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lunes, 17 de septiembre de 2012

Política de lavadoras


Conocí una persona que, habiéndose estropeado la lavadora, se fue a un establecimiento, le enseñaron todos los modelos, y compró una nueva. Cuando la llevaron a su casa los operarios se encontraron con que no podían instalarla porque el aparato no cabía en el espacio disponible. Cuando me contó el hecho, le pregunté qué cómo se le había ocurrido comprar una máquina tan grande, sabiendo que disponía de un lugar estrecho. La respuesta fue la siguiente: “De todas las que había, ésta es la que me gustó. Pensé que era algo ancha, pero es que en cuanto la vi, sentí que esa era la que quería”.

Cuento esta anécdota porque es un buen ejemplo de lo que puede pasar cuando uno deja que los sentimientos guíen sus decisiones en cuestiones que no tienen nada que ver con los sentimientos. La compra de una lavadora es un acto racional: hay que considerar las dimensiones, la marca, la capacidad, el consumo energético, el de agua, el ruido, la robustez, las prestaciones y la asistencia técnica. Y sólo en último lugar cabe hacer alguna concesión a la estética.

Algo similar ocurre con la política. La forma en que se organiza una sociedad tiene que estar basada en criterios racionales. En datos demográficos y económicos. En hechos cuantificables y comparables. En teorías contrastadas, en deducciones lógicas y en previsiones esperables. Esos son los criterios oportunos, los que deben aplicar los políticos, y sobre todo, los ciudadanos.

Pero en España, desde la transición, predominan los sentimientos políticos sobre la razón. La gente “se siente” de izquierda o de derecha. Otros “sienten” que su bandera es la republicana. Aquellos “sienten” que su región es una nación, y los de más allá “sienten” que su comarca es un imperio.

Unos sienten que cualquier inmigrante tiene los mismos derechos que un español. Otros sienten que los que no piensan como él tendrían que irse de España; que la universidad en la que estudian les pertenece; que las leyes pueden ser interpretadas por él y no por los jueces; o que por haber nacido tiene derecho a ser siempre feliz.

Esa confusión es una de las razones por las que en España no se ha implantado un sistema democrático homologable con el británico, el norteamericano, el alemán, o el suizo. Alguien tendría que explicarle a los ciudadanos que los sentimientos son secundarios en política. Que el hecho de que uno se sienta un gran músico no basta para que le nombren director de la orquesta de RTVE. Que los psiquiátricos están llenos de personas que “se sienten” Napoleón Bonaparte, el caballo de Atila, o enviados de Dios.

Si no cambiamos ese modo de vivir la política, seguiremos siempre comprando lavadoras que no nos sirven.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Y si se van, ¡buen viaje!


En la manifestación del día 11, en Barcelona, cientos de miles de personas enarbolaron pancartas y corearon eslóganes pidiendo la independencia. El presidente Artur Mas había declarado su apoyo, y declaró –en inglés- que “se había abierto la puerta de la libertad para Cataluña”. Pronto se entrevistará con Rajoy, a quién se espera que le exija 5.000 millones, y eso que llaman “pacto fiscal”, y que es algo parecido al sistema privilegiado del País Vasco y Navarra.

Los independentistas están convencidos de que Cataluña es una nación que fue ocupada por España; de que tienen derecho a la autodeterminación; de que separarse de España les convertiría en un miembro más de la UE; y de que si se separan de España vivirán mejor, serán más ricos, más felices, y hasta más altos.

Vaya por delante mi respeto hacia los que desean que su región –o su pueblo, o su barrio- se convierta en un estado independiente. Cada uno sueña con lo que quiere, e idealiza sus sueños. Ahora bien, mi respeto se reduce ante la ignorancia, y desaparece ante el engaño, el dogmatismo, o el sectarismo en los que se basan esos deseos:
  • Apelar a razones históricas para reclamar la independencia es tan inconsistente como si Romano Prodi reclamara para Italia la Península Ibérica, las Galias, y Britania; o como si España reclamara las Islas Filipinas.
  • El argumento de que “Cataluña paga más de lo que recibe” podrían utilizarlo millones de ciudadanos que pagan más impuestos que sus vecinos que ganan menos. Cataluña no paga impuestos: los pagan los catalanes, igual que los valencianos, los aragoneses o los extremeños.
  • Si Cataluña se independizara de España, quedaría fuera de la UE, tendría que acuñar moneda propia, crear su propio ejército, y dejaría de formar parte del mercado único, perdiendo además su principal mercado: el resto de España.

 Durante 35 años los independentistas han utilizado la amenaza de la independencia para obtener del gobierno del Estado concesiones, privilegios, y competencias que se traducen en dinero y poder que administran y ejercen sus políticos. Pero no se les puede culpar únicamente a ellos. No habríamos llegado hasta esta situación si no hubiera habido sucesivos gobiernos de España que han ido transigiendo y cediendo, esperando saciar el infinito egoísmo nacionalista. Y éstos han aprovechado muy bien la angustia que en el resto de España produce su hipotética independencia. Quizá haya llegado el momento de terminar con esa angustia, y de dejar de ceder a un chantaje sin fin.

Creo que la separación de Cataluña sería mala para España, y peor para los catalanes. Cuando Europa converge hacia una unión mayor, parece insensato seguir el camino inverso. Desearía que los políticos nacionalistas dejaran de jugar con los sentimientos de los catalanes. Desearía que se impusiera la racionalidad, que todos juntos aprovecháramos lo mejor de unos y de otros. Pero si el proceso continúa, si una mayoría de catalanes prefieren dormir con la senyera aunque sean más pobres, si al gobierno de España le falta la energía para hacer cumplir la constitución. Si a pesar de todo se van… ¡buen viaje! y dejen de amenazarnos con que se van a ir.

martes, 11 de septiembre de 2012

Toro de fuego


Un espectáculo que no puede faltar en muchos pueblos de Levante es el toro de fuego. Se clava sólidamente un poste robusto en la plaza, y por un orificio que lo atraviesa horizontalmente se hace pasar una soga de más de 50 m. Un extremo de la cuerda se sujeta al toro encerrado en el toril. El otro queda en manos de los mozos del pueblo, y el poste queda en medio. Al abrirse la puerta del toril, el toro se lanza a la plaza, por la que puede moverse dentro del radio de 25 ó 30 metros de la soga que le une al poste. La cuerda puede deslizarse por el orificio, y el animal intenta alejarse, pero los 15 o 20 mozos que tiran del otro extremo se lo impiden. En esta pugna, los mozos van ganando cuerda, y el toro dispone cada vez de menos radio para moverse. Finalmente, los mozos ganan, y el toro –aterrado- queda con la cabeza amarrada al poste. En ese momento otros mozos le rodean y lo inmovilizan, colocándose entonces en los cuernos las bolas. Se les prende fuego, y por último se corta la cuerda, dejando que la res pueda evolucionar libremente por la plaza.

Me acordaba de este ritual ayer, viendo a Rajoy en su entrevista, cuando insistía una y otra vez en la austeridad. Le preguntaban sobre el crecimiento y el empleo, y él volvía a hablar de la austeridad como el único requisito que algún día debería permitirnos crear empleo.

Los recortes del gobierno me hicieron evocar esa soga que se va acortando hasta que el toro queda casi indefenso, atado al poste, y ahí ya se le pueden poner las bolas de fuego. Esa parece ser la estrategia de la UE, y de los gobiernos de los países que la forman. Han llegado a la conclusión de que el Estado de Bienestar, de las subvenciones generalizadas, del gratis total, del maná, es inviable. Pero saben que sería imposible convencer al toro de que hay que ponerle unas bolas de brea en los cuernos. Así que van recortando poco a poco prestaciones, beneficios y privilegios. Saben que la gente se resistirá -como el toro-, pero que inexorablemente terminará inmovilizada y rendida. Sólo entonces –colocadas las bolas ardientes- se podrá cortar la cuerda, y la sociedad podrá volver a moverse, la economía a crecer, el empleo a aumentar. Los ciudadanos respiraremos aliviados al final del tormento, y nos sentiremos felices de nuevo. ¡Qué importan unas bolas de fuego si podemos corretear por la plaza!

lunes, 3 de septiembre de 2012

Érase una vez una tribu

Érase una vez una tribu formada por un centenar de personas. 70 adultos, 15 ancianos, y 15 niños de menos de 14 años. Habían llegado al valle tras un largo peregrinaje. Allí se instalaron, y los 70 adultos trabajaron duramente cultivando los campos, criando ganado, construyendo cabañas y fabricando herramientas. El primer año sufrieron grandes penalidades, pero poco a poco fueron recogiendo el fruto de su trabajo y su bienestar aumentó rápidamente.

Al cabo de diez años producían muchos más alimentos de los que necesitaban, así que decidieron dejar de fabricar herramientas y comprarlas a una tribu vecina. Los diez artesanos que habían venido haciendo ese trabajo se dedicaron ahora a construir instrumentos musicales y a amenizar con canciones las veladas de la tribu.

Diez años más tarde, seguían teniendo excedentes, y volvieron a reorganizarse: las diez personas que construían viviendas dejaron de hacerlo, y se ocuparon de enseñar las tradiciones a los niños. Al mismo tiempo se decidió que éstos, en lugar de empezar a trabajar a los 14 años, continuaran aprendiendo hasta los 20. Compraron los materiales de las viviendas y pagaron a gente de otra tribu para que las construyera. Decidieron también nombrar un Consejo de diez personas para que escribiera la historia de la tribu y para que redactara las leyes.

Ahora eran 15 ancianos, 30 niños y jóvenes estudiando, 10 músicos, 10 profesores, 10 miembros del Consejo. y 25 trabajando las tierras y cuidando el ganado. La producción descendió bruscamente, y como todos se habían acostumbrado a comer en abundancia, el Consejo decidió pedir alimentos prestados a las tribus vecinas.

Al cabo de otros cinco años, debían a las otras tribus más de lo que ellos producían en tres años. Los vecinos empezaron a ponerles pegas para prestarles más alimentos, y el Consejo convocó una asamblea tribal para decidir qué hacer. Un anciano medio ciego propuso volver a la organización anterior, y que al menos 60 personas se dedicaran a trabajar los campos. Todos se opusieron tachándole de loco. Todos –excepto el anciano- estaban de acuerdo en que era importante que los jóvenes continuaran estudiando hasta los 20 años, y en que la música formaba parte de sus costumbres. Los miembros del Consejo convencieron a todos de que no podían disolverse, ya que sin ellos la tribu sería un caos. Al final, para reducir gastos, decidieron reducir a la mitad la ración de comida de los ancianos.

La producción siguió cayendo, y era imposible devolver a sus vecinos todo lo que les habían pedido prestado. Una mañana vieron que se acercaba una multitud de más de mil personas, armadas con espadas y lanzas.

Sólo el anciano entendió por qué las tribus vecinas se habían aliado y les habían invadido.

viernes, 31 de agosto de 2012

Educación y enseñanza


A pocos días del comienzo del curso escolar, con los profesores soliviantados –unos porque ven en peligro sus puestos de trabajo, y otros porque ven van a tener que trabajar más-, los padres se preparan para entregar a sus hijos al Estado durante ocho o diez horas diarias.
Se compran ropas, mochilas, libros y material. Como cada año, se llevan las manos a la cabeza de lo carísimo que es todo –como si fuera un gasto inesperado, y no fuese tan previsible como el pago anual del seguro del coche-.
Muchos se suman a las protestas que organizan los sindicatos de profesores “contra los recortes en educación”, o “en defensa de la educación pública”; mientras otros padres se movilizan “en defensa de la educación concertada”. Unos y otros tan obcecados en su batalla, que no se dan cuenta de que la guerra es otra, y a nadie se le ocurre manifestarse “en defensa de la educación”, a secas.
En este clima efervescente, padres, profesores, sindicatos, y partidos políticos se llenan la boca con la palabra “educación”, sin pararse un momento a reflexionar sobre su significado. Se identifica “educación” con “enseñanza”, sin darse cuenta que la segunda es sólo una parte de la primera.
Educar es dirigir, encaminar, desarrollar las facultades intelectuales y morales. Educar es proporcionar habilidades para vivir en sociedad. Enseñar es instruir, transmitir conocimientos sobre uno mismo y sobre su entorno físico y social. Enseñar es hacer que un niño aprenda a sumar, o que conozca la ley de la gravedad. Educar es acostumbrar a un niño a no hacer trampas en la suma, o a dar los buenos días al encontrarse a alguien en el ascensor.
Enseñar se corresponde con aprender. Educar, con acostumbrar. La enseñanza es principalmente cosa de los maestros, aunque cualquiera puede enseñar algo. La educación es principalmente cosa de la familia, aunque también educan los vecinos, los amigos, los juegos, los cuentos o la televisión.
Los padres no deben esperar del Estado que les “eduque” a sus hijos. Es su principal responsabilidad, y deben ejercerla desde el primer día del nacimiento. Si no lo hacen ellos, no lo hará nadie. Y si lo hacen muy mal –como bien dice el juez Emilio Calatayud-, conseguirán formar un pequeño tirano que con el tiempo se puede convertir en un delincuente.

jueves, 23 de agosto de 2012

¿Los chicos con los chicos?

El Tribunal Supremo ha dictado una resolución que impide que los colegios que impartan la enseñanza en clases distintas para niños y niñas puedan establecer conciertos con el Estado. Sobre esa base se ha abierto un debate sobre la educación separada (que algunos llaman “discriminada” y otros “segregada”)


Vaya por delante que no tengo una posición tomada al respecto. No estoy en condiciones de afirmar que uno u otro tipo de enseñanza sea mejor para los alumnos. Tampoco existe unanimidad entre los expertos en pedagogía, y los hay que defienden la educación conjunta, y otros la separada. Por su parte, la UNESCO, en la Convención para la lucha contra la Discriminación en la Enseñanza, considera que no supone discriminación la enseñanza separada para alumnos de distinto sexo.

Lo que me llama la atención es desde un amplio sector ideológico de España se rechace simplemente el debate. Confunden “separación” con “segregación”, y se aferran a que hay que educar en igualdad entre sexos. No consideran otros principios importantes como son la libertad de elección de los padres, y ni siquiera el de la eficacia en los resultados de la enseñanza. Evocan el modelo de separación que existía durante el franquismo, y con eso les basta.

Para empezar, si niños y niñas estudian en aulas distintas, no tienen por qué recibir enseñanzas diferentes. No se trata de que las niñas aprendan a ser amas de casa y los niños rudos trabajadores. Los contenidos pueden ser exactamente los mismos.

Por otra parte, con el modelo actual conjunto, en cuanto niños y niñas tienen la oportunidad de actuar por su cuenta –en el patio de recreo o a la salida del colegio- tienen a agruparse por sexos, practican juegos distintos, y forman pandillas de chicos y de chicas, sin que nadie se lo imponga.

En cuanto a la eficacia de la enseñanza, las chicas –como promedio- son más aplicadas, más responsables, más cuidadosas, y obtienen mejores calificaciones. En este sentido, más bien parece que la educación conjunta puede suponer cierto lastre para el rendimiento académico de las chicas.

A partir de la preadolescencia, la educación en las mismas aulas de chicos y chicas da lugar a numerosas ineficiencias, derivadas del comportamiento natural de chicos y chicas en una edad en la que despiertan los instintos de aproximación sexual.

Por último, la ideología que pretende imponer la mezcolanza en todo demuestra su incoherencia en otros aspectos de la vida: a nadie le parece mal que chicos y chicas estén segregados en la práctica de los deportes; y nadie ha protestado porque los lavabos de los bares y de todos los edificios públicos estén segregados y rotulados por sexos.

Sin duda es bueno que chicos y chicas se vean como equivalentes, que se conozcan, y que aprendan a respetarse y valorarse desde niños. Ambos sexos están condenados a atraerse, a unirse, y a formar familias que seria deseable que gozaran de la máxima estabilidad. Pero habrá que reconocer que tras 40 años de enseñanza conjunta, el machismo sigue campando a sus anchas en la sociedad, y los divorcios no han hecho sino aumentar.

No tengo una postura definida al respecto. Pero creo que, al menos, merece la pena reflexionar sobre la cuestión.

lunes, 13 de agosto de 2012

El Estado del revés

Un Estado de Derecho es aquél que está estructurado mediante instituciones que desempeñan diferentes funciones en el marco de un ordenamiento jurídico preciso. Se le llama “de Derecho” por esa razón: porque todo está subordinado a la ley, de manera que instituciones y ciudadanos conocen las reglas del juego, y saben lo que pueden y lo que no pueden hacer.
Los ciudadanos eligen como representantes a aquellos que mejor pueden defender sus opiniones o intereses, y esos representantes redactan modifican o derogan las leyes que obligan a todos. Esos representantes designan también un gobierno, cuya misión consiste en dirigir la Administración del Estado, proponer textos legislativos, y siempre cumplir y asegurar el cumplimiento de la ley.
España quedó configurada como un Estado de Derecho a partir de la aprobación de la Constitución, en 1978. Sin embargo, la realidad del funcionamiento de las instituciones es muy distinta. Los diferentes poderes no son independientes, sino que se solapan y se confunden en un continuo toma y daca para el beneficio electoral de los grandes partidos. Presidentes de CC.AA. incumplen sentencias del Tribunal Supremo, y no pasa nada; gobiernos autónomos deciden no aplicar las normas del gobierno central que no les gustan, y no pasa nada; diputados autonómicos asaltan supermercados y no pasa nada; dirigentes sindicales anuncian públicamente que van a cortar carreteras, y no pasa nada; médicos proclaman que no van a cumplir la ley sobre atención a inmigrantes irregulares, y no pasa nada.
La confusión es total. Los partidos políticos interpretan el Estado de Derecho a conveniencia; retuercen las leyes, o las ignoran, directamente. Muchos ciudadanos creen que vivir en un Estado de Derecho significa que todo el mundo puede disfrutar de todos los derechos que se le ocurran. Piensan en los derechos como en cosas preexistentes, que estaban ahí, y sólo hacía falta alargar la mano, cogerlos, y quedárselos para siempre. No pueden entender que son las leyes las que establecen los derechos concretos, y que también las leyes pueden modificarlos o suprimirlos.
Creemos tener un Estado de Derecho, pero lo que tenemos es un estado de confusión, un estado manga por hombro. Un Estado del revés.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Entre todos la mataron, y ella sola se murió

Tenía muchos años; estaba desilusionada, cansada y muy débil. En otros tiempos había sido muy poderosa; había sido el objeto de la admiración y la envidia de sus vecinos. La familia había atravesado muchos momentos difíciles, que habían ido arrancando jirones de aquél antiguo esplendor. Ahora seguía estando a la cabeza de una familia de larga estirpe, pero le faltaban las fuerzas, y su mirada ya no reflejaba orgullo, sino melancolía.


En el pasado reciente unos rayos de optimismo le habían hecho pensar que la familia podría recuperar su prestigio. Se había producido la alianza con otras importantes familias. La casa solariega había sido totalmente reformada. Se había colocado moqueta por todas partes. Los muebles eran ahora nuevos y de calidad; se había instalado aire acondicionado. Se había construido un enorme garaje, que albergaba los diecisiete lujosos coches de que disfrutaban todos los hijos, sobrinos, nietos, yernos y nueras. Se habían gastado todos los ahorros, se habían vendido los retratos de los antepasados, y se habían empeñado las antiguas joyas familiares, pero todos vivían suntuosamente.

Pero no era una familia bien avenida. Los hijos malcriados exigían más y más, sin querer ver que ya no había de dónde sacarlo. Discutían y peleaban entre sí, disputándose los dormitorios, echándose en cara unos a otros la responsabilidad por la decadencia que estaban viviendo. Desobedecían a la abuela, se mofaban de ella, habían ocultado su retrato, y únicamente le dirigían la palabra para reclamarle más dinero.

La abuela veía aproximarse su fin, y contemplaba con pena a aquellos hijos y nietos desunidos, que se encerraban en sus habitaciones como si fueran castillos, sin dejar entrar a los demás. Sólo ella veía venir la terrible tormenta que se abatiría sobre todos ellos cuando ella hubiera desaparecido. Sólo ella sabía que aquellos majaderos caprichosos serían incapaces de sobrevivir aislados y divididos.

Pensando en todo esto, cerró los ojos. Una lágrima resbaló por su mejilla. Fuera se oía el griterío de las discusiones de unos, y las risas de otros que comían y bebían en la terraza. En un futuro alguien diría eso de “entre todos la mataron, y ella sola se murió”. España tenía ya muchos años.

martes, 24 de julio de 2012

El espíritu de D'Artagnan

La Unión Europea se tambalea. Aquél ambicioso proyecto que surgió tras la dramática inyección de sentido común que recibieron los estadistas tras la 2ª Guerra Mundial puede estar a punto de desvanecerse. Lo que podía haber sido un proceso que desembocara en una unión efectiva, que borrara todos los recelos y egoísmos nacionales, se ha quedado a medias. Los países se han puesto de acuerdo para regular los cierres de las latas de refresco, pero han sido incapaces de establecer una fiscalidad común, un sistema financiero compacto, o una política exterior unificada.

Los burócratas que canibalizan el poder político, tanto en Bruselas como en Berlín, París, Roma o Madrid, han olvidado la lección de 1939. Adocenados en suntuosos despachos, son incapaces de ver Europa, y sólo ven las urnas de su propio país. Todo parecía ir medio bien mientras los PIB aumentaban cada año. En cambio, cuando la recesión impone su tiranía reaparecen los intereses nacionales. La idea inicial al estilo D’Artagnan “todos para uno y uno para todos” se transforma la clásica de los naugragios: “sálvese quien pueda”.

Exactamente igual que ha ocurrido en España. A la muerte de Franco, el recuerdo de la Guerra Civil inyectó una buena dosis de sentido común a los políticos del momento, que fueron capaces de firmar los Pactos de la Moncloa. Pero se promocionó de forma desmedida el sentimiento nacionalista-regionalista-aldeano de la gente, y 35 años después, al igual que en Europa, tenemos 17 nacioncitas, con sus aeropuertitos, sus televisioncitas, y sus banderitas.

Mientras había crecimiento, la cosa iba funcionando: cada virreinato se daba por satisfecho con ir arrancando algo del Estado. Malcriaron a sus ciudadanos diciéndoles que les regalaban toda clase de cosas innecesarias: universidades en poblaciones de 40.000 habitantes; líneas AVE para unir ciudades sin pasajeros; polideportivos para pueblos de 200 habitantes envejecidos. Crearon cientos de miles de puestos de trabajo ficticios: en la minería para extraer carbón que no se utiliza; en las televisiones autonómicas para emitir programas calcados de las privadas; en las universidades para dar clases en carreras que ninguna empresa necesita.

Los españoles, nuevos ricos, llevábamos a nuestros hijos a estudiar para que fueran ingenieros, abogados, biólogos marinos o educadores sociales. Con nuestros hijos estudiando ocho años carreras que deberían aprobarse en cinco, hacían falta camareros, peones agrícolas, trabajadores de la construcción, de la limpieza, del servicio doméstico. Y vinieron de África, de América, de Europa del Este a hacer esos trabajos. Nos compramos pisos a precios astronómicos sin tener dinero ni para pagar una tienda de campaña decente. En verano, las ciudades europeas y las playas del Caribe rebosaban de españoles felices y confiados, que habían pedido un préstamo para pagarse unas buenas vacaciones.

¿Y ahora, qué? ¿Quién le explica a los funcionarios que muchos de ellos sobran porque no deberían haber obtenido su plaza? ¿Quién les dice a los jubilados que sus exiguas pensiones son demasiado altas? ¿Quién les cuenta a los padres que sus niños tienen que hincar los codos porque no puede haber un maestro por cada diez alumnos? ¿Seremos capaces de entonar el lema de los tres mosqueteros? ¿O nos disputaremos unos a otros los salvavidas en el naufragio?

jueves, 5 de julio de 2012

¿Para qué sirve UPyD?

El juez Fernando Andreu ha decidido admitir a trámite la querella interpuesta por UPyD, y tendrán que declarar como imputados Rodrigo Rato y los demás exconsejeros y exdirectivos de Bankia. Los delitos de los que se les acusa son estafa, apropiación indebida, falsificación de cuentas, administración fraudulenta y maquinación para alterar el precio de las cosas.

La economía española está agonizando, a causa de la mala gestión de unos, la avaricia de otros, y la irresponsabilidad de casi todos. El hundimiento de Bankia ha dañado gravemente la estructura financiera del país, y ha contribuido de manera importante a la desconfianza internacional. Además ha dado lugar a que miles de personas perdieran sus ahorros, y ha hecho subir dos puntos el enfado social ante las multimillonarias retribuciones de los gestores que tan mal han gestionado.

Y en ese panorama la partitocracia se ha mostrado completamente insensible. Ni el gobierno, ni el mayor partido de la oposición; ni los defensores oficiales de los pobres; como IU, BNG; ERC, CHA, etc.; ni los tahúres de dos barajas de CiU y el PNV; ni los come-ricos de UGT y CC.OO.; han movido un sólo dedo para intentar aclarar lo qué ha pasado en Bankia y en las cajas de ahorro que la formaron.

Sólo gracias a la existencia de un partido joven, sin hipotecas, sin ataduras, que llama a las cosas por su nombre, y que tiene ideas en vez de un catecismo ideológico, se ha podido dar el primer paso para aclarar lo sucedido. Todos los demás partidos se han negado a que los directivos de Bankia dieran explicaciones en el Congreso. Ningún partido y ningún sindicato han tomado la iniciativa de presentarse ante un juez. Ejemplo lamentable de la gran hipocresía nacional: todo el mundo critica a todo el mundo, pero nadie toma medidas porque todos están chupando de la vaca.

Ahora la justicia tendrá que investigar, y en su momento dictar sentencia, que puede ser absolutoria o condenatoria. Pero sea cual sea el resultado, ahora los ciudadanos saben con mayor claridad para qué sirve un partido como UPyD. Sin duda, el único que, si los ciudadanos quieren, –y con mucha dificultad- podría llegar a limpiar este establo político-financiero llamado España. Los que están instalados en el sistema perverso no lo van a hacer porque el sistema perverso son ellos. Ahora se entiende por qué les molesta tanto UPyD, y no sólo porque sea el único partido que no ha aceptado venderse a cambio de un cargo institucional.

martes, 26 de junio de 2012

El virus de la insidia

De todos es conocido el aforismo que dice “calumnia, que algo queda”. Los efectos del rumor, de la calumnia insidiosa son siempre muy superiores al esfuerzo que cuesta lanzarlos. Adquieren su propia inercia, y pueden crecer y crecer hasta hacer aparecer como verdadero lo que nunca ha existido.


Veamos uno de los métodos de propagación del virus:

V le dice a A en un lugar discreto: “Voy a contarte algo porque mereces toda mi confianza. Pero no se lo digas a nadie. X es un borracho, aunque lo disimula muy bien”.

Después, V –de nuevo en plan confidencial- le transmite a B el mismo virus: “X es un borracho”.

“No me digas, nunca le he visto bebido”, responde B.

“Claro, lo disimula perfectamente. Pregúntale a A y verás”.

Y va repitiendo el mensaje a C, a D, etc. Ninguno tiene motivos para desconfiar de V; y todos ellos se sienten halagados por la confianza que V ha depositado en ellos.

Pero A, B, C, y los demás se relacionan también entre sí. Un día C le comenta a B: “creo que X tiene problemas con el alcohol”, a lo que B responde: “sí, eso tengo entendido”, demostrando así a C que está bien informado. Escenas parecidas se van repitiendo, y al final todos están absolutamente seguros de que X es un bebedor incorregible, aunque ninguno de ellos le haya visto tomar una gota de alcohol.

Existen numerosos expertos en el lanzamiento de insidias. A menudo se trata de personas mediocres, carentes de escrúpulos y que desconocen el significado del la palabra “ética”, y que utilizan esa táctica para medrar en el mundo laboral, social, o político. Otras veces son individuos con patologías mentales, que buscan desesperadamente el protagonismo para sentirse importantes. En ocasiones, se combinan ambas cosas.

En cualquier caso, el daño que pueden hacer es muy grande. Si bien es cierto que la verdad suele terminar imponiéndose antes o después, no es menos cierto que ese camino puede ser largo, y destruir en el proceso a una empresa o una organización. Y en el mejor de los casos, siempre habrá alguien que siga observando a X, intentando descubrir en él un ligero temblor de manos.

miércoles, 20 de junio de 2012

El catalanés

Contra lo que pudiera pensarse, “el aragonés oriental” no es el propietario del bazar chino de la esquina. Se trata de la última ocurrencia del gobierno de Aragón, destilada sin duda por las profundas mentes políticas del PAR. Consiste en eliminar de la nueva ley de lenguas el término “catalán” para referirse al idioma que hablan muchos aragoneses de Nonaspe, Maella, y demás localidades de la zona. Como cualquier nacionalista de pro, se trata de aplicar la máxima de “al enemigo, ni agua”, considerando enemigo a todo aquél que no es de su aldea. Cuando entre en vigor la ley, todas esas personas ya no hablarán oficialmente catalán, sino “aragonés oriental”, que es mucho más patriótico.

El proceso de atontamiento generalizado de la sociedad española le debe mucho al empleo profuso de los eufemismos. A base de dejar de llamar a las cosas por su nombre, terminamos sin saber qué significa cada cosa, lo que asegura la confusión más absoluta. Y de la dificultad en el hablar a la dificultad en el pensar sólo hay un paso. Algo muy bueno para nuestros políticos, ya que cuando es difícil pensar, es más fácil votar al más tonto, al más inepto, o al más corrupto.

Lo de “aragonés oriental” es como si en Méjico decidieran llamar a su idioma “mexicano europeo”; o en Argentina llamaran al suyo “argentino boreal”. Ya puestos a hacer ingeniería lingüística, podrían haber buscado una única palabra, en vez de dos. Seguro que en Valderrobres estarían orgullosos de hablar “catalanés” o “aragolán”. El ridículo sería el mismo, pero tendría algo más de originalidad.

viernes, 15 de junio de 2012

Tocar fondo antes de remontar

La situación económica de España es crítica. Todos lo sabemos. El entramado institucional, la partitocracia hinchada, las subvenciones generalizadas, y los servicios de primera son imposibles de mantener, al menos, no todos al mismo tiempo. Algunos lo sabemos. Otros no quieren ni oír hablar de ello. La situación política y económica de la UE es cada semana más precaria. Todos lo sabemos. Europa camina torpemente, como una minusválida con una pierna de atleta y la otra atrofiada. Con la pierna sana ha creado un bosque administrativo-institucional. Parlamento, Comisión, Consejo, directivas, supervisiones, normativa, y moneda común. La otra pierna apenas se mueve: cada país sigue siendo un coto cerrado de soberanía, en el que todos se miran de reojo, tratando de superar al vecino, incapaces de fijar una fiscalidad común ni una política exterior común. El gran sueño de Schuman, Adenauer, Monnet y Di Gasperi languidece, pilotado por unos dirigentes de mirada corta que sólo sueñan con las urnas del año siguiente. España cae cada día un poco más, y con ella Europa se derrite un poco más. Nos debatimos para no caer como un borracho en una pista de hielo. Llevamos tres años de “situación crítica”. Tanto, que ya nos hemos acostumbrado, que casi pensamos que la crisis es un estado y no un proceso. Faltos de un liderazgo europeo sólido, todo apunta a que continuará la deriva hacia ninguna parte. Todo indica que tendremos que llegar a tocar un fondo tenebroso –en el que no queremos ni pensar- para, quizá, después volver a enderezarnos. Más pobres, más torpes, menos orgullosos, menos ambiciosos. Como en tantas ocasiones, será una terrible realidad la que nos despertará de un espejismo que nos resistimos a abandonar. Aceptaremos entonces -¡qué remedio!- que Europa ha dejado de ser la quintaesencia mundial, y buscaremos humildemente un hueco junto a China y EE.UU.

viernes, 8 de junio de 2012

Menos gestos, y más hechos

Hoy, en las redes sociales está haciendo furor una iniciativa que consiste en escribir al revés, poner fotos del revés, o hacer cualquier cosa al revés. Todo, supuestamente “para ayudar a los demás, dándole la vuelta a las cosas”. Me vienen a la mente docenas de ideas similares: lazos de diversos colores, pegatinas, camisetas; mil maneras de expresar que uno está contra algo o a favor de algo. Gestos. Pero me sigo preguntando en qué favorecen esos gestos a los pobres de Somalia, a los enfermos de SIDA, a los niños con cáncer, a las mujeres maltratadas, o a los refugiados del Sahara. Me lo pregunto, pero una y otra vez me respondo que absolutamente de nada. Con lazos, pegatinas o fotos del revés no les llega ni un paquete de arroz a los somalíes no se compra ni un tratamiento contra el SIDA, no se salva una sola mujer asesinada por su pareja, y no llega un sólo litro de agua al desierto. Pero estas campañas son ingenuas pero no inútiles. Sirven para que cientos de miles de personas se queden más tranquilas penando que han hecho algo útil para otros. Sirven para que una vez colocado el lazo o la pegatina, uno se pueda ir a tomar unas cañas con los amigos, sin sentir remordimiento por los que no pueden ni beber agua. Sirven para demostrar a los demás que uno es solidario, bueno, justo, y benéfico, y poder a continuación despellejar a la compañera de trabajo, o mirar con desprecio al negro que vende pulseras. Y de paso también sirve para ayudar a los que lo organizan, a los que venden las chapas, los lazos o las camisetas; a los que venden libros, discos, o folletos sobre el asunto; a los que obtienen una popularidad mediática gracias a estas campañas tan infantiles como inútiles para los que se supone que van a beneficiar. Más valdría hacer menos gestos y más hechos. Hay mil formas de contribuir de verdad a aliviar las tragedias ajenas. Claro que eso suele hacerse de manera anónima, sin que nadie tenga por qué enterarse. Y, al parecer, lo que importa es que se sepa.

jueves, 7 de junio de 2012

Jibarizar el Estado

Jibarizar el Estado De nuevo Esperanza Aguirre ha dado la campanada con una propuesta rompedora. Para ahorrar unos mil millones, ha anunciado reducción de salarios a funcionarios, aumento de tasas judiciales, peajes en carreteras, menos dinero para guarderías, y –esto es inaudito- ¡reducción a la mitad del número de diputados de la Asamblea de Madrid! Ya veremos si la cosa prospera. Ya veremos si la idea se extiende a las demás CC.AA. Pero es el primer asomo de tijeretazo a esa estructura política elefantiásica de un Estado que lastra a una sociedad muy debilitada. Aparte de las reducciones de sueldos de los políticos –que ya se han producido- en casi todas las administraciones, esta iniciativa supone el primer mordisco a la cabeza del pulpo que nos atenaza a todos. Sin duda, la reducción de diputados no tendría un efecto significativo en las cuentas públicas. Es evidente que el dinero se escapa en grandes cantidades por otras infinitas grietas, desde la proliferación de organismos públicos, el excesivo número de funcionarios y la baja productividad de buena parte de ellos, la construcción de infraestructuras innecesarias, las subvenciones generalizadas a todo bicho viviente, el fraude fiscal socialmente tolerado, y el abuso de lo público en beneficio del particular. Pero el efecto simbólico de esa medida es de la mayor importancia. Supone plantearse que igual el Estado no necesita tantas cabezas pensantes y legislantes. Que se puede adelgazar la nube de políticos que viven del erario público, y que además se han especializado en crear problemas donde no los había. España se ha convertido en un monstruo con una cabeza gigantesca, unas extremidades poco musculosas, y poca sangre corriendo por sus venas. Como ocurría en el Ejército del franquismo, sobran generales y sobran soldaditos enchufados. Hay que reducir esa cabeza en vivo, y no esperar a tener un cadáver para aplicar las técnicas de los jíbaros.

martes, 5 de junio de 2012

Ponerse las pilas

El presidente de Mercadona, Juan Roig, ha vuelto a hacer sonar la campana con unas declaraciones cuyo sonido destaca en el apagado murmullo de este bosque en el que millones de animalillos huelen el incendio, sin atreverse a levantar la cabeza para no ver las llamas. Al decir que “España será intervenida si los españoles no se ponen las pilas”, el empresario ha polarizado la opinión pública. Muchos se han escandalizado porque varios millones de españoles no pueden ponerse a trabajar aunque quieren hacerlo, y porque otros millones cumplen cada día responsablemente con sus obligaciones. Pero un número no menor de ciudadanos está de acuerdo con Roig, porque también hay varios millones de españoles que obedecen escrupulosamente a la vieja ley del mínimo esfuerzo, que aprovechan todos los resquicios para escaquearse del trabajo, para arañar unos eurillos de donde sea, y para amorrarse a la teta del Estado del Bienestar. Eso sí: enarbolando grandes banderas reivindicativas de sus derechos, y echando pestes contra todo aquél que tiene más que ellos, sin diferenciar entre los que lo han conseguido por su esfuerzo, su inteligencia, y su tesón; y aquellos otros que lo han logrado a costa de aprovecharse ilícitamente de los demás. No se puede generalizar. No es cierto que todos los españoles sean unos vagos oportunistas, tramposos y caraduras. Pero tampoco es cierto lo contrario. Hay de todo. Pero los millones de ciudadanos honrados, cumplidores, trabajadores. esforzados e íntegros no pueden contentarse con serlo. Además tienen que ser agentes activos para desmontar el cáncer que suponen los otros españoles. No basta con clamar contra la corrupción política, contra la mala gestión financiera, o contra la sumisión de los medios de comunicación. En estos momentos críticos para todos, esos españoles que se consideran limpios –y que lo son- tienen la obligación de denunciar a los otros españoles, a los Rinconetes y los Cortadillos que pululan en su entorno. En su familia, en su edificio, en su taller, en su oficina, en el colegio de sus hijos, en su parroquia. Es imprescindible la colaboración ciudadana en ese terreno. Hay que mirar a los ojos a esos sinvergüenzas conocidos y mostrarles el rechazo y el desprecio que merecen, en lugar de sonreírles educadamente, y comentar a sus espaldas sus fechorías. Aunque se suele creer lo contrario, hacen más daño veinte millones de personas robando a pequeña escala, que diez mil políticos o financieros despilfarrando o estafando.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Despersonalizando el personalismo

Una de las acusaciones que emplean los detractores de UPyD es la de ser un partido “personalista”. Como suele ocurrir con todos los tópicos, no se fundamenta en datos objetivos, y les basta con hacer vagas alusiones a la destacada personalidad de su líder, Rosa Díez.

Hace pocos días ha presentado la dimisión la que ha sido durante dos años Coordinadora del Consejo Territorial de Aragón, Cristina Andreu. Tal como ella ha manifestado, no existen discrepancias ideológicas con el partido, y afirma que continuará defendiendo los mismos principios como simple ciudadana. Tras esa dimisión, el Consejo de Dirección ha nombrado a Carlos Aparicio para dirigir la Comisión Gestora que regirá el partido en Aragón hasta que los afiliados elijan a un nuevo Consejo Territorial en los próximos meses. Todo ello supone una refutación de ese sambenito de “personalismo”, que tanto jalean los partidos mayoritarios y los nacionalistas. Por una parte porque Cristina Andreu, que ha desarrollado una importante labor política durante su mandato, ha sido coherente con lo que predica UPyD, y cuando no se ha sentido cómoda en el partido ha decidido apartarse. Podría haber tratado de capitalizar que ha llegado a ser una persona conocida en Aragón con una maniobra “personalista”, pero ha hecho lo razonable: dejar que el partido continúe su evolución natural, que viene siendo de lento, pero continuo crecimiento desde su fundación. La segunda prueba de que UPyD tiene menos de personalista de lo que dicen sus adversarios es que el Consejo de Dirección no ha designado al frente de la Gestora a uno de los fundadores de la formación, ni a una “personalidad” de las más destacadas del partido. Ha optado por un hombre riguroso y equilibrado, que ha venido desempeñando con eficacia y discreción la función de Responsable de Comunicación y Prensa, y que ha demostrado no tener el menor interés en destacar “personalmente”. Lo más alejado que pueda pensarse del dichoso “personalismo”. Y en tercer lugar la inmensa mayoría de afiliados y simpatizantes de Aragón, que continúan adelante trabajando para dar a conocer a los ciudadanos unas propuestas políticas que resultan revolucionarias: regenerar la política y la sociedad; poner las ideas por delante de los intereses personales; mantener el mismo discurso en cualquier lugar de España; actuar coherentemente con lo que se predica; y pedir a los españoles que actúen como ciudadanos y no como súbditos. Esos afiliados y simpatizantes que conocían a la anterior Coordinadora, y que respetando su decisión, se disponen a seguir participando en política, con independencia de quién dirija el partido, demuestran claramente que también para ellos lo importante no son las personas, sino las ideas. Algo muy poco común en la práctica política española, y de lo que deberían aprender aquellos que acusan a UPyD de ser un partido “personalista”.

viernes, 18 de mayo de 2012

La niña bonita ha perdido la virginidad

Unión Progreso y Democracia se fundó en 2007 como una opción política diferente, centrada en las ideas y no en las ideologías; orientada al futuro y no a recordar las heridas del pasado; dirigida a los que votan con la cabeza, y no con el corazón; para defender los derechos de las personas, y no de los territorios; para administrar el interés general, y no el de sus afiliados. La tarea no era fácil en una España con más adeptos que afines. Durante cuatro años Rosa Díez fue la única voz que defendía esos principios en un Congreso de rebaños balando al unísono. Rosa Díez se mantenía en primer lugar en la valoración pública, y el porcentaje de votos de UPyD iba aumentando de manera lenta y constante. El partido magenta era opción limpia, libre de ataduras, sin compromisos previos y sin nada que agradecer a nadie. Era la niña bonita de la política. Tras las elecciones de Asturias, el voto de Ignacio Prendes era decisivo para la formación de un gobierno “de izquierda” o “de derecha”. Por primera vez en los últimos 35 años, un partido ha estado negociando su apoyo, no a cambio de consejerías, ni de un puñado de lentejas para un terruño, sino para obtener avances en la línea de sus principios fundacionales. Al final UPyD apoyará un gobierno del bloque PSOE-IU. Ante la incapacidad de entenderse PP y FAC, el partido magenta tenía que optar por apoyar al otro bloque o asumir la responsabilidad de nuevas elecciones. La decisión ha supuesto la pérdida de la virginidad de UPyD. La mitad de esa España sectaria ya puede proclamar que UPyD es “de izquierda”, al igual que habría hecho la otra mitad si el apoyo hubiera sido para el bloque “de derecha”. Una parte de los afiliados, de los simpatizantes, y del largo millón de votantes de UPyD están decepcionados. Pero hay que recordarles que para UPyD hacer política es tomar decisiones. Es elegir lo menos malo. Es pensar a largo plazo, y no sólo en la inmediatez. Es trabajar con un horizonte amplio, y no mirándose el ombligo. El reto de la regeneración democrática y social de España es mucho más ambicioso que el gobierno de un territorio de un millón de habitantes. Los grandes objetivos de UPyD se mantienen íntegros. Sus cinco diputados en el Congreso, sus representantes en la Asamblea de Madrid, y en gran número de ayuntamientos están dando a diario ejemplo de que se puede hacer política de otra manera. Nacho Prendes lo ha demostrado. Los españoles que votan con la cabeza y no con el corazón así lo entienden, y saben que apoyar a PSOE-IU en Asturias no significa entregar nada ni renunciar a nada. La niña bonita ha perdido la virginidad. La niña bonita se ha hecho adulta.

lunes, 14 de mayo de 2012

La burbuja del Estado

A estas alturas todos sabemos en qué ha consistido la “burbuja inmobiliaria”, ese espejismo de riqueza que, al estallar, nos está obligando a volver dolorosamente a una situación menos ambiciosa, pero más acorde con la realidad. En esencia, la burbuja inmobiliaria ha consistido en la edificación de millones de viviendas, adquiridas por millones de españoles con cientos de millones que no tenían, y que bancos y cajas les prestaban alegremente. Convencidos todos de que la prosperidad estaba garantizada por los siglos de los siglos, los ciudadanos –con el aliento de unas entidades bancarias complacientes- pidieron dinero para pisos más grandes, con terrazas más amplias, con muebles más caros, electrodomésticos más sofisticados, y cortinas más lujosas. Todo al fiado, como sus abuelas compraban los garbanzos en el colmado de la esquina. En paralelo, el Estado ha ido creando su propia burbuja, ha edificado un enorme entramado institucional, con administraciones duplicadas; lujosos edificios para sedes de gobiernos autónomos y parlamentos regionales; cientos de empresas públicas –porque hace falta mucha gente para ganar elecciones, y hay que agradecerles el esfuerzo colocándolos bien-; unos sindicatos bien engrasados para garantizar su docilidad; universidades por doquier, aeropuertos en cada esquina; líneas de AVE para llenar el mapa; prestaciones sanitarias universales; ordenadores en las aulas; prejubilaciones para post-adolescentes; subvenciones a miles de ONG’s; polideportivos para septuagenarios; auditorios monumentales, carriles-bici para no desgastar las calzadas; festivales; conciertos; y hasta condonación de la deuda de otros países. Al igual que en el caso de la otra burbuja –la inmobiliaria- todo ello sin tener dinero para hacerlo. Recurriendo al préstamo de los inversores internacionales –antes generosos y complacientes-, como si la prosperidad estuviera garantizada por los siglos de los siglos. Ahora nos encontramos con que la primera burbuja ha estallado, el colmado está a punto de cerrar, y ya no encontramos quién nos fíe los garbanzos. Los bancos, antes complacientes, son ahora malvados buitres que se alimentan de nuestros despojos. Desesperados por la necesidad, volvemos la mirada hacia el Estado, última esperanza –aparte de la Providencia Divina-, implorando, exigiendo, gritando para que nos saque del pozo en el que nos hemos metido. Pero el Estado está a punto de ver como estalla su propia burbuja. Los inversores internacionales, antes complacientes, son ahora malignos especuladores que se han propuesto arruinarnos. Los gobiernos se debaten en el laberinto que ellos mismos han ido creando, incapaces de encontrar la salida. Necesitan a los votantes para existir, pero les resulta imposible darles todo lo que les habían ofrecido para conseguir sus votos. Ya no tienen nada que ofrecerles, sino sangre, sudor y lágrimas. Y el pueblo, desconcertado e incrédulo, asiste entre indignado y aterrado al desmoronamiento de una quimera de Estado Providencia; al estallido de la inmensa burbuja de un Estado que les ha engañado. Que les dijo que la democracia era la garantía de la libertad, de la justicia, de la prosperidad y de la seguridad. Que les hizo creer que con democracia todo sería maravilloso, que los derechos no tendrían límites, que alguien se encargaría de subsanar las consecuencias de sus errores, que podían despreocuparse de todo… excepto de votar cada cuatro años.

viernes, 11 de mayo de 2012

El peso de los escombros

El gobierno se ha puesto el traje de faena y se ha metido en obras. Pretende reformar España de arriba a abajo: el salón de la educación; el cuarto de baño de la sanidad; el dormitorio de las pensiones; el despacho del sistema bancario; y el trastero de la reglmentación laboral. Somos muchos los que pensamos que debería reformar también la instalación eléctrica del sistema autonómico; las ventanas de la separación de poderes; los desagües de las subvenciones; y los armarios empotrados de la partitocracia. Y ya puestos, tendría que hacerse un buen pulido y abrillantado del funcionariado. Se necesitan reformas, muchas y de envergadura. Pero, como en toda obra- se producen gran cantidad de escombros. Nadie está a salvo de que le caiga algún cascote en la cabeza, y todos vamos a quedar manchados con el polvo. Es inevitable: tendremos que soportar las incomodidades durante un tiempo, si queremos después disfrutar de una España convenientemente rehabilitada. Pero el gobierno debería planificar bien las obras, y tener mucho cuidado con los escombros. Existe el peligro de que –si se acumulan en exceso, sin orden ni previsión- el peso de esos desechos supere la resistencia de la estructura. A ver si por reformar a lo loco se nos va a hundir el edificio entero.

martes, 8 de mayo de 2012

La importancia de las motos

En un lejano país había un labrador que mantenía a sus cuatro hijos con el fruto de unas tierras que trabajaba con ahínco. Deseando que tuvieran un futuro digno del siglo XXI los envió a estudiar a la ciudad. Como los gastos eran muchos, pensó en instalar invernaderos para aumentar la producción de sus tierras. Obtuvo un préstamo del banco del pueblo para adquirir los materiales, y al año siguiente la cosecha se multiplicó, con lo que pudo devolver parte del crédito y dedicar el resto al mantenimiento de sus hijos en la ciudad. A la vista de la buena situación, los hijos le explicaron que estudiarían mejor si pudieran disponer de en un piso amplio, en vez de en vivir en la estrecha habitación de una pensión junto a la universidad. El padre lo entendió, y solicitó y obtuvo un nuevo préstamo del banco. La cosecha volvió a ser cuantiosa, y pudo devolver la parte del préstamo de ese año. Entonces los hijos le dijeron que perdían mucho tiempo en desplazamientos desde el nuevo piso de la ciudad hasta la universidad. Le propusieron que comprara una moto para cada uno, y que tenía que ser de gran cilindrada, para no ser menos que sus compañeros. El padre volvió a hablar con el banco, y obtuvo un nuevo préstamo para comprar cuatro soberbias máquinas. Ese año la cosecha fue también buena, pero las tormentas primaverales habían dañado las instalaciones del invernadero. El hombre volvió al banco para pedir dinero para reparar su explotación, pero esta vez el banco no accedió a su demanda. Habló entonces con sus hijos, y les pidió que vendieran las motos para con ese dinero arreglar el invernadero. Los hijos le dijeron que eso era imposible porque todos sus compañeros se burlarían de ellos. Para no enfrentarse con ellos, el hombre aplazó las reparaciones. La cosecha fue menor ese año, y el invernadero se deterioró aún más. No pudiendo devolver lo pactado al banco, les dijo a sus hijos que no podría enviarles sino la mitad del dinero de otros años. Los hijos se enfurecieron: le dijeron que estaban en mitad de sus carreras, que él les había enviado a estudiar, que tenían derecho a hacerlo, y que no podían ir en autobús a la universidad. Tampoco aceptaron alquilar dos de las habitaciones de la casa a otros estudiantes porque estarían todos demasiado apretados. El padre se resigno. El dañado invernadero produjo ese año una cosecha ínfima. No pudo devolver los préstamos. El banco embargó las tierras, el piso de la ciudad, y las motos. Los hijos tuvieron que abandonar los estudios, y sin un lugar donde vivir se alistaron en el ejército del país vecino. No volvieron a dirigir la palabra a su padre, culpándole de haber administrado mal las tierras y de haberles dejado sin dinero y sin futuro.

viernes, 27 de abril de 2012

Quimioterapia social

Standard & Poor’s rebaja la calificación de la deuda española en dos grados. El desempleo aumenta hasta el 24,44%. El crédito bancario continúa asfixiado. Decenas de miles de jóvenes buscan una salida fuera de España. Estudiantes, sanitarios, sindicatos, y los del 15-M se preparan para demostrar en las calles su cabreo. Rajoy ya no sabe dónde esconderse. La situación es terrible; el horizonte plomizo; el pesimismo cunde; seguimos avanzando en un larguísimo túnel sin saber cuánto falta para llegar a la salida. Es la consecuencia del tratamiento con quimioterapia. El enfermo está muy grave. Lo estaba desde hace años, y durante demasiado tiempo han intentado curarlo a base de pomadas, masajes, analgésicos y dieta blanda. Pero la enfermedad era mucho más profunda. Es imprescindible un tratamiento agresivo. La quimioterapia tiene unos efectos secundarios dramáticos. El enfermo se queda para el arrastre, y la familia termina odiando al equipo médico, pero es la única manera de que después pueda recuperar la salud. Hay que aguantar y tener paciencia. Sin embargo, no estoy tranquilo. De momento parece que esos médicos se olvidan de los 8.300 ayuntamientos, de los 460.000 políticos que viven del dinero público, de la televisiones autonómicas, de los servicios duplicados y triplicados, de las CC.AA. que continúan gastando con alegría porque no recaudan ellas. Creo que pese a su dureza, el tratamiento va en la buena dirección. Pero temo que estén tan obsesionados con la quimioterapia que se les está olvidando que hay que extirpar el tumor.

martes, 24 de abril de 2012

Sálvese quien pueda

Ahora que parece que casi todo el mundo –a excepción de los partidos nacionalistas- va reconociendo que sí, que UPyD tenía razón, que este Estado de las Autonomías es inviable, que nos hemos pasado 8.300 pueblos –literalmente-, el gobierno central aprieta las tuercas a las CC.AA., y éstas se ven obligadas a reducir lo que siempre dijeron que no tocarían: la sanidad y la educación.

La reacción ha sido inmediata. Los maestros y profesores, y el personal sanitario, a través de sus variopintos sindicatos han visto venir la pérdida de miles de puestos de trabajo interino, y puede que empiecen a sentir el vértigo de un futurible despido de funcionarios con oposición. En otros países ha ocurrido, y no hay razón para pensar que en España no llegue a ser posible.

Por su parte, los padres de alumnos, los universitarios, los enfermos, y los candidatos a enfermos –que somos todos- también han puesto el grito en el cielo, temiéndose que van a verse perjudicados por una u otra vía.

Es curiosa la diferente vara de medir que utilizamos las personas para evaluar las situaciones y establecer soluciones. La conciencia de que existe un gasto público desmesurado es universal. La asunción de la necesidad de reducir gastos y servicios se extiende cada día más. Pero cuando llegamos a lo concreto, y esa reducción se plasma en consecuencias que nos afectan directamente a cada uno, olvidamos lo anterior, y exigimos que a nosotros no nos toquen los derechos adquiridos.

No sé si España será capaz de salir airosa de esta dura y larga prueba. Se necesitaría mucha cordura, visión de futuro, y sentido de estado por parte de los dirigentes políticos; y no son esas las características que más les distinguen. Pero haría falta también grandes dosis de responsabilidad y coherencia por parte de los ciudadanos. Si todos nos obstinamos en que los sacrificios los hagan los demás, podemos entrar en la peligrosa espiral del “sálvese quién pueda”.

viernes, 20 de abril de 2012

Recortes o reformas

Ayer defendía la necesidad de reformar el sistema sanitario -y lo mismo ocurre con el educativo, que abordaré otro día-. No se puede seguir manteniendo el espíritu de buffet libre en la prestación de servicios, porque los ciudadanos no son del todo conscientes de lo que les cuestan, y porque fomentan el abuso y la ineficiencia.

Con todo, las medidas anunciadas en Sanidad no me parecen las más convenientes. Dejando aparte el hecho de que todo el alud de medidas del gobierno deja en evidencia la falsedad y la cobardía que desplegó el PP durante la campaña electoral –hecho gravísimo en sí mismo-, en todas ellas se aprecia la imperiosa necesidad de recortar, y una insuficiente elaboración de reformas estructurales imprescindibles.

Las medidas de racionalización en Sanidad podrán ser aplicadas o no en las CC.AA., con lo que pueden aumentarse la diferencia en los derechos de los españoles en función de la región en que habitan. Si no todas las CC.AA. las aplican, el efecto esperado en cuanto a recuperar confianza de los mercados internacionales se habrá perdido en buena medida. Como viene proponiendo UPyD, habría sido necesario, primero, devolver al Estado las competencias normativas sobre estos servicios, para que la Sanidad fuera la misma para todos, aunque siguiera estando gestionada por lso gobiernos autonómicos.

Se crea, además, un sistema complejo, ligado a la renta de cada usuario, lo que supondrá un elevado coste, una mayor burocracia, y abrirá una puerta más al fraude y al chanchullo –cosas en las que somos expertos en España-. Nada garantiza que muchos médicos vayan a dejar de recetar alegremente todo lo que le piden sus pacientes. Nada garantiza que los pensionistas –y ahora también los parados sin prestación- sigan consiguiendo recetas para toda la familia. No se hace nada para evitar el abuso de las urgencias, ni de las consultas de atención primaria.

En definitiva: un parche para ir tirando. Una leve mejora respecto a lo anterior. Pero todavía muy lejos de una reforma que fomente la responsabilidad de los usuarios y del personal sanitario. Aceptamos el recorte. Pero esperamos la reforma.

jueves, 19 de abril de 2012

Sanidad de buffet libre

El gobierno ha anunciado una reforma sanitaria que incluye el pago parcial de los medicamentos por parte de los pensionistas. Pagarán el 10% de su importe, con un máximo mensual entre 8 y 18 euros, según sus ingresos. También pagarán un 10% más los trabajadores en activo, y en cambio no pagarán nada los desempleados sin prestación.

La reacción de una parte de la opinión pública ha sido explosiva: inadmisible; ataque a la sanidad; los jubilados tendrán que escoger entre comer o medicarse; afectará a la salud de los más pobres, etc. Me pregunto por qué en España tenemos tanta dificultad para contemplar con serenidad los asuntos. Aquí no hay términos medios: o las cosas son maravillosas o terroríficas. Ángeles o demonios.

Resulta increíble la ceguera de aquellos que no entienden que el sistema actual es completamente irracional, además de insostenible. No es razonable que España se haya convertido en el primer destino mundial de turismo sanitario, porque aquí se proporciona sanidad gratuita a cualquiera que viene. No tiene sentido que un mileurista con dos hijos pague el 40% de los medicamentos, y un jubilado con pensión de 3.000 euros los obtenga gratis. No es eficiente que las urgencias se utilicen generalizadamente en sustitución de la atención primaria. No puede ser que los botiquines domésticos estén atiborrados de medicamentos. No es legítimo que familias enteras obtengan medicinas gratis a través de la tarjeta sanitaria del abuelo.

Se argumenta, con razón, que ya pagamos la sanidad a través de las cotizaciones y los impuestos. El gran fallo de este método es que existe gran distancia entre el que paga y el que recibe. Todos pagamos la sanidad –la utilicemos o no-, pero al no pagar según su uso, se dispara la tendencia a abusar del sistema. Igual que ocurre en los restaurantes de buffet libre: al mismo precio, la gente tiende a atiborrarse, y al que sólo se come un plato de ensaladilla se le pone cara de idiota.

Con todo, creo que la reforma anunciada no va a terminar con las ineficiencias. Pero eso lo explicaré mañana.

martes, 17 de abril de 2012

Hítler y los recortes

La ex-vicepresidente del Gobierno, M. T. Fdez. de la Vega, ha relacionado las políticas de austeridad actuales con el ascenso al poder de Hítler.

Como siempre que se hace una comparación con Hítler, la intención es sacudir a alguien, en este caso al gobierno del PP. Pero, aparte de eso, hay algo de verdad en las palabras de De la Vega. La Alemania de los años 20 padeció las durísimas condiciones que los Tratados de Versalles habían impuesto como reparaciones de guerra, en 1919. Se produjo una inflación desorbitada, y se llegaron a utilizar meros papeles como sustitutos del dinero. La patria de Kant y de Hegel no podía resignarse a ser los pordioseros de Europa, y el discurso de Hítler tenía el terreno abonado.

Nadie sabe cómo puede terminar la profunda crisis en la que se debate España. Tanto la situación del país como las circunstancias internacionales son muy diferentes a las de 90 años atrás. Pero no deberíamos dejar de preocuparnos, y convendría exigir a los líderes políticos de todos los partidos una visión más amplia que la mezquina de intereses electorales que suelen exhibir.

No es el hambre lo que provoca revoluciones y las guerras. Países en los que millones de personas viven en la penuria se mantienen pacíficamente, soportando su destino con resignación. Lo que da lugar a las explosiones sociales es la frustración de las expectativas, con independencia del nivel objetivo de bienestar que tenga una sociedad. Un habitante de Somalia no se moverá si mañana sigue igual que hoy: sin poder comer más que un puñado de arroz. En cambio, un chaval de París o de Madrid puede llegar a asaltar el Elíseo o La Moncloa si de repente se queda sin poder echar gasolina a su moto.

viernes, 13 de abril de 2012

Padres al cole

El chico, de 14 años, ha suspendido todas las asignaturas. El padre, indignado, ha ido a hablar con el tutor, y ha exigido entrevistarse con cada uno de los profesores de cada asignatura. Aunque no es el procedimiento habitual, porque para eso está la figura del tutor, el jefe de estudios accedió, y el padre fue visitando a cada profesor.

¿Quería saber cuáles eran los puntos débiles de su hijo? ¿O preguntar de qué manera podría él contribuir desde casa a que el chico estudiara más?

No. Era que el padre no estaba de acuerdo con las calificaciones. Exigió ver los exámenes, y las notas que habían merecido los trabajos realizados por su hijo en casa. No estaba de acuerdo con ellas: “Este trabajo NOS ha costado hacerlo casi diez horas a mi hijo y a mí. No puede ser que le ponga un 4”.

Me pregunto quién debería ir a cole ¿el hijo o el padre?

miércoles, 11 de abril de 2012

Escuelas democráticas

Algunos padres y maestros defienden la existencia de las llamadas “escuelas democráticas”, en las que los alumnos serían los responsables de su propio proceso educativo. Ellos decidirían qué aprender y qué no aprender; ellos decidirían cómo organizar las clases; no habría exámenes ni calificaciones; y los alumnos (?) podrían dedicar al juego todo el tiempo que desearan.

Se trata de una idea que ya surgió a finales del siglo XIX, y que –a primera vista- parece atractiva, y más aún a la vista del alto grado de fracaso escolar que produce el sistema generalmente aceptado. Además, contiene elementos de indudable interés, como el papel de la mediación en la resolución de conflictos; el fomento del debate y de la toma de decisiones por mayoría. Sin embargo, el hecho de que sea la antítesis del autoritarismo exacerbado no hace que la “escuela democrática” se convierta en la mejor vía para la educación y el aprendizaje. Ni un extremo, ni otro.

Si profundizamos más allá del mero voluntarismo bienintencionado, pronto veremos que se trata de una propuesta idílica, pero que contradice buen número de realidades biológicas, psicológicas, y sociales. Quizá bastaría decir que si la idea fuera tan buena como creen sus defensores, no se explica que –tras más de cien años- no haya conseguido extenderse en ningún país del mundo.

Surgen, además, muchas dudas: ¿a qué edad se inicia? ¿a los tres años, a los seis, a los doce? Si es a los tres, ¿deben decidir los niños democráticamente a qué hora se van a la cama o cuándo se duchan? Si es a los seis, ¿deciden ellos qué programas de televisión pueden ver o qué alimentos toman? Si es a los doce, ¿ellos deciden cuándo tienen que ir al médico? Por otra parte, ante la ausencia de evaluaciones y calificaciones ¿cómo se garantiza que al final de la escolarización estén capacitados para acceder a una universidad? ¿cómo pueden saber los padres si van evolucionando adecuadamente en la adquisición de conocimientos?

La idea puede ser atractiva, sí. Pero olvida que el aprendizaje requiere ciertas condiciones: curiosidad, esfuerzo y constancia. Y lo cierto es que no todos los niños poseen esas cualidades en el mismo grado ¿qué hacemos si una mayoría de niños de una clase tienen poca curiosidad, pocas ganas de esforzarse, y ninguna constancia? ¿tiene que resignarse la minoría que sí tenga esas cualidades a avanzar al ritmo de los más perezosos mayoritarios?

Y por último: el proceso educativo –como otras actividades humanas- no es igualitario. No puede serlo porque no es simétrico. El profesor, igual que los padres, ocupan una posición diferente, y superior en su ámbito, a la de los alumnos y los hijos. Exactamente igual que en un quirófano el cirujano no está en el mismo plano que el paciente. Igual que el capitán de un barco no lo está respecto a los pasajeros. El capitán de un barco sabe a dónde tiene que ir el barco, sabe qué rumbo hay que seguir, qué velocidad conviene, y cómo organizar a la tripulación. Los pasajeros no pueden decidir democráticamente cómo se gobierna un barco. Los alumnos tampoco puede decidir cómo se lleva una clase. Los experimentos, con gaseosa.

martes, 10 de abril de 2012

El general del miedo

En “El cabo del miedo”, Robert de Niro es un malo muy malo que acosa a la familia de un abogado para vengarse de él. En el interminable final, Robert de Niro parece indestructible, y una y otra vez resucita después de haber sido, aparentemente, liquidado.

Igual que en España. En 2010, un gobierno visionario que estaba a punto de suicidarnos cambió por completo su política en el último minuto. Pero el fantasma del terror reapareció. Hace cuatro meses llegó otro gobierno que parecía tener más capacidad para afrontar la crisis con reformas profundas. Pero la crisis volvió amenazante. Subió los impuestos; promulgó una reforma laboral; presentó unos presupuestos severos; reformó el sistema financiero. Pero la amenaza se levantó de nuevo. El nuevo gobierno se desdijo de sus promesas, y anunció recortes en Sanidad y Educación. Pero me temo que tampoco va a ser el final.

España se mueve a tropezones, huyendo de la fiera. Improvisando sobre la marcha, sin un plan global y coherente. El gobierno dilapida la legitimidad de su mayoría absoluta apretando el cinturón de los españoles. Pero se resiste a apretar el cinturón de los que viven de la política y aledaños. Siguen ahí las televisiones públicas; las diputaciones, las comarcas, las CC.AA. infladas de altos cargos, empresas públicas y funcionarios. Sigue el maná de las subvenciones a partidos, sindicatos y patronales.

Y lo peor de todo: a diferencia de la película, aquí la familia está dividida. Son incapaces de hacer frente común ante el asesino. PP y PSOE no se han enterado de que ha terminado la campaña electoral. Siguen atizándose unos a otros mientras la ruina del país se acerca cada día un paso más. Son unos despreciables incapaces de aparcar sus rencillas particulares para afrontar unidos la terrible amenaza. El país contiene el aliento. El miedo se generaliza.

No es una película. No es “El cabo del miedo”. Es el general del miedo.

martes, 3 de abril de 2012

Los derechos de Cándido Feliz

Cándido Feliz era un jubilado que se había embarcado en un crucero por el Mediterráneo. Antes de la partida del gran trasatlántico había memorizado el recorrido previsto, había estudiado el plano de la nave, y conocía al dedillo los servicios existentes y las actividades previstas.

La penúltima noche se iba a celebrar la cena de gala y el baile de disfraces, mientras el barco navegaba rumbo a Barcelona. Cándido Feliz estaba en su camarote, vistiéndose para la ocasión, cuando se apagó la luz. Muy enfadado salió al pasillo dando voces. Un camarero le explicó que había habido un pequeño problema con el sistema eléctrico, pero Cándido no se dio por satisfecho: “La luz no puede fallar en este barco. Tengo derecho a poder vestirme tranquilamente”.

Pasó más de media hora hasta que otro camarero pasó anunciando a gritos: “Por razones técnicas se ha suspendido la cena de gala”. Explicó mientras continuaba recorriendo los pasillos que el barco había chocado con un pesquero y había una pequeña vía de agua. Cándido empezó a enfadarse de verdad: “No es culpa mía si el capitán es un inútil. Tenemos derecho a esa cena. La hemos pagado”.

Se dirigió a cubierta. La gente corría de un lado a otro muy nerviosa. Un oficial pedía calma, anunciando que no había peligro, y que se dirigían al puerto de Valencia. Cándido Feliz gritó furioso: “¡Cómo que a Valencia! Tenemos que ir a Barcelona. Tengo derecho a ir a Barcelona”.

La confusión aumentaba mientras el barco se inclinaba hacia estribor. Un tripulante le ordenó que se pusiera un chaleco salvavidas y que hiciera cola para subir a un bote de salvamento. “De ninguna manera. He pagado mi pasaje. No me pueden obligar a abandonar el barco y meterme en un bote. No estoy dispuesto a perder mis derechos”.

El barco naufragó. Afortunadamente, 786 personas, entre tripulación y pasajeros se pusieron a salvo a tiempo. Sólo hubo que lamentar dos víctimas mortales: un viajero que no se había enterado de nada porque estaba borracho en su camarote. y Cándido Feliz, al que no hubo manera de convencer de que todos sus derechos quedaban en suspenso en caso de naufragio.

sábado, 31 de marzo de 2012

Economía de guerra

El debate sobre las consecuencias de la huelga general ha sido completamente anegado por la marea de indignación que han provocado los Presupuestos del Estado para 2012.

Casi todo el mundo se va a ver afectado más o menos directamente. Sube la electricidad; habrá que pagar tasas judiciales; se despedirá personal laboral de los ministerios; se reduce la ayuda a la cooperación; las obras públicas se paralizan; sube el impuesto de sociedades; y casi desaparece la ayuda a la dependencia. A todo eso habrá que sumar las medidas equivalentes que van a tener que tomar las CC.AA.

La situación es crítica, aunque son muchos los que no se han enterado y siguen clamando por “no perder derechos”. Olvidan que los derechos están siempre supeditados a la posibilidad real de hacerlos efectivos. En docenas de países de África los derechos de la Carta de Naciones Unidas son una broma, porque es imposible aplicar el derecho a la educación en un país en el que no hay ni escuelas ni maestros.

Por duro que resulte, es imprescindible hacer recortes. Pero un gobierno tiene que dotarse de legitimidad moral para conseguir que la gente acepte los sacrificios. Y, en mi opinión, este gobierno acaba de perderla por dos razones: a) del recortazo se salvan los partidos políticos y los sindicatos, que van a seguir recibiendo miles de millones en subvenciones; b) la amnistía fiscal a los evasores supone un mazazo a la conciencia colectiva, alienta la corrupción, castiga la honradez, y fomenta la picaresca generalizada –algo que ya gozaba de excelente salud en España.

Se ha definido la situación como de “economía de guerra”, y el símil me parece acertado. Pero va a ser imposible que los ciudadanos se pongan en esa terrible situación si ven que existen barrios donde nunca caen bombas, y que se entregan medallas a los desertores.

“Economía de guerra”

viernes, 30 de marzo de 2012

La gran depresión

El 29 de octubre de 1939, en el llamado jueves negro, se inició la Gran Depresión que afectó dramáticamente a los países más desarrollados durante toda la década de los años 30.

Otro jueves, otro 29, en este caso de marzo, ha tenido lugar la huelga general auspiciada por la izquierda contra las reformas de un gobierno de derechas elegido por mayoría absoluta hace tres meses. Y en el contexto de una fuerte crisis financiera internacional, con una economía sobreendeudada, un Estado de Bienestar en demolición, una estructura del Estado sobredimensionada, unas instituciones que no se fían unas de otras, y una sociedad polarizada entre izquierdas y derechas fanatizadas, y entre separatistas e integradores.

Por si fuera poco, hoy se presentan unos presupuestos del estado de infarto, que van a reducir el gasto y la inversión pública de manera que producirán un importante aumento del desempleo –aún más. Y para terminar, los líderes Méndez y Toxo –no sé a qué esperan para contraer matrimonio- anuncian una espiral de movilizaciones “de la calle”.

No sé si esto puede ser el comienzo de otra gran depresión en España. Pero yo me voy a la farmacia a comprar dos carretillas de Prozac. Por si acaso.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Podar, regar, abonar, fumigar, recortar

Reconozco que la jardinería no es lo mío. Pero parece elemental que para que un árbol fructifique, primero hay que podar las ramas sobrantes, después regarlo y abonarlo de manera suficiente, y por último recortar aquellos brotes superfluos.

No es ningún secreto que, en lo económico, España es actualmente un árbol en muy mal estado. A pesar de que algunos visionarios creyeron vislumbrar brotes verdes hace ya mucho, la realidad es que la planta está marchita, y que en las próximas cosechas se esperan pocos frutos, y nada jugosos.

Cuesta entender por qué el nuevo jardinero se empeña en limitarse a recortar –cuando ya se destituyó al anterior por lo mismo-. Hay que recortar, sí. Pero primero hay que hacer una poda atrevida, eliminando el exceso de ramas autonómicas, locales, y nacionales.

Se necesita un riego generoso, cambiando un sistema educativo que produce demasiada sequía intelectual. Hay que hacer que los estudiantes se esfuercen para aprender y que se acostumbren a pensar, y no que se conformen con “sacar” un título, y dejarse mecer por las consignas del telediario.

Hay que abonar convenientemente con políticas de estímulo a las empresas y a los innovadores, y con inversiones públicas que promuevan el desarrollo económico, y no con otras orientadas al boato y la apariencia.

Hay que fumigar enérgicamente para hacer desaparecer las nutridas colonias de parásitos; o, al menos, para que no subsistan a costa del árbol. Sobran cargos públicos, sobran sindicalistas liberados, sobran asesores, sobran enfermos simulados, sobran parados inmóviles, sobran cazadores de bicocas.

Sólo después de todo eso serán beneficiosos los recortes. Ni este gobierno ni el anterior pueden ser tan estúpidos como para no saberlo. Si a pesar de todo se obsesionan en limitarse a recortar, pueden terminar matando al pobre árbol. ¿Por qué no lo hacen, entonces? Sólo se explica porque todas y cada una de las hojas votan, las sanas y las podridas, y aquí nadie hace nada que le pueda costar un voto.

martes, 27 de marzo de 2012

Mentiras piadosas

Ha llamado mucho la atención el estrepitoso fracaso de todos los institutos de opinión a la hora de prever los resultados electorales en Andalucía. Ya no es que las encuestas vaticinaran la victoria de unos u otros, según quién las hubiera encargado. Es que todas ellas coincidían en que el PP ganaría ampliamente, y la única duda era saber si obtendría una mayoría aplastante, o simplemente absoluta.

¿Qué les ha pasado a los expertos? ¿estaban mal diseñadas todas las encuestas? ¿las preguntas estaban mal formuladas? ¿ha habido sesgos generalizados?

Creo que en este caso ha operado un sesgo difícil de calcular matemáticamente: el sesgo de la mentira piadosa. Muchos de los que han recibido la llamada telefónica de un encuestador se han visto en un brete al tener que decir a quién penaban votar. Pensemos en un andaluz de un pueblo cualquiera. Está cobrando el PER, y la familia se defiende bien, ya que un hijo trabaja para la Junta contando pájaros en los parques, y la hija obtiene un sueldo en una ONG que promociona el flamenco, y que sobrevive gracias a la subvención anual. Su estabilidad depende de que sigan gobernando los mismos, y nadie es tan heroico como para suicidarse por el bien común.

Pero los de siempre llevan gobernando 30 años, y Andalucía se mantiene a la cola de casi todos los indicadores de bienestar y prosperidad. Además, se ha sabido que los de siempre han utilizado el dinero público a su antojo, han creado empresas fantasmas, han falseado expedientes, y hasta ha derrochado el dinero de todos en drogas y putas. Nadie con un mínimo de información –y de vergüenza- admitiría que va a votar a semejante tropa.

El dilema creado por la llamada del encuestador sólo tiene una salida. La única que permite mantener la dignidad y no suicidarse: la mentira piadosa. ¿Y dígame: quién cree que votará en las próximas elecciones? Y tras un breve carraspeo suelta la respuesta mágica: “Al PP”. ¿Por qué has dicho eso, José? Mujer… ¡qué iba a decir!

Y hasta los del PSOE se lo habían creído.

lunes, 26 de marzo de 2012

Andalucía y Casablanca

El PP ha ganado las elecciones en Andalucía. Pero esto va a caer pronto en el olvido porque lo que cuenta no es ganar sino gobernar. Y en Andalucía van a seguir gobernando los mismos. Con menos desparpajo –desvergüenza dirían algunos-. pero seguirán gobernando. Desde hace 75 años, en Andalucía sólo han gobernado dos partidos: el Movimiento de Franco, y el PSOE.

Ni el asunto de los EREs fraudulentos, ni las francachelas a base de coca y putas, ni el reparto de enchufes de variado voltaje a amigos y familiares han bastado para que los electores abrieran las ventanas para ventilar el establo. Tampoco unos trajes y una oscura trama de cambalaches dieron lugar, hace 10 meses, que los valencianos ventilaran los despachos del gobierno.

¿Por qué es tan benevolente la sociedad española con la corrupción? Dice Carlos Rodríguez Braun, en La Razón, que la sociedad española hace como el capitán Renault, en Casablanca, cuando finge escandalizarse y cierra el local de Rick ¡porque aquí se juega! Yo creo que no es así. Y la prueba es que los electores españoles no han cerrado el garito a los Ricks de Andalucía. Y no lo han cerrado porque allí son mayoría los que juegan.

Sólo hay una explicación para esa tolerancia a la corrupción: el cáncer no está localizado en unos cientos de políticos. El cáncer está tan instalado y extendido en la sociedad que ya no parece una terrible enfermedad. Igual que un negro podría llamar la atención en Vladivostok, pero pasaría desapercibido en Yamena. En un país en el que nos colamos en la fila del cine, nos llevamos el cenicero del bar, copiamos en los exámenes, falseamos los datos para conseguir colegio para el niño, o hablamos con nuestra vecina la enfermera para que nos pasen primero a la consulta, la corrupción no está mal vista. Lo que es de mal gusto es dejarse pillar.

viernes, 23 de marzo de 2012

La SGEA. Sociedad General de Egoísmo Autonómico

Cataluña pretende recibir compensaciones por los estudiantes de otras CC.AA. que estudian en universidades catalanas.

Un pasito más en el largo camino hacia la desmembración de España en pedazos cada vez más inconexos. Un paso más hacia el ombliguismo aldeano, hacia la regresión, hacia la vuelta a la época feudal.

Puedo imaginar el paisaje que se esconde tras ese horizonte que tanto anhelan los nacionalistas de toda laya. Será obligatorio que cada ciudadano lleve un emisor que permita situarlo geográficamente en cada momento. Así controlados los movimientos, un potente sistema –la SGEA- establecerá múltiples compensaciones interregionales para equilibrar los pagos. Cada CC.AA. de origen tendrá que abonar cánones por la utilización que hagan sus ciudadanos de los bienes y servicios de otras. Canon para estudiantes de fuera; para los que vayan a las fallas, a los sanfermines o a la Semana Santa de Sevilla; para los que pidan una tapa de jamón de Jabugo sin ser andaluces; para los que beban agua del Ebro sin haber nacido en Aragón; y para los que se bañen en el Mediterráneo sin ser peces.

Estamos construyendo un Estado de Derecho con pies de barro: hemos confundido los derechos de los ciudadanos con los supuestos derechos de los territorios.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Presunción de impunidad

El ex-presidente de Baleares ha sido condenado a seis años de cárcel. El ex-director general de Trabajo de Andalucía debe estar haciendo un cursillo intensivo de integración a la vida carcelaria. Iñaki Urdangarín puede estar preguntándose si son más cómodas las prisiones españolas o las estadounidenses.

Por lo que se sabe de esos casos –a falta de sentencia en los dos últimos- llama la atención la despreocupada alegría con la que algunos cargos públicos perpetran sus fechorías. No es que arañaran unas migajas y las depositaran en un oscuro rincón de la casa. Es que amasaban millones y los dilapidaban ostentosamente, a la vista de todos. Las grandes mansiones y las obras de arte son cosas que se ven. Incluso las drogas y la prostitución dejan huella. Siempre hay testigos.

¿Por qué personajes relevantes se juegan su prestigio y su libertad de una manera tan descarada? ¿Acaso creen que ellos son más listos que nadie?

Es posible que algo de eso haya. Pero me parece que, sobre todo, han asimilado la noción de impunidad. Esa impunidad que tradicionalmente ha amparado a los poderosos en España. La misma que disfrutaron los nobles, en su tiempo; y los adeptos al el Régimen, durante el franquismo. Es el fracaso de la premisa democrática de igualdad ante la ley, que muchos todavía no se han creído –quizá porque han visto que no se aplica-.

En España están en vigor miles de leyes y reglamentos. Es imposible hacer que se cumplan todos ellos. Así que el truco consiste en saltárselos alegremente, ya que la probabilidad de que le pillen a uno es escasa. Miles de estafadores y ladrones de guante blanco –o gris- se pasean impunemente por las calles. Saben que si no hay una ex-mujer despechada, un ex-secretario rencoroso, o un ex-chofer vengativo, es poco probable que nadie les pille.

Se habla constantemente de la presunción de inocencia; pero lo que impera es la presunción de impunidad.

martes, 20 de marzo de 2012

Recortar recortadores

Desde que hace diez meses el presidente Zapatero se cayó del caballo, camino de Bruselas, el único negocio floreciente en España es el de los fabricantes de tijeras. Empresas, familias, alcaldes, consejeros autonómicos y ministros andan por ahí con unas tijeras en la mano, recortando todo lo que se les ocurre.

El gobierno del PSOE fue el primer gobierno que ha recortado el sueldo de los funcionarios. El gobierno de CiU ha sido el primero gobierno que ha recortado las recetas de farmacia. El gobierno del PP ha sido el primer gobierno que ha subido los impuestos un mes después de haber jurado por la memoria de Adam Smith que no lo haría. Se recortan ayudas, subsidios, subvenciones, inversiones, coches, electricidad y fotocopias.

Muchos estamos de acuerdo en que era insostenible el nivel general de gastos en el que se había acomodado plácidamente la sociedad española. y con ella los políticos que les venían cebando a base de millones para que picaran el anzuelo del voto. Sobran dispendios, prebendas, privilegios, lujos, trampas, enchufes y bicocas. Y sobran cazadores de chollos dispuestos a colgarse de la ubre de la vaca.

En España siempre nos movemos a pendulazos. Después de padecer una plaga de políticos derrochadores, ahora nos toca sufrir a una epidemia de políticos recortadores. Pero aún no hemos dado el paso definitivo: lo que necesitamos urgentemente es recortar recortadores. Sobran políticos en todos los niveles de la administración. Para gestionar una nación hacen falta pocos políticos, pero inteligentes y honrados, y pocos funcionarios, pero trabajadores y eficientes.

El exceso de políticos gastadores nos ha traído al borde de la quiebra. El exceso de políticos recortadores nos puede llevar al borde de la asfixia.

viernes, 16 de marzo de 2012

Copago/repago/ultrapago

Tras la implantación en Cataluña de una tasa por receta médica, el debate sobre el llamado “copago” ha estallado por fin. Se discute si podría ser un modelo lineal, como el catalán, o bien de pago selectiivo, en función de la renta. Unos argumentan que debería aplicarse a todos los usuarios, y otros aducen que deberían quedar exentos los enfermos crónicos, o los pensionistas de menores ingresos, o los parados.

Está claro que las cuentas de este Estado de Bienestar de hojalata no salen. Se impone equilibrarlas, y eso sólo se puede hacer reduciendo el gasto o aumentando los ingresos. Pero dada la magnitud del desaguisado, tendrá que ser por las dos vías simultáneamente.

Con esto del copago/repago/ultrapago parece que los políticos van a volver a liarlo todo. Porque si se trata de reducir el gasto, lo razonable es introducir mecanismos disuasorios del consumo innecesario. Quién más, quién menos, tiene una pequeña farmacia en casa. Cientos de millones despilfarrados para mayor gloria de los laboratorios farmacéuticos.

En cambio, si se trata de aumentar los ingresos, lo razonable es dar la cara y subir los impuestos directos o indirectos, y no hacerlo a través de las recetas médicas. Gravar las recetas de manera selectiva sería un impuesto a la vez directo e indirecto. Directo porque pagarían más los que más ganan, e indirecto porque sólo lo pagarían los que consumen medicamentos.

Apenas reduciría el gasto porque los que más medicamentos consumen continuarían haciéndolo sin sobrecoste alguno. Y abriría otra puerta –una más- a la trampa y al chanchullo: “abuelo, pídele a tu médico la receta del ansiolítico de la niña”; “Manolo, tú que estás en paro, ve a pedir las recetas del antibiótico de tu hermano”.

Muchas cosas son las que tienen que cambiar en España si no queremos caer al agujero de la ruina. Una de las fundamentales es terminar con la noción del “gratis total”. Nada es gratis total –excepto pasear y tomar el sol-, y eso tenemos que aprenderlo todos: ricos y pobres; jóvenes y viejos.

De todas las necesidades humanas, la más urgente es la alimentación. ¿Por qué no se establecen precios distintos en los supermercados para los jubilados y los parados? No se entiende por qué queremos hacer con los antihistamínicos lo que a nadie se le ocurre hacer con las pechugas de pollo.

jueves, 15 de marzo de 2012

Autonomía o bienestar

En el debate de ayer en el Congreso, Rosa Díez ha señalado que en España “Tenemos que optar entre si reajustamos el Estado de las Autonomías o reajustamos el Estado de Bienestar”.

Una elección dolorosa. Igual de doloroso que es para una familia humilde escoger entre renunciar a tomar postre en las comidas, o prescindir de encender la estufa en invierno. A la gente le gusta el postre y le gusta no pasar frío. A los políticos les gusta el Estado de Bienestar porque les da votos, y les gusta el Estado de las Autonomías porque les proporciona miles de cargos para repartirse.

Muchos ciudadanos creen que ambas cosas son imprescindibles. Durante la transición nos vendieron la democracia como la panacea de todos los males, y nos vendieron las autonomías como el summun de la felicidad. Desde Cataluña hasta Andalucía, pasando por Canarias y Aragón, millones de españoles abrazaron ilusionados las banderas autonómicas. ¡Qué bien! Ahora no decidirán por nosotros desde Madrid. Ahora decidiremos “nosotros”.

Y se quedaron tan contentos, aunque los millones de ciudadanos continuaron sin decidir absolutamente nada. Lo único que podían hacer era votar cada cuatro años a los que iban a decidir por ellos. Eso sí: ahora podían votar a un político de su pueblo. A nadie le importó mucho si ese político estaba capacitado o no; si era honrado o no; si era eficiente o no, o si el sistema era muchísimo más caro. Lo importante es que decidiera alguien de su pueblo.

Nos vendieron las autonomías como el summun de la felicidad. Pero se les olvidó explicarnos cuánto dinero nos iba a costar la juerga. Ahora la vaca no da para todo. Y los políticos de todas las CC.AA. vuelven a intentar engañarnos. Ante la necesidad de reducir gastos o aumentar impuestos, sólo aluden a que no se puede recortar en sanidad o educación. Nos amenazan con quitarnos la calefacción en invierno, pero nos ocultan que se puede prescindir del postre. Porque el postre se lo comen ellos, claro.

Hay que felicitar a Rosa Díez por poner el acento en el nudo gordiano. Hoy por hoy, UPyD es el único partido que se atreve a decirnos lo que hay: o reajustamos el Estado de las Autonomías o reajustamos el Estado del Bienestar.

lunes, 12 de marzo de 2012

La nueva lucha de clases

En noviembre de 1989 el Muro de Berlín se vino simbólicamente abajo, y con él todo el paradigma del comunismo como proyecto de organización social justa y eficiente. De golpe, una carretilla de conceptos fueron a parar al almacén de trastos inservibles: proletariado, burguesía, conciencia de clase, enajenación, dialéctica, valor de uso, o lucha de clases.

Los marxistas quedaron desnudos ante la Historia. Para defenderse del intenso frío que impera lejos del poder, la mayoría de ellos se compraron un traje de socialdemócratas –de esos que no necesitan plancha-, para poder presentarse ante el electorado sin los harapos del viejo mono proletario. Cambiaron de look. pero no abandonaron la fe ciega en sí mismos, convencidos de estar dotados de una superioridad moral congénita. Sólo descafeinaron la apariencia. Dejaron de ser el proletariado enfrentado a la burguesía para ser los progres enfrentados a la derecha. Cuestión de palabras.

El desarrollo de una numerosa clase media amortiguó la vieja lucha de clases. Es imposible presumir de proletario cuando se posee un piso de 90 metros, un monovolumen, un hijo estudiando ADE, y tres tarjetas de crédito. Así que se inventaron otra lucha de clases para mantener la tensión –Zapatero dixit-. Si la lucha entre proletarios y burgueses había terminado en tablas, ahora había que imponer la lucha “de género”: hombres contra mujeres. Mujeres contra hombres. A medida que el 1 de mayo perdía fuerza, iba ganando importancia el 8 de marzo.

Día de la mujer trabajadora. Ministerios para las mujeres. Institutos para mujeres en CC.AA y ayuntamientos. Cursos para mujeres. Talleres para mujeres. Eventos para mujeres. Premios literarios para mujeres. Juzgados para mujeres. Leyes para mujeres. Un paciente trabajo de mentalización social para convencer a las mujeres de que los hombres son sus enemigos, y para convencer a los hombres de que son casi un error de la naturaleza.

Siempre el fanatismo amenazando la paz. Fanatismo religioso, fanatismo ideológico, y ahora fanatismo de sexo. Todo para ocultar que un musulmán es lo más parecido a un cristiano, pero sin cruz; que un proletario es lo más parecido a un empresario, aunque sin dinero. Que una mujer es lo más parecido a un hombre, pero sin pene; y que un hombre es lo más parecido a una mujer, pero sin poder dar a luz. El caso es que la gente tenga siempre un enemigo al que odiar. El caso es que tengan miedo a alguien.

miércoles, 7 de marzo de 2012

La equivocación del imán

La policía acusa al imán de Tarrasa de incitar a los fieles a maltratar a sus mujeres. Les instruía para golpearlas con un bastón o con los puños, pero sin romperles huesos ni hacerles sangre.

No es ninguna novedad que el Islam considera a las mujeres como seres de segunda clase. Las confina al hogar, las excluye del protagonismo social y político, y las condena a vivir siempre tuteladas por la autoridad de un varón. Las palabras del imán de Tarrasa no habrían provocado ni un pestañeo en Rabat, en Teherán o en Riad. Pero en España producen una mezcla de horror y asco. No es que podamos presumir de que aquí han desaparecido por completo los comportamientos machistas individuales; pero sí que existe un consenso general respecto a la igualdad entre hombres y mujeres, en cuanto a derechos, dignidad y capacidad.

La noticia ha saltado en todos los informativos del país. Será interesante observar la reacción de los grupos que más destacan en su “defensa” de las mujeres. Desde los partidos de izquierda hasta los que se acogen al paraguas de “intelectuales y artistas”, pasando por toda clase de asociaciones feministas.

Puede que me equivoque, pero tengo la impresión de que todos esos movimientos que tan activos se muestran en defensa del aborto, de la conciliación laboral, o de la igualdad de salarios; y que tanto luchan contra la discriminación en el trabajo, en el hogar, y contra la violencia afectiva (ellos dicen “de género”), van a ser mucho más tibios para condenar al imán. No sé si en aras de la alianza de civilizaciones, porque el imán no es católico, o porque los imanes no están encuadrados en “la retrógrada derecha española”.

Habrá que estar atentos para ver cuántas manifestaciones se convocan contra el imán. Si no las hay, habrá que preguntarse por qué para esos grupos consideran una afrenta que un hombre diga un piropo a una compañera de trabajo, y las palabras del imán sólo son una desafortunada equivocación.

viernes, 2 de marzo de 2012

El enfermo está muy malito

El enfermo está muy malito. Desde hace años está afectado por varias enfermedades graves. Por sus venas corre poca sangre, que bombea con dificultad un corazón debilitado. El 23% de sus células están inactivas. Padece un extraño proceso alérgico que consiste en que las dos mitades –derecha e izquierda- de su cuerpo se rechazan mutuamente lo que produce un sarpullido generalizado, y náuseas y vómitos constantes. El sistema nervioso central actúa erráticamente, y no coordina los movimientos de las extremidades. No puede caminar porque las piernas no se mueven una al compás de la otra. Sus órganos vitales no cumplen las funciones para las que están diseñados: el hígado quiere filtrar la sangre; los pulmones intentan producir insulina; el páncreas intenta digerir los alimentos; los ojos quieren oír, y los oídos quieren mirar.

El cerebro está confuso. En sus frecuentes delirios no distingue sueños de realidades. Los neurotransmisores descompensados alteran todas las emociones. La debilidad y la fiebre le impiden pensar racionalmente.

En una sala están reunidos los médicos. No se ponen de acuerdo ni en el diagnóstico ni en el tratamiento. Llevan meses discutiendo sobre cómo organizar el hospital. No quieren que el enfermo se muera, pero lo que más les preocupa es su futuro: todos quieren ser el nuevo director, todos quieren una jefatura de servicio, todos quieren los mejores despachos.

El enfermo está muy malito. Tendido en su cama respira con dificultad. Necesita silencio, pero tampoco lo tiene. La habitación rebosa de familiares que gritan sin parar. Se insultan unos a otros echándose mutuamente la culpa de la situación del enfermo. Todos culpan también a los médicos. Protestan, salen en tumulto para exigir que alguien cure al enfermo. Recorren los pasillos empujando a las enfermeras. Enfurecidos, arrasan la farmacia y queman los quirófanos.

Los médicos discuten sobre el alboroto:
– Es urgente curar al enfermo.
– Sí, pero primero habrá que calmar a los familiares.
– Antes que nada tenemos que arreglar el calendario de guardias.
– No. El primer paso es nombrar un director.
– Pero según a quién se nombre, conmigo no contéis.

El enfermo está muy malito.

martes, 28 de febrero de 2012

El Estado de Aullidos

En el Coliseo de la antigua Roma, el pueblo participaba en las grandes decisiones del imperio. Tras los combates de gladiadores, expresaban ruidosamente su estado de ánimo, y pedía al emperador que diera muerte a unos o que salvara la vida a otros.

En la España del siglo XXI, una parte del pueblo recupera aquella costumbre. En pocos días hemos visto ese método de participación a la entrada de dos juzgados. A la entrada de Baltasar Garzón en el Tribunal Supremo el pueblo rugía “¡César, sálvalo!”. A la entrada de Iñaki Urdangarín a los Juzgados de Palma de Mallorca el pueblo aullaba: “¡César, mátalo!”.

Dos mil años para transitar desde un imperio teocrático hasta un Estado de Derecho. Diez años para pasar de un Estado de Derecho a un Estado de Aullidos. A medida que pierden crédito las instituciones democráticas –desde las Cortes hasta los tribunales, pasando por las CC.AA., los sindicatos y los partidos políticos-. el pueblo va recuperando la confianza en el aullido, cómo método de participación.

No importa que haya elegido democráticamente un nuevo gobierno hace sólo tres meses: es el momento de salir a la calle para aullar contra las decisiones de ese gobierno. No importa que el poder judicial sea independiente –o casi-, y que los jueces ejerzan su función ateniéndose a las leyes y a su recto criterio: hay que aullar a la puerta de los juzgados para señalar a los magistrados el camino.

Durante la transición los políticos le dijeron al pueblo que la democracia era el elixir milagroso que garantizaba la justicia, el bienestar, la prosperidad y la felicidad. Pero durante los últimos treinta y cinco años nadie se ha molestado en explicar al pueblo en qué consiste realmente la democracia. Ahora, en unos momentos en que parece que todo se derrumba bajo nuestros pies, no puede extrañarnos que tantos ciudadanos confíen más en la fuerza de un aullido que en la de una papeleta de voto.