas que se disponen a activar una bandera estelada, por dañinas que puedan ser las consecuencias para ellos mismos.

El gran reto para el Gobierno y las demás instituciones del Estado no es desactivar a los dirigentes políticos de Cataluña. Al fin y al cabo, para un político “siempre” significa “de momento”, y “nunca” quiere decir “ya veremos”. Lo verdaderamente difícil será conseguir devolver la racionalidad a los que se han creído que la Abadía de Monserrat puede hacer milagros.


No existen métodos sencillos para hacer desaparecer el delirio de cientos de miles de cabezas. Harían falta miles de psicólogos trabajando durante años. Pero se podría empezar eliminando los principales causantes del enloquecimiento colectivo: el adoctrinamiento permanente a través de los medios de comunicación autonómicos y el modelo educativo en vigor en Cataluña.

jueves, 12 de octubre de 2017

La ley y su talón de Aquiles

En sentido amplio, la ley el es conjunto de reglas que permiten el desempeño ordenado de las actividades de los ciudadanos. La legitimidad de las leyes puede ser nula -como en las dictaduras-, problemática –como en las teocracias-, o completa –como en las democracias avanzadas. A pesar de ello, en los tres casos cumple su función para ordenamiento de la convivencia y para la resolución de los conflictos.

Tanto para la gestión de una comunidad de vecinos, como para la conducción de vehículos, o para disputar un encuentro de fútbol, es imprescindible la existencia de unos estatutos y reglamentos que señalen lo que se puede hacer y lo que no se puede hacer. Nadie imagina un partido de fútbol en el que uno de los equipos se salte las reglas metiendo goles con la mano, defendiendo una portería más pequeña que la del contrario, o ignorando las decisiones del árbitro.

Durante las últimas semanas se viene discutiendo sobre la legalidad o ilegalidad de las acciones que vienen ejecutando el gobierno de la Generalidad de Cataluña, su Parlamento, la policía autonómica y las organizaciones independentistas. Desde el punto de vista legal no ha existido convocatoria de referéndum, ni referéndum, ni ley de transitoriedad, ni proclamación de independencia. No hace falta explicar que todo ello está totalmente fuera de la ley.

Pero no deberíamos olvidar que la ley no lo puede todo, y que muchos actos cometidos fuera de la ley se han convertido en realidades.     El 14 de abril de 1931 en muchos ayuntamientos de España se izó la bandera republicana, y un comité revolucionario la proclamó en Madrid sin ningún soporte legal. El 12 de marzo de 1938, Hítler anexionó a Austria como una provincia alemana más. Ninguna ley amparaba esa acción, pero hizo falta una guerra y cien millones de muertos para revertir la situación. El 9 de noviembre de 1989 el muro de hormigón que dividía los sectores occidental y oriental de Berlín dejó de cumplir su función sin apoyo de ninguna ley.

En el caso de la anexión de Austria, la aplastante superioridad militar se impuso sin dificultad a la ley. Pero en los otros dos ejemplos fue una multitud desarmada la que bastó para convertir la ley en unos papeles inútiles.


A estas alturas nadie debería albergar dudas sobre lo que les importan las leyes a los independentistas de Cataluña. A mí lo que me preocupa es que el Gobierno de España y los partidos constitucionalistas puedan creer que basta con disponer del escudo de la ley para asegurar que los sediciosos no se saldrán con la suya, y que olviden que la ley también tiene su talón de Aquiles

viernes, 29 de septiembre de 2017

¿Diálogo?

En vísperas del órdago del 1 de octubre se aprecian dos ideas sustentadas casi por unanimidad. La primera es que el anunciado referéndum va a ser una grotesca caricatura, sin la menor sombra de legitimidad ni de respaldo internacional. La segunda consiste en que a partir de esa fecha se impone el diálogo como única fórmula de desenredar la madeja. A este manra, que viene repitiendo desde hace meses Pedro Sánchez –probablemente por su mediocridad intelectual-, se ha unido a última hora la Conferencia Episcopal –sin duda por cobardía oportunista.

¿De verdad se cree alguien que se puede establecer un diálogo útil con gente cuya única idea fija es la independencia de Cataluña? Cuando un niño de cinco años se emperra en pedir la luna es imposible dialogar con él. Sus berridos le impiden escuchar lo que se le dice, y aunque lo oyera, no entendería las explicaciones. Los nacionalistas catalanes se vienen comportando desde hace muchos años como adolescentes malcriados, aunque no es del todo culpa suya, sino de los supuestos adultos que les han permitido toda clase de antojos y caprichos.

Además de esa imposibilidad de dialogar con quien sólo admite que le concedan lo que pide, resulta que a los adultos –el Estado- no les queda ya nada que entregar. Cataluña dispone ya de las mismas competencias y autogobierno –excepto un ejército y reconocimiento internacional- que cualquier estado soberano. En consecuencia, el resto de España no puede darles nada más. Ya no queda nada sobre lo que dialogar.

Lo único que el Estado podría otorgar a los catalanes son privilegios y ventajas sobre el resto de los españoles –que por cierto es lo que han venido consigueindo desde la Transición. Pero, al igual que ha venido ocurriendo desde 1978, cualquier privilegio concedido a Cataluña ha dado lugar a la reclamación del mismo estatus por parte de las demás regioes. Como es natural. Por o tanto, el Estado no puede conceder a Cataluña nada que no pueda hacerse extensivo al resto de CC.AA.

A estas alturas ya no se puede dialogar nada con el malcriado, impertinente y díscolo. Es inútil ofrecerle el nuevo I-Phone, una moto nueva, o lo último en videoconsolas. El muchacho sólo quiere La Luna. Tampoco me parece que fuera buena solución darle dos hostias –aunque ganas no les faltan a muchos-, Así que sólo quedan dos salidas: o bien darse por vencidos y dejar que se vaya a La Luna, o bien ponerse a desandar el camino andado en la mala dirección. Recuperar por parte del Estado las competencias en Educación, Seguridad Ciudadana y Justicia. Imponer el cumplimiento de todas las leyes y resoluciones judiciales. Hacer cumplir la coficialdad del español junto al catlaán en centros de enseñanza, organismos públicos, medios de comunicación autonómicos y rotulación en comercios. Condicionarlas ayudas del Fondo de Liquidez Autonómica a que ese dinero se utilice en la forma que establezca el Ministerio de Hacienda y no en otras ocurrencias.


Sólo existe una posibilidad de entablar un diálogo con los nacionalistas: parea acordar  las fórmulas mediante las que el Estado recuperará competenecias. Claro que eso no es lo que los independentistas llaman “diálogo”.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Sueños y pesadillas

En los sueños suelen aparecer situaciones extrañas, absurdas, fantásticas o ridículas. El sueño parece real aunque esté plagado de incoherencias, contradicciones, aberraciones y quimeras.

Esta noche he tenido un sueño cuyo escenario era El Corte Inglés. La empresa había adoptado las modernas prácticas de buen rollito corporativo, descentralizando en gran medida la gestión, de modo que el director de cada uno de sus centros era nombrado por elección de los trabajadores del mismo.

Un buen día al director del establecimiento de Logroño, junto a parte de los mandos intermedios, se les ocurrió la idea de que venderían más –y ellos ganarían más- si ese centro se independizara de El Corte Inglés S.A. Para ello, pidieron a la dirección general de la empresa que organizara un referéndum en la tienda de Logroño, para que empleados y clientes pudieran votar si querían o no que ese centro comercial se desvinculara de la red de El Corte Inglés.

Como es natural, cuando el consejo de administración de la empresa logró contener las carcajadas que había provocado semejante propuesta, les remitieron su respuesta, consistente en una educada, pero firme, negativa.

Los sediciosos de Logroño pusieron el grito en el cielo. Desde la sección de corsetería a la de cochecitos de bebé llenaron el edificio de carteles denunciando la actitud intolerante de la dirección central. La megafonía difundía constantes mensajes apelando al heroísmo de los guerreros riojanos que habían luchado contra los romanos.

Se dispusieron a celebrar el referéndum por su cuenta. Con gesto fúnebre, los vendedores explicaron a los clientes que sus hijos iban descalzos por culpa de la dirección central. Las cajeras entregaban a los clientes folletos de propaganda junto con el cambio, y entregaban bolsas de plástico en las que se había impreso una estrella en cada triángulo verde. Por último, dieron instrucciones a los vigilantes jurados para que organizaran las colas de votantes el día del referéndum.

Me he despertado en ese punto. Recordando con una sonrisa ese sueño con cuyo guión Berlanga habría seguramente hecho una obra maestra. Después me olvidé del asunto y seguí con mis cosas. Por la noche, me senté ante el televisor, y me quedé boquiabierto. ¡Estaban hablando de mi sueño! Alguien con acento catalán estaba relatando una historia sin sentido alguno, basada en mi sueño. Esperaba escuchar las inevitables risas enlatadas que acompañan siempre a las malas comedias televisivas.

Pero nadie reía. Era el Telediario. Lo que había sido un disparatado sueño por la mañana se había convertido en una disparatada realidad por la noche. Ya no era un sueño. Era una pesadilla.

martes, 22 de agosto de 2017

El terrorismo y los miones

Tras el atentado de Barcelona se ha reunido el Pacto antiyihadista, del que forman parte los principales partidos políticos, con la excepción de los nacionalistas, IU y Podemos. El objeto de este Pacto es el de presentar un bloque de sólida unidad de los partidos democráticos frente al terrorismo, por encima de las lógicas dferencias ideológicas y estratégicas que los sepran en casi todos los asuntos.

Los partidos que no quisieron suscribir ese Pacto en 2015, se ampararon en razones diversas que podemos encontrar más o menos justificadas, pero en todo caso legítimas. Personalmente, creo que la razón última de los naionalistas es la de no aparecer en una foto junto al gobierno de España, y la de IU y la de Podemos la de no aparecer en ningún foto junto a ningún gobierno que no sea presidido por ellos.

Hasta aquí nada que se salga de la lógica de la pugna entre partidos, donde siempre prima el interés electoral sobre el interés general. Donde empieza el toque surrealista –tan acostumbrado en la política española- consiste en que esos partidos que han decidido quedarse fuera del Pacto antiyihadista, están encantados de asistir a las reuniones del mismo como “observadores”. Es decir: que unos señores que no quieren formar parte de los que combaten al terrorismo (sea por marcar distancias, por cobardía, o por simpatía con los terroristas) reciben, sin embargo, la misma información que los que se han comprometido en esa lucha.


La verdad es que no sé qué es lo que me sorprende más: la cara dura de estos mirones que quieren ver el espectáculo sin pagar la entrada, o la ingenuidad bobalicona de los que les ponen una silla sin atreverse a darles con la puerta en las narices.

viernes, 11 de agosto de 2017

El 90%

El ayuntamiento de Pontedeume (Galicia) va a pagar una prima de productividad, además del salario, a los empleados municipales que acudan al trabajo al menos el 90% de su horario laboral.

La ventaja de vivir en España es que nunca se ve colmada la capacidad de asombro. No hay semana en que falte alguna noticia delirante. Gobiernos autonómicos que se saltan las leyes cuando no les gustan. Mozalbetes aburridos que descubren que el turismo es más peligroso que la radioactividad. Grupos de presión sindicales que toman como rehenes a ciudadanos en aeropuertos para conseguir una pequeña subida salarial de 350 euros mensuales. Cargos públicos que se hacen millonarios sin que nadie en su partido se dé cuenta. ONG’s que exigen que la Guardia Civil impida la violación de la frontera por parte de cientos de inmigrantes con sólo una mirada y una sonrisa.

Así lo de Pontedeume sólo es un paso más hacia la sociedad del absurdo. Ahora sólo falta seguir el ejemplo y ampliar la idea a otros ámbitos. Por ejemplo: los trabajadores podrán jubilarse sólo con el 90% de los años de cotización requeridos. Se podrá obtener el permiso de conducir con 16 años y dos meses –el 90% de 18 años-, y recibirán una prima de 200 euros en cheques gasolina. Los inquilinos obtendrán un descuento si pagan el 90% del importe del alquiler. El Corte Inglés nos regalará un vale para una consumición en la cafetería con tal de que paguemos sólo el 90% del total de la compra.


Sin embargo, me temo que los políticos seguirán incumpliendo el 90% de lo que prometen, y como premio les seguiremos votando.

viernes, 6 de enero de 2017

Una decepción real

Esperaba con ilusión la visita de los Reyes Magos. Les había escrito una carta que a mí me parecía muy razonable. Sólo pedía cosas sencillas, que podían obtenerse sin tener que pasar por las cajas de El Corte Inglés.

Les había pedido unos políticos que tuvieran proyectos para el bien de España, y me han traído unos individuos mediocres, sin ideas ni principios, dispuestos a vender su alma por un puñado de votos, y cuya única obsesión es el cargo.

Había pedido unos partidos, sindicatos y patronales que se mantuvieran con las cuotas de sus afiliados, y me han traído unas burocracias parasitsrias, pegadas como sanguijuelas a la sangre del presupuesto público.

Había pedido una sociedad compuesta por ciudadanos conscientes de sus deberes y de sus derechos, y me han traído un rebaño de adultos infantiloides y malhumorados, que exigen la Luna, pero que escurren el bulto a la hora de contribuir a la construcción del cohete..

Había pedido que trajeran a este pueblo una lluvia de realismo y un viento de tolerancia, y han vuelto a traer una inundación de ñoñería buenista y un vendaval de sectarismo, de rencor, de odio, de sordos que se gritan los unos a los otros.


Los Reyes Magos me han vuelto a decepcionar. Como cualquier español, esperaba que alguien con poderes mágicos satisfaciera mis deseos y aportara la solución a todos mis problemas. Puede que me haya merecido esta decepción. Pero como soy un español corriente volveré a intentarlo en 2018.

lunes, 10 de octubre de 2016

¿Eres feliz o de Podemos?

Si analizamos el discurso de Podemos veremos que consiste en un largo catálogo de denuncias sobre agravios, injusticias y abusos, que supuestamente padece “la gente” (es decir, los que deberían votarles a ellos), a manos de actores como “la casta”, “la Merkel”, la banca, o el IBEX35. Dibujan un cuadro muy simple de víctimas y verdugos. Millones de seres que sufren injustamente, y unos pocos miles que disfrutan haciéndoles sufrir. La idea que vertebra toda su teoría es que si las cosas no salen como yo quiero, siempre es por culpa de otros. Su mensaje da a entender que eliminando a esos malvados verdugos, la humanidad entera viviría en la prosperidad y sería feliz.

Ese es el contenido. Pero si nos fijamos en el tono, en la actitud con que lanzan el discurso, observaremos que flota en un océano de amargura, de rencor, de ansia de venganza, de envidia, y de odio. Son el paradigma del cabreo permanente.

No es el caso de todos los que les han votado. Gran parte de ellos son personas que ingenuamente creen que existen soluciones sencillas para problemas muy complejos. Pero la principal bandera de los dirigentes y de la mayor parte de los militantes es el odio.

Odio al que tiene más que uno, sin importar si se ha esforzado más. Odio a la monarquía, aunque nada garantiza que una república fuera mejor. Odio al catolicismo, como si el marxismo no fuera otra religión. Odio al pasado, como si ellos fueran el Big Bang de la políti––ca.

La felicidad es el tesoro más buscado por todos los seres humanos.  El anhelo de vivir mejor es otro deseo universal. La persona feliz es la que, sea cual sea su situación, hace lo que esté en su mano para mejorarla, sin obsesionarse con ello, y sin dejar de valorar y disfrutar lo que tiene a su alcance. Dejando aparte la falta de salud, hay cuatro elementos absolutamente incompatibles con la felicidad: amargura, rencor, envidia y odio. No se puede estar siempre cabreado y ser feliz.


lunes, 3 de octubre de 2016

El antivoto: democracia destructiva

Entre los numerosos errores del inexperto y fatuo Pedro Sánchez, quizá el más corrosivo haya sido su concepción de la democracia como un método, no para construir el futuro, sino para destruir al contrario. El invento no es suyo. Ya lo puso en práctica el PSOE de Zapatero y de Maragall con el Pacto del Tinell y la creación de un “cordón sanitario” para aislar al Partido Popular.

En la campaña electoral de junio de 2016, Pedro Sánchez echó mano de algunas generalidades como que el gobierno del PP había llevado a cabo los mayores recortes sociales de la Historia. Como si no hubiera sido un gobierno del PSOE el que en 2010 había congelado las pensiones, reducido el sueldo de los funcionarios, promulgado una reforma laboral, y aplicado un drástico tijeretazo a la inversión pública.

Pero la principal idea fuerza de toda la campaña fue el “no a la derecha”, “no al PP”, “no a Rajoy”. No decía “votad al PSOE para que yo gobierne”, sino “votad al PSOE para echar a Rajoy”. No pedía el voto, sino el antivoto. Trabajaron en una democracia destructiva, donde el Partido Popular no es un adversario político ni un competidor electoral, sino El Enemigo. Ya lo había dicho Pedro Castro unos años antes: “¿Y por qué hay tanto tonto de los cojones que todavía vota a la derecha?”. No sólo los dirigentes del PP son El Mal, sino que los que les votan son tontos de los cojones.

Pero votar es un acto positivo. No se puede meter en la urna una papeleta antinadie. Cada elector sólo puede votar en positivo, dando el voto al partido que considere más conveniente. Lo que pedía Sánchez era no votar al PP, sin darse cuenta de que para eso servía cualquier voto (excpeto al PP), y que puestos a votar lo más alejado del PP, muchos españoles prefirieron votar a Podemos y no al PSOE.

El segundo gran error de Sánchez fue no enerarse de que el 24 de junio terminó la campaña electoral. Los españoles votaron el 26, y el resultado no fue precisamente un “no a Rajoy”. Sin embargo el bisoño dirigente del PSOE, como caballo desbocado, continuó su carrera hacia ninguna parte. Desoyendo las recomendaciones de otros experimentados miembros de su partido –a ninguno de los cuales le gustaba la idea de que Rajoy pudiera seguir siendo presidente-, que se daban cuenta de que Sánchez estaba metiendo al PSOE en un callejón sin salida. Al final han tenido que echarle una zancadilla, única manera de derribarlo.


El resultado de la insensatez de un líder puede ser letal para una organización. Si Zapatero dejó al PSOE en tan mal estado que dio lugar a la mayoría absoluta del PP en 2011,  todo indica que Sánchez ha logrado hundirlo aún más propiciando la primacía de Podemos en el campo de la izquierda española. Gracias, Pedro Sánchez.

jueves, 29 de septiembre de 2016

Pedro ¿qué parte no has entendido?


Pedro, ven aquí, mocetón. El 20 de diciembre, con tus 90 diputados, batiste el récord a la baja que había conseguido Rubalcaba con 110. No te pareció suficiente, y el 26 de junio llegaste a los 85. En Gaiicia, tu partido ha perdido la mitad de los diputados que tenía. En el País Vasco se ha rezagado hasta igualar al farolillo rojo del PP. Dime, perillán, ¿qué parte de “resultados electorales” no has entendido?

Ven aquí, bribón. Has basado tu campaña electoral en una única idea: “echar al PP de La Moncloa”. ¿No ves que un mensaje tan simple, tan pobre, dice demasiado de tu inexistente perfil de estadista? ¿No te das cuenta de que los votantes tradicionales del PSOE no son tan bobos como para morder ese anzuelo? Y eso a pesar de que tu partido lleva doce años trabajando la exclusión a los conservadores, el ostracismo a la derecha, el odio al PP.

Dices también que no quieres que el PSOE quede subordinado al Partido Popular. ¿No eres capaz de entender que han sido los electores los que han dejado a tu partido subordinado en 52 escaños? ¿No comprendes que tu “no a Rajoy porque no” es un escupitajo a la cara de los más de siete millones de españoles que han votado a ese partido? Repite conmigo: “de-mo-cra-cia”. ¿Qué parte de “democracia” no has entendido?

Ven aquí, granuja. Tienes en contra a la mayor parte de los secretarios generales autonómicos. Te dicen que te estás equivocando los miembros más solventes y experimentados de tu partido, incluyendo a los que han sido secretarios generales, ministros, y presidentes del gobierno. Te acaba de dimitir la mitad de tu Ejecutiva. Y tú sigues erre que erre, Don Pedro Nonoyno, agarrado al cargo como un niño a su pelota nueva. ¿Qué parte de “dignidad política” no has entendido?

Ven aquí, bergante. ¿No estás viendo que tu partido está a punto de estallar? ¿no has visto la cara de satisfacción que se le ha puesto a Pablo Iglesias ante el regalo que le estás haciendo? ¿no sabes que en toda Europa se forman gobiernos de coalición cuando los resultados  electorales no permiten gobernar en solitario? ¿Qué parte de “abstenerse no es lo mismo que apoyar” no has entendido?


Hazme caso, truhán. Dimite de tu cargo de Secretario General, renuncia al acta de diputado, date de baja en el PSOE, y busca un trabajo fuera de la política. Deja de fastidiar a tu partido y a España. Ya sé que el empleo está mal, pero si te esfuerzas y aprendes, quizá algún día llegues a ser un hombre de provecho. Mientras tanto, en las zonas turísticas se necesitan porteros de discoteca.

sábado, 25 de junio de 2016

Igual no es gratis

Una de las causas de la marea de populismo que se extiende por Europa consiste en el uso deliberadamente torcido del concepto “igualdad”. Sin embargo, aunque lo llaman igualdad, en realidad lo que se predica es un igualitarismo artificialmente impuesto.

Como dice Enrique Santos Discópolo en su tango Cambalache: “Todo es igual. Nada es mejor. Lo mismo un burro que un gran profesor”,  y las consecuencias de semejante disparate se pueden apreciar en los resultados de referenda como los de Grecia, el del independentismo catalán, o el más reciente de Gran Bretaña.

En un mundo globalizado todas las decisiones políticas y económicas presentan una altísima complejidad, que desafía la inteligencia y los conocimientos de los más grandes expertos. Sin embargo, políticos de talla menguada como Txipras en Gracias, Artur Mas en Cataluña, Cameron en Gran Bretaña o Iglesias en España se obstinan en cargar sobre las espaldas de ciudadanos corrientes unas decisiones que sobrepasan con mucho su capacidad de contemplar todas las consecuencias.

La otra pata en la que se sustenta el populismo consiste en el enaltecimiento del “gratis”. Y no sólo en cuanto a su dimensión económica: sanidad gratis, educación gratis, vivienda gratis, transporte gratis y fiestas gratis. A este respecto, es evidente que cuando algo es gratis para uno es porque hay otro que lo paga. La trampa del populismo es hacer creer a los ciudadanos que los que van a pagar son otros.

Hay otra dimensión del “gratis”, probablemente aún más dañina para la sociedad. La de que las decisiones no tienen consecuencias, o la de que hay decisiones que únicamente tienen consecuencias positivas. No es necesario explicar que eso nunca es así.


El populismo consiste en decirle a la gente lo que quieren oír, ofreciendo soluciones simples para problemas complejos. Un espejismo atractivo en el que todos seremos iguales y todo nos saldrá gratis. Una oferta interesante para los que creen en los Reyes Magos. Pero igual no es gratis. Antes o después, los errores se pagan siempre.

lunes, 13 de junio de 2016

El naufragio del Spanish Star

El Spanish Star era un velero de cuatro palos que hacía la travesía del Pacífico, desde San Francisco a Yokohama llevando un cargamento de pieles. Lo comandaba un bisoño capitán con más talante que talento, llamado Shoemaker.

A los seis días de navegación se vislumbraron a proa unos amenazadores nubarrones. Algunos marineros con experiencia previnieron al capitán de que podía tratarse de una de las mortíferas tempestades que solían aparecer en aquella zona. Pero Shoemaker dijo a todos que sólo era una pequeña tormenta, y que el Spanish Star era el mejor buque del momento. Para acallar los recelos ordenó que se repartiera ron a la tripulación sin límite alguno. Tras varias horas de barril libre todos estaban dispuestos a jurar que lo que parecía una tempestad no era sino una columna de humo.

Pero la tempestad era tan real como devastadora. Pronto el navío se vio sacudido por vientos huracanados y zarandeado por olas gigantescas. Durante la noche se rompió el palo mayor y se abrió una vía de agua a estribor. El desastre parecía inminente.

La tripulación, presa del pánico, se amotinó. Arrojaron a Shoemaker por la borda y nombraron capitán a Racroy, un experimentado navegante. Este mandó arriar las velas y taponar la vía de agua. Mandó evaluar los daños y constató que el agua entrada en la bodega había arruinado un tercio de las pieles y había inutilizado la mitad de los víveres y el agua. Estableció un severo racionamiento, y al amainar la tempestad recuperó el rumbo.

Al cabo de otros seis días la tripulación daba muestras de gran malestar. Ingerían escasos alimentos, bebían poco agua, y ya no quedaba ron para animar el espíritu. Por otra parte, se rumoreaba que algunos de los oficiales de Racroy habían robado las mejores pieles para venderlas por su cuenta en Japón.

En esta situación, un marinero recién enrolado, que antes había sido ilusionista en pequeños teatros de pueblo, comenzó a alentar el descontento, incitando a un nuevo motín. Paur Church –que así se llamaba- les aseguró que si le hacían capitán a él, eliminaría el racionamiento de agua y comida, y además repartiría entre ellos las pocas pieles que habían quedado. Algunos indicaron, escarmentados por lo sucedido con el inexperto Shoemaker, que era era mejor dejar que Racroy siguiera al mando, La discusión prosiguió durante toda la noche, hasta que el cocinero propuso: “votemos, y juremos todos aceptar el resultado”. La idea fue aplaudida por todos.

Pero entonces un tal Peter Shantses –conocido porque su ambición era tan grande como escasas sus ideas- se postuló también para ser elegido capitán, alegando que un antepasado suyo había sido capitán de barco. Cuando ya estaban a punto de votar alzó la voz otro marinero, Albert Bank, para ofrecerse también: “Yo mejor que nadie sabré llevar el uniforme de capitán”, alegó.

Votaron todos, y resultó ganador Paul Church por ligerísima ventaja sobre el capitán Racroy. Éste fue destituido y encadenado en la sentina, junto a sus oficiales, y la tripulación se dispuso a celebrarlo, pero no encontraron ni una gota de ron en todo el barco. Church les animó: “No os preocupéis, cuando lleguemos a puerto podréis vender las pieles y beber cuanto queráis”. Alguien objeto: “Pero, señor, las pieles no son nuestras, nos llevarán a prisión”. A lo que Church zanjó: “Las pieles eran de los animales, y estos son pobres. Así que ahora son para la gente y no para los ricos”. Como no parecían muy convencidos, añadió: “Ahora el barco es vuestro, nadie os puede dar órdenes. Que cada uno haga el trabajo que le apetezca, si le apetece”.


Continuó la navegación. Al haberse eliminado el racionamiento de víveres, al tercer día ya no quedó nada que comer, ni agua que beber. Los marineros, muy debilitados, fueron enfermando, y los pocos que aguantaban sanos estaban tan débiles que no podían manejar el barco. Veinte días después de su partida de San Francisco avistaron tierra. No eran las costas niponas, sino las de la península de Kamchatka, cientos de millas al norte. Pero ellos no lo llegaron a saber nunca, porque el Spanish Star, careciendo de un piloto competente, fue a encallar en los arrecifes, donde perecieron todos. Desde entonces, entre los marinos, se conoce como “Spanish Star” a cualquier aventura descabellada que arranca con una hermosa ilusión y termina con un inevitable desastre.

lunes, 16 de mayo de 2016

El oso de peluche

El refranero popular nos dice que no hay que vender la piel del oso antes de haberlo cazado. Sin embargo, la política española parece haber caído en manos infantiles, si nos atenemos a los hechos y dichos de la mayor parte de sus dirigentes.

Ayer, el líder interino del PSOE, Pedro Sánchez, cerrando los ojos a las perspectivas electorales de su partido, presentó lo que podría ser su equipo ministerial. Es decir, presentó la piel del oso, aunque es más que dudoso que consiga cazarlo.

Consolidadndo el espíritu bucólico-infantil que inauguró Rodríguez Zapatero, en ese quimérico gobierno aparecen áreas nuevas. Si Sánchez alzanzara su sueño tendríamos, probablemente, un Ministerio de Inmigración, otro de Refugiado, otro de Transparencia y otro de Ética Empresarial. Todo un ejercicio de juegos malabares con los conceptos en el decidido camino que emprendió el PSOE hacia el surrealismo político.

Yo les animo a dar un paso más. Les propongo que creen el Ministerio de la Paz, el de la Alegría, el de la Sinceridad, y el del Escondite Inglés. Y ya metidos en harina, habría que cambiar la denomicación de algunos ministerios tradicionales: el de Economía pasaría a llamarse Ministerio del Monopoly, el de Fomento Ministerio del Scalextric, el de Educación Ministerio del Trivial, y  el de Vivienda Ministerio de Exin Castillos.


En política no es nada nuevo lo de vender la piel del oso antes de haberlo cazado. La gran aportación del PSOE es que el oso sea de peluche.

viernes, 6 de mayo de 2016

La antipolítica


La política es el arte de gestionar el gobierno de una sociedad. En las democracias el poder se alcanza obteniendo la confianza de los ciudadanos, y en las dictaruras se obtiene mediante la fuerza.

En España, la política es el oficio de alcanzar el poder para ejercerlo en beneficio propio y de los afines, y el poder se alcanza sembrando la desconfianza hacia los partidos adversarios. En España no se practica la política, sino la antipolítica.

La mitad de la población no puede entender que un militante del Partido Comunista de España puede ser una persona honrada y bienintencionada que cree sinceramente que su ideología es lo mejor para todos. La otra mitad pinsa lo mismo respecto a un militante de Falange Española.

Pablo Iglesias se pasó dos años denostando a “la casta”, hasta que logró entrar a formar parte de ella. Desde entonces no ha vuelto a salir de su boca la palabra “casta”. Pedro Sánchez se ha negado a dialogar con el Partido Popular, lo que no supone un desprecio hacia Mariano Rajoy, sino hacia los millones de ciudadanos que votaron a ese partido. Alber Rivera no quiere saber nada de Podemos, y estos no quieren ni oír hablar del Partido Popular.

¿De verdad se odian tanto como parece? ¿Realmente son tan cerriles como para no reconocer que todos los partidos son igualmente legítimos?

Estoy convencido de que no es así. De hecho –fuera de las tribunas y lejos de las cámaras- conversan, dialogan, se cuentan chistes y comparten un aperitivo. Pero hay que mantener la ficción de las dos Españas, agitar el fantasma del franquismo, inculcar en los españoles un odio absurdo hacia los que piensan de otra manera.

¿A qué se debe esta conducta tan impropia de un país teóricamente democrático, y que no se da en ninguna otra democracia avanzada? Seguramente porque es la única manera de obtener el respaldo incondicional de “sus adeptos”. Sólo así consiguen que los ciudanos pasen por alto sus mentiras, sus trapicheos, sus discursos demagógicos y sus incumplimientos.

Y lo han logrado. En las próximas elecciones el grueso de la población no va a votar a favor de un partido u otro, sino contra uno u otro. Es el voto “anti”, es el resultado de la antipolítica.

miércoles, 9 de marzo de 2016

El día de la polla

Una de las formas de disolver la capacidad crítica individual –y por ende la libertad- consiste en sumergir a las personas en una categoría cerrada. “El pueblo de Dios”, “la raza blanca”, “el proletariado”, y “el pueblo alemán” son algunos ejemplos históricos de esta manipulación. En todos los casos se observan tres pasos en la construcción del mito: primero se inventa la categoría, después se establecen las características comunes a todos sus miembros -siempre nobles y superiores-, y por último se designa un enemigo común. En los movimientos religiosos el enemigo son los infieles. En el pensamiento racista son los negros. Para la doctrina leninista, los capitalistas. Para la ideología nazi, los judíos.

Ayer asistimos en España al climax de una de estas categorizaciones faleaes: el día de “la mujer”. Nótese que no hablan de las mujeres, sino de “la mujer”. Es el segundo paso, el destinado a hacer creer que todas las mujeres piensan igual, sienten lo mismo, tienen las mismas necesidades, y tienen –no falta el tercer paso- un enemigo común: los hombres. Tomen nota del matiz: “la mujer”, en singular, enfrentada a “los hombres”, en plural.

Todas la especies presentan diferencias según su sexo. Además de los órganos genitales, existen diferencias en cuanto a tamaño, o apariencia externa. También existen diferencias de comportamiento relacionadas con la reproducción y con el cuidado y la protección de las crías. Por lo demás, un conejo es idéntIco a una coneja, un burro a una burra, un pato a una pata, y un pollo a una polla.

La fiesta feminista de ayer se fundamenta entre otras cosas en una deliberada tergiversación estadística. Se afirma que “las mujeres cobran por su trabajo un 25% menos que los hombres”, y sobre esa base se construye una interminable cadena de agravios. El truco es simple, pero eficaz. Se toma el total de sueldos percibidos por todos los hombres y todas las mujeres, se divide entre el número de hombres y mujeres, y el resultado es una cantidad inferior. Pero no se tiene en cuenta el número de horas trabajadas, el tipo de trabajo, ni ningún otro factor de los que influyen en el salario.

España se escandaliza porque todos los medios de comunicación repiten como loritos que “una mujer tiene que trabajar dos meses más que un hombre para cobrar el mismo sueldo”. Y esto a pesar de que casi nadie conoce un caso concreto en que una mujer cobre menos que un hombre en la misma empresa y en el mismo puesto de trabajo, y con la misma cualificación, antigüedad, horario, disponibilidad, experiencia y responsabilidad.


Pero no hay que preocuparse. El año que viene volveremos a escuchar lo mismo. Aunque las mujeres –en plural- que trabajan dieciséis horas diarias en casa y en la oficina, y las que padecen la convivencia con un energúmeno que se cree su amo sólo obtengan el consuelo de unos semáforos transexuales y el discurso soporífero de “todos y todas”, “vascos y vascas”, “diputados y diputadas” y “pollos y pollas”.

lunes, 7 de marzo de 2016

El maldito bipartidismo

Muchas son las voces que desde hace años vienen denostando el bipartidismo, considerándolo culpable de las deficiencias del sistema político español. Sin embargo, el bipartidismo no es malo ni bueno per se. Democracias tan consolidadas como las de Gran Bretaña o EE.UU. funcionan perfectamente con un modelo bipartidista. Claro que los referentes políticos de esas sociedades son Thomas Cromwell, Locke, Montesquieu y Georges Washington, mientras que en España practicamos la filosofía del Buscón Don Pablos y de Rinconete y Cortadillo. No era el bipartidismo el que ha causado los males de España, sino la forma en la que han actuado sus protagonistas, PP y PSOE.

El 20 de diciembre el bipartidismo saltó por los aires, y ahora disfrutamos de las grandes ventajas de un multipartidismo que no es capaz de designar un gobierno. Todo apunta a que los cuatro principales grupos parlamentarios no lograrán ponerse de acuerdo, y seremos llamados nuevamente a las urnas el 26 de junio. En la España en la que algunos han conseguido mantener viva la sombra de la guerra civil los partidos de izquierda no pactarán nunca con el PP “porque son de derechas”, mientras que el PP no pactará nunca con las izquierdas “porque no”.

Ante este panorama, creo muy probable que el 26 de junio los electores –escaldados por esta penosa experiencia multipartidista- vuelvan a decantarse por el otro bipartidismo. Ante la radicalización de las posturas, tendrán que optar por un partido capaz de sanear la economía o por otro que promete erradicar la pobreza. Partido Popular y Podemos se apuntan como los previsibles actores del nuevo bipartidismo.

El PSOE, gravemente herido por las ocurrencias zapateriles, con un líder sin experiencia, cuestionado por parte de la militancia y que –como la Torre del Agua de Zaragoza- vistoso por fuera y vacío por dentro, puede quedar relegado a tercera fuerza, sobrepasado ampliiamente por la coalición de Podemos con lo que queda de IU.

Ciudadanos –que ya obtuvo unos resultados muy por debajo de las expectativas- ha demostrado con su pacto de peluqueros con el PSOE que no es la derecha aseada que podía sustituir al PP para representar al sector liberal-conservador de la población española. A estos votantes sólo les queda un valor seguro: el Partido Popular, y le votarán masivamente, aunque con la nariz tapada para evitar la pestilencia de la corrupción.


Habrá un gobierno encabezado por Pablo Iglesias o por alguien del Partido Popular. Escojan, señores: susto o muerte. O el partido podrido que evitará que nos pase lo que a los griegos, o el que aún no ha tenido tiempo de corromperse y nos promete el paraíso venezolano.

jueves, 25 de febrero de 2016

Pacto entre peluqueros

Ayer, Pedro Sánchez y Albert Rivera anunciaron que han llegado a un acuerdo de gobierno. Los medios de comunicación no hablan de otra cosa. Los analistas políticos desmenuzan el contenido del documento. La mayoría de los españoles respiran aliviados: tras dos meses con un gobierno en vía muerta, por fin parece que el tren está dispuesto para arrancar.

Pero tanta alharaca no parece en absoluto justificada. El pacto promete simultáneamente una moderada subida de impuestos y un importante aumento del gasto, manteniendo además el déficit del Estado bajo control. Las medidas para el ámbito laboral van justamente en contra de lo que nos están pidiendo desde la Unión Europea y de lo que recomiendan la mayoría de los expertos. Y sin el menor temblor en la voz ambos han prometido poner en marcha algunas reformas que son sencillamente imposibles, puesto que requieren una reforma de la Constitución, y ésta no puede producirse sin la aquiescencia del Partido Popular.

Rivera ha dicho en la rueda de prensa que no habrá subida de impuestos, pero el documento dice que sí la habrá. Sánchez ha remarcado que van a derogar la reforma laboral, pero el documento no dice eso. Patrañas, engaños, el juego del despiste.

Por si fuera poco todo lo anterior, la suma de los diputados de PSOE y Ciudadanos no es suficiente para lograr una investidura, y ambos lo saben. En definitiva, el anuncio de ese pacto milagroso no es sino un bluf, una entelequia, una tomadura de pelo. Un acto más de teatro al exclusivo beneficio de los dos protagonistas. Un montaje escénico para aparecer ante el electorado como estadistas, y obtener el aplauso de unos españoles tan hartos de los viejos políticos como de los nuevos.


Los peluqueros eran –hasta ahora- los únicos profesionales a los que acudíamos voluntariamente, y les pagábamos para que nos tomen el pelo. Este es sin duda un buen ejemplo de pacto entre peluqueros.

viernes, 19 de febrero de 2016

Carta a un fontanero despistado

Estimado Sr. Fontanero:
Me he enterado por las declaraciones ante el juez del suegro de Francisco Granadas de que fue usted quien dejó un maletín con un millón de euros en el armario del dormitorio del señor suegro.

También he visto que la reacción unánime en los medios de comunicación ha sido de incredulidd, pero yo le escribo para decirle que soy –probablemente- el único español que ve razonable lo dicho por el suegro de Granados.

Me parece comprensible que usted, tras aparcar su furgoneta frente a la vivienda, abriera el portón trasero y se confundiera, cogiendo el maletín con el dinero en lugar de la caja de herramientas. Todo el mundo sabe que los fontaneros acostumbras llevar consigo maletines con esas cantidades, que no son sino el producto de los trabajos realizados en el día.

Cuesta más imaginar por qué usted, una vez en la vivienda, se dirigió al dormitorio y no a la cocina o al cuarto de baño, aunque es probable que estuviera cansado y necesitara unos minutos de reposo. Pero yo más bien creo que usted se sintió atraído por el bullicio que se oía en ese dormitorio, donde –cual camarote de los Hermanos Marx- debían encontrarse ya dos montadores de Ikea, un carpintero, dos albañiles, un vendedor de seguros y un repartidor de Tele-Pizza.

También comprendo que ante semejante saturación, el único rincón disponible que encontrara para colocar su maletín fuera el altillo del armario.

Reconozco que lo que parece más extraño es que usted no echara en falta el maletín con el dinero al regresar a su casa por la noche, ni al día siguiete, ni al mes siguiente. Pero puedo entender que para un fontanero un millón de euros arriba o abajo no es cosa de importancia.

Y por último, para los que piensan que es imposible no echar en falta dicha suma, estoy convencido de que si así hubiera sido, usted no habría tenido ninguna prisa por volver a esa vivienda para recuperarlo. Tratándose del domicilio del suegro de un político, usted podía tener la seguridad absoluta de que jamás ese político se apropiaría de un céntimo que no fuera suyo.


Me solidarizo, pues, con usted. Disculpo su despiste. Y también disculpo la ignoracia del pobre suegro. Ya se sabe que los suegors, como las hermanas de los reyes, nunca se enteran de los millones que circulan bajo sus narices.